El programa de desarrollo urbano Nuevo León 2030 (conclusión)

En este artículo se terminará el estudio del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 comenzado en diciembre pasado; el cual, además de planear el desarrollo del Estado, revisa los objetivos del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 en lo que nos hemos centrado. A pesar de otros documentos que han sido publicados posteriormente, el Programa 2030 tiene importancia, ya que después de su aprobación en 2012 fue inscrito en el Instituto Registral y Catastral del Estado de Nuevo León en 2014, por lo que se presume su vigencia legal; aunque, en cualquier caso, debería de conciliarse con las determinaciones de la nueva Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano aprobada en noviembre de 2017.

Los redactores del Programa, el ingeniero Fernando Gutiérrez Moreno y el arquitecto Rubén Pesci, fundamentaron la propuesta urbanística en dos aspectos que favorecieron la expansión excesiva y desordenada del Área Metropolitana de Monterrey (AMM). Influyeron particularmente en la magnitud, el dinamismo social y económico que impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la situación geográfica propia de la ciudad, que históricamente ha concentrado los flujos de mercancías en el noreste de México1. En efecto, el fenómeno económico de la globalización “encuentra a Nuevo León, en una ubicación geográfica altamente estratégica, a partir de la cual se generan fuertes solicitudes al territorio del Estado y a su principal ciudad”2, Monterrey.

Pero, si la situación geográfica impulsaba el desarrollo comercial y urbano de la capital del Nuevo Reino de León ya desde el final del siglo XVIII, y la industrialización marcaría su destino la segunda mitad del XIX; después de la implantación del TLCAN era obvio “el fenomenal despliegue del sector servicios, gran factor de atracción de la metrópolis de Monterrey”3 (Fig. 1801-1). Así que, ambos factores, económico y geográfico, potenciaron el desarrollo de la plataforma de producción y distribución orientada al mercado de exportación, y con él, una gran expansión de los tejidos urbanos industrial y residencial.

Figura 1801-1. La imagen explica la confluencia de los vectores comerciales transoceánico y norteamericano en el Noreste de México. “Tras el establecimiento de TLCAN, se formaron coaliciones de intereses para promover circuitos de transportes particulares, desarrollar las infraestructuras de dichos circuitos y proponer arreglos jurisdiccionales para facilitar el paso de las fronteras”4

Pero, como la falta de congruencia en la regulación y de control del planeamiento habían sido también una constante del desarrollo urbano del AMM, las herramientas del Plan 2000-2021 tampoco corrigieron la tendencia inercial al desorden señalada por el arquitecto Albalate; así que, la enorme presión del mercado inmobiliario se extendió a la Región Periférica (RP) (Fig. 1801-2). La falta de definición por un lado, y la mala gestión por otro, fueron en definitiva determinantes del mal resultado urbanístico del plan; de la dispersión de la industria y la vivienda social en la periferia metropolitana durante las dos últimas décadas.

Figura 1801-2. “Si se comparan las distancias entre las costas Atlántica y Pacífica de los corredores transversales, se justifica altamente que México se haya convertido en un país geoestratégico para el comercio internacional, debido a su vecindad con uno de los mercados más grandes del mundo, pero también por su ubicación geográfica que favorece las relaciones económicas con los países asiáticos y del Pacífico, es decir que su espacio territorial es una plataforma muy atractiva para la inversión extranjera”5


Ahora bien, aunque la propuesta del Programa 2030 responde específicamente al desorden en la escala del territorio, insiste también en la necesidad de profundizar el análisis. Porque las tensiones “deberán ser reconocidas y atendidas adecuadamente en las escalas subsiguientes, con el objeto de sostener el equilibrio territorial entre las demandas e impactos de los flujos internacionales y la necesidad de organización propia, con tensiones tanto a nivel interno del Estado como de su integración en la región Norte de México”6. Es decir, que para responder a los condicionantes socio-económicos futuros y corregir el desorden endémico del planeamiento, no basta adoptar una estrategia en la gran escala; sino que es necesario resolver además el nivel estructurante y la escala intermedia: replantear volumen y forma de la metrópolis.

Figura 1801-3. Diagrama del modelo ideal de Monterrey7. El modelo asume la disgregación existente, estableciendo un nuevo modelo ideal en la escala del territorio. Los vectores del esquema destacan las condiciones que podrían equilibrar la fuerza de la dispersión de la ZC: la extensión y renovación del Área Central, el Corredor 2030, y la estrategia de desarrollo sustentable de la RP con otro anillo de interconexión entre los municipios de ésta

EL MODELO URBANO DEL PROGRAMA DE DESARROLLO URBANO NUEVO LEÓN 2030

El Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 define las herramientas que aseguran la ordenación de la superficie conurbana de Monterrey; aunque, como se dijo, únicamente trazan una estrategia en la escala territorial, y por ello su alcance queda condicionado. Entre las herramientas, en este artículo analizaremos las tres que pretenden asegurar el éxito del Programa. La primera define las acciones fundamentales para llegar a la metrópoli ideal, valiéndose de un ingenioso diagrama que traza la estrategia del desarrollo urbano como un campo vectorial (Fig. 1801-3); la segunda determina los patrones de uso y ocupación del suelo de los grandes componentes metropolitanos, la zonificación (Fig. 1801-4); y, la tercera, la subdivisión del suelo periférico, el cinturón rururbano; la configuración de las grandes superficies de actuación, separadas por las vías de comunicación radial de la conurbación (Fig. 1801-5). Veamos ahora cómo se integran las herramientas en el Programa.

Como se acaba de decir, la primera de las herramientas representa la metrópolis ideal como un campo vectorial. El diagrama plantea la estrategia de Gutiérrez Moreno y Pesci para obtener el modelo espacial del Programa 2030. En la imagen, el dinamismo de los componentes urbanos se explica con vectores radiales y transversales. El esponjamiento radial de las dos grandes zonas que componen la metrópolis queda compensado transversalmente con franjas de reservas de suelo para desarrollos sustentables (DUIS) que estructura el sistema regional de comunicaciones. Al interior del modelo espacial está la Zona Conurbada (ZC), contenida por el Corredor 2030; al exterior la Región Periférica (RP), acotada por el futuro sistema de interconexión de las cabeceras municipales periféricas, la Ruta Parque (Fig. 1801-3). “La necesidad y conveniencia de actuación conjunta de la Región Periférica y la Zona Conurbada, constituye un concepto fundamental de integración socio-económica, hacia el paradigma de la sustentabilidad, constituyendo así la propuesta de integrarlas en lo que podría denominarse Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL)”8.

Por una parte, “el modelo de la Zona Conurbada de Monterrey es una consecuencia de la visión integrada metropolitana (…). Los nueve municipios de esta zona tienen una densidad de apenas 45 hab/Ha, lo que los hace caros para vivir y para servir”9. Por eso, parece lógica una mayor atención del Programa en esta zona, que se concreta en diversas intervenciones en el tejido urbano existente. Pero, es importante aclarar la necesidad de disponer de una red tramada y descentralizada de transporte público, que no se podrá conseguir sin una revisión de la estructura de circulaciones transversal de la ZC10.

Una de esas intervenciones consiste en la renovación y extensión del área central metropolitana al Sur del Río Santa Catarina que, como sabemos, cuenta ya con diversos proyectos (Cfr. METROPOLISREGIA | ENERO 2017). Otra, quizá la más importante de todas, determina la consolidación y densificación del tejido urbano, así como el robustecimiento de la estructura nucleada histórica, desdibujada por la preponderancia del sistema de comunicaciones radial durante las últimas décadas. Es decir, que en el proceso de consolidación de los vacíos de la ZC, las actuaciones plurifamiliares deberán complementar el tejido de la ciudad de unifamiliares; y a la vez, enfatizar el carácter de los centros urbanos, y la “lógica de proximidad” de los municipios contiguos al Centro Histórico de Monterrey.
La última de las intervenciones en la ZC prevé el desarrollo del Corredor 2030, la creación de reservas de suelo a los lados del Anillo Metropolitano. El proyecto aprovechará la atracción que ofrece el trazado del eje de comunicaciones regional, para establecer una banda de funcionalidad múltiple, “una verdadera ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios, y enclaves de vivienda social, [para] hacer del fondo actual de la conurbación un nuevo frente lineal de centralidad”11.

