El planeamiento de la región metropolitana de Nuevo León II

NOVIEMBRE


Con el propósito de preparar el diagnóstico y de fijar los objetivos de la revisión del planeamiento urbano de la Región Metropolitana de Nuevo León en los siguientes artículos de METROPOLISREGIA.COM, como información antecedente se analizó en octubre la cartografía disponible a partir de la trasformación industrial de Monterrey hasta la mitad del siglo XX, cuando se iniciaba la conurbación de la capital del Estado y los municipios adyacentes. Además de los planos de la ciudad de 1910, 1922, 1933 y 1947; se estudió los planos reguladores de Carlos Contreras de 1937 y de Kurt Mumm de 1945-19501, cuyos objetivos de diseño se malograron y eran, respectivamente, replantear la estructura de circulaciones según los criterios del City Beautiful Movement y ordenar la ciudad conforme a los supuestos de la Neighbourhood Theory. Las propuestas traslucían la aspiración de ordenar el crecimiento industrial y residencial de Monterrey, que tampoco consiguieron.

Con respecto a esto, se ha explicado en otra ocasión cómo el desarrollo de promociones aisladas privilegió la expansión y no la ordenación urbana desde los albores del siglo XX, y que esparciendo la industria en el perímetro condicionó la homogeneidad de la expansión residencial. Como resultado del crecimiento urbano acelerado y disperso se consolidó la disfuncionalidad (irracionalidad e insolidaridad), que no solo ha repercutido negativamente en la movilidad sino en la calidad de vida metropolitana2.

Ahora bien, si el mes pasado se veía la documentación antecedente, en este de noviembre se revisará los resultados de las propuestas de ordenación publicadas durante la expansión de la metrópoli; es decir, de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. El estudio de este período es fundamental, tanto para preparar el diagnóstico del desarrollo urbano, como para determinar los objetivos del planeamiento sostenible de la metrópoli en el corto plazo. Entre los que se puede enunciar preliminarmente, las condiciones del proceso de regeneración y consolidación policéntrica del asentamiento disperso, que alberga hoy casi cinco millones de habitantes en una superficie de alrededor de 100,000 Ha, y las del proceso de expansión hasta el año 2030, cuando se estima que tendrá aproximadamente seis millones de habitantes. Objetivos que, por otra parte, solo se podrán conseguir actualizando los documentos y programas de planeamiento urbano en las diferentes escalas de actuación (regional, estructurante y operativa); convocando el trabajo coordinado de las autoridades del Estado y los municipios, con la participación de los profesionales de la disciplina y los grupos de propietarios y promotores.

Figura 1118-01. Plano del Área Metropolitana de Monterrey de 1967. El color gris señala el área urbanizada, mientras que en color rojo se destaca los fraccionamientos aprobados entre los años 1961 y 1966; el desarrollo urbano seguía con el modelo de crecimiento disperso en las principales direcciones radiales de la metrópolis (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura 13)

EL PLANEAMIENTO DURANTE LA EXPANSIÓN DEL ÁREA METROPOLITANA

Un mosaico de piezas irregulares pero contiguas de industria y vivienda expresa el desorden urbano de Monterrey las primeras décadas del siglo XX, pero a partir de los años cuarenta y cincuenta cuando el crecimiento se vuelve explosivo ese mosaico se fractura, entonces las actuaciones residenciales e industriales se articulan aleatoriamente a las vías que conectan la ciudad central con los municipios adyacentes. Después, ya en los años sesenta, la mancha urbana se extiende a esos municipios induciendo una configuración tentacular, al mismo tiempo que toma cuerpo la segregación socioeconómica de la ciudad residencial (Fig. 1118-01). Aunque este fenómeno de segregación no era algo nuevo en el urbanismo local, durante el período que se analiza no solo crece considerablemente sino que se incluye entre las herramientas de zonificación del planeamiento. Aparicio Moreno, Ortega Rubí y Sandoval Hernández explican que “en este ámbito de desigualdad y de ruptura socio-espacial destaca la segregación polar, que en América Latina ocurre durante los períodos de industrialización de las ciudades, y se caracteriza por el desplazamiento hacia la periferia de quienes tienen mayores recursos, con la aparición de colonias de lujo y centros comerciales (…), que contrastan con los barrios proletarios que crecen en la cercanía de los centros de trabajo”3

A partir de los datos de distintas fuentes entre las que destaca un documento de Gustavo Garza Villarreal4, de 1940 a 1960 la tasa de crecimiento de Monterrey era mayor a 6% y la población aumentaba más que la superficie edificada de la ciudad, de 190,100 a 695,400 habitantes (3.65 veces) y de 3,022 a 7,630 Ha (2.52 veces) respectivamente. Aunque entre 1960 y 1980 la tasa disminuyó, población y mancha urbana crecieron equilibradamente a 2’001,500 habitantes (2.87 veces) y a 22,000 Ha (2.88 veces). En cambio, de 1980 a 1993 el incremento de la población ya fue menor que el de la superficie edificada, las cantidades pasaron a 2’573,500 habitantes (1.28 veces) y a 39,057 Ha (1.77 veces). Finalmente, entre 1993 y 2010 la dispersión se consolidó, la población alcanzó 4’165,000 (1.62 veces) y la mancha urbana 85,184 Ha (2.18 veces).

No deja de sorprender sin embargo, que la expansión de la metrópoli se hubiera producido sin suficiente reflexión en un período de gestión profesional del desarrollo urbano: de la publicación del Plan Director de la Subregión Monterrey o Exápolis 2000 en 1967 (Guillermo Cortés Melo y Helios Albalate Olaria), del Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey 1988-2010 en 1988 (Roberto García Ortega), y del Plan Metropolitano 2000-2021 en 2003 (Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaria). Veamos algunos aspectos de ese desacato del planeamiento.


Figura 1118-02. Plan Director de la Subregión Monterrey de 1967 (Exápolis 2000). La metrópolis era ceñida por un añillo periférico que delimitaba a la vez que conectaba todas las radiales de acceso a las cinco ciudades federación con la Ciudad Central. La condición orográfica propia de la ciudad llevaba inevitable a la morfología tentacular. Cada ciudad debía cumplir con un estricto programa edificatorio, y de equipamientos y áreas verdes, que aseguraban no solo la ordenación urbana, sino la morfología preestablecida por el diseño urbano. (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura de la Portada)

En cuanto al Plan Director de 1967 Exápolis 2000 (Fig. 1118-02), se puede afirmar que los redactores adivinaron que la dispersión radial anunciaba la conformación de la metrópoli, la evolución al modelo urbano policéntrico; y, por eso, el proyecto buscaba ordenar el desdoblamiento de la metrópoli acompañando el impulso radial del desarrollo urbano. No obstante, la propuesta no tuvo aceptación de los promotores; probablemente, porque la ordenación geométrica del suelo determinada por el plan suponía la consolidación de la propiedad, el control público del desarrollo urbano. Así que, la resistencia al cambio de gestión impidió la aplicación del plan y robusteció la espontaneidad del desorden las siguientes dos décadas, como quedó registrado en dos documentos informativos del siguiente plan preparados por Roberto García Ortega durante los años ochenta (Fig. 1118-03 y 1118-04).

 Figura 1118-03. Roberto GARCÍA ORTEGA, Área Metropolitana de Monterrey 1900-1984. Antecedentes y análisis de su problemática urbana. Secretaría de Asentamientos Humanos y Planificación, Gobierno del Estado de Nuevo León. Plano 1, Evolución física de la mancha urbana 1900-1984. Se observa que el patrón de crecimiento de la ciudad era más o menos compacto hasta los años treinta del siglo XX; pero se vuelve explosivo a partir de los años cuarenta y se alarga en todas las direcciones radiales a partir de los años cincuenta

El primero, el Plano de la Evolución Física de la Mancha Urbana de Monterrey 1900-1984 (Fig. 1018-03), únicamente registra la expansión de cada década del siglo. El dibujo corrobora el fenómeno de la dispersión. Aunque limitadamente hacia el sur, durante las primeras décadas las piezas irregulares del mosaico central se extienden ya en todas las direcciones conservando todavía el modelo concéntrico; al mismo tiempo, las cabeceras de los municipios vecinos se desarrollan más lentamente manteniendo su compacidad. Por el contrario, entre los años sesenta y ochenta tiene lugar la alteración del tipo de crecimiento; la ciudad central evidencia un patrón de rápido crecimiento tentacular, que traslapa el todavía concéntrico que experimentan los núcleos vecinos5.
Al norte en San Nicolás y al este en Guadalupe, la metrópoli consumía grandes superficies de suelo llano siguiendo la configuración de una mancha de aceite; al noroeste unos tentáculos se alargaban entre los cerros de las Mitras y del Topo, en tanto que por el sur, la mancha absorbía los antiguos cascos urbanos de San Pedro y Santa Catarina e iniciaba la invasión del Cañón de Huajuco. La expansión residencial era espectacular pero informe y, como se verá enseguida, carecía de lógica funcional. Como resultado, después de los años ochenta, la capital industrial del país quedaba firmemente anclada en la orografía propia, orientando toda la fuerza expansiva del desarrollo hacia el Arco Vial previsto por Exápolis 2000.

