Mayo 2019

Al margen de los temas habituales del Urbanismo que trata METROPOLISREGIA.COM, en este artículo de mayo se publica excepcionalmente una descripción técnica de la Catedral de la Ciudad de Hermosillo, Sonora. Este documento, que fue preparado atendiendo a la solicitud del presbítero Raúl Eduardo Camarillo Blázquez –buen amigo y colega de Arge Arquitectos S. C.-, ofrece una documentación histórica exigua; precisamente, porque servirá para introducir la presentación de una historiadora del arte. Aunque el edificio al que nos referimos no es una pieza fundamental de la arquitectura religiosa mexicana, se trata de una muestra significativa del proceso de inculturación del aislado noroeste de nuestro país.

Figura 0519-1. La Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción, Hermosillo, Sonora. Vista lateral norte


LA CATEDRAL DE HERMOSILLO, SONORA

La Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción, que fue edificada en la ciudad de Hermosillo entre 1877 y 1908 en el lugar donde estaba una capilla del siglo XVIII, preside el espacio público más digno de la capital del Estado de Sonora enfrente de las sedes del Gobierno y el Ayuntamiento (Fig. 0519-1). El edificio está en el eje principal del conjunto, cerrando el lado poniente del atrio y la plaza junto con una galería porticada de tres niveles, que aloja algunas dependencias de la diócesis (Fig. 0519-2). Pero la configuración exterior del templo, más que en relación con su propio interior, está en equilibrio con la escala del espacio público que la rodea; coincidiendo, como veremos, con la proporción vertical de los elementos que componen el cuerpo exterior y el espacio interior; énfasis que, por otra parte, se compensa con la horizontalidad del elemento porticado. Exterior e interior del edificio entran por tanto en amable conflicto. Y así, mientras el volumen exterior parece celebrar el protagonismo del espacio centralizado característico del Renacimiento, el interior refleja más bien cierta verticalidad tardomedieval, si bien solucionado mediante la habitual jerarquización de la tipología basilical.


Figura 0519-2. Una galería porticada de triple altura, adosada al fondo de la catedral, delimita el lado poniente de la plaza.

Sin embargo, antes de continuar el análisis del exterior, vamos a concentrarnos en la descripción de las características del interior de la catedral; que a semejanza de casi todas las iglesias de México, desarrolla un espacio principal continuo con “planta de cruz latina”1, rodeado por otros espacios complementarios. La nave central aloja en el crucero el altar de cara al pueblo, que coronan el tambor y la cúpula, y remata en el ábside rectangular con el conjunto conformado por la sede y el retablo (Fig. 0519-3). Aunque el tambor es cilíndrico y la cúpula semiesférica, se desplantan sobre el hueco octogonal que generan arcos y pechinas vistosamente decoradas con escenas de la vida de la Santísima Virgen María (Fig. 0519-4).

Figura 0519-3. Al fondo de la nave destacan el altar de cara al pueblo, la bóveda y el retablo

El espacio cruciforme está iluminado con arcos apuntados con vitrales y cubierto con bóvedas de crucería, separadas por arcos de medio punto que descienden como pilastras de una galería perimetral encima de la cornisa. Además de la nave central, completan el espacio interior dos naves laterales y varias capillas, todas con menor altura y cubiertas también con bóvedas entre arcos. Dos de esas capillas con altares secundarios flanquean el presbiterio, seguidas por sacristías que conectan con ambas secciones de la galería. Otras dos están adosadas a los brazos del transepto; a la derecha, la que se destina al culto y la reserva del Santísimo Sacramento; a la izquierda otra, dedicada la advocación de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Las dos más cercanas de la fachada, quedan a un costado de las naves laterales y las torres, y se utilizan como criptas.

Figura 0519-4. Vista del crucero con las pechinas y el hueco octogonal que soporta el tambor y la cúpula

No obstante lo completo del programa, la nave central se queda corta; ya que, incluyendo el sotacoro, tiene un intercolumnio triple de la mitad del claro de la nave central. Y, mientras que éste determina la anchura del ábside y los brazos laterales, el fondo de ellos es aproximadamente la mitad de esa dimensión y corresponde a la del intercolumnio. También se puede corroborar la jerarquización espacial del interior: la secuencia ininterrumpida del espacio central, de los arcos y las pilastras pero sobre todo del entablamento -compuesto por un friso sin adorno sobre un mínimo arquitrabe, y por una cornisa bien amplia que permite alojar la galería-, conduce al ábside. Las naves laterales repiten el tratamiento espacial descrito, pero sin alterar las proporciones reducen la escala y desembocan en el transepto (Fig. 0519-5). En cambio, el acento ornamental queda excluido de los accesos laterales del exterior y las capillas.