Por otra parte, como en la Región Periférica el fenómeno de la dispersión “tiende a agravarse (…), se quiere revertir hacia la meta de sustentabilidad (…) que conlleva medidas como la compactación y densificación”12. Por eso, el extenso frente lineal que conformará el Corredor 2030, además de constituir una barrera para impedir la expansión radial de la conurbación actual, permitirá fijar las condiciones de las actuaciones en el Cinturón Rururbano; en el cual, “se debe afrontar con urgencia la reorganización del uso y ocupación del suelo (…), porque allí se están dando en la actualidad el mayor crecimiento poblacional y la mayor tendencia a la dispersión de la urbanización, con bajísima densidad de población y ocupación del suelo, creándose entonces una zona crítica, cara de servir, y excluyente para vivir”13.

Por esta razón, y con relación a la segunda herramienta, el proyecto de zonificación de la ZC, la redacción del Programa 2030 afirma que “la cuestión del uso y ocupación del suelo es central para el desarrollo urbano14. Sin embargo, la propuesta resuelve solo los rasgos generales de la funcionalidad metropolitana. Aunque “se reconoce modernamente (…), que son los grandes atractores socio económicos y las infraestructuras de interconexión los que inducen realmente el uso y la ocupación del suelo (…) que, si [está] debidamente articulado, propicia aquellas macro organizaciones y de lo contrario, pueden contrariarlas y hasta rechazarlas. [Así que,] se proponen criterios o patrones recomendables para la planeación intermunicipal, (…) para el mejor acierto de sus planes en convergencia con el Programa Estatal. (…) Este proceder concertado, (…) garantizará la más justa y distributiva asignación de proyectos e inversiones, en función de un comportamiento más orgánico del sistema de planeación”15 (Fig. 1801-4).


Figura 1801-4. Patrones de Uso y Ocupación Sustentable del Suelo de la Zona Conurbada16. Los dos tonos de color rojo, indican los procesos funcionales de recuperación y renovación correspondientes al centro y el perímetro, así como los amarillos los de complemento de la ZC. El color naranja señala las actuaciones del Corredor 2030, superpuesto al Anillo Metropolitano. La zona de color crema distingue a la RP, se destina a los desarrollos industriales ecológicos del Cinturón Rururbano; mientras que los tonos de color verde conservan, respectivamente, los desarrollos con densidades media y baja junto a la montaña, y los de preservación del paisaje en el Cañón de Huajuco

Ahora bien, al revisar el plano correspondiente, se observa que la propuesta de zonificación respeta el compromiso debido del planeamiento con los condicionantes geográficos y antrópicos de la ZC. Así que, por el Sur y los flancos oriental y occidental de la metrópolis, se restringe la superficie urbanizable hasta la ladera de las montañas, mientras que el Cinturón 2030 sujeta ininterrumpidamente la expansión desordenada en el perímetro. Pero además, los patrones señalados se orientan, funcionalmente, a la recuperación del Centro Histórico de la ciudad; a la renovación del perímetro urbano hasta el Anillo Metropolitano, lo que incluye la relocalización industrial; y, a la incorporación de las funciones complementarias residenciales o no, en los espacios baldíos.

Según se deduce del texto citado del proyecto de zonificación, el Programa 2030 no pretende desplazar o inhibir la gestión que corresponde a cada uno de los municipios que integran hoy la metrópolis; y, por eso detiene sus propuestas en aquellos aspectos que por derecho le corresponde determinar. Establece los patrones de uso y ocupación del suelo que son compatibles con las restricciones geográficas, y las características propias de los componentes urbanos del modelo ideal, por una parte; y, por la otra, la ordenación general de la conurbación, referida siempre al desarrollo social y económico equilibrado de Nuevo León.

Pero, es conveniente subrayar la importancia de subordinar el beneficio particular al general de la metrópolis en todos los casos. Porque, además de la estrategia territorial, si se busca corregir el desorden habitual del desarrollo urbano de la ZC, es indispensable definir tanto los documentos como el contenido de los proyectos que integran las siguientes escalas del planeamiento urbano. Los que son competencia de las diferentes autoridades municipales, y los que toca desarrollar a las promociones públicas o privadas; así como, los mecanismos necesarios para la concertación y coordinación de la información.

Solo queda por analizar en este artículo, aunque sea muy brevemente, la tercera herramienta que seleccionamos del Programa Nuevo León 2030, el Cinturón Rururbano para Desarrollos Sustentable (Fig. 1801-5); cuyo desarrollo, por exceder el plazo establecido para el documento, omite la última determinación funcional, delimitando solo la superficie y describiendo en general las actuaciones en los grandes espacios del Cinturón Rururbano. “La propuesta consiste en interpretar como una gran trama regional a esta interfase urbana-rural, formado por la prolongación de los ejes viales radio-concéntricos, el corredor 2030 (que en realidad es una centralidad lineal para toda la RMNL) y la Ruta Parque que une las cabeceras urbanas de la Región Periférica”17.

Se trata, por tanto, de una gran extensión de suelo, cuya urbanización indiscriminada debe contenerse; en la cual, la división poligonal y la reglamentación de las intervenciones determinarán el éxito del Programa. Porque, “esa trama genera alta accesibilidad en sus módulos internos, donde deben articularse acciones de mantenimiento del paisaje agrario intensivo, todavía presente en la zona, preservación del patrimonio paisajístico e histórico como antiguas haciendas, y nuevos desarrollos enclaves urbanos integrales (tipo DUIS y DHS), en la medida en que los mismos tengan una adecuada relación con los ejes de movilidad y no alteren sustantivamente el paisaje natural, histórico y agro-productivos”18.

Figura 1801-5. Cinturón Rururbano para Desarrollos Sustentables19. Al exterior del Corredor 2030, este plano establece la subdivisión del Cinturón Rururbano en Macromódulos, cuyos límites son las vías de circulación radial de la RP. Las figuras irregulares achuradas indican los grupos de actuaciones sustentables (DUIS) y las de color morado los grandes polígonos de actuación. En color gris se dibuja el área urbana y en verde las áreas naturales protegidas

En las descripciones del contenido urbanístico de las herramientas seleccionadas, hemos buscado dejar al descubierto algunos de los aciertos e incertidumbres que plantea el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Pero, dada la conveniencia de hacerlo con suficiente amplitud, trataremos de profundizar en ellos y hacer una la evaluación general de las propuestas a la vista de la legislación recientemente aprobada, en la siguiente publicación de METROPOLISREGIA.




1. “Se ha promovido un escenario radicalmente diferente en el aspecto internacional: las exportaciones de México hacia sus socios del TLCAN son 238% más que en 1993. El alza de las exportaciones es responsable de más de la mitad del crecimiento real del PIB en México durante el período. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 72, párr. 4
2. Ibídem. Pág. 71, párr. 6
3. Ibídem. Pág. 72, párr. 3
4. Ibídem. Pág. 72, párr. 2
5. Ibídem. Pág. 78, párr. 1 
6. Ibídem. Pág. 71, párr. 6
7. Ibídem. Pág. 100 
8. Ibídem. Pág. 100, párr. 1 
9. Ibídem. Pág. 98, párr. 8
10. Aunque no se especifica, la expansión del Área Central incorpora la zona reticulada al sur del Río Santa Catarina, trazada para el Repueble del Sur por Isidoro Epstein en 1865
11. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100, párr. 2 
12. Ibídem. Pág. 98, párr. 8 
13. Ibídem. Pág. 170, párr. 1 
14. Ibídem. Pág. 148, párr. 3
15. Ibídem. Pág. 148, párr. 3 
16. Ibídem. Figura 4.1 Pág. 151
17. Ibídem. Pág. 170, párr. 2
18. bídem. Pág. 170, párr. 3
19. Ibídem. Figura 6.2. Pág. 172 

El cambio de paradigma del planemiento metropolitano de Monterrey IV

DICIEMBRE 2017


En el artículo anterior se decía que los recursos humanos y económicos que se polarizaron en la periferia del Área Metropolitana de Monterrey (AMM) durante las últimas dos décadas, en vez de consolidar el tejido urbano conforme al Plan Metropolitano 2000-2021, habían aumentado la dispersión. La disgregación de los asentamientos de la Zona Conurbana (ZC) alcanza ya la escala del territorio, llega hasta los municipios de la Región Periférica (RP), involucrando una superficie aproximada de 100,000 Ha y una densidad entre 12 y 15 viv/Ha (Fig. 1217-1).

Por eso, las autoridades han reconocido recientemente que para una población de 4.5 millones de habitantes, el modelo de crecimiento extensivo del AMM ha rebasado el límite funcional; para recuperarlo, según determina la nueva Ley de Desarrollo Urbano, el modelo debe ajustarse a la “lógica de proximidad” de las ciudades más compactas1. Pero la dificultad para llevarlo a cabo apenas empieza a ser ponderada. Aunque la responsabilidad compete directamente a los municipios de la conurbación, la escala y complejidad del fenómeno requiere la participación y coordinación de autoridades de otros niveles de gobierno, tanto como la de profesionales de las diferentes disciplinas del Urbanismo.