Figura 1118-04. Roberto GARCÍA ORTEGA, Área Metropolitana de Monterrey 1930-1984. Antecedentes y análisis de su problemática urbana. Secretaría de Asentamientos Humanos y Planificación, Gobierno del Estado de Nuevo León. Plano 2, Estratos Socio-económicos 1980. El centro de la ciudad lo ocupan las zonas industriales; el núcleo histórico y el perímetro residenciales lo rodean. El proceso de segregación va desplazando los niveles socioeconómicos de vivienda más bajos a las partes más alejadas del centro histórico 

Si el primero de los planos de García Ortega demuestra la dispersión; el segundo, el Plano de Estratos Socioeconómicos de Monterrey 1980 sirve para documentar el rápido avance de la segregación de la vivienda en todos los ámbitos de la metrópoli (Fig. 1018-04). Como se explicó, al principio de siglo XX la ciudad central estaba compuesta por el centro administrativo y comercial, y por piezas irregulares de vivienda o industria contiguas al límite norte del trazado reticular. En el plano se observa que el sur y el oeste del conjunto estaban ocupados por las zonas de vivienda de nivel socioeconómico medio, medio alto y alto; mientras que el norte y el este por las de nivel medio bajo, bajo y muy bajo entremezcladas con la industria. Si, partiendo desde el centro, durante la primera mitad del siglo la vivienda de los niveles medio alto y alto se había extendido moderada pero exclusivamente al poniente, hacia los cerros del Obispado y las Mitras; y, a partir de los años cuarenta y cincuenta, encontró más cómodo aislamiento al sur y el sureste del núcleo, al pie de la Sierra Madre y del Cerro de la Silla; por el contrario, las zonas de vivienda de los niveles medio bajo, bajo y muy bajo, se desarrollaron aceleradamente junto con la industria en los tentáculos del arco noroeste-sureste de la metrópoli.

Figura 1118-05. Plano 34, Estructura Urbana Actual. Plan Metropolitano 2000-2021 de la zona conurbada de Monterrey, de Óscar Bulnes y Helios Albalate de 2003. En el plano destaca que el desdoblamiento industrial de la metrópolis, principalmente hacia los municipios de Apodaca al noreste y Santa Catarina y García al oeste, no se coordina con las zonas de mayor expansión residencial de los municipios de Monterrey al noroeste, Guadalupe al este y San Nicolás al norte. Sin embargo, el aislamiento geográfico del crecimiento tentacular de la metrópoli, bien podría compensarse con el desarrollo urbano adecuado del Arco Vial Metropolitano

Como se comprueba, más grave aún que el fenómeno de dispersión, fue la degradación de los tejidos de vivienda de los niveles socioeconómicos menos favorecidos; ya que, en cualquier parte del perímetro se desarrollaron irregularmente, incluso en zonas de reserva urbana no urbanizable con el mínimo de infraestructuras y servicios. Las diferencias tipológicas de estas zonas se pueden identificar fácilmente por la superficie decreciente de los predios unifamiliares, que se redujeron hasta mínimos inhabitables. A pesar que las bolsas de infravivienda exhibían la inconsistencia de un desarrollo disperso y excluyente, a partir de la última década del siglo XX, la influencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte potenciaría todavía más el crecimiento desordenado de la incipiente metrópoli.

La secuela del impulso urbanístico inducido por el Tratado de Libre Comercio al final del siglo XX quedó plasmada en el Plan Metropolitano 2000-2021 de la Zona Conurbada de Monterrey de Oscar Bulnes y Helios Albalate. En el Plano 34, Estructura Urbana Actual del Plan Metropolitano 2000-2021 (Fig. 1118-05), sorprende el estiramiento de la franja industrial hacia el noreste hasta el Arco Vial Metropolitano, sin que aquello lo impidiera en otras posiciones del perímetro. Se observa que sobre un fondo residencial arbitrario, se recortan grandes piezas de industria, de equipamientos importantes y de baldíos que conforman un rompecabezas incoherente que solo explica la desarticulación del programa de planeamiento, el desarrollo aislado de una ingente cantidad de actuaciones particulares; como revela otro documento del mismo plan, el Plano 9 Evolución de la Mancha Urbana (Fig. 1118-06), en el que los innumerables fragmentos que aglutinan la mancha urbana dan cuenta del desarrollo mercantilizado, tanto como de la dificultad o imposibilidad de gestionar correctamente un crecimiento tan fragmentado. Lo cual confirma que sin el consenso de autoridades, propietarios y promotores, la ordenación urbana era imposible.


Figura 1118-06. Plano 9, Evolución de la Mancha Urbana. Plan Metropolitano 2000-2021 de la zona conurbada de Monterrey, de Óscar Bulnes y Helios Albalate. Aunque son numerosas las actuaciones en los baldíos del área conurbada, llama la atención la fragmentación del desarrollo urbano en el perímetro

En síntesis, por una parte, se tiene que los documentos revisados confirman la inmediatez de la expansión y la irracionalidad de la dispersión; y, por otra, que no solo la insuficiente previsión equipamental trastoca la lógica funcional, sino que la segregación socioeconómica de la vivienda prevista por la zonificación conduce a una disposición espacial insolidaria. Ambas confirman la mercantilización del desarrollo urbano atomizado. En el siguiente artículo abordaremos el diagnóstico de la situación actual.





1. Se debe mencionar que el material cartográfico utilizado para la documentación del desarrollo urbano de Monterrey de la primera mitad del siglo XX, fue proporcionado por el arquitecto Héctor Domínguez. Los planos de la ciudad así como los proyectos de Carlos Contreras y Kurt Mumm fueron copiados directamente de los documentos originales, y forman parte de la colección personal del arquitecto
2. En contraposición con la conceptualización dialéctica de la zonificación, entendemos la vida metropolitana como oportunidad de equilibrio socioeconómico; por eso, “la fragmentación territorial puede ser entendida como la pérdida de la permeabilidad del tejido urbano, que conlleva el rompimiento de las relaciones sociales”. Cfr. Carlos Estuardo APARCIO MORENO, María Estela ORTEGA RUBÍ y Efrén SANDOVAL HERNÁNDEZ, La segregación socio-espacial de Monterrey a lo largo del proceso de metropolización, en Región y Sociedad. Revista del Colegio de Sonora, número 52, 2011. Pág- 178, párr. 2
http://www.scielo.org.mx/pdf/regsoc/v23n52/v23n52a6.pdf
3. Carlos Estuardo APARCIO MORENO, María Estela ORTEGA RUBÍ y Efrén SANDOVAL HERNÁNDEZ, La segregación socio-espacial de Monterrey a lo largo del proceso de metropolización, en Región y Sociedad. Revista del Colegio de Sonora, número 52, 2011. Pág- 178, párr. 2
http://www.scielo.org.mx/pdf/regsoc/v23n52/v23n52a6.pdf
4. Cfr. Gustavo GARZA, El Área Metropolitana de Monterrey en el año 2020, en Estudios Demográficos y Urbanos, El Colegio de México. México, 1998. Cuadro 1, pág. 668 y Cuadro 2, pág. 669
http://aleph.academica.mx/jspui/bitstream/56789/21649/1/13-039-1998-0667.pdf
5. “Fue por cierto durante la década de 1960, de acelerada y caótica expansión física del Área Metropolitana, cuando se consolida el proceso de metropolización iniciado en 1940”. Roberto GARCÍA ORTEGA. El Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey: Antecedentes, Análisis y Situación Actual, en Una Década de Planeación Urbano-regional en México, 1978-1988. Colegio de México. México, 1989. Pág. 370, col. 2, párr. 2

El planeamiento de la región metropolitana de Nuevo León I

OCTUBRE


En otros artículos de METROPOLISREGIA se habló de la mercantilización y de la “ineficacia de los planes y las carencias (…) en la gestión”1 del desarrollo urbano, como factores que provocaron el desorden de la metrópoli regiomontana del siglo XX. Por una parte, se veía que aunque antes de la mitad del siglo las autoridades buscaban construir la ciudad con una estructura bien definida, las actuaciones urbanas se orientaron más por la inmediatez de la demanda que por la calidad del resultado, produciendo un conglomerado fracturado y disfuncional. Y, por otra, que a pesar de los cambios de legislación y los documentos del planeamiento publicados la segunda mitad del siglo, la falta de control de la gestión provocó “el desarrollo de una ciudad irracionalmente concebida e insolidaria, todo lo cual afecta directamente a la calidad de vida del ciudadano”2.

Ahora bien, si la inmediatez de la respuesta no ha generado la estructura funcional y formal que conviene a la Región Metropolitana; pensamos que se debe, al menos en parte, a una distorsión del planeamiento que ha previsto la segregación socioeconómica de la vivienda. Y, dado que estos factores inciden en el diagnóstico del desarrollo urbano, se tratará ampliamente de ellos en los siguientes artículos; de la segregación de la vivienda sin embargo conviene recordar aquí que Mancuso puso de manifiesto que el “zoning”, como herramienta del planeamiento que procura “una clara y estable predeterminación de los suelos”3, apareció por la implementación de políticas urbanísticas discriminatorias en los Estados Unidos de América la segunda mitad del siglo XIX4. Así que, aun antes que buscar el equilibrio y la diversidad funcional, la zonificación trataba de proteger las inversiones de “las incertidumbres de un mercado de construcción e inmobiliario inestable y, a menudo, en crisis a causa de la transformación demasiado acelerada de una ciudad”5.


