El programa estatal de desarrrollo urbano de Nuevo León (valoración II)

Como primera parte de la valoración general del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, se analizó en febrero la propuesta de ordenación funcional de la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL) en la escala del territorio (Fig. 0318-1); el plano contiene la delimitación y los patrones de uso y ocupación de los principales componentes del suelo urbano: la Zona Conurbada de Monterrey (ZC), el Corredor 2030 y la Región Periférica (RP). La revisión de la propuesta morfológica se dejó para este mes de marzo.

Figura 0318-1. En la escala territorial, la visión de conjunto dirige el diseño urbano hacia una configuración radio concéntrica que posibilite recuperar la cohesión y funcionalidad de la RMNL; que, además, podría servir como guía para el programa de inversión, y el diseño de los planes generales municipales y de los planes operativos públicos y privados. Cfr. Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci. Monterrey, 2014. Pág. 151

En el artículo de febrero se dijo también, que hacía falta completar el proyecto en las escalas estructurante (los planes generales municipales) y operativa (los planes parciales u operativos) del planeamiento urbano. Que, dada la extensión y dificultad de la ordenación, solo mediante una acción coordinada entre los diferentes niveles de autoridades, profesionales de diversas disciplinas y promotores, se podría llegar a una determinación urbanística completa1. Que, como explica Desvigne, “calibrar la mirada y evaluar la acción es (…) indispensable para evitar los escollos con los cuales se topa en la actualidad la ordenación del territorio. En efecto, sobre la base de grandes planes bien definidos sobre parámetros extensos, se construyen unas primeras capas ‘instaladas’ en una visión global improbable (…), constituyendo quizá esos conjuntos errores conceptuales mayores. Para paliar esto, es nuestra competencia y responsabilidad concebir ‘totalidades’ inteligentes aportando invariantes –elementos intangibles y perennes-, con los cuales es posible trabajar en la transformación de los territorios”2

No obstante, a partir del caos que caracteriza el desarrollo urbano de la RMNL, ¿cómo podría prevalecer, después de cincuenta años de planeamiento malogrado, la totalidad inteligente del Programa Estatal 2030?; ¿cuáles serían entonces las invariantes que conseguirían la ordenación del territorio metropolitano? Para responder estas preguntas, en esta publicación se analiza la propuesta morfológica del programa de Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci; y más específicamente la pertinencia de la configuración radio concéntrica y multinucleada, ante la “lógica de proximidad” del planeamiento cuya materialización ahora obliga legalmente, mientras otros aspectos de la propuesta serán estudiados en las siguientes publicaciones.

LA PROPUESTA MORFOLÓGICA DEL PROGRAMA ESTATAL 2030

Los redactores del Programa Estatal 2030, además de asumir la limitación orográfica del territorio en una configuración radio concéntrica, condicionaron la ordenación urbana al desarrollo planificado del Corredor 2030 y a la configuración multinucleada de la RMNL; concretándola en la consolidación policéntrica de la ZC y la descentralización multipolar de la RP. Por eso, a partir de la imagen del modelo ideal que expresa el dinamismo del desarrollo urbano, que ha sido explicada detenidamente en METROPOLISREGIA | FEBRERO 2018, trataremos ahora de resolver la contradicción que parece derivarse de la combinación de los modelos radio concéntrico y multinucleado en la misma ciudad (Fig. 0318-2).

Figura 0318-2. El modelo ideal de la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL) podría alcanzar la configuración radio concéntrica parcial a condición del desarrollo planificado del Corredor 2030; que debería incluir además la consolidación policéntrica de la Zona Conurbada (ZC) y la descentralización multipolar de la Región Periférica (RP). Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100

Ya que, aunque el planeamiento de la ciudad se haya considerado el arte de lo práctico3, no le puede faltar soporte teórico (racional); y, cuando carece de uno u otro, o de los dos, el crecimiento de la ciudad generalmente produce desorden urbano. Pensamos que es esto lo que ha ocurrido durante cincuenta años a la expansión de Monterrey; que, por otra parte, corrobora lo dicho por Benedetto Gravagnuolo: “el ámbito pertinente a las teorías y a las praxis de la proyectación urbana es, por antonomasia, el de la construcción planificada del espacio antropizado; mientras que los fenómenos de degeneración del desarrollo urbano que distinguen a la actual crisis de la ciudad, (…) derivan predominantemente de la ineficiencia de los planes y de las carencias (no raramente macroscópicas) en la gestión en el control de la expansión”4.

Por eso, no puede sorprendernos que, al conjunto de acciones del Programa Estatal 2030 orientadas al desarrollo económico, los redactores hubieran añadido la justificación racional del diseño, describiendo la dinámica ideal del desarrollo urbano como una combinación de dos modelos de ciudad: el radio concéntrico y el multinucleado. Quizá no tanto para contrastar el planeamiento real con la geometría ideal de los modelos5, cuanto para restablecer el orden en el desarrollo urbano de la RMNL, adecuando la propuesta de ordenación con las condiciones teóricas de una expansión que no ha parado desde el final del siglo XIX6.

Ahora bien, aunque al revisar las condiciones del planeamiento, parecía correcto mantener la estructura radial, cuyo trazado responde a la geografía y la historia de la ciudad7; aun así, se veía necesario complementar la interconexión transversal del sistema de circulaciones. Sin embargo, no por eso convenía consolidar el tejido urbano conservando el dinamismo propio del modelo radio concéntrico8. Ya que los redactores debían también poner atención en las condiciones operativas del planeamiento, que durante su configuración la metrópoli había incorporado otros polos de atracción diferentes del centro histórico: núcleos urbanos que rodeaban la capital del Estado y centralidades de nuevas actuaciones. Así que, la configuración multinucleada se había superpuesto a la concéntrica9; y, como consecuencia, la ordenación del conglomerado urbano requería ahora un proyecto con la perspectiva dinámica y operativa de ambos modelos.

Pero, además, era evidente que el planeamiento de la metrópoli funcionaba mal. Por una parte, faltaba cohesión al tejido residencial, derivada de la promoción aislada de innumerables proyectos de vivienda unifamiliar; y, por otra, abundaba en monofuncionalidad; destacando el déficit y desarticulación del equipamiento social, el abandono del espacio público y la escasez de área verde. Para la primera, que manifestaba el debilitamiento de la configuración concéntrica, el diseño preveía aumentar la densidad residencial y complementar la estructura de circulaciones transversal. Mientras que, para las otras, que impedían desarrollar la “lógica de proximidad” de la ciudad compacta, además de edificar los vacíos, planeaba regenerar la configuración nucleada; diferenciando la consolidación policéntrica del tejido mayormente edificado al interior del Corredor 2030, de la descentralización multipolar al exterior de éste, para impedir que aumentara la dispersión.

Debido a que el Plan Metropolitano 2000-2021 de Monterrey, redactado por Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaria, ya había previsto algunos de los problemas mencionados; el Programa Estatal 2030 solamente replanteaba las soluciones en la nueva escala de la metrópoli. Así que, antes de profundizar un poco más en la novedosa propuesta de regeneración multinucleada de la metrópoli, se comentará brevemente la respuesta que daba a la fractura del tejido residencial y el déficit equipamental.

Ya que en el artículo anterior se explicó que el proceso de densificación residencial de Monterrey todavía no estaba orientado a cubrir las necesidades de vivienda social y a corregir la dispersión, sería conveniente revisarlo separadamente. En cambio, con respecto a la interconexión transversal del sistema de circulaciones que complementaría el diseño estructurante, ya se ha explicado las tres propuestas: la estructura de circulaciones transversal es sin duda la más urgente (Fig. 0318-3); el Corredor 2030, que se considera indispensable para lograr la remodelación urbanística del tejido existente; por lo que merece también una revisión aparte. La última propuesta, la Ruta Parque, queda solo anunciada en el documento, ya que se desarrollaría posteriormente como límite exterior de la conurbación.