Pero hay otros documentos que se analizan METROPOLISREGIA | DICIEMBRE 2017; unos evalúan el planeamiento del AMM, otros hacen propuestas concretas. Entre ellos, están el Plan Estatal de Desarrollo Nuevo León 2016-2021, y una presentación de diapositivas de Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán, Visión del Desarrollo Urbano, del Gobierno del Estado de Nuevo León 2015-20212. También está el proyecto para consulta pública de abril de 2012 del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030; cuya redacción definitiva, aprobada en octubre de 2012, tiene de registro en 20143. También estos documentos pueden ayudar a reflexionar en el desorden actual, y a repensar el futuro del planeamiento de la conurbación regiomontana; temas que serán abordados en ésta y las siguientes publicaciones del próximo año 2018.

Figura 1217-1. Diapositiva 19. Evolución de la conurbación regiomontana. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Sin llegar a la población esperada, la superficie edificada casi llega a 100,000 Ha sin respetar las condiciones medioambientales del Plan Metropolitano 2000-2021

EL RESULTADO DEL PLAN METROPOLITANO DE MONTERREY 2000-2021

El diseño urbano del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021, redactado por los arquitectos Bulnes y Albalate, representaba gráficamente algunas de las acciones fundamentales del planeamiento tendentes a corregir la dispersión del AMM. Las más importantes eran: la consolidación de los espacios baldíos al interior del Anillo Metropolitano, que adicionalmente especificaba una graduación decreciente en la densidad del tejido residencial (alta, media y baja); la configuración del entramado vial principal cubriendo la totalidad de la superficie conurbada, con la previsión de algunos equipamientos importantes; y la localización de las grandes zonas destinadas a la producción junto al Anillo Metropolitano, evitando así la interferencia con las áreas residenciales y estableciendo el límite físico del modelo.

Aunque con estas previsiones, aparte de mejorar la densidad, se introducía alguna variedad en la monotonía del tejido unifamiliar; tanto en el Plan Estatal 2016-2021 como en las diapositivas de Visión del Desarrollo Urbano, se destaca que ocurrió todo lo contrario. En efecto, la población de Monterrey había seguido creciendo, pero con una mala distribución; en lugar de concentrarse en los baldíos del tejido urbano, se había asentado en mayor proporción en la RP, y disminuido considerablemente en el resto de las Regiones del Estado (Fig. 1217-2). Otro gráfico describe la variación porcentual (Fig. 1217-3); con relación a 1980, la población del AMM había aumentado 200%, mientras que la superficie más de 500%, y la densidad disminuido 50%.

Figura 1217-2. Diapositiva 18. Distribución de la población de Nuevo León en 2015. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). La gráfica destaca el estancamiento en número y proporción de la población en el AMM; mientras que aumenta en la RP y disminuye en el Resto de la Regiones del Estado


Figura 1217-3. Diapositiva 21. Comparación del crecimiento de la población y la superficie edificada del AMM 1980-2010. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Las divergencias del modelo, que parecían todavía controlables en el año 2000, hoy se han acentuado; además de repensar el modelo es necesario reparar el desorden

No obstante, quizá la mayor y más arraigada carencia urbana del Monterrey posindustrial queda patente en la tabla de Áreas verdes por municipio del AMM (Fig. 1217-4). A pesar de la enorme riqueza natural que se ensambla con la superficie edificada, el área verde urbana está muy por debajo de la recomendación mínima de la ONU (9.2 m2/hab). Con la población actual, la metrópoli debería disponer de 4,600 Ha de parques y jardines, el triple de lo existente por lo menos.

El Plan Estatal 2016-2021 reacciona ante esto, y planea “la vinculación de los parques existentes y los propuestos en los planes de desarrollo urbano municipales y estatales, además de buscar el aprovechamiento de cuencas, ríos, camellones, reservas naturales y otras áreas para este fin. Con ello, se pretende disminuir el déficit actual de espacios verdes, (…), así como el manejo de los escurrimientos pluviales y la captura de agua, y generar espacios accesibles y asequibles para toda la población”4. Ya se ha tenido la oportunidad de conocer la propuesta de Valentín Martínez Cuellar (Cfr. METROPOLISREGIA | ENERO 2017), que concreta algunas de estas ideas del Plan 2016-2021; queda por verificar, si con ello se cubre las necesidades actuales y se prevé las subsecuentes.

Figura 1217-4. Diapositiva 26. Áreas Verdes por municipio del AMM. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Si la población actual es casi 5 millones de habitantes, la superficie de área verde debería ser por lo menos 4,600 Ha, apenas el 1.4% de la superficie total de los municipios del AMM

En síntesis, se puede afirmar, que las dificultades que enfrenta hoy el planeamiento del AMM son todavía más graves que las del escenario tendencial que imaginaba el arquitecto Albalate cuando redactó del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 (Cfr. METROPOLISREGIA | NOVIEMBRE 2017). Son consecuencia del modelo de crecimiento disperso del AMM, la falta de articulación de la superficie edificada, la interconexión vial inconclusa y el déficit crónico de parques y equipamientos; que demuestran que ha sido insuficiente el esfuerzo público y privado de mejora de los servicios públicos y la calidad de vida urbana de los ciudadanos. Aun así, el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 (Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci) tiene una propuesta que conviene analizar.

EL MODELO DEL PROGRAMA ESTATAL DE DESARROLLO URBANO NUEVO LEÓN 2030

El fracaso reiterado de ordenación del planeamiento metropolitano de Monterrey, que dura ya cincuenta años, no ha detenido el empeño de las autoridades de controlar el crecimiento desbordado de la conurbación. Por eso, el Gobierno del Estado publicó en 2012 el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, que además de la propuesta para desarrollo del territorio del Estado, incluye un modelo urbano para la región del AMM (complemento del Plan Metropolitano 2000-2021). Ha sido posible revisar tanto el proyecto para la consulta pública como el documento final, que tiene vigencia legal. Sin embargo, en la versión digital del proyecto para la consulta pública el modelo urbano está más completo, y hemos optado por utilizarla para este análisis.

El documento al que nos referimos es bastante denso y extenso; pero es posible adelantar, que el Plan Metropolitano 2000-2021 abandonaba el modelo de Exápolis 2000 de 1967 para sujetar la dispersión urbana, marcando la estructura vial y productiva del Anillo Metropolitano como límite de la expansión del AMM; mientras el Programa Estatal 2030 desdobla el acotamiento previsto en la RP. Planea la consolidación del territorio añadido con grandes polígonos; delimitando la superficie de actuación entre lo que denomina Corredor 2030, que se superpone al Anillo Metropolitano, y un nuevo arco vial conectando las cabeceras municipales de la RP (Fig. 1217-5). 

El diagnóstico parte de señalar, que el desarrollo urbano del AMM seguirá conectado directamente con el fenómeno económico de la globalización; el cuál, por no ser sostenible desde una perspectiva social, “provocará una altísima especialización e innovación en el Área Metropolitana de Monterrey y su entorno inmediato. Evidenciará a una ciudad de Monterrey conflictiva, con tendencia al gigantismo y escindida de una plataforma territorial y ambiental”; que, en cuanto al territorio, “implica una tendencia creciente al abandono de roles y funciones del área rural y debilidad en las estructuras interjurisdiccionales con alta dependencia”6.

Por ello, si se busca reconducir el modelo por la vía de la sostenibilidad, “resulta determinante el hallazgo de los detonadores socioeconómicos que permitan a las ciudades simplemente agrupadas por su proximidad física, el desarrollo de los flujos y la colaboración necesaria para la formalización de redes de ciudades que establezcan una región económica concreta. De esta manera, podría marcarse la pauta para un desarrollo urbano sustentable, en un territorio con oportunidades para su población”7.

El objetivo del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 queda fijado, por tanto, en la gestión conjunta del desarrollo socioeconómico y urbano del territorio, y del AMM y la RP como una sola entidad.

Por lo que toca a la gestión de la gran escala, “la imagen modelo territorial a lograr, será la matriz de negociación para la importante tarea de concertación intersectorial e interjurisdiccional a ejercitar. En ella radica el importante desafío que implica asumir la oportunidad para concebir y ejercer una política alternativa de desarrollo del Estado, que permitirá la definición de roles y funciones complementarias y no competitivas internamente, que permitan una proyección del territorio del Estado en su conjunto; a través, fundamentalmente, de la capacidad de localización de esos atractores especiales apropiados, capaces de movilizar inversiones público-privadas sinérgicas, simultáneamente activadoras del territorio y de los aparatos burocráticos y restrictivos”8.