Figura 1018-01. Plano de la Ciudad de Monterrey, Nuevo León de 1910 (Archivo del arquitecto Héctor Domínguez). El plano indica la posición de las primeras fábricas y el comienzo de las colonias obreras en el suelo desamortizado al norte del núcleo reticular residencial de la ciudad

Y, por eso, como ha demostrado Poëte, si el modelo de desarrollo urbano radio concéntrico además de los condicionantes geográficos asumía los históricos, al arrimo del “zoning” reinterpretaba la disposición de los componentes urbanos en razón del valor económico del suelo. Para asegurar una mayor rentabilidad, el núcleo histórico de la ciudad era reservado para las actividades administrativas y comerciales; mientras alrededor de él, con expectativas decrecientes relativas a la primera, se disponía las diferentes zonas de vivienda jerarquizadas según su categoría socioeconómica, con el espaciamiento adecuado entre ellas; y, al exterior de todo, las zonas destinadas exclusivamente a las actividades productivas en el suelo más alejado y menos valioso. Pero la aplicación de este instrumento suponía, equivocadamente, que por encima del discernimiento de los criterios funcionales de proximidad de los componentes urbanos (complementariedad, equilibrio, etc.), el diseño urbano debía salvaguardar la identidad socioeconómica asignada para cada zona. Por lo cual, además de promover la deficiencia funcional (movilidad ineficiente y equipamiento insuficiente), se inducía la deformación física del conjunto (fragmentación, segregación socio espacial, etc.)

Figura 1018-02. Plano General de la Ciudad de Monterrey y sus Ejidos de 1922 (Archivo del arquitecto Héctor Domínguez). Las graves circunstancias sociopolíticas de la época no impidieron el desarrollo de la zona industrial; aunque, por otra parte, la ausencia de previsión urbanística propició la fractura y segregación socio espacial del tejido residencial. Es notable la previsión de tejido residencial. La Colonia Acero al norte de la Fundidora, las colonias Bellavista y Miguel Nieto junto a Cervecería; y al noroeste la Colonia Belden. Ninguna conserva ya la orientación de la retícula de Epstein, sino la de la estructura de la propiedad

Por el contrario, sostenemos con Gravagnuolo, que “el ámbito pertinente de las teorías y las praxis de la proyectación urbana es (…) el de la construcción planificada del espacio antropizado”6; ya que, solo el equilibrio teórico-práctico que busca el diseño urbano, permite asegurar tanto el desarrollo sostenible como la ordenación de la ciudad y la región. Y, con todo ello, lograr la armonía entre orden social y urbano de la que habla Rossi7, que se echa de menos en nuestra metrópoli y debería estar ante todo en la mira de las autoridades; ya que, sería la mejor respuesta al deterioro de la calidad de vida, que han provocado el crecimiento irreflexivo y la falta de previsión de la transformación funcional de Monterrey durante más de cincuenta años.

Figura 1018-03. Plano Oficial de la Ciudad de Monterrey, N. L. de 1933. Dirección Municipal de Obras Públicas (Archivo del arquitecto Héctor Domínguez). El documento destaca la gran expansión de la superficie de la ciudad. El trazado de la Colonia Moderna en la esquina noreste de los Ejidos. Al exterior de ellos, al Norte, el Campo Militar y la Colonia Hidalgo; pero la expansión llega hasta el Topo Chico; al Este hasta la cabecera municipal de Guadalupe. Llama la atención al noreste la previsión del Gran Parque Anáhuac

Pero, además de la gestión más comprometida y expedita de las autoridades que se acaba de mencionar, la evolución propia de la disciplina urbanística demanda también una fundamentación del diseño más incluyente de los profesionales. Que la información estadística disponible, los requerimientos del mercado y la contribución del desarrollo urbano al crecimiento económico, etc.; se armonicen cabalmente con los condicionantes de la geografía y la historia, el derecho y las demás ciencias afines, en la preparación de una propuesta física de reordenación de la región metropolitana. Ya que, citando una vez más a Gravagnuolo, “gradualmente, las propias técnicas de representación (tanto gráficas como verbales) de la ‘planificación urbanística’ se han visto aplanadas en la bidimensionalidad de las mallas del 'zoning' y en la jerga algebraica de los 'standards'. En esta adecuación de la manera de pensar el urbanismo a los dispositivos abstractos de las ciencias nomotéticas, lo que involuntariamente se ha perdido de vista ha sido precisamente el fin último de la disciplina, o sea, el proyecto de la forma urbana8.

Figura 1018-04. Plano Regulador de Monterrey de 1937 del arquitecto Carlos Contreras (Archivo personal del arquitecto Héctor Domínguez). 

Valorando por tanto la importancia de la perspectiva morfológica, tanto para la preparación del diagnóstico del desarrollo urbano, como para la revisión del contenido esencial y los parámetros y restricciones edificatorios del planeamiento urbano; este artículo de octubre se centra en los antecedentes de la conformación de la Región Metropolitana de Nuevo León, repasando –resumidamente- lo dicho en artículos anteriores acerca de la configuración del Monterrey industrial de la segunda mitad del siglo XIX, y de la expansión de la ciudad de la primera del XX.

EL PLANEAMIENTO ANTECEDENTE A LA CONFORMACIÓN DE LA REGIÓN METROPOLITANA

El núcleo reticular de Monterrey, trazado por Epstein (1864) a solicitud de las autoridades para facilitar el proceso de desamortización del suelo municipal9, aunque por el sur estaba constreñido por diversos condicionantes geográficos10, podía extenderse con holgura hacia el norte. Sin embargo, el suelo desamortizado seguía sin normativa urbanística al final del siglo XIX; y por ello, durante la transformación industrial en la actividad económica preponderante de la región, el paso de las vías del ferrocarril y establecimiento de las fábricas provocaron desorden urbano (Fig. 1018-01). Por la misma razón, la adopción del modelo extensivo de ciudad y del tranvía como sistema de transporte público que facilitó la urbanización de promociones de vivienda asiladas del núcleo histórico, contribuyó a la fractura del tejido residencial (Fig. 1018-02). 

Pero, además, la fragmentación espacial propició la polarización socioeconómica del tejido residencial. Los investigadores Aparicio Moreno, Ortega Rubí y Sandoval Hernández han documentado cronológicamente este proceso. Por una parte, los barrios obreros, aun quedando cerca de las fuentes de trabajo, se desarrollaron hacia el norte y el este entre las vías del ferrocarril y las fábricas. “El primer barrio obrero creado como tal en Monterrey fue la colonia Bellavista, en 190711, justo en la colindancia norte de la Cervecería Cuauhtémoc. (…) Al finalizar la Revolución Mexicana (1910-1917), Cervecería Cuauhtémoc creó, en 1918, una sociedad cooperativa de ahorro que permitió adquirir viviendas con facilidades de pago, así se consolidó la colonia Bellavista y nacieron la Industrial y la Larralde. Fundidora, por su parte, estableció el barrio Acero, en 1928”12. Mientras que, por otra, los suburbios residenciales se extendieron en direcciones opuestas al sur y el oeste. “Los dueños y accionistas de estas empresas formaron colonias exclusivas como la Roma, en 1928, al sureste; el Obispado, en 1930, al oeste y la Del Valle, en 1940, al suroeste, en el municipio de San Pedro Garza García”13.

Figura 1018-05. Apuntes para el Plano Regulador de la Ciudad de Monterrey 1945-1950. Instituto de Estudios Sociales de Monterrey, A. C. del urbanista Kurt Mumm (Archivo personal del arquitecto Héctor Domínguez)

Es obvio que la falta de regulación urbanística de un impulso comercial e industrial tan potente como el de Monterrey de la primera mitad del siglo XX, repercutió en el crecimiento desordenado de la región dependiente, muchas veces en condiciones de precariedad urbanística (Fig. 1018-03). Sin embargo, esa misma circunstancia despertó la conciencia de las autoridades y algunos agentes sociales de ordenar el proceso de expansión, implementando los instrumentos convencionales de planeamiento urbano. Por desgracia, en lugar de revisar la localización de la industria, las propuestas optaron por adecuar lo existente con una configuración centralizada. Pero, como la industria quedaba atrapada en el centro del polígono, y rodeada por el núcleo primitivo y por las zonas destinadas para futuras urbanizaciones de vivienda; la espontaneidad del desarrollo urbano muy pronto rompería el cerco, aprovechando la insuficiencia regulatoria, según se desprende del análisis de los planos reguladores de Carlos Contreras de 1937 (Fig. 1018-04) y de Kurt Mumm de 1945-1950 (Fig. 1018-05).

El Plano Regulador de Carlos Contreras con fecha de 1937 (Fig. 1018-04), preveía la expansión del núcleo reticular de la ciudad abrazando la zona industrial. El proyecto tiene el mérito de replantear la estructura de circulaciones de la ciudad con un trazado verosímil, previendo también grandes reservas de espacio verde. Propone la regeneración del núcleo reticular de Epstein con avenidas muy amplias, que recuerdan la monumentalidad de los trazados del siglo XIX y las ideas de la City Beautiful Movement; ideas que, por otra parte, ya habían anticipado las avenidas del Progreso y de la Unión durante el Porfiriato. Contreras planteaba también la relocalización de la estación del ferrocarril al poniente del Cerro del Obispado transformado en un gran parque, en vez del suburbio residencial que comenzaba a urbanizarse por aquellos años. Otra generosa reserva de espacio verde, el Gran Parque Anáhuac, se dejaba al norte del polígono como articulación de futuras expansiones. No obstante, el proyecto tenía también algunos inconvenientes. La zona industrial y los andenes de carga de los ferrocarriles y no el núcleo histórico, ocupaban el centro geométrico del polígono, complicando el funcionamiento de la ciudad; además, que la zona que se destinaba para vivienda obrera, era más conveniente para la expansión industrial.