Figura 0318-3. En la propuesta de la estructura principal de circulaciones de la Zona Conurbada de Monterrey, los redactores compensan el dinamismo expansivo de las vías radiales (tonos rojizos) con una estructura de comunicaciones transversal (tonos ocres) que interconecta todo el sistema. Por su cuenta, el Anillo Metropolitano (color negro) ya delimita el sistema metropolitano actual. Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, Secretaría de Desarrollo Sustentable. Monterrey, 2012. Pág. 188

Por otra parte, aunque el Programa Estatal 2030 ha dispuesto las Áreas de Completamiento para paliar el déficit de espacio libre y área verde, conviene no escatimar en esas reservas. Desvigne destaca que los urbanistas trabajan hoy en “la transformación de ciudades y territorios ya muy modificados y artificializados, perteneciendo lo esencial de este entorno construido a la segunda mitad del siglo XX. Si este siglo ha construido mucho, lo ha hecho sin consciencia de la masa que edificaba y sin realizar espacios públicos a la escala de las urbanizaciones producidas. De ahora en adelante, se trata de reparar, transformar, redistribuir espacios y territorios ya habitados y ocupados. 
La urgencia radica en reequilibrar la proporción entre paisaje y espacio construido. (La historia nos enseña que un territorio equilibrado posee un 15% de espacios verdes, ratio cuya legitimidad es difícil que se acepte hoy)”10.

Por último, destacaremos la racionalidad, también geográfica e histórica, de la configuración multinucleada de la RMNL. Como modelo ideal, se veía necesaria ya para la metrópoli del Plan Director de 1967 de Guillermo Cortés Melo (Exápolis 2000), que esperaba alcanzar más de cinco millones de habitantes al final del siglo pasado11. Pero, como es bien sabido, la reticencia a obedecer el planeamiento oficial toleraría una expansión espontánea pero anárquica, estimulada por el potente desarrollo económico regional (de alcance global desde los años ochenta con la adscripción al TLCAN), que alteraría el equilibrio dinámico del modelo radio concéntrico. Y, también como respuesta al desorden urbano de la metrópoli, porque la preponderancia del dinamismo radial ha dejado un tejido urbano fracturado, neutralizando la pluralidad polar del territorio.

Hoy, por tanto, resulta indispensable restablecer la menguada capacidad de atracción de las centralidades históricas y las más recientes de la metrópoli. Si el Programa Estatal 2030 planea la consolidación del tejido existente, la especialización funcional, la densificación residencial y la dotación equipamental podrían reconfigurar los núcleos urbanos, volverlos a su natural polaridad12. Esto ayudaría a revertir la dispersión y uniformidad del planeamiento en la ZC, y en la RP al desarrollo armónico. En definitiva, a lograr mayor equilibrio y cohesión en el conjunto, pero también la diversidad y complementariedad que impulsen la competitividad global de la región13 (Fig. 0318-4).

Figura 0318-4. La propuesta de consolidación policéntrica de la RMNL está representada en el Plano 7.1 Fortalecimiento de las ciudades del RP y de las cabeceras municipales de la ZC. El dibujo, aparte de intentar una primera diferenciación de los núcleos según el grado de atracción, destaca las consecuencias de la dispersión en el planeamiento urbano.

La propuesta de Gutiérrez Moreno y Pesci es certera; el modelo nucleado en nada se contrapone con el concéntrico; por el contrario, son complementarios del planeamiento urbano (estructurante y operativo) y condición del modelo de ciudad compacta. No obstante que el proyecto de consolidación multinucleada de la RMNL es el más difícil, resulta también el más esperanzador del Programa Estatal 2030. Por eso, en el siguiente artículo, al estudiar la viabilidad del desarrollo planificado del Corredor 2030 y su relación con algunos modelos de ciudad lineal, se tendrá la oportunidad de reforzar la conveniencia de la doble configuración de la conurbación regiomontana.







1. En el prefacio a la obra de Marcel Poëte que se cita, Donatella Calabi afirma que “la elaboración de un plan exige el conocimiento del organismo urbano y no está lejos de la disciplina que responde al nombre de urbanística. En la medida en que ingenieros y arquitectos deben intervenir a partir de datos recabados de otras disciplinas (economía, geografía o historia, entre otras), limitar la urbanística al simple hecho de trazar planos significaría entregar el destino de la ciudad a conceptos exclusivamente gráficos”. Cfr. Marcel POËTE, Introducción al urbanismo. La evolución de las ciudades: la lección de la Antigüedad. Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona. 2011. Pág. 10, párr. 3
2.  Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 10, col. 2, párr. 2
3.  “La forma urbana griega del periodo helenístico fue esencialmente (…) el resultado de la aplicación de unos sencillos principios de planeamiento al lugar en cuestión y de la aceptación al parecer indiscutida, de que el urbanismo es verdaderamente el arte de lo práctico”. A. E. J. MORRIS, Historia de la forma urbana desde sus orígenes hasta la Revolución Industrial. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 1984. Pág. 54, párr.4
4. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
5. “Vitrubio establece las consideraciones fundamentales que deben ser tenidas en cuenta en el diseño de poblaciones y describe los rasgos distintivos de una ciudad diseñada según un plano circular. (…) Estaba por tanto recomendando un plano teórico, el plano de la ciudad ideal”. A. E. J. MORRIS, Historia de la forma urbana desde sus orígenes hasta la Revolución Industrial. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 1984. Pág. 188, párr. 2 y figura 5.11
6. Conviene destacar la coincidencia del soporte teórico de la propuesta de Gutiérrez Moreno y Pesci, con el razonamiento que parece llevar a Ledoux a adoptar el trazado concéntrico en el plan de las Salinas de Chaux; lo considera más adecuado que el damero tradicional de origen hipodámico para la expansión continua, privilegiando así la disposición panóptica y centralizada del modelo representativo de ciudad, por una parte; aunque por la otra, también la disposición abierta al crecimiento, preparando con ello el desarrollo económico y el proceso de industrialización. “In 1771, Ledooux was put in charge of (…) a new center near the Forest of Chaux (…) between the villages of Arc and Senans. (…) He abandoned an early rectangular design for an elliptical layout, as pure as the path the sun follows, because such a plan would allow for continual extension of the town”. Dominique DE MENIL, Visionary Architects, Boullé | Ledoux | Lequeu. University of St. Thomas, Gulf Printing Company, Houston, 1968. Pág. 110, párr. 3 y figura pág. 111
7. Para sustentar racionalmente esta afirmación, acudimos a la autorizada opinión de Marcel Poëte, que esclarece el fundamento histórico y geográfico del trazado de las vías de comunicación, que ha hecho crecer las ciudades de un territorio. Porque, afirma este autor: “la concentración urbana (…) se va incrementando con el desarrollo de la explotación de los recursos terrestres y con el perfeccionamiento de los medios de transporte”. Marcel POËTE, Introducción al urbanismo. La evolución de las ciudades: la lección de la Antigüedad. Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona. 2011. Pág. 32, párr. 2
8. “A Antonio Averlino (Filarete) (…) se le atribuye el mérito de ser el primer renacentista en presentar una ciudad ideal globalmente planificada. (…) El plano está basado en dos cuadrados superpuestos de tal modo que originan u octógono inscrito en un círculo”. Pietro Cataneo, Buonaiuto Lorini y Vicenzo Scamozzi diseñaron otros modelos de ciudad radio concéntrica. Sin embargo, aunque todos tienen tejidos geométricos homogéneos, el trazado de Palma Nova que también se atribuye a Scamozzi, es quizá el más célebre. A. E. J. MORRIS, Historia de la forma urbana desde sus orígenes hasta la Revolución Industrial. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 1984. Pág. 190, párr. 2 y figuras 5.13, 5.14, 5.17, 5.18 y 5.19, páginas 190 a 192
9. “La gran ciudad, en el sentido actual de la expresión, es, en definitiva, fruto de los progresos de la ciencia. (…) Debemos señalar también que entre una ciudad grande y una pequeña no existe tanto una diferencia de grado como una diferencia de tipo”. Marcel POËTE, Introducción al urbanismo. La evolución de las ciudades: la lección de la Antigüedad. Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona. 2011. Pág. 32, párr. 2
10.  Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 10, col. 2, párr 3 a col. 3, párr. 1
11.  A cincuenta años de distancia del Plan de 1967, la metrópoli está todavía por alcanzar la población prevista para el año 2000. “Si durante mucho tiempo pudo afirmarse que el crecimiento era un hecho muy positivo (cuanto mayor, mejor), desde la década de los años sesenta, cuando se planteó la polémica de los límites del crecimiento, la perspectiva empezó a cambiar. Hoy lo ha hecho todavía más, con la actual crisis global. En estos momentos, seguramente es cierto que, en algunos casos, el crecimiento cuanto menor, mejor; y en todas la situaciones, cuanto más equilibrado, mejor“. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Pág. 13, col. 2, párr. 4 a pág. 4, col. 1, párr. 1
12. “Pueden ser núcleos de actividades industriales y de servicios, turismo y ocio, e incluso innovación y tecnología. (…) La definición de un sistema urbano de carácter policéntrico es hoy un aspecto importante de las políticas de ordenación territorial y planificación urbana, tratando de incorporar la posición del núcleo urbano en las áreas funcionales y los espacios dependientes”. Ibídem. Pág. 17, col. 1 párr. 3 a col. 2, párr. 1
13. “La necesidad y conveniencia de actuación conjunta constituye un concepto fundamental de integración socio-económica”. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. Pág. 100, párr. 1