En cuanto a la gestión de la entidad que agrupa el AMM con la RP, las características del modelo deberían modificar la “situación actual de impacto negativo sobre los servicios ambientales de la naturaleza (…), por una innovadora visión de la ciudad; es decir, la sociedad organizada en ciudades, sea el mejor promotor de servicios ambientales naturales, allí mismo donde vive la gente; y de servicios ambientales culturales que, como la educación, la salud y la cultura, son dimensiones que la historia humana ha desarrollado para beneficio de una mejor sociedad”9.

Más concretamente, el Programa “promueve la descentralización del AMM como modelo de actuación para integrar la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL), y para ello, la primera iniciativa es integrar la zona conurbada de Monterrey con la Región Periférica (RP) en un sistema multipolar, donde el área central de Monterrey sigue cumpliendo una función primordial y forma parte de las ciudades globales; las ciudades de la actual zona conurbana crecen, para ser verdaderas polaridades con vida propia; las ciudades de la Región Periférica (RP), logran su verdadera fuerza gravitatoria local; finalmente, el nuevo Corredor 2030 procura una gran interfase (superficie de separación entre dos fases) de centralidad a escala de toda la metrópolis”10 (Fig. 1217-5).

Figura 1217-5. Imagen del sistema multipolar de la metrópolis (Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci). Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100. El modelo asume la disgregación existente, pero establece un nuevo modelo geométrico en la escala del territorio. El Anillo Metropolitano refuerza su condición de límite del AMM. El arco vial del Corredor 2030 se desdobla interconectando las cabeceras municipales de la RP. El Centro Histórico se renueva y extiende hacia el Sur. Las cabeceras municipales del AMM recuperan su polaridad y las de la RP la consolidan

La descripción conceptual del modelo de Gutiérrez Moreno y Pesci, que se ha transcrito literalmente con solo las acotaciones indispensables, está acompañada con otros datos e imágenes que merece la pena estudiar detenidamente en el siguiente artículo. No obstante, para concluir éste basta especificar, por una parte, que las expectativas de crecimiento de vivienda social implícitas en el modelo de Pesci eran 480,000 unidades, lo que supondría una población aproximada del AMM de 7 millones de habitantes en 2030; y, por otra, que la mayor parte de la edificación nueva se realizaría consolidando el tejido residencial existente; lo cual mantendría la superficie de la conurbación en alrededor de 100,000 Ha, entre 18 y 20 viv/Ha. De ser así, se trataría todavía de un modelo urbano de tipo extensivo; que requeriría de un diseño urbano mucho más preciso para materializar la deseada “lógica de proximidad” de las ciudades compactas de la nueva legislación.





1. El fenómeno de dispersión urbana ha seguido al de migración, y producido muchos de los asentamientos irregulares que rodean las ciudades mexicanas grandes del siglo XX. Coneval documenta que en las zonas urbanas “viven 36.9 millones de personas en pobreza, el 69 por ciento de todas las personas en estas condiciones que hay en México”. Cfr. Diana BAPTISTA.
Aglutinan a pobres 15 zonas urbanas, El Norte, Domingo 7 / Enero / 2018. Nacional. Pág. 2
2. La presentación fue el 20 de Febrero de 2016 en la Sesión de la Sociedad de Urbanismo Región Monterrey A. C. (SURMAC)
3. Aunque como Secretario de Desarrollo Sustentable del Estado, la responsabilidad oficial del Programa 2030 corresponde al ingeniero Fernando Gutiérrez Moreno, la responsabilidad técnica la llevó el arquitecto urbanista Rubén Pesci
4. Gobierno del Estado de Nuevo León. Plan Estatal de desarrollo 2016-2021. Monterrey, 2016. Pág. 239, párr. 2
5. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 79, pár. 2 y 3
6. Ibídem. Pág. 81, párr. 5
7. Ibídem. Pág. 81, párr. 8
8. Ibídem. Pág. 79, párr. 9 a pág. 80, párr. 1
9. Ibídem. Pág. 80, párr.4
10. Ibídem. Pág. 91, párr. 1


El cambio de paradigma del planeamiento metropolitano de Monterrey III

NOVIEMBRE 2017


En los artículos anteriores de METROPOLISREGIA se ha venido comentando la nueva Ley Federal de Desarrollo Urbano, que en la Exposición de Motivos determina la sustitución del modelo de crecimiento principalmente extensivo y poco regulado de las grandes ciudades mexicanas como Monterrey; con otro, que sea compatible con la “lógica de proximidad”, que atribuye a las ciudades más compactas. Aunque la sustitución parece impostergable, en el caso de la conurbación regiomontana el proceso no será fácil; no solo por la gran extensión de la superficie de actuación involucrada, sino por la inercia de los factores que influyen en el planeamiento metropolitano.

De cualquier forma, para aproximarnos al proceso de sustitución del modelo, parecía conveniente revisar en primer lugar los resultados que ha obtenido el planeamiento urbano en el Área Metropolitana de Monterrey (AMM), comparando los modelos proyectados de la ciudad ideal con la ciudad realmente construida. Posteriormente se podrá determinar las condiciones para la adecuación del modelo propuesto por la nueva ley urbana. Dado que en octubre se revisó el período de conformación de la metrópoli regiomontana (1970-2000), corresponde a esta actualización de noviembre de METROPOLISREGIA estudiar la fase de su consolidación durante el período de vigencia del Plan Metropolitano actual (2000-2021).

LA CONSOLIDACIÓN DEL ÁREA METROPOLITANA DE MONTERREY 2000-2021

Se analizó ya la expansión de Monterrey entre la publicación del Plan Director de 1967 (Cortés Melo, Albalate y Leal) y la del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 (Bulnes Y Albalate), en la que se conformó el AMM; pero, vale la pena repetir que de haberse ajustado a lo previsto, se hubiera materializado la configuración tentacular (respetuosa de la geografía propia y geométricamente jerarquizada) de Exápolis 2000; que podía alojar cinco millones de habitantes en un total de 40,000 Ha de superficie, con una densidad de 125 hab/Ha (25-30 viv/Ha), algo mayor que la del Monterrey de 19601

No obstante que en 1988 se publicó el primer Plan Metropolitano del AMM, las actuaciones urbanas tampoco se ajustaron a las determinaciones de ese modelo2, sino que siguieron el crecimiento disperso que documenta el Plano 34 del Plan Metropolitano 2000-20213  (Fig. 1117-1). Pero, además, aunque en el año 2000 la población del AMM solo alcanzaba 3 millones 236 mil habitantes, la superficie del área conurbada había rebasado 50,000 Ha; lo que suponía una drástica caída de la densidad a 65 hab/Ha (16 viv/Ha), la mitad del objetivo señalado por el Plan de 1967. El consumo irracional de suelo –alrededor de 25,000 Ha- era más del doble del debido con el aumento de población registrado, lo que había acercado la ciudad al trazado del Anillo Metropolitano. 

Figura 1117-1. Plano 34. Estructura Urbana Actual. Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. En el dibujo se destacan sobre el fondo gris del tejido residencial, la industria en color violeta y los baldíos interiores en color anaranjado. Es notable la ausencia de áreas verdes, de una estructura transversal de circulaciones, así como de cierta homogeneidad equipamental

En el Plano 34 se observa que los componentes residencial, equipamental y productivo del tejido urbano en el año 2000, en lugar de articularse conforme a la propuesta geométrica del planeamiento oficial (Fig. 1017-2), gestionados a conveniencia de la propiedad (del mercado) habían reforzado la estructura radial metropolitana, olvidando la conexión transversal. Así, las nuevas zonas industriales se alinearon en dirección del Aeropuerto Internacional y ocuparon las zonas inmediatas del Anillo Metropolitano; mientras que, los tejidos residenciales urbanizaron indistintamente en el AMM, aunque con infraestructura y equipamiento deficientes4. Por eso, los redactores del Plan Metropolitano 2000-2021 destacan “las causas de la problemática vial, entre ellas las vías en mal estado causado por falta de solución al drenaje pluvial, por Municipio; y las que tienen falta de continuidad, de Municipio a Municipio. Destaca que la estructura vial actual del Área Metropolitana cuenta con 525 Km, de los cuales Monterrey cuenta con el 37%, y todos los demás Municipios con menos del 10% cada uno” 5

Como resulta lógico, la ausencia de un proyecto urbano estructurante y de un programa de actuación común con herramientas de control eficaces, dejaron en el año 2000 una superficie conurbada excesiva, mal conectada y sin servicios, con un perímetro muy irregular con grandes baldíos interiores. Sin embargo, a nuestro juicio, el más grave de los problemas que había generado la falta de control, era la indeterminación morfológica de la conurbación. Se puede afirmar, que tanto el centro histórico de la capital como las cabeceras municipales incorporadas en el AMM habían perdido identidad y relevancia en el conjunto. 