Por su parte, Kurt Mumm omite los rasgos de monumentalidad del proyecto de 1937 en los Apuntes para el Plano Regulador de la Ciudad de Monterrey de 1945-1950 (Fig. 1018-05), y se concentra en resolver el modelo radio concéntrico con los criterios sociales y funcionales de la Neighbourhood Theory de Clarence Perry. De forma semejante que el proyecto de Contreras, parte del reconocimiento de las zonas industriales como elemento central y determinante de la configuración urbana, que complementan las zonas comerciales y residenciales. Éstas consisten en un mosaico compuesto por unidades de barrio, previendo los principales equipamientos de la ciudad central y de cada barrio. También este modelo queda abierto a futuras expansiones, industriales y residenciales indistintamente, que empiezan a concretarse en las vías radiales.

Figura 1018-06. Plano Oficial de Monterrey, N. L. y Municipios Adyacentes. Comisión de Planificación del Estado, 1947 (Archivo personal de Héctor Domínguez). Aunque el mosaico irregular de la ciudad conserva todavía una configuración poligonal más o menos compacta; los municipios adyacentes -San Nicolás, Guadalupe y San Pedro- se extendían muy irregularmente, anticipando la configuración tentacular que adquiere la metrópoli posteriormente

Como se puede comprobar en el plano de la ciudad de 1947 (Fig. 1018-06), ninguna de las propuestas fundamentales de Contreras y Mumm, llegará a ser determinante en la configuración de la ciudad. La inmediatez propia desarrollo mercantilizado ya había trastocado la lógica del planeamiento concéntrico que proponían los planos reguladores para la capital del Estado, y otro tanto sucedería posteriormente en los municipios adyacentes durante la conformación de la metrópoli. Así que, considerando la espontaneidad y la desobediencia del planeamiento como factores determinantes de desorden urbano de nuestra metrópoli, en el artículo de noviembre se abordará el diagnóstico del desarrollo de la Región Metropolitana de Nuevo León, revisando lo ocurrido a lo largo el siglo XX en la documentación del planeamiento urbano.




1. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
2. Ricardo GARCÍA MACHO y José Luis BLASCO DÍAZ. La disciplina urbanística, en Documentación administrativa. Pág. 296, párr. 2
https://revistasonline.inap.es/index.php?journal=DA&page=article&op=viewFile&path%5B%5D=9642&path%5B%5D=9683 
3. Franco MANCUSO, La experiencia del zoning. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1980. Pág. 13, párr. 3
4. “Desde 1909 las National Conferences de City Planning señalan la existencia de un instrumento –el zoning- que en Europa, y sobre todo en Alemania, se aplica con resultados bastante estimulantes. (…) He aquí la solución: un plano para toda la ciudad de Nueva York, donde el suelo esté dividido en zonas, donde existan distintas disposiciones para los usos y las densidades y donde, obviamente, las prescripciones para la Fifth Avenue respondan de lleno a los deseos de los promotores de esta operación. (…) Los comerciantes y propietarios de la Fifth Avenue, podrán estar tranquilos, (…) por fin se podrá ir sobre seguro, hacer casas señoriales en zonas que nunca serán contaminadas por las de grupos sociales pobres e invertir en terrenos que finalmente tendrán un destino estable y seguro”. Ibídem. Ibídem. Pág. 13, párr. 3
5. Ibídem. Pág. 13, párr. 3
6. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
7. “Es comprensible la continuada actitud demiúrgica de los arquitectos de presentar sistemas en los que el orden espacial pasa a ser el orden de la sociedad”. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 10, párr. 3
8. Ibídem. Pág. 7, párr. 1
9 . Cfr. Rocío GONZÁLEZ MAIZ, Desamortización y propiedad de las élites en el noreste mexicano 1850-1870. Fondo Editorial de Nuevo León. Monterrey, 2011
10. El emplazamiento primitivo de la ciudad junto al cauce del Rio Santa Catarina y la empinada pendiente de la Loma Larga, condicionaban la expansión del asentamiento hacia el sur
11. Aunque el trazado del Repueble de Bellavista junto a la Cervecería Cuauhtémoc aparece ya en el Plano de Monterrey de 1894, de Florentino Arroyo y Ramón Díaz (Tipografía y Litografía de Ramón Díaz, Monterrey), tiene más las características de un pequeño ensanche que las de una colonia obrera
12. Carlos Estuardo APARCIO MORENO, María Estela ORTEGA RUBÍ y Efrén SANDOVAL HERNÁNDEZ, La segregación socio-espacial de Monterrey a lo largo del proceso de metropolización, en Región y Sociedad. Revista del Colegio de Sonora, número 52, 2011. Pág- 187, párr. 3, y pág. 189, párr. 2. http://www.scielo.org.mx/pdf/regsoc/v23n52/v23n52a6.pdf
13.  Ibídem. Pág. 189, párr. 1

Mercantilización o sostenibilidad

SEPTIEMBRE

 
DESARROLLO URBANO DEL ÁREA METROPOLITANA DE MONTERREY

Ahora más que nunca se sabe de la trascendencia la actuación humana en el territorio; para bien o para mal, forma parte de la historia de la civilización. Pero, como el Urbanismo tiene por objeto la ordenación de la ciudad –y ésta facilitar las operaciones propias del hombre-, es preciso contar con un modelo si no perfecto, al menos con uno idóneo; que, en cualquier caso, comporta un compromiso de sostenibilidad. Así, en armonía consigo misma y con su entorno, como manufactura colectiva la ciudad podría aspirar a ser “la cosa humana por excelencia”1, adoptando la afortunada reflexión rossiana. No obstante, muy a menudo observamos que se urbaniza al margen del modelo previsto, que se prefiere un resultado diferente, como ha ocurrido durante la expansión de Monterrey los últimos cincuenta años; de la cual se puede decir que ha rechazado el planeamiento urbano, excusando la concomitancia teórico-práctica de la disciplina y las condiciones de equilibrio ambiental.

Pero se debe profundizar en lo anterior, pues calificar como malo el resultado morfológico de la expansión de Monterrey no exime de una explicación. Si, por ejemplo, durante el siglo pasado se afirmaba que el modelo de vivienda unifamiliar aislada era el ideal de la ciudad moderna: ¿cómo se podría acreditar entonces el crecimiento excesivo y desarticulado que alteró el balance natural de la región?; o, por el contrario: ¿cómo se podría defender hoy lo opuesto, el modelo compacto y multifuncional, si la ciudad de rascacielos se materializa en grandes zonas congestionadas y anónimas de la metrópoli? Si fuera sensato no tomar en cuenta ni el modelo ni las condiciones de sostenibilidad, se juzgaría que el resultado fue consecuencia del desarrollo urbano; que, una vez superado cierto límite, la urgencia de suelo urbanizable llevó inevitablemente a la dispersión. Que para revertirla bastaría con aplicar una solución técnica adecuada: la mejora de las infraestructuras, de los sistemas de transporte, etc. No obstante, sin descartar la necesidad de estas, si se mira bien, lo que hemos calificado como desorden urbano se produjo por actuaciones que apuntaban en primer lugar al resultado económico; que privilegiaban la rentabilidad antes que a la calidad de vida de la ciudad, aunque después tienen que asumir consecuencias no esperadas.

Figura 0918-01. Plano de Monterrey de José de Urrutia de 1765. Aunque los investigadores no se ponen de acuerdo; Roberto Chapa ha determinado que el primer asentamiento de la ciudad (Villa de los de Agua de Santa Lucía, Alberto del Canto, 1577) habría permanecido poco tiempo en donde hoy está el obelisco de la calle J. I. Ramón; mientras que el segundo (Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, Diego de Montemayor, 1587), que tampoco perduró, habría estado al norte del arroyo en el costado poniente de la Explanada de los Héroes. El tercero (Diego Rodríguez Montemayor, 1612) corresponde al actual centro de la ciudad, que se observa en el plano de 1765 y que se había desarrollado muy poco

Así, las operaciones que anteriormente especulaban con el valor del terreno favoreciendo la dispersión, ahora buscan también lucrar con la saturación. Aunque se trata de modelos divergentes, los proyectos coinciden en la búsqueda de los mayores aprovechamientos urbanos. Se puede decir que esta deformación procede, aplicando una idea de Gregotti, de la mercantilización del desarrollo2, que se descubre fácilmente en la huella que dejó durante la configuración de la metrópoli. Sin embargo, conviene aclarar que este artículo no se plantea ni la exclusión de las condiciones de mercado ni los avances técnicos del planeamiento; sino que trata de verificar cronológicamente la mercantilización del desarrollo en la morfogénesis de la metrópoli, y concluir con la presentación de un modelo viable de ordenación urbana; aunque se haya hecho con mayor amplitud en los artículos de junio a septiembre de METROPOLISREGIA.


Figura 0918-02. Plano de la Nueva Ciudad de Monterrey de Juan Crouset de 1796. La nueva ciudad quedaba aislada del núcleo urbano existente, aunque conectaba con él a través de cuatro calles, como se puede ver al compararlo con el plano de la ciudad de 1798. El trazado de la nueva ciudad era perfectamente reticular, conforme al ideal renacentista, y estaba preparado para continuar la expansión. También se observa que, conforme a la legislación urbanística, el planeamiento urbano además de las calles establecía las posiciones de los principales espacios públicos representativos de los barrios. que eran presididos por edificios públicos.