 

El programa estatal de desarrrollo urbano de Nuevo León (valoración I)

FEBRERO 2018

En el artículo anterior se veía la conveniencia de disponer de espacio suficiente para evaluar el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030; el cual, como se ha explicado, tiene como objetivo la ordenación urbana de la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL), poniendo remedio también al fenómeno de dispersión que convirtió en disfuncional la metrópoli regiomontana. Pero, además, porque ese documento está todavía vigente y debería compaginarse con la legislación estatal, homologada recientemente con la Ley de Desarrollo Urbano y Asentamientos Humanos federal que prescribe el desarrollo de ciudades más compactas1.

Por eso, antes de abordar el tema principal de METROPOLISREGIA | FEBRERO 2018, conviene recordar los datos especialmente contradictorios de la conurbación actual, que alberga casi cinco millones de habitantes en una superficie aproximada de 100,000 Ha. Aunque la densidad promedio parece quizá demasiado baja 12-13 viv/Ha, en los últimos años está aumentando alrededor del Centro de la ciudad, con actuaciones aisladas que en muchos casos superan 150 viv/Ha.

Y, como el crecimiento desordenado ha sido frecuente en el desarrollo urbano contemporáneo, es probable que la falta de armonía de muchas de esas aglomeraciones, hubiera llevado a Koolhaas a afirmar que “el siglo XX ha sido una batalla perdida en el tema de la cantidad”2. Lo cual se aplica en el caso de Monterrey por la magnitud del crecimiento de la RMNL; pero, también, porque el espacio público de mala calidad y el déficit equipamental, han sido el resultado de la acumulación desorganizada de las actuaciones de vivienda; las unifamiliares en la periferia, las plurifamiliares cerca del centro de la ciudad. En definitiva, que la disfuncionalidad de la metrópoli ha tenido su origen en la ausencia ordenadora del planeamiento urbano.

Ahora bien, ya que en METROPOLISREGIA se comparte la opinión que descalifica la sobrevaloración del rol de la arquitectura de muchos modelos urbanos del siglo pasado, cuya aptitud para la ordenación se habría obviado injustificadamente; y, aunque en los artículos anteriores ya se hubiera comentado la afinidad de tal juicio con las principales propuestas del Programa 2030 de Gutiérrez Moreno y Pesci; convendrá volver a éstas, para contrastarlas ahora con las características del Urbanismo que se defiende en esta publicación.

Figura 1802-1. El diagrama explica mediante vectores, las determinaciones urbanísticas fundamentales para la ordenación de la metrópoli regiomontana. El esfuerzo del planeamiento urbano debería concentrarse en el desarrollo del Corredor 2030, que, además de convertirse en el eje de modernización industrial y equipamiento de una innovadora ciudad lineal, revierte el fenómeno de expansión hacia renovación y consolidación de las zonas centrales de la metrópoli, por una parte; y, por la otra, relocaliza el esfuerzo urbanizador de las actuaciones aisladas que han fragmentado el suelo urbano de la Región Periférica, hacia las cabeceras municipales que enlazará en el futuro la Ruta Parque. Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100
Así que, recurriendo de nueva cuenta a la representación del territorio como un campo vectorial, la valoración del Programa 2030 puede comenzar por considerar dos aspectos. El primero que racionaliza las condiciones de ordenación del planeamiento general, fijando los límites y las funciones de las partes que configuran la RMNL (Fig. 1802-01). . El segundo que determina la reconstitución de los núcleos urbanos que han conformado la metrópoli, articulando la ordenación urbana alrededor de las cabeceras municipales y de los otros sub-centros del suelo urbano. Los dos aspectos son complementarios, y en último término se orientan a reconducir el dinamismo de la dispersión, mediante la especificación de las características del modelo que habrán de concretar posteriormente las actuaciones urbanas.

En congruencia con esto, el artículo de febrero se dedicará a evaluar los condicionantes urbanísticos de los tres principales componentes de la RMNL que distingue el Programa 2030; y el artículo de marzo, los que deberán lograr la consolidación policéntrica, restituyendo las cualidades morfológicas de los núcleos urbanos.

LA DETERMINACIÓN URBANÍSITICA DE LOS COMPONENTES DE LA RMNL

Horacio Capel afirma que “la congestión de las grandes áreas metropolitanas generó, desde la década de los años sesenta, impulsos para la creación de nuevas centralidades periféricas, con mayores facilidades de acceso por autopista que el mismo centro de la ciudad3. Lo cual explicaría “una expansión de las periferias urbanas, con formas diversas de baja densidad (‘ciudad dispersa’, con viviendas unifamiliares aisladas o adosadas) y con diferentes tipologías”4.

No obstante, el desarrollo urbano de Monterrey no es equivalente del todo con el modelo que describe Capel. Si, por una parte, la configuración dispersa puede sin lugar a dudas identificar a la conurbación regiomontana, porque las actuaciones de vivienda social unifamiliar se han insertado como piezas aisladas en el perímetro, dejando una extensión enorme y desconectada; por la otra, la reciente densificación residencial con vivienda de nivel socioeconómico alto en las zonas centrales, está tan fuera de control como la mancha de unifamiliares. Tanto la enorme superficie unifamiliar como el suelo plurifamiliar congestionado, asociados casi exclusivamente a las principales vías de comunicación, han entorpecido la movilidad y la integración funcional de la metrópoli y es imperativo solucionarlas (Fig. 0218-2). Pero, también está claro que atender preferentemente a los problemas de infraestructura, ha olvidado el diseño del espacio público y dotar de suficiente área verde y equipamiento social a los núcleos urbanos, diluyendo su aptitud ordenadora.