Figura 0519-5. Acceso principal y laterales de la nave lateral sur

Aunque lo anterior basta para describir el interior, vamos a reflexionar ahora en el foco espacial que condensa la atención piadosa de la catedral de Hermosillo. Porque en la arquitectura religiosa el clímax ornamental suele concurrir en el altar mayor, el lugar principal del culto cristiano, que en nuestro caso está elevado –quizá demasiado- sobre el pavimento de la nave; y, según se dijo, justo en el crucero del espacio (Fig. 0519-6). Así que, evitando toda prolijidad, vamos a describir los elementos que lo rodean. Si por un lado, destaca el ornato de las capillas junto al ábside, que además de la profusión de motivos dorados, dos columnas exentas de orden corintio acompañan el arco del nicho; por el otro, la efusividad decorativa del retablo desborda en el ábside. La sobriedad característica del paramento que sirve de fondo a la sede y la sillería, contrasta con los otros elementos superiores más complejos. El elemento medio, una columnata de orden corintio con una cornisa que corre de lado a lado, se transforma en el templete semicircular de la imagen de la Asunción de la Santísima Virgen. En cambio, el entablamento perimetral apenas deja sitio al elemento superior del retablo, que se descompone en dos nichos y la hornacina de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Conviene señalar, que aunque el orden clásico domina en el interior, y solo los vitrales de la galería y la cúpula tienen arcos apuntados, en el retablo los órdenes se conjuntan indistintamente.

Figura 0519-6. El ábside con la sede y el retablo y las capillas de los altares laterales

Para concluir el análisis del exterior del recinto sagrado vamos a estudiar la cúpula, las torres y la fachada. Llama la atención, en primer lugar, la media esfera de la cúpula construida en 1963 que adornan varios óculos circulares y un modesto lucernario; que se asienta sobre un tambor cilíndrico, rodeado por columnas pareadas de orden corintio con arcos apuntados y vitrales, y rematado por una cornisa con balaustrada (Fig. 0519-7). En segundo lugar, las dos torres de tres cuerpos y treinta metros de altura de la fachada, coronadas por reproducciones en miniatura de tambor y cúpula (Fig. 0519-8). De las torres cabe señalar además las diferencias de forma y tratamiento. El cuerpo bajo es un prisma rectangular bien macizo de la mitad de la altura de las torres, decorado con pilastras y entablamento de orden dórico, fabricados en relieve con revocados de cemento. Que el segundo cuerpo tiene las campanas, es un prisma octagonal irregular de menor altura con arcos de medio punto, enmarcados también con pilastras de orden dórico en las caras principales del polígono, y columnas del corintio exentas en las caras de las esquinas. Mientras que el tercero es ya octogonal regular, cuenta con pilastras en relieve de orden corintio y con arcos apuntados muy altos en todas las caras.

Figura 0519-7. La cúpula semiesférica tiene un lucernario y se asienta en un tambor cilíndrico
Falta por último comentar brevemente la fachada principal del templo, que en general suele trasladar al exterior ciertos rasgos de la composición del ábside y el retablo. No obstante, en el presente caso, el confuso dinamismo de la configuración del retablo en el que predomina el lenguaje barroco, se traduce al exterior en una fantástica conjunción de estilos y motivos de órdenes de origen medieval y clásico, que logra serenarse con el más equilibrado de las torres; y, que, mejor que describir hay que mirar y disfrutar detenidamente. Sobresale el ingenio de la graduación de dimensiones y proporciones de las tres secciones de la fachada principal; partiendo del centro, el volumen de los elementos asume intencionalmente la verticalidad que domina el conjunto y contrasta con el fondo; a los lados, en cambio, relieve y altura se desvanecen hasta encontrar los basamentos casi planos de las torres. En definitiva, se puede decir que la catedral de Hermosillo es un genuino y elegante protagonista de la cultura ecléctica fin du siècle del Porfiriato.