En esta circunstancia, el arquitecto Helios Albalate Olaría, que había colaborado directamente con el arquitecto Cortés Melo en la preparación del Plan Director de 1967, redacta el Plan Metropolitano 2000-2021, replanteando el proceso de conformación de la conurbación6. La Imagen Objetivo del Plan Metropolitano 2000-2021 queda plasmada en el Plano 43 (Fig. 1117-2), que detalla el proyecto urbano al interior del Anillo Metropolitano. Por una parte, propone la regeneración del Centro Histórico de Monterrey (Renacentro); y por la otra, la consolidación de los espacios vacíos con los tejidos residenciales metropolitanos existentes, graduando las densidades de vivienda (alta, media y baja) a partir de los baldíos interiores. El diseño enfatiza correctamente la estructura urbana, complementando la malla de circulaciones y los equipamientos fundamentales de la metrópoli7. Ésta llegaría a tener “una población entre 4.5 y 5.2 millones de habitantes”8, estimando además, “que la mancha urbana actual (…) se incrementará en 15 mil Ha más al año 2021”9.  Se supone, por tanto, una superficie edificada total de alrededor de 70,000 Ha, con una densidad entre 65 y 70 hab/Ha (15-20 viv/Ha); que, conservadoramente, apuesta por evitar una mayor dispersión urbana, y por rescatar la cohesión del centro metropolitano. 


Figura 1117-2. Plano 43. Imagen Objetivo 2021. Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. En la imagen objetivo de la conurbación regiomontana destaca la consolidación del suelo disponible al interior del Anillo Metropolitano. En ella desaparece la idea de la ciudad completa, la morfología tentacular jerarquizada de Exápolis 2000; que se sustituye por el ordenamiento de la expansión “de facto” y por el reagrupamiento funcional; que busca completar la malla de la estructura de principal de circulaciones, y complementar la dotación equipamental de la metrópoli

Cabe destacar, que el arquitecto Albalate ya no proyecta un modelo ideal para el AMM, sino que describe diversas condiciones por las que podría pasar el planeamiento durante la vigencia del Plan, y dibuja la que considera la más adecuada de todas. “Subsisten los objetivos de mejorar la calidad de vida de la población y crecer con orden. [Así que], en cuanto a suelo urbano y vivienda, avanza en el pronóstico a la formulación de varios escenarios posibles al año 2021; el primero, es tendencial, considera que no se podrán establecer políticas de orden y control urbano, por lo que el crecimiento se daría en forma dispersa sobre cualquier parte del territorio; el segundo escenario considera la aplicación de un conjunto de estrategias para organizar y fomentar el crecimiento urbano de los baldíos inmediatos a la metrópoli, definiendo además otras áreas estratégicas para el desarrollo agropecuario, rural, de áreas verdes, de vivienda campestre y otros; un tercer escenario considera, además de las hipótesis del punto anterior, otras que impulsen fuertemente a otras localidades importantes del Estado (…), así como otras estrategias que tiendan a fomentar la densificación del primer cuadro del Área Metropolitana”10.

Ahora bien, considerando que el AMM tiene hoy poco más de 4’300,000 habitantes11, parece probable que su población coincida con lo indicado en el Plan. Por el contrario, en cuanto a la superficie edificada, sabemos que las previsiones han fallado otra vez; como queda documentado en la imagen de Google Earth de 2016 (Fig. 1117-3). En ella se comprueba que el escenario tendencial de crecimiento disperso, desordenado y sin control, ha superado el pronóstico del arquitecto Albalate; que el vector de disgregación del área conurbada es mucho mayor, que afecta ya los municipios inmediatos de la Región Periférica del AMM. 

Por su parte, el Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021 lo confirma, subrayando “que el crecimiento del AMM en los últimos 40 años ha tenido una tendencia hacia la dispersión, lo cual ha reducido la densidad de vivienda de 90 a 16 viviendas por hectárea (…); sin contar con una estructura urbana bien definida, y en algunos casos, sin la administración urbana municipal adecuada”12. Añade que la superficie del área conurbada habrá consumido más de 90,000 Ha en 202013. Pero, este documento llega a un diagnóstico más completo de la complejidad del planeamiento metropolitano; que, por una parte, concentra la mayor parte del crecimiento de población del estado; mientras que, por la otra, impulsa la segregación de los nuevos asentamientos en la Región Periférica.

Figura 1117-3. Plano 34. Extensión de la Zona Conurbada de Monterrey (Google Earth, 2016). Las zonas en color más claro corresponden a las áreas urbanas existentes. Como se puede observar, la mayor parte de la superficie de baldíos que aparece en la Figura 1117-1 se ha edificado. Pero, además que la mancha urbana casi ha colmatado la superficie interior al Anillo Metropolitano, el tejido fracturado de la conurbación alcanza algunos de los municipios inmediatos al AMM.

Nuevo León, sigue argumentando el documento, debería ofrecer “un entorno urbano-regional habitable, incluyente, funcional, equilibrado y sustentable, que propicie el desarrollo integral y el bienestar de sus habitantes. [En cambio], las zonas urbanas concentran la mayor parte de la población y de las actividades económicas que son clave para el desarrollo social; asimismo, representan el motor del crecimiento económico y de la innovación (…). En la última década, nuestro estado ha sufrido una urbanización acelerada concentrada principalmente en la región periférica y, en menor proporción, en el área metropolitana de Monterrey (AMM). Esto ha ocasionado una serie de problemas asociados a una deficiente distribución territorial, tales como el abandono y deterioro del centro del AMM, el hipercrecimiento en la periferia –que no cuenta con los servicios urbanos ni el equipamiento básico-, desigualdades en el acceso a oportunidades entre quienes habitan en el AMM con respecto a al resto de los municipios, pérdida de horas-persona y altos costos por largos traslados que no pueden ser atendidos por el transporte público, así como una segmentación social y pérdida de sentido de ciudad, entre otros aspectos”14.

Los datos que proporciona el documento desglosan porcentualmente el aumento de la población de Nuevo León entre 2000 y 2015. Si el AMM creció 34% y la región periférica acumuló 233%, en el resto del estado disminuyó 12%15. Por otra parte, también “evidencia un crecimiento de inmuebles adquiridos por particulares que están en abandono16. [Pero, además], otros factores adicionales que distorsionan la distribución de vivienda son las condiciones de inseguridad, insuficiencia de empleos cercanos, altos costos de transporte y falta de equipamiento, por estar concentrados en ciertas zonas urbanas. Adicionalmente, los esquemas financieros no contemplan la planeación local del desarrollo urbano territorial17.

En síntesis, casi al final del período de vigencia del Plan Metropolitano 2000-2021 no se ha logrado la consolidación del tejido urbano del AMM. Por el contrario, los resultados obtenidos han sido contradictorios. Por una parte, se ha registrado una concentración excesiva cerca de la capital del estado, acumulando la mayor parte del capital humano y de las inversiones físicas; aunque, paradójicamente, por la otra, se ha desaprovechado las ventajas de las centralidades urbanas existentes y sus infraestructuras y equipamientos; los nuevos asentamientos se han dispersado en los municipios de la Región Periférica del AMM.

La polarización de los recursos en la gran escala territorial junto con el dispendio de suelo en la escala regional y urbana, constituyen una fórmula de desarrollo urbano ineficiente, que aparentemente está llegando al límite funcional; pero que, de cualquier forma, debe ajustarse con la “lógica de proximidad” que determina la nueva Ley de Desarrollo Urbano. La publicación de METROPOLISREGIA que cierra 2017 profundizará en estos aspectos del planeamiento.