 Figura 0218-2. Plano 8.1. Mejora de la Accesibilidad Inter e Intra urbana. La descomunal extensión del suelo urbano de la RMNL (aproximadamente 100,000 Ha) ha concentrado la atención del planeamiento urbano en los problemas de infraestructura y accesibilidad, dejando en segundo plano el espacio público y el déficit de equipamiento y áreas verdes. Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, Secretaría de Desarrollo Sustentable. Monterrey, 2012. Pág. 186

Reconociendo a los anteriores, como los más señalados defectos del desarrollo regiomontano, las herramientas del Programa 2030 se orientaron prioritariamente a la ordenación urbana de la RMNL. La primera que será revisada delimita y diferencia funcionalmente los tres componentes fundamentales del conjunto metropolitano, como se ve en el Plano 4.1 Patrones de Uso y Ocupación Sustentable del Suelo (Fig. 0218-3). Este documento propone una configuración radio concéntrica incompleta, en la que la superficie conurbada queda seccionada por la orografía propia de la RMNL.

El primer componente lo conforman las áreas que circunscribe el Anillo Metropolitano de comunicaciones. Las áreas de Ciudad Jardín y de Paisaje Protegido del Cañón de Huajuco están alineadas en la base de la Sierra Madre Oriental al Sur y Sureste de la RMNL, separadas de las demás por los cerros de la Silla y las Mitras. Admiten desarrollos inmobiliarios controlados con densidades baja y media; pero, para los de la segunda se condiciona la preservación del paisaje natural. Junto a la Ciudad Jardín, el núcleo de la metrópoli abre hacia el Norte; lo configuran las dos zonas más consolidadas: el Área Central, el tejido reticular histórico de la ciudad que se incorpora en el Primer Anillo de la RMNL; dada su consolidación, el Programa determina para ellas diferentes categorías de remodelación urbanística (recuperación, reconversión y regeneración del tejido existente). El Segundo Anillo envuelve al primero y se distingue de él por el menor grado de consolidación del tejido existente; incorpora las Áreas de Completamiento, en las que está previsto el desarrollo de grandes espacios verdes.

Figura 0218-3. Plano 4.1. Patrones de Uso y Ocupación Sustentable del Suelo. Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, Secretaría de Desarrollo Sustentable. Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci. Monterrey, 2014. Pág. 151

Abrazando el Segundo Anillo quedaría otro componente de la RMNL, el Corredor 2030 que, según los redactores del Programa, junto con las Áreas de Completamiento podría convertirse en la pieza clave de la ordenación urbana, ya que serviría para amortiguar la fuerza de expansión y urbanizar, a lo largo del Anillo Metropolitano de comunicaciones “una verdadera ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios, y enclaves de vivienda social”5.

Al exterior, completa la RMNL el tercer componente acotado por la Ruta Parque, que interconectará las cabeceras municipales de la Región Periférica (RP). Se trata de una zona todavía escasamente urbanizada; pero en la que se “debe afrontar con urgencia la reorganización del uso y ocupación del suelo (…), porque allí se están dando en la actualidad el mayor crecimiento poblacional y la mayor tendencia a la dispersión de la urbanización”6.

Por otra parte, es también urgente poner atención en dos aspectos del desarrollo urbano actual. En primer lugar y en contraste con la dispersión que afecta a la RP se presenta el fenómeno de concentración, que avanza rápidamente en el Área de Ciudad Jardín al Sur de núcleo de la metrópoli. Aunque ahí se debería edificar con densidades baja y media, están siendo autorizadas las actuaciones de vivienda vertical con altísima densidad. Pero, además, porque no se está corrigiendo el déficit equipamental y de áreas verdes que dejó la urbanización inicial de esas zonas. Y, porque el modelo de planeamiento de la ciudad extensiva está siendo replicado en esas actuaciones de la ciudad compacta, dejando sin resolver la fragmentación urbana.

En segundo lugar, se merece también una mención especial el desarrollo acelerado del Área de Paisaje Protegido, el Cañón de Huajuco hasta la cabecera municipal de Santiago; ya que su urbanización abusiva ha sido poco consciente del daño medioambiental que produce al conjunto metropolitano; que encuentra siempre resquicios para disimular mayores aprovechamientos urbanos de los que concede la legislación, y concita la indiferencia de las autoridades. 

Ahora bien, dado que el Programa 2030 solo fija los límites de los componentes y describe los aspectos fundamentales en la gran escala del territorio, para conseguir los objetivos del modelo de ordenación, así como para evitar las arbitrariedades que se acaba de describir, es indispensable contar con la determinación urbanística más precisa de cada una de las partes de los componentes de la RMNL. Si se toma en cuenta la opinión de Michel Desvigne, “es nuestra competencia y responsabilidad concebir ‘totalidades’ inteligentes aportando invariantes –elementos intangibles y perennes, con los cuales es posible trabajar en la transformación de los territorios”7. Se requiere, por tanto, de la aportación de las herramientas complementarias del planeamiento urbano; de la preparación coordinada de las determinaciones urbanísticas de las piezas, con la participación de los tres niveles de gobierno y de la sociedad civil.

Las determinaciones urbanísticas deberían prever y solucionar la vida en la ciudad, las actividades diarias de sus habitantes. El documento de Gutiérrez Moreno y Pesci deja claro que la ordenación urbana del territorio, el equilibrio de las tensiones que sufre la Región Metropolitana, conlleva la preparación conjunta de los documentos que abarcan las diferentes escalas del planeamiento8. La escala del territorio queda resuelta en el documento, aunque quizá debería actualizarse por las divergencias que se han sucedido desde la publicación del documento. La escala estructurante, el planeamiento urbano, con los proyectos municipales de la ZC, coordinando la propuesta viaria y equipamental, así como la división poligonal del suelo urbanizable (Fig. 0218-4). La escala intermedia, la de los planes operativos, previendo la forma y el volumen de la ciudad que deben compaginar los desarrollos inmobiliarios.


Figura 0218-4. Plano 8.1. Sistema de Movilidad Sustentable. ECOVÍA Y METRO. El plano ayuda a la coordinación de los planes municipales. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, Secretaría de Desarrollo Sustentable. Monterrey, 2012. Pág. 188

Como se ha explicado en otro sitio, si imaginamos la tarea urbanística como un continuo, tendríamos en un extremo las cuestiones de ordenación del territorio, en el medio la ordenación urbana y, en el otro extremo, la definición de un elemento urbano. Es evidente que la noción de diseño urbano queda en la zona intermedia, en aquella escala para la que nació la palabra urbanismo. Como es sabido, por planes estructurantes se entiende aquellos que planifican todo el municipio, concretando sobre todo el uso del suelo y los derechos esenciales de su configuración, con pocas referencias a la forma; mientras que, por planes operativos se entiende aquellos que planifican partes de la ciudad concretando el volumen y forma, quedando más emparentados con la arquitectura9.

La aproximación al modelo de ordenación urbana a través de las diferentes escalas del diseño, se acomoda plenamente a las circunstancias actuales de la ZC de Monterrey. Así que, aprovechando la experiencia de Desvigne, podemos concluir, que “percibir la escala y aportar la respuesta acertada a la correcta dimensión es (…) la clave del éxito de un proyecto de recomposición de un territorio. En términos de metodología, se impone un calibrado permanente. Calibrar obliga a abordar todas las escalas al mismo tiempo: poner en práctica una estrategia de ordenación sobre un territorio extenso (5,000-10,000 Ha), reflexionar sobre escalas más pequeñas (del orden de 250 Ha), para lugares donde se van a fabricar realmente porciones de ciudad, y efectuar experimentos concretos sobre escalas aún más pequeñas (alrededor de la decena de hectáreas…). Esta simultaneidad de trabajos a escala variable fuerza nuestra mirada a ajustarse constantemente. De esta manera, cada nuevo punto de vista informa o cuestiona al anterior, y permite la evaluación de las hipótesis formuladas para la futura ordenación”10.