Figura 0519-8. En el exterior de la catedral de Hermosillo destaca la composición de la fachada principal y las torres.




1. En las iglesias de “planta de cruz latina”, la nave mayor tiene más longitud que el transepto (el brazo menor). En el eje mayor se alinean el pórtico principal, el atrio, el altar mayor y el ábside.

¿Mercantilización y sostenibilidad? Desarrollo urbano del área metropolitana de Monterrey Tercera parte


ABRIL 2019



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Las dos primeras partes del texto y presentación de diapositivas de la sesión de la Sociedad de Urbanismo Región Monterrey, A C. de mayo 25 de 2019, han quedado publicadas en los artículos anteriores de febrero y marzo del presente año. En éste, que corresponde al mes de abril, se concluirá explicando el desorden del desarrollo urbano de Monterrey durante el presente siglo; al cual sin embargo se añadirá una descripción de las principales características de un modelo idóneo de desarrollo sostenible, tanto en los aspectos urbanísticos como en los medioambientales.

▌81 SIGLO XXI. DISPERSIÓN MONOFUNCIONAL Y REOCUPACIÓN DEL CENTRO URBANO
▌82 El Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 de Oscar Bulnes y Helios Albalate fijaba un nuevo límite a la expansión de la metrópoli, previendo la consolidación del conglomerado urbano al interior del Arco Vial, a lo largo del cual se proponía la relocalización del tejido industrial existente. ▌83 Con el desalojo de las zonas productivas obsoletas, además de disponer de suficiente espacio para cubrir la falta de áreas verdes y equipamiento urbano, se esperaba promover actuaciones de vivienda social de mayor densidad, aumentando la compacidad de la ciudad central y recuperando el equilibrio del desarrollo urbano. ▌84 De todos modos, los redactores estaban conscientes de la dificultad de corregir el azar expansivo; por lo que advertían del posible fracaso del Plan si prevalecía el escenario tendencial. ▌85 En tal caso, decían, se considera que no se podrán establecer políticas de orden y control urbano; por lo que el crecimiento se daría en forma dispersa sobre cualquier parte del territorio1. ▌86 Y, como en efecto el desarrollo continuó fuera de control, grandes piezas de tejido residencial mal equipadas y desconectadas, alcanzaron los municipios de la periferia.

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▌87 El diagnóstico de la situación actual es alarmante: la mercantilización está firmemente arraigada en la práctica del desarrollo urbano. Porque al desorden causado por el modelo residencial extensivo de nivel medio y bajo, se ha sumado el intensivo de nivel alto, ▌88 asociados al uso del automóvil y a la proliferación de usos comerciales y lúdicos. ▌89 Porque el rechazo de parámetros equilibrados y la insuficiencia técnica del planeamiento ▌90 impiden asumir los condicionantes geográficos e históricos, y cubrir la escasez de áreas verdes y equipamiento social. ▌91 Porque la movilidad ineficiente eleva los niveles de contaminación atmosférica amenazando la salud pública. ▌92 Se observa que la conformación del Área Metropolitana de Monterrey no ha seguido un modelo urbano distinto del desarrollo mismo; ▌93 lo que corrobora, como advertía Vizcaya Canales, que la ‘idea’ del crecimiento se superpone, sin motivo, al territorio2. ▌94 Y, como el crecimiento económico se retroalimenta con el desarrollo técnico, ni se modera la inercia mercantil ni el objetivo de obtener los mayores aprovechamientos urbanos.

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▌95 En cambio, el equilibrio de la disciplina urbanística marca la diferencia entre la mercantilización y el desarrollo sostenible. José María Ordeig explica que el concepto de desarrollo sostenible (…) no sólo hace referencia a los valores naturales, sino también a la conservación del patrimonio cultural heredado e incluso a imágenes que representan estadios históricos de la técnica industrial. ▌96 El concepto de ‘reciclaje’ aparece así aplicado a la ciudad histórica y al propio entorno natural3. Lo que implica la búsqueda de la calidad urbana y, como consecuencia, la exploración de modelos de desarrollo que no se basen sólo en la utilidad y el provecho4 y regulen la tendencia expansiva, demostrando el interés genuino de la propiedad. ▌97 Solo a partir de la ecología humana, que rige el balance natural pero requiere del apoyo de la economía social de mercado, se puede salvar el planeamiento urbano de la inoperancia; y así, determinar las características del modelo idóneo de la metrópoli del siglo XXI.