SIGLOS XVIII Y XIX. EL RESULTADO DISFUNCIONAL DEL DESARROLLO URBANO

Dos siglos después de la fundación de Monterrey, el desarrollo urbano seguía estancado, condicionado más por el aislamiento económico que por el geográfico; parecía que solo las principales vías de comunicación territorial (este-oeste), y las características hidrográficas del sitio (el río Santa Catarina y el arroyo conformado por los ojos de agua de Santa Lucía), orientaban marginalmente la extensión del asentamiento hacia el poniente (Fig. 0918-01).

Figura 0918-03. Plano de Monterrey de Juan Crouset de 1798. Si se compara con el plano de 1765, la ciudad se había consolidado hasta la ribera del Río de la Ciudad (Santa Catarina) y el Arroyo Santa Lucía. Se observa que tanto el trazado de la ciudad existente, como el de las calles que se prolongaban al norte del arroyo, se respetaban el cauce y los ojos de agua; aprovechándolos para represar el agua de riego y para dotar a la ciudad del primer paseo arbolado

En cambio, la segunda mitad del siglo XVIII la localización estratégica de la plaza, asociada con el aumento de la población y el comercio regional, llevaron a planear la expansión de la ciudad. Por encargo de las autoridades, Juan Crouset preparó los proyectos de Monterrey de 1796 y 1798 que preveían extender el núcleo primitivo hacia el norte, salvando el arroyo Santa Lucía. El primer proyecto de 1796 planeaba una ciudad enteramente nueva a cierta distancia del núcleo existente; seguía el modelo reticular ideal con sus barrios, plazas y edificios públicos (Fig. 0918-02). Como ciertas autoridades se opusieron cambiar de lugar la ciudad, en 1798 se modificó, prolongando solo las calles más importantes del trazado rectangular del núcleo (Fig. 0918-03). La expansión conservó así la configuración irregular hasta que en 1865 el Ayuntamiento solicitó a Isidoro Epstein ajustarla con la retícula exacta que había comenzado Crouset (Fig. 0918-04), facilitando con ello la precisión del proceso de desamortización de la propiedad municipal, dictado por la Ley Lerdo de Tejada de 18563.

Figura 0918-04. Plano de la Ciudad de Monterrey y sus Ejidos de Isidoro Epstein de 1965. El trazado reticular comenzado por Crouset se extiende para urbanizar aproximadamente un cuadrado de una legua de lado del suelo municipal. Es muy importante destacar que trazado conserva el paraje del Arroyo Santa Lucía añadiendo al norte algunas plazas; previendo, además, una gran alameda


Aunque la desincorporación del suelo municipal resultó poco beneficio a las arcas públicas, para los particulares fue buen negocio, ya que se produjo en la antesala del despegue industrial de la ciudad con la mínima regulación urbanística. Por eso, al final del siglo XIX se comenzó a urbanizar alrededor de la retícula de Epstein, sin otra previsión estructurante ni equipamental que los antiguos caminos y las vías del ferrocarril recientemente terminadas (Fig. 0918-05). Los avances técnicos y las comunicaciones que trajeron el liderazgo y gran prosperidad a Monterrey, en lugar de facilitar el crecimiento ordenado de la naciente ciudad industrial, solo impulsaron la economía de la región. Por eso, el establecimiento de las grandes fábricas y las urbanizaciones de vivienda se produjo aleatoriamente, “con la casi completa exclusión de la intervención de cualquier poder público”4, como las ciudades que colonizaron el territorio oeste norteamericano.


Figura 0918-05. Plano de la Ciudad de Monterrey capital del Estado de Nuevo León de 1901. A treinta y cinco años de su trazado, la retícula Epstein seguía mayormente vacía; mientras que se desarrollaba las industrias y urbanizaciones de vivienda al norte de la Calle Colón. La alameda había reducido la superficie a la mitad

SIGLO XX. LA DESOBEDIENCIA DEL PLANEAMIENTO Y LA FRACTURA MORFOLÓGICA

Ya en el siglo XX, la falta de regulación podía considerarse de provecho para el desarrollo económico de la ciudad; sin embargo, casi todas las urbanizaciones de Monterrey adoptaron el trazado rectangular por considerarlo no solo el más eficiente, sino “la máxima concesión del capital privado a la administración pública”5 (Fig. 0918-05). Aunque con ello la autonomía geométrica de los trazados podía revelar la pujanza de la iniciativa local, la discontinuidad entre las urbanizaciones provocaba intersticios irregulares poco aprovechables dejando una impresión general de desorden; que al extenderse a las cabeceras de los municipios contiguos, acabó con la configuración multipolar histórica de la región. El resultado morfológico se expresaba no solo en el acertijo geométrico de los planos de Monterrey del siglo XX, sino en negligencias ambientales tan graves como el entubamiento o la canalización de los cauces fluviales; la eliminación de la vegetación ribereña de los ríos y arroyos que cruzan la metrópoli; la urbanización irracional de laderas y montes; de zonas de protección ecológica como el Cañón de Huajuco, etc. (Fig. 0918-06)

Figura 0918-06. Plano general de la ciudad de Monterrey y sus Ejidos de 1930. El trazado del siglo XIX ha quedado desbordado en todas direcciones. La estructura de circulaciones es muy compleja porque los trazados de las urbanizaciones son independientes unos de otros. Ni el todo ni las partes siguen un patrón reconocible.

Efectivamente, todo esto destacaba sobre todo la omisión de las autoridades (Fig. 0918-07); por eso, con la implementación del planeamiento urbano profesional de los años sesenta se buscaba controlar el desarrollo, extendiendo la ordenación al territorio. Aunque todavía se pensaba que convenía definir la forma de la ciudad, en el diseño ya se tomaba en cuenta los principios de la geografía humana y social. El Plan Director de la Subregión Monterrey (Exápolis 2000) de Guillermo Cortes Melo y Helios Albalate de 1967, ofrecía un modelo de crecimiento orgánico que regulaba la expansión de la ciudad central en las principales direcciones radiales, con grandes zonas verdes y agrícolas entre ellas (Fig. 0918-08). Proponía el desarrollo de otras cinco ciudades; en cada una la industria quedaba separada de la vivienda, mientras el centro terciario conformaba la estructura funcional y representativa de los agrupamientos residenciales, rodeados de áreas verdes muy abundantes y respetuosas de la hidrografía de la región.


Figura 0918-07. Plano de la ciudad de Monterrey, Nuevo León de 1965. La falta de articulación alcanza las cabeceras municipales contiguas a la capital del Estado. El consumo irracional del suelo provoca la dispersión y fragmentación de la metrópoli

A pesar de su profundidad antropológica y originalidad geométrica, el Plan fue desobedecido “a causa de la difícil conciliación con el ‘modelo liberal urbano’”6. Quizá por la razón apuntada por Roberto García Ortega, tampoco el siguiente Plan de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey de 1988 pudo conciliar los intereses públicos y privados, aunque probablemente como también afirma, por la falta de “una bitácora sistematizada para darle seguimiento al cumplimiento de los programas y acciones previstas en el documento”7 (Fig. 0918-09). Pero a la resistencia de la gestión y la desobediencia del planeamiento urbano, la adscripción del país al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), añadió nuevo brío al desarrollo económico; solo que la inversión en vivienda social e industria buscó el suelo más barato del perímetro, y antes de trasponer el umbral del siglo XXI, la fractura del conjunto urbano fue inevitable.

Figura 0918-08. El Plan Director del Plan Regulador de la Subregión Monterrey de 1967, Guillermo CORTÉS MELO, Helios ALBALATE OLARÍA y colaboradores (Exápolis 2000). El crecimiento de la población había superado todas las expectativas; por eso se diseña una metrópolis para cinco millones de habitantes. Se prevé la expansión de la ciudad central conformando una federación de cinco ciudades completas

  
SIGLO XXI. LA DISPERSIÓN EN LA PERIFERIA DE LA METRÓPOLI

Al consumo irracional de suelo provocado por la euforia desarrollista, el Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 de Oscar Bulnes y Helios Albalate fijaba un primer límite previendo la consolidación del conglomerado urbano en el Arco Vial Metropolitano, en el que se proponía la relocalización industrial. Con el desalojo de las antiguas zonas productivas, además de disponer de suficiente espacio vacío para cubrir la falta de áreas verdes y equipamiento urbano, se esperaba promover actuaciones de vivienda de mayor densidad, aumentando la compacidad de la ciudad central y equilibrando el desarrollo urbano (Fig. 0918-10). 

De todos modos, los redactores estaban conscientes de la dificultad de corregir el azar expansivo del desarrollo; por lo que advertían del posible fracaso del Plan si prevalecía el escenario tendencial de crecimiento. En ese caso, decía, “se considera que no se podrán establecer políticas de orden y control urbano; por lo que el crecimiento se daría en forma dispersa sobre cualquier parte del territorio”8. Y, como en efecto el desarrollo siguió fuera de control, la dispersión rebasó el Arco Vial Metropolitano. La fragmentación del tejido urbano alcanzó rápidamente los municipios de la región periférica; pese a que la legislación modificó los criterios de financiamiento público, favoreciendo la densificación de la vivienda social plurifamiliar en la periferia y la edificación residencial compacta en el centro de la metrópoli.