1. Cfr. Evolución Socio económica del Área Metropolitana de Monterrey. Gaceta Mexicana de Administración Pública Estatal y Municipal Pág. 43, Cuadro 3. http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/gac/cont/36/pr/pr6.pdf
2. “La desvinculación del PDDUAMM (Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey)  de la gestión y de la acción pública urbana, tanto del gobierno estatal como de los gobiernos municipales del AMM, ha ido en aumento hasta casi ser ignorado actualmente por parte de las diversas autoridades metropolitanas, no obstante su vigencia jurídica”. Roberto GARCÍA ORTEGA, Asentamientos irregulares en Monterrey en Frontera Norte volumen 13, número especial 2, 2001. Pág. 121, párr. 4  
3. Cfr. 200.23.43.29/pdf/Plan_Metropolitano_2021.pdf  
4. La zona conurbada tenía“ los usos de suelo siguientes: habitacional 34,500 hectáreas, 69.2% que incluye lotes con y sin viviendas en fraccionamientos urbanizados, vialidad, equipamientos urbanos y servicios básicos; industria 5,900 hectáreas, 11.7% que incluye industrias grandes y medianas; equipamiento 2,700 hectáreas, 5.4% que incluye equipamientos urbanos mayores incluyendo parques; vialidad 1,700 hectáreas, 3.4% que incluye solo la vialidad principal y 5,100 hectáreas de baldíos mayores de 1 hectárea, 10.3%”. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 3, párr. 3
5. Ibídem. Pág. 3, párr. 6
6. Por otra parte, no parece circunstancial la coincidencia de las propuestas ordenadoras del crecimiento metropolitano de 1967 y 2000, con los nuevos aires democráticos que se respiraban en el entorno político local de esas dos fechas.
7. En la estructura vial cabe destacar el reforzamiento transversal del sistema, que incluye los túneles en el Cerro del Topo, el Cerro de las Mitras y los dos de la Loma Larga, prolongando Venustiano Carranza y el par vial Pino Suárez-Cuauhtémoc
8. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5
9. Ibídem. Pág.  154, párr. 2 
10. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5 y 6
11. En 2015, Nuevo León tenía 5’´119,504 habitantes; de los que 4’313,603 (84.23%) se concentraban en los nueve municipios del AMM, mientras que 459,220 (8.97%) en la región periférica. Cfr. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 178, párr. 2
12. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 178, párr. 4 y 5
13. Cfr. Evolución Socio económica del Área Metropolitana de Monterrey. Gaceta Mexicana de Administración Pública Estatal y Municipal Pág. 43, Cuadro 3. http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/gac/cont/36/pr/pr6.pdf y Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 179, Gráfica 6.2
14. Ibídem. Pág. 177, párr. 5 a pág. 178, párr. 1
15. Ibídem. Pág. 178, gráfica 6.1
16. La disminución de la vivienda ocupada en el municipio de Monterrey entre 2010 y 2015 aumentó 12.3%, de 346,207 viviendas disminuyó a 303,546 
17. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021.Pág. 179, párr. 2 y 4

El cambio de paradigma del planeamiento metropolitano de Monterrey II

OCTUBRE 2017


En los artículos de agosto y septiembre, se ha expuesto las características del diseño urbano que podría derivarse de la Exposición de Motivos de la Iniciativa de la Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León. Al respecto, conviene recordar que deberá resolver el desorden de la conurbación actual; no solo por lo que toca al control del crecimiento de tipo extensivo que viene aumentando irracionalmente la superficie edificada, sino por la necesidad de dotar a la metrópoli de una estructura equipamental y de servicios con “lógica de proximidad”, semejante a la que perdió por la privatización de las propiedades municipales que determinaron las leyes de la desamortización al final del siglo XIX, según se ha podido documentar anteriormente.

Como se explicaba en esas publicaciones, la “revisión de la legislación actual debería no solo replantear las condiciones funcionales con las compatibilidades y la densidad edificatoria más convenientes, sino rescatar las otras condiciones morfológicas que históricamente han distinguido a la ciudad (...). Es indispensable por tanto asegurar la preservación del medio ambiente, sujetando el diseño urbano a los condicionantes territoriales. No lo es menos, recuperar el equilibrio físico en el conjunto urbano: proyectando una estructura de movilidad que vincule adecuadamente todos los tejidos, e insertar en ellos espacios destinados exclusivamente a los equipamientos sociales y las áreas verdes públicas, que sean determinados en proporción con la población. Finalmente, es necesario abordar, con razonable flexibilidad, la especificación de las características de volumen y forma de la ciudad”1.

Por tanto, conforme al plan establecido el mes pasado, corresponde a este artículo de octubre de METROPOLISREGIA revisar, bajo las condiciones apuntadas, el desarrollo metropolitano posterior a la publicación del Plan Director de 1967 hasta finalizar el siglo XX.

LA CONFIGURACIÓN DEL ÁREA METROPOLITANA DE MONTERREY (AMM) 1970-2000

La conveniencia de recuperar esa “lógica de proximidad” que señala la Exposición de Motivos, no es una idea nueva para el desarrollo urbano de Monterrey; sino que ya había quedado plasmada en la estructura funcional y representativa del proyecto de Exápolis 2000, que diseñaron los arquitectos Cortés Melo, Albalate y Leal en el Plan Director de 1967.

Como consecuencia, el estudio del desarrollo urbano del período que se inicia al final de la década de 1960 y termina el año 2000, se puede documentar en tres planos; dos de ellos corresponden al proyecto de Exápolis 2000 y el otro a su revisión del comienzo de este siglo. El primero dibuja la ciudad existente con las actuaciones urbanas aprobadas que se estaban desarrollando, el Plano del Área Metropolitana de Monterrey de 1967 (Fig. 1017-01); el cual, por una parte, deberá compararse con el segundo plano, el propio modelo urbano del Plan Director (Fig. 1017-02); y, por otra, con el desarrollo real de la ciudad durante el período que estamos analizando, que se puede ver en el tercer plano; el Plano 34, Estructura Urbana Actual, del Plan Metropolitano 2000-2021 (Fig. 1017-3).

Figura 1017-01. Plano del Área Metropolitana de Monterrey de 1967. En color gris queda señalada el área urbana edificada existente, mientras en color rojo se destacan los fraccionamientos de vivienda aprobados entre los años 1961 y 1966, que continuaban el modelo de crecimiento disperso que había seguido la metrópolis regiomontana (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura 13)

En el plano del AMM de 1967 (Fig. 1017-01), se destacan las actuaciones de vivienda que habían sido aprobadas desde el principio de la década; la cuales, junto con la instalación de nuevas industrias, acumulaban la dispersión urbana principalmente en las direcciones radiales. Sin embargo, se observa que la expansión urbana estaba ya fuera de control. Si, en 1950 el AMM había alcanzado medio millón de habitantes, que se concentraban en las 4,000 hectáreas del núcleo de la ciudad; es decir, que tenía una densidad bruta de 125 hab/Ha, entre 25 y 30 viv/Ha; después de la publicación del Plan Director, el censo de la población registraba un aumento de más dos y media veces, pero el área urbana de más de cuatro. En 1970 la metrópoli tenía “1.3 millones de habitantes, y cubría una superficie aproximada de 17 mil 300 hectáreas”2. Como consecuencia de esa expansión tan desproporcionada, la densidad bruta había descendido a 72 hab/Ha, menos de 20 viv/Ha.

Esta dispersión, que incluía el aumento de los asentamientos irregulares, había adquirido muy pocas de las características de las ciudades del Sunbelt norteamericano3, que aunque contaban con densidades semejantes, tenían infraestructuras y niveles de desarrollo muy superiores a los que Monterrey podía aspirar4. Por eso, se justificaba la aplicación de medidas extraordinarias que aseguraran una gestión más ordenada del crecimiento; sobre todo, si se considera que a la magnitud de la expansión de esos veinte años, se había sumado la disgregación del tejido industrial, y la falta de una estructura de servicios y de circulaciones que facilitara la organización de la vida urbana, específicamente en lo que concierne a la educación y el transporte público.

El Plan Director de la Sub-Región Monterrey de 1967 (Fig. 1017-02), que trataba de dar respuesta a todos estos problemas proyectando el crecimiento hasta el año 2000, fue el primer documento que concretó el diseño ideal de la metrópoli regiomontana. Según los redactores, al terminar el siglo, aunque la población siguiera aumentando hasta cinco millones de habitantes, la superficie urbana alcanzaría solo 40,000 Ha; una densidad de 125 hab/Ha, entre 25 y 30 viv/Ha equivalente a la que se tenía en 1950. Pero, para conseguirlo, el proyecto aplicaría ciertas restricciones a la expansión de la mancha urbana, con un modelo geométrico repetitivo que ordenaría el crecimiento en las direcciones radiales más importantes, confinando las áreas edificables entre los principales condicionantes territoriales.