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▌98 Con lo dicho hasta aquí, creemos que se ha respondido a los interrogantes abiertos al comienzo de esta exposición; resta sin embargo aclarar cuál sería ese modelo idóneo de Monterrey, que se ha mencionado. ▌99 Cuáles los objetivos del planeamiento urbano que, en último término, conseguirían contrapesar al mercado. Afortunadamente, para describirlo no hace falta empezar desde cero; ▌100 basta revisar algunas propuestas de casos semejantes al nuestro; entre las que se debe incluir la que prepararon Gabriel Todd y Rubén Pesci para el Programa de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030; ▌101 que, aunque respondía únicamente a la escala del territorio, era ya específica de la metrópoli regiomontana y miraba en la dirección correcta.

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▌102 2020-2050. BUSQUEDA DE UN MODELO IDÓNEO DE DESARROLLO SOSTENIBLE
▌103 Si debemos hablar de soluciones para la dispersión, tenemos en Monterrey ejemplos recientes como la propuesta Distrito Tec. ▌104 No obstante, como ejemplo de regeneración de tejido unifamiliar monofuncional de piezas completas de ciudad, se podría aplicar algunas ideas de agrupamiento residencial de la segunda generación de new towns británicas, como el proyecto de Harlow de Frederick Gibberd. ▌105 Pero, en cuanto a soluciones para la fragmentación, vamos ahora a enfocarnos en la experiencia del planeamiento alemán, que ya desde el siglo XIX experimentó un crecimiento parecido al nuestro, aunque lo enfrentó de forma diferente tanto del planeamiento europeo como del norteamericano.

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▌106 Los urbanistas germanos del comienzo del siglo pasado desarrollaron el concepto de ciudad-paisaje (Stadtlandschaft), que consiguió plasmarse en el Urbanismo posterior de la II Guerra Mundial; en tal modelo, el objetivo geométrico del diseño responde por igual a los condicionantes geográfico e histórico. ▌107 Ernst May, exponente de este novedoso concepto, propuso en el Plan de Breslau la desintegración de la gran ciudad en fragmentos de tejido urbano inmersos en el paisaje natural, mezclando unifamiliares y plurifamiliares; ▌108 que, no obstante su aislamiento, fuera reconocible en las partes del conjunto. Aquí reproducimos una de sus urbanizaciones más conocidas, Siedlung Römerstadt de Francfurt.

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▌109 Después de la II Guerra Mundial, Rudolf Schwarz profundizó estas ideas en el Plan de Köln, explicando que la sustancia urbana adopta una condición fluida, acercando sus límites a los del paisaje (…).La ciudad y el campo se difuminan y lo que toma su lugar no es ni lo uno ni lo otro, sino algo distinto; una ciudad que se extiende por todo el campo, que es paisaje y ciudad al mismo tiempo5. ▌110 En tanto que la dispersión ha sido el fenómeno más disputado del siglo XX, y sin embargo, el más característico del desarrollo urbano; ▌111 y, como defiende Alejandro Llano, ordenar no significa más que poner límite al desorden6; pensamos que el concepto de ciudad-paisaje podría fundamentar el proceso de regeneración de Monterrey.

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▌112 Ahora bien, si las propuestas antes descritas son genéricas, la de Todd y Pesci pretende ordenar nuestra región metropolitana. ▌113 El punto de partida de su propuesta es el potencial económico de la Región Nuevo León, que no dejará de inducir a la expansión; por lo que no se trata de impedirla sino de organizarla, asumiendo que la realidad del desorden implica la inevitable presencia de lo azaroso, que de algún modo habrá que gestionar7 . ▌114 La propuesta clave es el Corredor 2030 en el Arco Vial Metropolitano: una reserva de suelo equidistante de los límites de la metrópoli, para desarrollar una ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios y enclaves de vivienda social8; capaz de absorber inversiones que favorezcan la competitividad global. ▌115 Esta nueva centralidad, lineal y transversal, por un lado reorienta y relocaliza el dinamismo del desarrollo urbano, y por otro completa la estructura de comunicaciones concéntrica. ▌116 Tiene también la virtud de resolver los principales indicadores de calidad urbana y consolidar el policentrismo, para compensar la influencia exagerada del sistema radial.