Como consecuencia de este enfoque de la ordenación urbana, quizá la tarea más importante y, al mismo tiempo, interesante que proponen los redactores del Programa 2030, consiste en el proyecto de la consolidación polinucleada de la RMNL, que, como hemos avanzado en este número de METROPOLISREGIA, deberá articular el desarrollo urbano alrededor de las cabeceras municipales y de los otros sub-centros del suelo urbano, para restituir así la “lógica de proximidad” que determina la legislación. Tarea en la que la configuración histórica, tanto como la previsión de los equipamientos y áreas verdes, será fundamental; como trataremos de explicar en el siguiente artículo.






1. Desde la publicación del Plan Director de 1967 los planes de desarrollo urbano de Monterrey han propuesto la densificación de la vivienda social, como hemos visto otros artículos de METROPOLISREGIA. A partir de esa fecha, se han proyectado numerosos planes parciales de vivienda plurifamiliar, sobre todo para el centro de la ciudad. Son ejemplo los que ha presentado Guillermo Cortés Melo el día 3 de Marzo de 2018 y en otras sesiones de la Sociedad de Urbanismo Región Monterrey, A.C. (SURMAC); entre los cuales, el proyecto de Condominios Constitución (1040 viviendas, 1964) es la excepción; ya que ningún otro se ha llevado a cabo, probablemente por omisiones de otros agentes responsables del desarrollo ordenado de la metrópolis
2. Rem KOOLHAAS, ¿Qué fue del Urbanismo? (1994), en Acerca de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2015. Pág. 13, párr. 1
3. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Ibídem. Pág. 11, col. 1, párr. 2
4. Ibídem. Pág. 11, párr. 2 
5. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100, párr. 2 
6. Ibídem. Pág. 170, párr. 1 
7. Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 10, col. 2, párr. 2
8. Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 71, párr. 6
9. Cfr. Jorge J. GARZA, Málaga 1940-1980 | Los factores de desorden urbano, Tesis doctoral no publicada. Universidad de Navarra, Pamplona. 2017. Pág. 15, párr. 5 a pág. 16, párr. 1 
10. Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 10, col. 1, párr 2 a col. 2, párr. 1

El programa de desarrollo urbano Nuevo León 2030 (conclusión)

ENERO 2018

En este artículo se terminará el estudio del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 comenzado en diciembre pasado; el cual, además de planear el desarrollo del Estado, revisa los objetivos del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 en lo que nos hemos centrado. A pesar de otros documentos que han sido publicados posteriormente, el Programa 2030 tiene importancia, ya que después de su aprobación en 2012 fue inscrito en el Instituto Registral y Catastral del Estado de Nuevo León en 2014, por lo que se presume su vigencia legal; aunque, en cualquier caso, debería de conciliarse con las determinaciones de la nueva Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano aprobada en noviembre de 2017.

Los redactores del Programa, el ingeniero Fernando Gutiérrez Moreno y el arquitecto Rubén Pesci, fundamentaron la propuesta urbanística en dos aspectos que favorecieron la expansión excesiva y desordenada del Área Metropolitana de Monterrey (AMM). Influyeron particularmente en la magnitud, el dinamismo social y económico que impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la situación geográfica propia de la ciudad, que históricamente ha concentrado los flujos de mercancías en el noreste de México1. En efecto, el fenómeno económico de la globalización “encuentra a Nuevo León, en una ubicación geográfica altamente estratégica, a partir de la cual se generan fuertes solicitudes al territorio del Estado y a su principal ciudad”2, Monterrey.

Pero, si la situación geográfica impulsaba el desarrollo comercial y urbano de la capital del Nuevo Reino de León ya desde el final del siglo XVIII, y la industrialización marcaría su destino la segunda mitad del XIX; después de la implantación del TLCAN era obvio “el fenomenal despliegue del sector servicios, gran factor de atracción de la metrópolis de Monterrey”3 (Fig. 1801-1). Así que, ambos factores, económico y geográfico, potenciaron el desarrollo de la plataforma de producción y distribución orientada al mercado de exportación, y con él, una gran expansión de los tejidos urbanos industrial y residencial.

Figura 1801-1. La imagen explica la confluencia de los vectores comerciales transoceánico y norteamericano en el Noreste de México. “Tras el establecimiento de TLCAN, se formaron coaliciones de intereses para promover circuitos de transportes particulares, desarrollar las infraestructuras de dichos circuitos y proponer arreglos jurisdiccionales para facilitar el paso de las fronteras”4

Pero, como la falta de congruencia en la regulación y de control del planeamiento habían sido también una constante del desarrollo urbano del AMM, las herramientas del Plan 2000-2021 tampoco corrigieron la tendencia inercial al desorden señalada por el arquitecto Albalate; así que, la enorme presión del mercado inmobiliario se extendió a la Región Periférica (RP) (Fig. 1801-2). La falta de definición por un lado, y la mala gestión por otro, fueron en definitiva determinantes del mal resultado urbanístico del plan; de la dispersión de la industria y la vivienda social en la periferia metropolitana durante las dos últimas décadas.

Figura 1801-2. “Si se comparan las distancias entre las costas Atlántica y Pacífica de los corredores transversales, se justifica altamente que México se haya convertido en un país geoestratégico para el comercio internacional, debido a su vecindad con uno de los mercados más grandes del mundo, pero también por su ubicación geográfica que favorece las relaciones económicas con los países asiáticos y del Pacífico, es decir que su espacio territorial es una plataforma muy atractiva para la inversión extranjera”5


Ahora bien, aunque la propuesta del Programa 2030 responde específicamente al desorden en la escala del territorio, insiste también en la necesidad de profundizar el análisis. Porque las tensiones “deberán ser reconocidas y atendidas adecuadamente en las escalas subsiguientes, con el objeto de sostener el equilibrio territorial entre las demandas e impactos de los flujos internacionales y la necesidad de organización propia, con tensiones tanto a nivel interno del Estado como de su integración en la región Norte de México”6. Es decir, que para responder a los condicionantes socio-económicos futuros y corregir el desorden endémico del planeamiento, no basta adoptar una estrategia en la gran escala; sino que es necesario resolver además el nivel estructurante y la escala intermedia: replantear volumen y forma de la metrópolis.

Figura 1801-3. Diagrama del modelo ideal de Monterrey7. El modelo asume la disgregación existente, estableciendo un nuevo modelo ideal en la escala del territorio. Los vectores del esquema destacan las condiciones que podrían equilibrar la fuerza de la dispersión de la ZC: la extensión y renovación del Área Central, el Corredor 2030, y la estrategia de desarrollo sustentable de la RP con otro anillo de interconexión entre los municipios de ésta

EL MODELO URBANO DEL PROGRAMA DE DESARROLLO URBANO NUEVO LEÓN 2030

El Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 define las herramientas que aseguran la ordenación de la superficie conurbana de Monterrey; aunque, como se dijo, únicamente trazan una estrategia en la escala territorial, y por ello su alcance queda condicionado. Entre las herramientas, en este artículo analizaremos las tres que pretenden asegurar el éxito del Programa. La primera define las acciones fundamentales para llegar a la metrópoli ideal, valiéndose de un ingenioso diagrama que traza la estrategia del desarrollo urbano como un campo vectorial (Fig. 1801-3); la segunda determina los patrones de uso y ocupación del suelo de los grandes componentes metropolitanos, la zonificación (Fig. 1801-4); y, la tercera, la subdivisión del suelo periférico, el cinturón rururbano; la configuración de las grandes superficies de actuación, separadas por las vías de comunicación radial de la conurbación (Fig. 1801-5). Veamos ahora cómo se integran las herramientas en el Programa.