Figura 1017-02. El Plan Director de la Subregión Monterrey, Exápolis 2000. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura 21, pág. 50. La morfología surge del respeto de los condicionantes territoriales, orográficos e hidrográficos, y de los históricos, la estructura de comunicaciones radial y la colonización agrícola que derivó en la configuración política metropolitana

Por eso, el diseño del Plan Director configuraba de cinco ciudades independientes alrededor del núcleo existente. Además, en cada una de ellas estarían separadas y claramente delimitadas las zonas destinadas a la producción industrial y al tejido residencial. Éste, por su parte, estaría conformado por grupos de “ciudades óptimas”, constituidas a su vez por unidades de barrio; tanto los grupos como los barrios, quedarían firmemente estructurados por franjas que conjuntaban los espacios verdes con los equipamientos colectivos y las funciones administrativas. Asimismo, aparte del modelo geométrico, llamaba la atención la configuración orgánica de los grupos. Dado que el proceso de edificación estaría condicionado por la configuración completa de cada “ciudad óptima”, el programa de actuación aseguraría el control morfológico del plan, la extensión de la estructura terciaria y las previsiones equipamentales.

No obstante, era evidente que para controlar el fenómeno de dispersión, inducido por una polarización hacia un modelo de inversión poco regulado, se requería de un enorme esfuerzo de gestión y no se pudo concretar. No solo hacía falta desarrollar las infraestructuras de servicios necesarias para garantizar la operatividad del modelo, lo que requería de la coordinación de los intereses y programas de las grandes entidades paraestatales de servicios; sino que, además, la delimitación de los componentes urbanos determinada por el Plan Director, condicionaba las oportunidades de la propiedad particular; y, dependía, por tanto, de un proceso de consolidación que nunca llegaría a concertarse.

Figura 1017-03. Plano 34, Estructura Urbana Actual. Plan Metropolitano 2000-2021. Gobierno del Estado de Nuevo León, Monterrey, 2003. El plan fue redactado por Óscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaria. Las manchas de color anaranjado representan los grandes terrenos baldíos dentro del perímetro urbano. Por su parte, las moradas representan las industrias, y las azules los equipamientos colectivos más importantes. Las zonas residenciales, en color gris, tampoco estaban totalmente consolidadas, sino que tenían zonas sin urbanizar, en color blanco.

El fracaso de la implementación del Plan Director de 1967, supuso continuar con la expansión caótica, que documenta otro plano de la ciudad construida: el Plano 34, Estructura Urbana Actual, del Plan Metropolitano 2000-2021 (Fig. 1017-03). Los datos que arroja el crecimiento real de la conurbación al principio del siglo son contrastantes. Por una parte, la desaceleración económica del país y la región se reflejó en un incremento de la población del AMM menor al previsto; pero, por la otra, la asimetría con la superficie edificada fue considerable. “En 2000, según el Instituto Nacional de Estadística, la población del AMM es de 3 millones 236 mil habitantes y ocupa una superficie urbana total aproximada de 55 mil 803 hectáreas a razón de 58 habitantes por hectárea”5, alrededor de 15 viv/Ha. Es decir, que sin importar la desaceleración del aumento de población, el patrón de desarrollo extensivo que tenía la ciudad desde la industrialización del siglo XIX no se había detenido, sino que había aumentado; quizá, porque parecía asegurar una mayor eficacia económica, pero a costa de hipotecar una superficie cada vez mayor del territorio, comprometiendo no solo el equilibrio medioambiental sino la funcional del AMM.

A pesar que los documentos de planificación metropolitana tenían plena vigencia, la dispersión detectada al final de los años sesenta se había afianzado, como se deduce de la comparación de los planos de Exápolis 2000 y de la Estructura Urbana Actual del Plan Metropolitano 2000-2021. Si los accidentes orográficos determinaban todavía la morfología tentacular del AMM en las direcciones Noroeste, Sur y Sureste, la urbanización de las zonas con mayor dificultad topográfica parecía inminente; no solo en la base los cerros de la Silla y del Topo, sino en las faldas de la Sierra Madre, y en el cerro de las Mitras. Muy poco se había logrado para la preservación de los cauces fluviales que cruzaban la zona conurbana, y para las pocas zonas verdes naturales que quedaban en el árido paisaje urbano; sin embargo, parecía indispensable asegurar por lo menos la integridad del Parque Nacional Cumbres de Monterrey y el Cañón de Huajuco, que comenzaban a ser amenazadas también por la expansión irracional.

Aunque la mancha urbana había alcanzado el Anillo Metropolitano en algunas partes, quedaban todavía muchas zonas libres que, como veremos en el artículo de noviembre, constituían la siguiente frontera para la ordenación del territorio. Igualmente, se tendría que equilibrar la estructura de circulaciones: el sistema radial había reforzado muy desordenadamente, sin desarrollar suficientemente la interconexión transversal. Los establecimientos industriales también se habían multiplicado, sobre todo hacia el Noreste -donde se había localizado el nuevo aeropuerto-, y al Norte y el Noroeste junto al Anillo Metropolitano. Esta vía tenía una posición estratégica para la reconfiguración productiva del AMM.

El tejido residencial, que debía ser la materia prima de la calidad urbanística de una metrópoli moderna, estaba todavía más descuidado, en nada se asemejaba a la esmerada geometría orgánica de las “ciudades óptimas” del Plan Director de 1967. Fracturado y amorfo, estaba configurado por bolsas muy mal comunicadas y deficientes de equipamiento urbano. Si acaso, algunas de ellas tendían a reproducir el “nuevo urbanismo” que había descrito Koolhaas unos años antes. “Si tiene que haber un “nuevo urbanismo” (…) ya no aspirará a configuraciones estables, sino a la creación de campos de posibilidades que acomoden procesos y rechacen cristalizar en formas definitivas”6. Más que a un ideal geométrico, el planeamiento metropolitano parecía prepararse para responder a las oportunidades de un mercado globalizado.

En el siguiente artículo, que se concentra en las dos décadas del presente siglo, se completará el ciclo que analiza el planeamiento urbano del AMM que está siendo revisado por la Iniciativa de la Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León.






1. METROPOLISREGIA.COM | SEPTIEMBRE 2017
2. Se trata de la franja del territorio norteamericano comprendida entre el paralelo 37 y la frontera mexicana 
3. “Los Ángeles, por ejemplo, necesita siete veces más suelo que Brooklyn para albergar al mismo número de habitantes”. GARCÍA VÁZQUEZ, Carlos. Antípolis. El desvanecimiento de lo urbano en el Cinturón del Sol. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2011. Pág. 13, párr. 3 
4. GARCÍA ORTEGA, Roberto. Asentamiento irregulares en Monterrey, 1970-2000, Divorcio entre planeación y gestión urbana. Revista Frontera Norte, volumen 13, número especial 2. 2000. Pág. 123, párr. 2 
6. KOOLHAAS, Rem y MAU, Bruce, What ever Happened to Urbanism, en S, M, L, XL. 010 Publishers, Roterdam, 1995. Pág. 969 

El cambio de paradigma del planeamiento metropolitano de Monterrey I

SEPTIEMBRE 2017

En el artículo pasado de agosto, el análisis de la Exposición de Motivos de la Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León, destacaba el fundamento técnico de las modificaciones de la legislación urbanística actual; es decir, las características morfológicas de la propuesta que trata de corregir el desorden urbano de la metrópolis regiomontana1. Ante esto, en las siguientes publicaciones de METROPOLISREGIA.COM se estudiará la coherencia del diseño que habrá de condicionar las actuaciones urbanas.

Sin embargo, en tanto que se discute y publica oficialmente la nueva ley, viene bien hacer una reflexión acerca de las determinaciones del planeamiento vigente en comparación con las características de las actuaciones que construyeron la conurbación regiomontana durante las tres últimas décadas el siglo XX y las dos primeras de éste. Quizá la revisión de estos aspectos, podría aportar alguna idea para controlar un proceso de expansión tan desordenado, que finalmente ha deteriorado la calidad de la vida urbana de la población.

LOS DOCUMENTOS DEL PLANEAMIENTO URBANO DE LA METRÓPOLI

Roberto García Ortega explica que al concluir el siglo pasado, solo el primer Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey, publicado en 1988, había logrado consensuar los planes de los municipios de la conurbación con los intereses de los grupos representados en el Consejo Consultivo de Desarrollo Urbano. Sin embargo este documento no se aplicó, como en su tiempo tampoco el Plan Director de 1967, que proyectaba ya el área metropolitana hasta el final del siglo. El plan de 1988 “ha carecido desde su origen de una bitácora sistematizada para darle seguimiento al cumplimiento de los programas y acciones previstas en el documento”2. En concreto, que como el plan de 1967 ha sido también letra muerta.