Figura 0918-09. Plano 1. Evolución física de la mancha urbana de 1900 a 1984 (SAHP Gobierno del Estado de NL). Roberto GARCÍA ORTEGA, Área Metropolitana de Monterrey 1930-1984. Antecedentes y análisis de su problemática urbana. El crecimiento de la ciudad sigue fuera de control. El desarrollo urbano se acerca por el norte y por el este al Arco Vial Metropolitano

Actualmente, la falta de parámetros morfológicos del modelo permite la propagación del desorden urbano, obviando las condiciones geográficas e históricas de la región. (Fig. 0918-11). Pero, además, por la otra, tolera la insuficiencia técnica del planeamiento extendiendo la monofuncionalidad -la escasez de equipamiento social y área verde a pesar de la proliferación de usos comerciales y lúdicos-, y la movilidad ineficiente que eleva los niveles de contaminación atmosférica amenazando la salud pública. Se corrobora que la conformación metropolitana de Monterrey no ha seguido un modelo urbano distinto del desarrollo mismo; lo que demuestra, como advierte Vizcaya Canales, que “la ‘idea’ del crecimiento se superpone, sin motivo, al territorio”9. Pero, como éste, el crecimiento se retroalimenta con el desarrollo técnico, ni se modera el objetivo de rentabilidad ni la inercia mercantil. En cambio, como se dijo, la sostenibilidad implica la búsqueda de la calidad de vida –el florecimiento de todo tipo de vida-; y, como consecuencia, la regulación de la tendencia expansiva del desarrollo, demostrando entonces el interés genuino de la propiedad. Porque solo a partir de una ecología humana, que rige el balance natural pero requiere del apoyo de una economía inclusiva, se puede salvar el planeamiento urbano de la inoperancia y fundamentar el modelo idóneo de la metrópoli del siglo XXI.


Figura 0918-10. Plano 43. Imagen objetivo 2021 del Plan Metropolitano 2000-2021 de Oscar BULNES VALERO y Helios ALBALATE OLARÍA. El plan se propone consolidar el suelo de la metrópoli hasta el Arco Vial Metropolitano, que comienza a desbordarse

Con lo dicho hasta aquí, hemos respondido a las preguntas que se planteaba al principio; resta sin embargo por aclarar, cuál sería ese modelo idóneo que se ha mencionado reiteradamente. Cuál el prototipo que, en último término, serviría para equilibrar mercado y desarrollo urbano de Monterrey. Y para describirlo afortunadamente no hace falta empezar de cero; basta revisar algunas propuestas para casos de dispersión semejantes al nuestro, entre las que debe incluirse la que preparó Rubén Pesci hace unos años para el Programa de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030; que, aunque resolvía únicamente la gran escala, era específica de la región metropolitana y miraba en la dirección correcta.


Figura 0918-11. Diapositiva 19. Evolución de la conurbación regiomontana. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). En la imagen del satélite se destaca la metrópoli regiomontana, cuya expansión que sobrepasa 100,000 Ha. La configuración de la mancha urbana demuestra la inoperancia de los planes de ordenación y los programas de planeamiento

EL MODELO URBANO IDÓNEO Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Con respecto a la dispersión, abundan los casos. Pero, como ejemplo de regeneración urbana desarticulada, sería posible aplicar en la región periférica de Monterrey algunas ideas de la segunda generación de new towns británicas, como las del proyecto de Harlow de Frederick Gibberd. Por su parte, el planeamiento alemán experimentó ya desde el siglo XIX un tipo de crecimiento disperso -parecido al nuestro-, que continuó desde la primera mitad del siglo XX un tipo de crecimiento disperso contiguo, que enfrentó de forma diferente que el europeo continental y el norteamericano; para la propuesta se acuñó el concepto de ciudad-paisaje (Stadtlandschaft). Ernst May, exponente de este concepto, propuso en el Plan de Breslau la desintegración de la gran ciudad en fragmentos de tejido urbano asociados con el paisaje natural, diseñados cada uno separadamente mezclando unifamiliares y plurifamiliares; que no obstante la fractura del conjunto se sigue reconociendo en sus partes. Posteriormente, Rudolf Schwarz profundizó estas ideas en el Plan de Köln (Fig. 0918-12), explicando que “la sustancia urbana adopta una condición fluida, acercando sus límites a los del paisaje (…). La ciudad y el campo se difuminan y lo que toma su lugar no es ni lo uno ni lo otro, sino algo distinto; una ciudad que se extiende por todo el campo, que es paisaje y ciudad al mismo tiempo”10. En tanto que la dispersión ha sido el fenómeno más característico del desarrollo urbano del siglo XX, consideramos que el concepto de ciudad-paisaje anticipa el proceso de regeneración que necesita nuestra metrópoli como otras tantas.


Figura 0918-12. Rudolf SCHWARZ, Plan General de la Ciudad Paisaje de Colonia de 1951. “Proponía un nuevo tipo de zonificación, como alternativa a la establecida por la Carta de Atenas; ya no se basaba en el análisis funcional de la ciudad, sino en la consideración histórico-ontológica de sus características permanentes. Cuatro “poderes” (Gewalten) o elementos dominantes, deberían estar siempre presentes en el ámbito urbano –soberanía, educación, culto y economía- cobrando protagonismo por turnos, conforme los cambios de las condiciones sociales e históricas”. (Panos MANTZIARAS, Rudolf Schwarz and the concept of “city-landscape”, en ETSAUN, Arquitectura, ciudad e ideología antiurbana, Pamplona, 2002. Pág. 23, párr. 3)

Ahora bien, si las propuestas descritas son solo aportaciones genéricas, la de Pesci pretende ordenar el territorio de nuestra metrópoli. Así que parte del potencial económico de la región, que no dejará de inducir a la expansión; por lo que no trata impedirla sino que la organizala. La porpuesta clave es el desarrollo del Corredor 2030 en el Arco Vial Metropolitano; una reserva de suelo equidistante de los límites de la metrópoli para “una ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios y enclaves de vivienda social”11 que puede absorber las inversiones que favorecen la competitivadad global. Esta nueva centralidad lineal y transversal reorienta y relocaliza el dinamismo del desarrollo y completa la estructura de comunicaciones concéntrica. También tiene capacidad de resolver los principales indicadores de la calidad de vida de la metrópoli; y, finalmente, de consolidar el policentrismo preexistente compensando la influencia del sistema radial (Fig. 0918-13).


Figura 0918-12. La propuesta de consolidación policéntrica de la RMNL está representada en el Plano 7.1 Fortalecimiento de las ciudades del RP y de las cabeceras municipales de la ZC. El dibujo, aparte de intentar una primera diferenciación de los núcleos según el grado de atracción, destaca las consecuencias de la dispersión en el planeamiento urbano.


Por tanto, si, por una parte, el concepto de ciudad-paisaje puede organizar la dispersión y a la vez resolver las condiciones de sostenibilidad; ya que, como afirma Desvigne, incorpora “el paisaje como condición previa”12 [considerando que] “la naturaleza es proceso, (…) que responde a leyes y que representa valores y oportunidades para el uso del hombre”13. Si por otra, el modelo concéntrico y policéntrico de Pesci equilibra el dinamismo del desarrollo y recupera la configuración histórica de la región; previendo como sugiere Ordeig, “la conservación del patrimonio cultural heredado e incluso a imágenes que representan estadios históricos de la técnica industrial”14; estamos ante una formulación teórica, en la “que el orden espacial pasa a ser el orden de la sociedad”15; ante un modelo de ordenación viable para nuestra metrópoli.

Pero, no podemos concluir sin decir que es imperativo actualizar los documentos del planeamiento metropolitano; sin insisitir en la urgencia de la formulación de los instrumentos de la práctica concomitante del modelo ideal; ya que, como dice Gravagnuolo, los "fenómenos de degeneración del desarrollo urbano que (…) derivan predominantemente de la ineficacia de los planes y de las carencias (…) en el control de la expansión”16. Hace unos días, las autoridades locales lo han reconocido públicamente17. Así que, una vez que la legislación federal ha determinado la conveniencia de recuperar el modelo de ciudad compacta, que es perfectamente compatible con lo que se acaba de exponer, el desarrollo urbano debe replantearse a partir de la documentación del planeamiento en todas las escalas (regional, estructurante y operativa). En el cual es conveniente que racionalidad y sensibilidad se conjuguen en la protección de la escala de la vida ciudadana, el diseño del espacio público; en definitiva, que el desarrollo mismo sea escuela de civismo.




1. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 8, párr. 3
2. Cfr. Vittorio GREGOTTI, La Reppublica, 28.VII.1980 
3. Cfr. Rocío GONZÁLEZ MAIZ, Desamortización y propiedad de las élites del noreste mexicano 1850-1870. Fondo Editorial de Nuevo León. Monterrey. 2011. Pág. 9, párr. 1
4. Luis CABRALES, La ciudad norteamericana: la fe en el futuro, en Ciudades del Globo al Satélite. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (Electa, 1994). Pág. 5, párr. 4
5. Isidro VIZCAYA CANALES, Los orígenes de la industrialización de Monterrey. Una historia económica y social desde la caída del Segundo Imperio hasta el fin de la Revolución 1867-1920. Fondo Editorial Nuevo León-ITESM, 2006. Pág. 5, párr. 2
6. Roberto GARCÍA ORTEGA, La conformación del Área Metropolitana de Monterrey y su problemática urbana. Monterrey, 1984. Pág. 105, párr. 1
7. Roberto GARCÍA ORTEGA, Asentamientos irregulares en Monterrey, 1970-2000, Divorcio entre planeación y gestión urbana. Revista Frontera Norte volumen 13, número especial 2. 2001. Pág. 121, párr. 4
8. Oscar BULNES VALERO y Helios ALBALATE OLARÍA, Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5
9. Isidro VIZCAYA CANALES, Los orígenes de la industrialización de Monterrey. Una historia económica y social desde la caída del Segundo Imperio hasta el fin de la Revolución 1867-1920. Fondo Editorial Nuevo León-ITESM, 2006. Pág. 5, párr. 2
10. Panos MANTZIARAS, Rudolf Schwarz and the concept of “city-landscape”, en ETSAUN, Arquitectura, ciudad e ideología antiurbana, Pamplona, 2002. Pág. 32, párr. 5
11. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. 2012. Pág. 100, párr. 2
12. Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa. Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 8-17)
13. Juan Luis DE LAS RIVAS SANZ, El paisaje como regla: el perfil ecológico de la planificación espacial. En María CASTRILLO ROMÓN y Jorge GONZÁLEZ-ARAGÓN CASTELLANOS (coordinadores). Planificación territorial y urbana, investigaciones recientes en México y España. Instituto Universitario de Urbanística-Universidad de Valladolid. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco-División de Ciencias y Artes para el Diseño. Publidisa, 2006. Pág. 26, párr. 3
14. José María ORDEIG CORSINI, Diseño Urbano y pensamiento contemporáneo. Instituto Monsa de Ediciones, S. A., Barcelona, 2004. Pág. 302, párr. 2
15. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 10, párr. 3
16. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
17 . Cfr. El Norte. 09.09.2018, p.1 col. 1-2



Morfología y desarrollo sostenible del Área Metropolitana de Monterrey III

AGOSTO

Como se explicó en el artículo de julio de METROPOLISREGIA, después de la publicación del Plan Director de 1967, el desarrollo mercantilizado ha sido el factor más determinante de desorden urbano del Área Metropolitana de Monterrey. A pesar que las actuaciones cuentan con las herramientas de ordenación, en la periferia los modelos de vivienda aislada contribuyen a la dispersión, y los de vivienda vertical al congestionamiento del núcleo central. Aunque estos modelos son compatibles con el planeamiento y convenientes para diversificar la oferta de vivienda, los proyectos buscan casi siempre los mayores aprovechamientos urbanos. Así que, antes que la calidad, la cantidad ha forzado la expansión o la concentración de la metrópoli 1.

Como la sobreexplotación y énfasis geométrico de los proyectos no pone atención en las condiciones geográfica e histórica, las aportaciones de la técnica en lugar de paliar los efectos derivados del crecimiento exagerado, han contribuido a consolidar la disfuncionalidad de la ciudad. Por una parte, la movilidad ineficiente provoca el aumento de los niveles de contaminación atmosférica, alterando el equilibrio medioambiental2; por otra, el desarrollo privilegia la oferta irracional de vivienda y de espacios para el comercio y el ocio, dejando sin resolver la escasez y mala distribución de áreas verdes y equipamientos sociales.

Pero, además, si al mercantilizar el desarrollo, la ciudad se desmarca del equilibrio funcional obviando las condiciones de proximidad de los componentes urbanos, admite también el descuido del espacio público. Tanto la monotonía de las interminables texturas unifamiliares del perímetro, como el protagonismo volumétrico de las zonas centrales plurifamiliares renovadas, han alterado la escala humana de la ciudad. Así que, ante la invasión del automóvil de la escena urbana, las actuaciones enfatizaron el discurso semántico de la arquitectura, en detrimento de la calidad del ámbito de interacción social.


Figura 0818-01. Lista de acciones que facilitan el desarrollo urbano sostenible


Ahora bien, dado que los tres factores de desorden urbano mencionados -disfuncionalidad, desbalance natural y indeterminación del espacio público-, son aspectos del crecimiento que nuestra metrópoli comparte con otras grandes ciudades del país; se justifica la aplicación de un nuevo modelo de desarrollo urbano, como propone la legislación federal. No obstante, el modelo ni está predeterminado ni puede aplicarse en todas las ciudades por igual, sino que deberá adecuarse a las circunstancias de cada una; sobre todo, por lo que toca a los parámetros de concentración, con los que actualmente se pide renovar los antiguos núcleos urbanos. Tarea que, como hemos visto en artículos anteriores, en el caso de Monterrey es más compleja por el grave deterioro morfológico y el arraigo de la gestión deficiente (Fig. 0818-01).

Por eso, la homologación de la legislación estatal con la federal a la que se ha venido aludiendo en esta publicación, constituye indudablemente una oportunidad para remediar el desorden urbano y territorial. Una coyuntura, que además de planear la expansión ordenada, debe detonar la regeneración de la ciudad contenida por el Arco Vial Metropolitano. Así que, en esta publicación de agosto de METROPOLISREGIA -la última que está prevista como aportación para el Foro Metropolitano de 2018 que coordina la Comisión de Urbanismo de ANA-MTY3-, se repasa las características del modelo urbano idóneo de nuestra metrópoli, como se expuso más ampliamente en los artículos de febrero a mayo.

Figura 0818-02. Plano Regulador de Monterrey de Carlos Contreras (1937). El diseño recuerda las características del City Beautiful Movement. El proyecto proponía añadir importantes trazados a la retícula de Epstein, destinando una gran extensión para el parque del Obispado, en el que se relocalizaba la estación del ferrocarril. La continuación de los trazados del núcleo hasta la avenida Ruiz Cortines (el límite norte del ejido) resolvía el desorden de la estructura radial de circulaciones de las zonas industriales y de vivienda social. La interconexión de las diagonales de las vías de ferrocarril, la configuración exterior poligonal y el gran parque Anáhuac completan el modelo urbano radio concéntrico (Archivo Héctor Domínguez)


EL MODELO DE CIUDAD Y EL DESARROLLO URBANO SOSTENIBLE DE MONTERREY

Es interesante reconocer en el Monterrey del siglo XX, como lo hizo en su momento el planeamiento oficial, la configuración del modelo urbano radio concéntrico; aunque, también, la necesidad de la consolidación policéntrica desde el final del siglo pasado. En primer lugar, como se puede deducir de la localización del asentamiento inicial de espaldas a las montañas, que la expansión de la ciudad trazó un modelo urbano radio concéntrico incompleto; y, que las características de la orografía propia, orientaron a la disposición tentacular durante la configuración de la metrópoli. Y, en segundo, que la consolidación del policentrismo es indispensable, a partir de la circunscripción de los municipios contiguos de la capital del Estado en el Área Metropolitana de Monterrey.

Figura 0818-03. Apuntes para el Plano Regulador de la Ciudad de Monterrey de Kurt Augustus Mumm (1945-1950). El proyecto conserva la geometría radio concéntrica, pero resuelve la estructura de circulaciones de forma diferente que la propuesta de Contreras; descompone el tejido residencial en unidades de barrio (teoría de Neighbourhood Unit de Clarence Perry) que separan las arterias principales del sistema, añadiendo la posición de los equipamientos urbanos fundamentales. Entre éstos, destaca la recuperación del parque que conformaban los diferentes ojos de agua del Arroyo Santa Lucía

Como antecedente, recordamos que Isidoro Epstein había trazado la retícula del centro de Monterrey en 1865, extendiendo la comenzada por Jean Crouset al final del siglo XVIII. Y, que alrededor de ella, las principales vías de comunicación regional, ferroviaria y motorizada, configuraron la estructura de circulaciones primitiva, que alojó los asentamientos industriales y de vivienda social de Monterrey el último cuarto del siglo XIX. Pues bien, partiendo del nuevo eje comercial de la ciudad porfiriana, constituido por las avenidas paralelas Madero y Colón, el sistema radial se desplegó en todas direcciones.

Posteriormente, para ordenar la expansión de la ciudad y la estructura de circulaciones, el arquitecto Carlos Contreras (BArc-1921, Columbia University) durante los años treinta (Fig. 0818-2), y el urbanista Kurt Augustus Mumm (BCP-1946, Harvard University, Wheelwright prize) la segunda mitad de los cuarenta (Fig. 0818-3), buscaron organizar el trazado del sistema radial, completando el modelo concéntrico con trazados transversales y poligonales, abrazando la ciudad existente y la prevista por la expansión. Sin embargo, como destaca Ricardo Padilla, a diferencia el modelo radio concéntrico convencional que las desplaza al exterior, las zonas industriales quedaban como centro geométrico del polígono; lo cual, dificultaba enormemente la expansión ordenada. Y, como las propuestas del planeamiento de los años treinta y cuarenta no se llevaron a cabo, la tendencia de crecimiento disperso siguió hacia el norte. Así que, a la mitad del siglo XX, un mosaico fracturado de actuaciones industriales y de vivienda quedaba delimitado en un polígono irregular (Fig. 0818-04).

Figura 0818-04. Plano oficial de la ciudad de Monterrey y los municipios adyacentes. Comisión de Planificación del Estado. Monterrey, 1947. La ciudad se extiende hasta los municipios adyacentes a la capital del Estado (Archivo de Héctor Domínguez)

A pesar de esto, el Plan Director de 1967 no abandonó la idea de consolidar el modelo radio concéntrico, sino que propuso una localización precisa para las zonas productivas, cuidando las condiciones de higiene del tejido residencial (Fig. 0818-05). Aunque, dada la extraordinaria previsión espacio temporal del plan (40,000 Ha en el año 2000) y la complejidad orográfica de la región, el modelo concéntrico se desarrollaría de forma incompleta4. Por una parte, la ciudad central quedaría circundada con trazados poligonales semejantes a los planeados por Contreras y Mumm; y, por otra, un anillo exterior de comunicación regional motorizado (Arco Vial Metropolitano) delimitaría la expansión la metrópoli entre las montañas. Así, cada una de las ciudades federación previstas por el plan, constituidas por el esponjamiento del tejido urbano desde la estructura radial, configurarían la geometría tentacular de la EXÁPOLIS 2000. No obstante la desobediencia generalizada que afectó a este plan y al siguiente de 1988, el modelo concéntrico finalmente pudo concretarse con el Arco Vial Metropolitano del Plan Metropolitano 2000-2021; si bien, con una estructura dotacional y de circulaciones muy deficiente.