Como se acaba de decir, la primera de las herramientas representa la metrópolis ideal como un campo vectorial. El diagrama plantea la estrategia de Gutiérrez Moreno y Pesci para obtener el modelo espacial del Programa 2030. En la imagen, el dinamismo de los componentes urbanos se explica con vectores radiales y transversales. El esponjamiento radial de las dos grandes zonas que componen la metrópolis queda compensado transversalmente con franjas de reservas de suelo para desarrollos sustentables (DUIS) que estructura el sistema regional de comunicaciones. Al interior del modelo espacial está la Zona Conurbada (ZC), contenida por el Corredor 2030; al exterior la Región Periférica (RP), acotada por el futuro sistema de interconexión de las cabeceras municipales periféricas, la Ruta Parque (Fig. 1801-3). “La necesidad y conveniencia de actuación conjunta de la Región Periférica y la Zona Conurbada, constituye un concepto fundamental de integración socio-económica, hacia el paradigma de la sustentabilidad, constituyendo así la propuesta de integrarlas en lo que podría denominarse Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL)”8.

Por una parte, “el modelo de la Zona Conurbada de Monterrey es una consecuencia de la visión integrada metropolitana (…). Los nueve municipios de esta zona tienen una densidad de apenas 45 hab/Ha, lo que los hace caros para vivir y para servir”9. Por eso, parece lógica una mayor atención del Programa en esta zona, que se concreta en diversas intervenciones en el tejido urbano existente. Pero, es importante aclarar la necesidad de disponer de una red tramada y descentralizada de transporte público, que no se podrá conseguir sin una revisión de la estructura de circulaciones transversal de la ZC10.

Una de esas intervenciones consiste en la renovación y extensión del área central metropolitana al Sur del Río Santa Catarina que, como sabemos, cuenta ya con diversos proyectos (Cfr. METROPOLISREGIA | ENERO 2017). Otra, quizá la más importante de todas, determina la consolidación y densificación del tejido urbano, así como el robustecimiento de la estructura nucleada histórica, desdibujada por la preponderancia del sistema de comunicaciones radial durante las últimas décadas. Es decir, que en el proceso de consolidación de los vacíos de la ZC, las actuaciones plurifamiliares deberán complementar el tejido de la ciudad de unifamiliares; y a la vez, enfatizar el carácter de los centros urbanos, y la “lógica de proximidad” de los municipios contiguos al Centro Histórico de Monterrey.
La última de las intervenciones en la ZC prevé el desarrollo del Corredor 2030, la creación de reservas de suelo a los lados del Anillo Metropolitano. El proyecto aprovechará la atracción que ofrece el trazado del eje de comunicaciones regional, para establecer una banda de funcionalidad múltiple, “una verdadera ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios, y enclaves de vivienda social, [para] hacer del fondo actual de la conurbación un nuevo frente lineal de centralidad”11.

Por otra parte, como en la Región Periférica el fenómeno de la dispersión “tiende a agravarse (…), se quiere revertir hacia la meta de sustentabilidad (…) que conlleva medidas como la compactación y densificación”12. Por eso, el extenso frente lineal que conformará el Corredor 2030, además de constituir una barrera para impedir la expansión radial de la conurbación actual, permitirá fijar las condiciones de las actuaciones en el Cinturón Rururbano; en el cual, “se debe afrontar con urgencia la reorganización del uso y ocupación del suelo (…), porque allí se están dando en la actualidad el mayor crecimiento poblacional y la mayor tendencia a la dispersión de la urbanización, con bajísima densidad de población y ocupación del suelo, creándose entonces una zona crítica, cara de servir, y excluyente para vivir”13.

Por esta razón, y con relación a la segunda herramienta, el proyecto de zonificación de la ZC, la redacción del Programa 2030 afirma que “la cuestión del uso y ocupación del suelo es central para el desarrollo urbano14. Sin embargo, la propuesta resuelve solo los rasgos generales de la funcionalidad metropolitana. Aunque “se reconoce modernamente (…), que son los grandes atractores socio económicos y las infraestructuras de interconexión los que inducen realmente el uso y la ocupación del suelo (…) que, si [está] debidamente articulado, propicia aquellas macro organizaciones y de lo contrario, pueden contrariarlas y hasta rechazarlas. [Así que,] se proponen criterios o patrones recomendables para la planeación intermunicipal, (…) para el mejor acierto de sus planes en convergencia con el Programa Estatal. (…) Este proceder concertado, (…) garantizará la más justa y distributiva asignación de proyectos e inversiones, en función de un comportamiento más orgánico del sistema de planeación”15 (Fig. 1801-4).


Figura 1801-4. Patrones de Uso y Ocupación Sustentable del Suelo de la Zona Conurbada16. Los dos tonos de color rojo, indican los procesos funcionales de recuperación y renovación correspondientes al centro y el perímetro, así como los amarillos los de complemento de la ZC. El color naranja señala las actuaciones del Corredor 2030, superpuesto al Anillo Metropolitano. La zona de color crema distingue a la RP, se destina a los desarrollos industriales ecológicos del Cinturón Rururbano; mientras que los tonos de color verde conservan, respectivamente, los desarrollos con densidades media y baja junto a la montaña, y los de preservación del paisaje en el Cañón de Huajuco

Ahora bien, al revisar el plano correspondiente, se observa que la propuesta de zonificación respeta el compromiso debido del planeamiento con los condicionantes geográficos y antrópicos de la ZC. Así que, por el Sur y los flancos oriental y occidental de la metrópolis, se restringe la superficie urbanizable hasta la ladera de las montañas, mientras que el Cinturón 2030 sujeta ininterrumpidamente la expansión desordenada en el perímetro. Pero además, los patrones señalados se orientan, funcionalmente, a la recuperación del Centro Histórico de la ciudad; a la renovación del perímetro urbano hasta el Anillo Metropolitano, lo que incluye la relocalización industrial; y, a la incorporación de las funciones complementarias residenciales o no, en los espacios baldíos.

Según se deduce del texto citado del proyecto de zonificación, el Programa 2030 no pretende desplazar o inhibir la gestión que corresponde a cada uno de los municipios que integran hoy la metrópolis; y, por eso detiene sus propuestas en aquellos aspectos que por derecho le corresponde determinar. Establece los patrones de uso y ocupación del suelo que son compatibles con las restricciones geográficas, y las características propias de los componentes urbanos del modelo ideal, por una parte; y, por la otra, la ordenación general de la conurbación, referida siempre al desarrollo social y económico equilibrado de Nuevo León.

Pero, es conveniente subrayar la importancia de subordinar el beneficio particular al general de la metrópolis en todos los casos. Porque, además de la estrategia territorial, si se busca corregir el desorden habitual del desarrollo urbano de la ZC, es indispensable definir tanto los documentos como el contenido de los proyectos que integran las siguientes escalas del planeamiento urbano. Los que son competencia de las diferentes autoridades municipales, y los que toca desarrollar a las promociones públicas o privadas; así como, los mecanismos necesarios para la concertación y coordinación de la información.

Solo queda por analizar en este artículo, aunque sea muy brevemente, la tercera herramienta que seleccionamos del Programa Nuevo León 2030, el Cinturón Rururbano para Desarrollos Sustentable (Fig. 1801-5); cuyo desarrollo, por exceder el plazo establecido para el documento, omite la última determinación funcional, delimitando solo la superficie y describiendo en general las actuaciones en los grandes espacios del Cinturón Rururbano. “La propuesta consiste en interpretar como una gran trama regional a esta interfase urbana-rural, formado por la prolongación de los ejes viales radio-concéntricos, el corredor 2030 (que en realidad es una centralidad lineal para toda la RMNL) y la Ruta Parque que une las cabeceras urbanas de la Región Periférica”17.