Figura 0917-01. Oscar BULNES VALERO, Helios ALBALATE OLARIA, Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo urbano de la zona conurbada de Monterrey. Comisión de la Zona Conurbada. 2003. Portada de la publicación digital

Por eso, en el análisis que vamos a hacer debemos referirnos a las condiciones dictadas por otros documentos de publicación más reciente, entre los que citamos en orden cronológico los tres que consideramos más importantes: el Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 (Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaria, 2003) (Fig. 0917-01)3; el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 (Fernando Gutiérrez Moreno, 2012)4; y el Plan de Desarrollo Urbano de Monterrey 2013-2025 (Gabriel Eugenio Todd Alanís, 2014)5.

No obstante, será necesario seguir prestando atención a lo que fue comentado acerca del Plan Director de 1967 (Exápolis 2000, Guillermo Cortés Melo, Helios Albalate Olaria, José Juan Ríos Leal y otros); que era el que se tenía previsto para ordenar el crecimiento metropolitano de Monterrey durante las décadas finales del siglo pasado (Fig. 0917-02). Así que, además de la Iniciativa de la nueva ley, únicamente los cuatro documentos citados han sido tomados en cuenta. Pese a que son de nivel jerárquico y territorial diverso y nunca fueron concertados suficientemente, expresan la disfuncionalidad entre el urbanismo ideal con el que se pretendía ordenar la metrópoli y la realidad urbana construida.


Figura 0917-02. El Plan Director de la Subregión Monterrey de 1967 (Exápolis 2000). La portada y la solapa del documento condensan gráficamente el diseño urbano de la futura metrópoli y las cabeceras municipales cercanas. El plan fue redactado por Guillermo Cortés Melo, con la colaboración de Helios Albalate Olaria desde 1963 hasta 1966, y de José Juan Ríos Leal a partir de 1967. Las manchas azules representan la ciudad existente en los años sesenta y las de color negro las principales industrias. Según esto, el diseño ideal de la metrópolis debía prevenir el desarrollo urbano en las cinco direcciones radiales históricas más importantes de la ciudad. (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Portada y solapa)

Ahora bien, el estudio de la expansión de Monterrey a partir de la segunda mitad del siglo XX, es fundamental para entender los problemas que se derivan de la configuración actual de la metrópoli; que, obviamente, no se puede condensar en el espacio destinado a este artículo. Ya que se trata del complejo proceso de transformación de la capital industrial de México en una metrópoli financiera y de servicios global, mientras que la población aumentaba siete veces y catorce la superficie urbanizada6.

A pesar de la dificultad implícita, dado nuestro interés por revisar únicamente los aspectos del diseño urbano que han influido en una expansión tan espectacular, consideramos que restringir el análisis a los documentos de planificación citados queda justificado. De cualquier forma, dividiremos este breve estudio en tres partes que habrán de cubrir los artículos de septiembre a noviembre de METROPOLISREGIA de este año. Ésta primera parte amplía la explicación de las condiciones previstas por la Exposición de Motivos de la Iniciativa de la ley, la segunda de octubre explicará el período de la expansión metropolitana que termina el siglo XX, y la tercera de noviembre el que corresponde al siglo presente.

LAS NUEVAS CONDICIONES DEL DISEÑO URBANO DE LA METRÓPOLI

Comenzamos por tanto subrayando que la Exposición de Motivos de la Iniciativa de la Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano, expone las contradicciones del proceso de planificación de Monterrey en el arco de tiempo al que nos hemos referido, que ineludiblemente deberá confrontarse en la nueva redacción de la ley7.

Como se ha repetido, este documento ha descalificado el modelo de crecimiento extensivo, así como los programas públicos de vivienda social que en general contribuyeron al desorden urbano. Y, esto, no solo porque fracturaron la cohesión física y social de la metrópoli; sino por haber distorsionado el mercado, propiciando una expansión urbana irracional y la proliferación de asentamientos periféricos precarios e irregulares. Pero, además, el texto reconoce que el modelo más adecuado para nuestra tradición cultural sería el compacto; ya que con él, se podría facilitar la incorporación de “una lógica de servicios de proximidad, esquemas de financiamiento adecuados, asistencia técnica y financiera a quienes auto producen su vivienda; y el desarrollo de nuevos mercados como el arrendamiento, el arrendamiento con opción a compra (leasing) y el intercambio de vivienda usada, propiciando distintas formas de tenencia y garantizando la seguridad de la misma”8. Aspectos que considera indispensables para recuperar la ordenación de la metrópoli.

Por otra parte, es evidente que la expansión desordenada habría sido el resultado de un planeamiento demasiado abierto al diseño urbano de las actuaciones, que los promotores prefirieron desarrollar con las características del modelo de tipo extensivo, dado que tenía mayor arraigo cultural entre la población desde el final del siglo XIX. Así como a programas de vivienda, que las autoridades justificaron más en la estadística que en la estructura socioeconómica de la región; es decir, que para su implementación se omitió una evaluación concienzuda de las consecuencias que podrían tener la poca solvencia de la demanda o los excedentes de una oferta sin control, propiciando el acaparamiento del suelo urbanizable y la aparición de un mercado inmobiliario de tipo especulativo para la vivienda social9.

Pero, además, abundando ahora en la insuficiencia de los documentos del planeamiento urbano para conducir ordenadamente las actuaciones urbanas, la experiencia demuestra que la sola publicación de una zonificación funcional -aun contando con una matriz de compatibilidades específica como las que complementan el plano de usos de suelo-, ha sido ineficaz tanto para el control del crecimiento como para la cualificación del ámbito en el que se desarrolla la vida urbana. Y, por ello, la revisión de la legislación actual debería no solo replantear las condiciones funcionales con las compatibilidades y la densidad edificatoria más convenientes, sino rescatar las otras condiciones morfológicas que históricamente han distinguido a la ciudad, que son las que podrían materializar la lógica de proximidad a la que alude la Iniciativa.

Condiciones que aunque posteriormente serán analizadas más detenidamente, por ahora solo son enunciadas. Es indispensable por tanto asegurar la preservación del medio ambiente, sujetando el diseño urbano a los condicionantes territoriales. No lo es menos, recuperar el equilibrio físico en el conjunto urbano: proyectando una estructura de movilidad que vincule adecuadamente todos los tejidos, e insertar en ellos espacios destinados exclusivamente a los equipamientos sociales y las áreas verdes públicas, que sean determinados en proporción con la población. Finalmente, es necesario abordar, con razonable flexibilidad, la especificación de las características de volumen y forma de la ciudad.

Tanto los condicionantes (geográficos e históricos) como las características del diseño urbano que les corresponde, que o son enunciadas directamente o pueden deducirse de la Iniciativa de la nueva ley, constituyen el fundamento de lo que se ha denominado el urbanismo ideal de la metrópoli, en contraste con la realidad urbana construida, que ha dejado al descubierto la disfuncionalidad a la que nos referíamos al principio de este artículo y serán estudiadas en los dos siguientes.
Por eso, a partir del estudio de los cuatro documentos citados, será posible contrastar el desorden del desarrollo metropolitano en dos períodos: el primero que inicia al final de la década de 1960 hasta el comienzo de este siglo XXI; y, el segundo, que completa el análisis hasta el día de hoy (Fig. 0917-03).


Figura 0917-03. Plano 43. Imagen Objetivo 2021. Plan Metropolitano 2000-2021. Gobierno del Estado de Nuevo León, 2003. Corrigiendo el proyecto de 1967, la Imagen Objetivo 2021 dibuja el diseño ideal de metrópoli en ese año






1. Cfr. Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León, https://www.facebook.com/events/1494764970595483/
2. Roberto GARCÍA ORTEGA, Asentamientos irregulares en Monterrey en Frontera Norte volumen 13, número especial 2, 2001. Pág. 121, párr. 4 
3. 200.23.43.29/pdf/Plan_Metropolitano_2021.pdf
4. 200.23.43.29/pdf/Programa_Estatal_de_Desarrollo_Urbano_Nuevo_Leon_2030.pdf
5. portal.monterrey.gob.mx/pdf/2013_2025.pdf
6. Entre 1950 y 2000, la ciudad sustituye la actividad económica preponderante de la siderurgia, por la más productiva y diversificada de las manufacturas y los servicios, pasando de 500,000 a 3’374,000 habitantes y de 4,000 a 56,000 Ha de suelo urbanizado
7. La redacción final de la ley deberá compaginar el texto federal con el estatal en un plazo que se ha vuelto apremiante
8. Exposición de Motivos de la Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León. Monterrey. 2016
9. Cfr. Exposición de Motivos de la Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León. Monterrey. 2016