Figura 0818-05. Plan Director de la Subregión Monterrey de 1967 (Exápolis 2000). La metrópolis era ceñida por un añillo que delimitaba e interconectaba las radiales de acceso a las cinco ciudades federación y a la Ciudad Central. La condición orográfica propia del Área Metropolitana hacía inevitable la morfología tentacular. La Sierra Madre, el Cerro de las Mitras, el Cerro del Topo y el Cerro de la Silla eran los separadores naturales de la estructura federativa, aunque debieron complementarse con las reservas de suelo agrícola y de parques para delimitarlas al Noreste y el Este del conjunto (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura de la Portada)

Por su parte, la propuesta de ordenación de Rubén Pesci de 2012 que acompaña el Programa de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, cuestiona la congruencia del modelo de desarrollo urbano y económico, que había provocado la extensión excesiva y la falta de cohesión de la metrópoli. Durante el siglo XX se había tolerado una expansión espontánea pero anárquica de la ciudad, estimulada por el potente desarrollo económico regional (de alcance global desde los años noventa después de la adscripción del país al TLCAN), que había alterado el equilibrio dinámico del modelo radio concéntrico. En ella, la preponderancia del dinamismo radial había neutralizado la pluralidad polar del territorio, dejando un tejido urbano fragmentado.

Sin embargo, la propuesta reconoce, que ese potencial económico de la región no cesará de inducir la expansión en cualquier lugar de la metrópoli (Fig. 0818-06); y, por ello, “la necesidad y conveniencia de actuación conjunta constituye un concepto fundamental de integración socio-económica”5. Partiendo de este diagnóstico, Pesci describe las actuaciones urbanas que son necesarias para corregir el desorden urbano; las que constituyen el modelo idóneo de la metrópoli que logrará compatibilizar el desarrollo urbano sostenible con el económico.

Figura 0818-6. Figura 2. Corredores Comerciales de México-Estados Unidos de América –Canadá. Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, 2012. Pág. 63(Secretaría de Desarrollo Sustentable, Gobierno del Estado de Nuevo León, 2010-2015)

En primer lugar, para controlar la dispersión, el proyecto complementa la configuración radio concéntrica (Fig. 0818-07); así que, aparte de la densificación de los asentamientos existentes, propone completar la estructura de circulaciones, reorientando el dinamismo del desarrollo urbano en dirección transversal. Y, para conseguir el equilibrio dinámico y funcional, el proyecto planea el desarrollo del Corredor 2030 a lo largo del Arco Vial Metropolitano; se ofrece así “una centralidad lineal próxima a todos los municipios de la Región, donde podrán ofrecerse empleos, servicios, transportes, que aproximan a los municipios de la Región Periférica todas las ventajas de la modernización”6. Por eso, prevé en el Corredor 2030 la relocalización “de las antiguas industrias y predios ferroviarios desactivados (…), generando allí unas 3,600 hectáreas desocupadas para nuevos y grandes desarrollos urbanos integrales”7. Como consecuencia, “esta gigantesca recualificación (…) podrá absorber en el lapso de 20 años (…) gran parte del crecimiento población de toda esa Área Metropolitana (…), potenciando la idea de compactación y densificación (…), y completando la ocupación de vacíos en una estrategia de ocupación y uso del suelo más compacto y densificado, alentando los usos mixtos. Estas acciones van de la mano de una mejora en los espacios verdes (…) y los de servicios y equipamientos sociales"8.

Figura 0818-7. La propuesta de consolidación policéntrica de la Región Metropolitana de Nuevo León está representada en el Plano 7.1 Fortalecimiento de las ciudades del Región Periférica y de las cabeceras municipales de la Zona Conurbada. El dibujo, aparte de intentar una primera diferenciación de los núcleos según el grado de atracción, destaca las consecuencias de la dispersión

En segundo lugar, planea la recuperación de la configuración histórica multinucleada, la que tenía la región antes de la conformación de la metrópoli; desarrollando “núcleos de actividades industriales y de servicios, turismo y ocio, e incluso innovación y tecnología”9. Con ello, por una parte, se restablecería la capacidad de atracción de las centralidades históricas, añadiendo la de las más recientes, de la metrópoli. Y, por otra, se podría corregir la monofuncionalidad; porque “la definición de un sistema urbano de carácter policéntrico es hoy un aspecto importante de las políticas de ordenación territorial y planificación urbana, tratando de incorporar la posición del núcleo urbano en las áreas funcionales y los espacios dependientes”10.

Figura 1808-8. Diagrama del desarrollo urbano sostenible de Monterrey11. El modelo asume la disgregación existente, consolidando un modelo radio concéntrico y policéntrico en la escala del territorio. Los vectores del esquema destacan las condiciones que podrían equilibrar el dinamismo de la dispersión: la renovación del Área Central, el desarrollo del Corredor 2030 en el Arco Vial Metropolitano, y la descentralización e interconexión de los municipios de la Región Periférica con una Ruta Parque futura

En síntesis, se tiene que el modelo de Pesci en lugar de proponer una utopía, formula un escenario deseable pero posible para el desarrollo urbano sostenible: planea la consolidación del tejido urbano existente, respetando la configuración radio concéntrica (Fig. 0818-08). En el cual, por una parte, la densificación residencial y la dotación equipamental lograrían la complejidad que requieren los núcleos urbanos para volverlos a su natural polaridad; y, por otra, la especialización de las actividades productivas de esos mismos núcleos, alentaría la competitividad económica global de la metrópoli. Precisamente porque el diseño visualiza la escala regional, la dualidad concéntrica y policéntrica aparece como la solución idónea para el ordenamiento territorial de Monterrey; ya que esa pluralidad morfológica, conjunta tanto la configuración geográfica como la histórica de la región que, como se decía al comienzo de este artículo, el desarrollo urbano mercantilizado había desatendido, buscando ante todo los mayores aprovechamientos urbanos.

Por último, destacamos que el proyecto de Pesci conjuga los aspectos teóricos y prácticos de la disciplina. Así como el urbanismo moderno, incorpora en el diseño “sistemas en los que el orden espacial pasa a ser el orden de la sociedad”12, determina también la urgencia de complementar el proyecto en las demás escalas del planeamiento: “la construcción planificada del espacio antropizado”13. Señalando que la ausencia de cualquiera, como ha sucedido hasta ahora en Monterrey, repetiría “los fenómenos de degeneración del desarrollo urbano que (…) derivan predominantemente de la ineficacia de los planes y de las carencias (…) en el control de la expansión”14.







1. En Monterrey, como ocurría “en la ciudad norteamericana del XIX, la ‘idea’ del crecimiento se superpone, sin motivo, al territorio”. Luis Felipe CABRALES BARAJAS, La ciudad norteamericana: la fe en el futuro, en Ciudades del Globo al Satélite. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (Electa, 1994). Pág. 5, párr. 2
2. Recuperamos aquí un texto de Teodoro González de León que, aunque se refiere a la ciudad en general, se puede aplicar para resolver algunos problemas de nuestra metrópoli. “El transporte público de la ciudad no sólo es un servicio de primera y fundamental necesidad; sino, además, un instrumento que da coherencia a la vida urbana; un medio para influir en la densidad y en el uso del suelo; en suma, un verdadero instrumento de política urbana”. Teodoro GONZÁLEZ DE LEÓN, Arquitectura y ciudad, discurso de ingreso al Colegio Nacional, en Revista Vuelta 158. México, 1990. Pág. 10, col. 2, párr. 2
3. La misión de la Comisión de Urbanismo de ANA-MTY es fomentar el desarrollo de una cultura urbana, armónica y sostenible en la conciencia ciudadana. Cfr. Academia Nacional de Arquitectura, Capítulo Monterrey. Comisión de Urbanismo. VISIÓN METRÓPOLIS Y ESTADO. Cartel de la Sesión 245 del 13 de Agosto de 2018
4. “Si durante mucho tiempo pudo afirmarse que el crecimiento era un hecho muy positivo (cuanto mayor, mejor), desde la década de los años sesenta, cuando se planteó la polémica de los límites del crecimiento, la perspectiva empezó a cambiar. Hoy lo ha hecho todavía más, con la actual crisis global. En estos momentos, seguramente es cierto que, en algunos casos, el crecimiento cuanto menor, mejor; y en todas la situaciones, cuanto más equilibrado, mejor“. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Pág. 13, col. 2, párr. 4 a pág. 4, col. 1, párr. 1
5. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. Pág. 100, párr. 1
6. Ibídem. Pág. 98, párr. 7
7. Ibídem. Pág. 99, párr. 4
8. Ibídem. Pág. 99, párr. 5
9. Ibídem. Pág. 17, col. 1 párr. 3
10. Ibídem. Pág. 17, col. 2, párr. 1
11. Ibídem. Pág. 100
12. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 10, párr. 3
13. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
14. Ibídem. Pág. 7, párr. 4