Se trata, por tanto, de una gran extensión de suelo, cuya urbanización indiscriminada debe contenerse; en la cual, la división poligonal y la reglamentación de las intervenciones determinarán el éxito del Programa. Porque, “esa trama genera alta accesibilidad en sus módulos internos, donde deben articularse acciones de mantenimiento del paisaje agrario intensivo, todavía presente en la zona, preservación del patrimonio paisajístico e histórico como antiguas haciendas, y nuevos desarrollos enclaves urbanos integrales (tipo DUIS y DHS), en la medida en que los mismos tengan una adecuada relación con los ejes de movilidad y no alteren sustantivamente el paisaje natural, histórico y agro-productivos”18.

Figura 1801-5. Cinturón Rururbano para Desarrollos Sustentables19. Al exterior del Corredor 2030, este plano establece la subdivisión del Cinturón Rururbano en Macromódulos, cuyos límites son las vías de circulación radial de la RP. Las figuras irregulares achuradas indican los grupos de actuaciones sustentables (DUIS) y las de color morado los grandes polígonos de actuación. En color gris se dibuja el área urbana y en verde las áreas naturales protegidas

En las descripciones del contenido urbanístico de las herramientas seleccionadas, hemos buscado dejar al descubierto algunos de los aciertos e incertidumbres que plantea el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Pero, dada la conveniencia de hacerlo con suficiente amplitud, trataremos de profundizar en ellos y hacer una la evaluación general de las propuestas a la vista de la legislación recientemente aprobada, en la siguiente publicación de METROPOLISREGIA.




1. “Se ha promovido un escenario radicalmente diferente en el aspecto internacional: las exportaciones de México hacia sus socios del TLCAN son 238% más que en 1993. El alza de las exportaciones es responsable de más de la mitad del crecimiento real del PIB en México durante el período. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 72, párr. 4
2. Ibídem. Pág. 71, párr. 6
3. Ibídem. Pág. 72, párr. 3
4. Ibídem. Pág. 72, párr. 2
5. Ibídem. Pág. 78, párr. 1 
6. Ibídem. Pág. 71, párr. 6
7. Ibídem. Pág. 100 
8. Ibídem. Pág. 100, párr. 1 
9. Ibídem. Pág. 98, párr. 8
10. Aunque no se especifica, la expansión del Área Central incorpora la zona reticulada al sur del Río Santa Catarina, trazada para el Repueble del Sur por Isidoro Epstein en 1865
11. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100, párr. 2 
12. Ibídem. Pág. 98, párr. 8 
13. Ibídem. Pág. 170, párr. 1 
14. Ibídem. Pág. 148, párr. 3
15. Ibídem. Pág. 148, párr. 3 
16. Ibídem. Figura 4.1 Pág. 151
17. Ibídem. Pág. 170, párr. 2
18. bídem. Pág. 170, párr. 3
19. Ibídem. Figura 6.2. Pág. 172 

El cambio de paradigma del planemiento metropolitano de Monterrey IV

DICIEMBRE 2017


En el artículo anterior se decía que los recursos humanos y económicos que se polarizaron en la periferia del Área Metropolitana de Monterrey (AMM) durante las últimas dos décadas, en vez de consolidar el tejido urbano conforme al Plan Metropolitano 2000-2021, habían aumentado la dispersión. La disgregación de los asentamientos de la Zona Conurbana (ZC) alcanza ya la escala del territorio, llega hasta los municipios de la Región Periférica (RP), involucrando una superficie aproximada de 100,000 Ha y una densidad entre 12 y 15 viv/Ha (Fig. 1217-1).

Por eso, las autoridades han reconocido recientemente que para una población de 4.5 millones de habitantes, el modelo de crecimiento extensivo del AMM ha rebasado el límite funcional; para recuperarlo, según determina la nueva Ley de Desarrollo Urbano, el modelo debe ajustarse a la “lógica de proximidad” de las ciudades más compactas1. Pero la dificultad para llevarlo a cabo apenas empieza a ser ponderada. Aunque la responsabilidad compete directamente a los municipios de la conurbación, la escala y complejidad del fenómeno requiere la participación y coordinación de autoridades de otros niveles de gobierno, tanto como la de profesionales de las diferentes disciplinas del Urbanismo.

Pero hay otros documentos que se analizan METROPOLISREGIA | DICIEMBRE 2017; unos evalúan el planeamiento del AMM, otros hacen propuestas concretas. Entre ellos, están el Plan Estatal de Desarrollo Nuevo León 2016-2021, y una presentación de diapositivas de Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán, Visión del Desarrollo Urbano, del Gobierno del Estado de Nuevo León 2015-20212. También está el proyecto para consulta pública de abril de 2012 del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030; cuya redacción definitiva, aprobada en octubre de 2012, tiene de registro en 20143. También estos documentos pueden ayudar a reflexionar en el desorden actual, y a repensar el futuro del planeamiento de la conurbación regiomontana; temas que serán abordados en ésta y las siguientes publicaciones del próximo año 2018.

Figura 1217-1. Diapositiva 19. Evolución de la conurbación regiomontana. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Sin llegar a la población esperada, la superficie edificada casi llega a 100,000 Ha sin respetar las condiciones medioambientales del Plan Metropolitano 2000-2021

EL RESULTADO DEL PLAN METROPOLITANO DE MONTERREY 2000-2021

El diseño urbano del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021, redactado por los arquitectos Bulnes y Albalate, representaba gráficamente algunas de las acciones fundamentales del planeamiento tendentes a corregir la dispersión del AMM. Las más importantes eran: la consolidación de los espacios baldíos al interior del Anillo Metropolitano, que adicionalmente especificaba una graduación decreciente en la densidad del tejido residencial (alta, media y baja); la configuración del entramado vial principal cubriendo la totalidad de la superficie conurbada, con la previsión de algunos equipamientos importantes; y la localización de las grandes zonas destinadas a la producción junto al Anillo Metropolitano, evitando así la interferencia con las áreas residenciales y estableciendo el límite físico del modelo.

Aunque con estas previsiones, aparte de mejorar la densidad, se introducía alguna variedad en la monotonía del tejido unifamiliar; tanto en el Plan Estatal 2016-2021 como en las diapositivas de Visión del Desarrollo Urbano, se destaca que ocurrió todo lo contrario. En efecto, la población de Monterrey había seguido creciendo, pero con una mala distribución; en lugar de concentrarse en los baldíos del tejido urbano, se había asentado en mayor proporción en la RP, y disminuido considerablemente en el resto de las Regiones del Estado (Fig. 1217-2). Otro gráfico describe la variación porcentual (Fig. 1217-3); con relación a 1980, la población del AMM había aumentado 200%, mientras que la superficie más de 500%, y la densidad disminuido 50%.

Figura 1217-2. Diapositiva 18. Distribución de la población de Nuevo León en 2015. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). La gráfica destaca el estancamiento en número y proporción de la población en el AMM; mientras que aumenta en la RP y disminuye en el Resto de la Regiones del Estado


Figura 1217-3. Diapositiva 21. Comparación del crecimiento de la población y la superficie edificada del AMM 1980-2010. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Las divergencias del modelo, que parecían todavía controlables en el año 2000, hoy se han acentuado; además de repensar el modelo es necesario reparar el desorden

No obstante, quizá la mayor y más arraigada carencia urbana del Monterrey posindustrial queda patente en la tabla de Áreas verdes por municipio del AMM (Fig. 1217-4). A pesar de la enorme riqueza natural que se ensambla con la superficie edificada, el área verde urbana está muy por debajo de la recomendación mínima de la ONU (9.2 m2/hab). Con la población actual, la metrópoli debería disponer de 4,600 Ha de parques y jardines, el triple de lo existente por lo menos.