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▌117 Por lo tanto, utilizar el concepto de ciudad-paisaje permite la delimitación de piezas completas de ciudad en el conjunto regional, pero además contribuye al cuidado medioambiental; ▌118 ya que, como propone Michel Desvigne, incorporaría el paisaje como condición previa9 (…), que responde a leyes y que representa valores y oportunidades para el uso del hombre10 . ▌119 Y, dado que el modelo concéntrico y policéntrico equilibraría el dinamismo y recuperaría la historia ▌120 previendo la conservación del patrimonio cultural heredado ▌121 e incluso de imágenes que representan estadios históricos de la técnica industrial 11; ▌122 nos encontramos ante la formulación de un modelo de desarrollo sostenible para nuestra metrópoli; en que el orden espacial pasa a ser el orden de la sociedad12.

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▌123 No obstante, para concluir diremos que es imperativo actualizar el planeamiento metropolitano; ▌124 insistiendo en la urgencia de tener los instrumentos que llevarían a la práctica el modelo teórico descrito. ▌125 Porque, recordamos que los fenómenos de degeneración del desarrollo urbano (…) derivan predominantemente de la ineficacia de los planes y de las carencias (…) en el control de la expansión13 . Así que, una vez que la legislación federal y su homologación local han determinado el rescate del modelo de ciudad compacta para la metrópoli, ▌126 que es compatible con todo lo que se acaba de exponer, el modelo idóneo de Monterrey debe replantearse preparando la documentación del planeamiento estatal y municipal en todas las escalas (regional, estructurante y operativa).

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▌127 Además, el diseño del espacio público debe conjugar racionalidad y sensibilidad, cuidar la escala de la vida ciudadana, de manera que el desarrollo mismo sea escuela de civismo. ▌128 Porque, en la medida en que la estructura de la ciudad no se agota en las interacciones del Estado y del mercado (…), [hace falta] una ‘desmercantilización’ de la economía y una ‘desburocratización’ de la política, para que comparezcan públicamente los ‘espacios de solidaridad’ que hoy están sofocados por el exclusivismo tecnocrático14.


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▌129 Muchas gracias.

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1. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5 y 6
2. Isidro VIZCAYA CANALES, Los orígenes de la industrialización de Monterrey. Una historia económica y social desde la caída del Segundo Imperio hasta el fin de la Revolución 1867-1920. Fondo Editorial Nuevo León-ITESM, 2006. Pág. 5, párr. 2
3. José María ORDEIG CORSINI, Diseño Urbano y pensamiento contemporáneo. Instituto Monsa de Ediciones, S. A., Barcelona, 2004. Pág. 302, párr. 2
4. FRANCISCO, Carta Encíclica Lumen Fidei. Roma, 2013. Pág. 74, art. 55
5. Panos MANTZIARAS, Rudolf Schwarz and the concept of “city-landscape”, en ETSAUN, Arquitectura, ciudad e ideología antiurbana, Pamplona, 2002. Pág. 32, párr. 5
6. Alejandro LLANO CIFUENTES, La nueva sensibilidad: en la era de la desconexión. Editorial Palabra, Madrid, 2017.
7. Ibídem.
8. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. 2012. Pág. 100, párr. 2
9. Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa. Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 8-17)
10. Juan Luis DE LAS RIVAS SANZ, El paisaje como regla: el perfil ecológico de la planificación espacial. En María CASTRILLO ROMÓN y Jorge GONZÁLEZ-ARAGÓN CASTELLANOS (coordinadores). Planificación territorial y urbana, investigaciones recientes en México y España. Instituto Universitario de Urbanística-Universidad de Valladolid. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco-División de Ciencias y Artes para el Diseño. Publidisa, 2006. Pág. 26, párr. 3
11. José María ORDEIG CORSINI, Diseño Urbano y pensamiento contemporáneo. Instituto Monsa de Ediciones, S. A., Barcelona, 2004. Pág. 302, párr. 2
12. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 10, párr. 3
13. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
14. Alejandro LLANO CIFUENTES, La nueva sensibilidad: en la era de la desconexión. Editorial Palabra, Madrid, 2017. Pág. 232, párr. 2