El Plan Estatal 2016-2021 reacciona ante esto, y planea “la vinculación de los parques existentes y los propuestos en los planes de desarrollo urbano municipales y estatales, además de buscar el aprovechamiento de cuencas, ríos, camellones, reservas naturales y otras áreas para este fin. Con ello, se pretende disminuir el déficit actual de espacios verdes, (…), así como el manejo de los escurrimientos pluviales y la captura de agua, y generar espacios accesibles y asequibles para toda la población”4. Ya se ha tenido la oportunidad de conocer la propuesta de Valentín Martínez Cuellar (Cfr. METROPOLISREGIA | ENERO 2017), que concreta algunas de estas ideas del Plan 2016-2021; queda por verificar, si con ello se cubre las necesidades actuales y se prevé las subsecuentes.

Figura 1217-4. Diapositiva 26. Áreas Verdes por municipio del AMM. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Si la población actual es casi 5 millones de habitantes, la superficie de área verde debería ser por lo menos 4,600 Ha, apenas el 1.4% de la superficie total de los municipios del AMM

En síntesis, se puede afirmar, que las dificultades que enfrenta hoy el planeamiento del AMM son todavía más graves que las del escenario tendencial que imaginaba el arquitecto Albalate cuando redactó del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 (Cfr. METROPOLISREGIA | NOVIEMBRE 2017). Son consecuencia del modelo de crecimiento disperso del AMM, la falta de articulación de la superficie edificada, la interconexión vial inconclusa y el déficit crónico de parques y equipamientos; que demuestran que ha sido insuficiente el esfuerzo público y privado de mejora de los servicios públicos y la calidad de vida urbana de los ciudadanos. Aun así, el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 (Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci) tiene una propuesta que conviene analizar.

EL MODELO DEL PROGRAMA ESTATAL DE DESARROLLO URBANO NUEVO LEÓN 2030

El fracaso reiterado de ordenación del planeamiento metropolitano de Monterrey, que dura ya cincuenta años, no ha detenido el empeño de las autoridades de controlar el crecimiento desbordado de la conurbación. Por eso, el Gobierno del Estado publicó en 2012 el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, que además de la propuesta para desarrollo del territorio del Estado, incluye un modelo urbano para la región del AMM (complemento del Plan Metropolitano 2000-2021). Ha sido posible revisar tanto el proyecto para la consulta pública como el documento final, que tiene vigencia legal. Sin embargo, en la versión digital del proyecto para la consulta pública el modelo urbano está más completo, y hemos optado por utilizarla para este análisis.

El documento al que nos referimos es bastante denso y extenso; pero es posible adelantar, que el Plan Metropolitano 2000-2021 abandonaba el modelo de Exápolis 2000 de 1967 para sujetar la dispersión urbana, marcando la estructura vial y productiva del Anillo Metropolitano como límite de la expansión del AMM; mientras el Programa Estatal 2030 desdobla el acotamiento previsto en la RP. Planea la consolidación del territorio añadido con grandes polígonos; delimitando la superficie de actuación entre lo que denomina Corredor 2030, que se superpone al Anillo Metropolitano, y un nuevo arco vial conectando las cabeceras municipales de la RP (Fig. 1217-5). 

El diagnóstico parte de señalar, que el desarrollo urbano del AMM seguirá conectado directamente con el fenómeno económico de la globalización; el cuál, por no ser sostenible desde una perspectiva social, “provocará una altísima especialización e innovación en el Área Metropolitana de Monterrey y su entorno inmediato. Evidenciará a una ciudad de Monterrey conflictiva, con tendencia al gigantismo y escindida de una plataforma territorial y ambiental”; que, en cuanto al territorio, “implica una tendencia creciente al abandono de roles y funciones del área rural y debilidad en las estructuras interjurisdiccionales con alta dependencia”6.

Por ello, si se busca reconducir el modelo por la vía de la sostenibilidad, “resulta determinante el hallazgo de los detonadores socioeconómicos que permitan a las ciudades simplemente agrupadas por su proximidad física, el desarrollo de los flujos y la colaboración necesaria para la formalización de redes de ciudades que establezcan una región económica concreta. De esta manera, podría marcarse la pauta para un desarrollo urbano sustentable, en un territorio con oportunidades para su población”7.

El objetivo del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 queda fijado, por tanto, en la gestión conjunta del desarrollo socioeconómico y urbano del territorio, y del AMM y la RP como una sola entidad.

Por lo que toca a la gestión de la gran escala, “la imagen modelo territorial a lograr, será la matriz de negociación para la importante tarea de concertación intersectorial e interjurisdiccional a ejercitar. En ella radica el importante desafío que implica asumir la oportunidad para concebir y ejercer una política alternativa de desarrollo del Estado, que permitirá la definición de roles y funciones complementarias y no competitivas internamente, que permitan una proyección del territorio del Estado en su conjunto; a través, fundamentalmente, de la capacidad de localización de esos atractores especiales apropiados, capaces de movilizar inversiones público-privadas sinérgicas, simultáneamente activadoras del territorio y de los aparatos burocráticos y restrictivos”8.

En cuanto a la gestión de la entidad que agrupa el AMM con la RP, las características del modelo deberían modificar la “situación actual de impacto negativo sobre los servicios ambientales de la naturaleza (…), por una innovadora visión de la ciudad; es decir, la sociedad organizada en ciudades, sea el mejor promotor de servicios ambientales naturales, allí mismo donde vive la gente; y de servicios ambientales culturales que, como la educación, la salud y la cultura, son dimensiones que la historia humana ha desarrollado para beneficio de una mejor sociedad”9.

Más concretamente, el Programa “promueve la descentralización del AMM como modelo de actuación para integrar la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL), y para ello, la primera iniciativa es integrar la zona conurbada de Monterrey con la Región Periférica (RP) en un sistema multipolar, donde el área central de Monterrey sigue cumpliendo una función primordial y forma parte de las ciudades globales; las ciudades de la actual zona conurbana crecen, para ser verdaderas polaridades con vida propia; las ciudades de la Región Periférica (RP), logran su verdadera fuerza gravitatoria local; finalmente, el nuevo Corredor 2030 procura una gran interfase (superficie de separación entre dos fases) de centralidad a escala de toda la metrópolis”10 (Fig. 1217-5).

Figura 1217-5. Imagen del sistema multipolar de la metrópolis (Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci). Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100. El modelo asume la disgregación existente, pero establece un nuevo modelo geométrico en la escala del territorio. El Anillo Metropolitano refuerza su condición de límite del AMM. El arco vial del Corredor 2030 se desdobla interconectando las cabeceras municipales de la RP. El Centro Histórico se renueva y extiende hacia el Sur. Las cabeceras municipales del AMM recuperan su polaridad y las de la RP la consolidan

La descripción conceptual del modelo de Gutiérrez Moreno y Pesci, que se ha transcrito literalmente con solo las acotaciones indispensables, está acompañada con otros datos e imágenes que merece la pena estudiar detenidamente en el siguiente artículo. No obstante, para concluir éste basta especificar, por una parte, que las expectativas de crecimiento de vivienda social implícitas en el modelo de Pesci eran 480,000 unidades, lo que supondría una población aproximada del AMM de 7 millones de habitantes en 2030; y, por otra, que la mayor parte de la edificación nueva se realizaría consolidando el tejido residencial existente; lo cual mantendría la superficie de la conurbación en alrededor de 100,000 Ha, entre 18 y 20 viv/Ha. De ser así, se trataría todavía de un modelo urbano de tipo extensivo; que requeriría de un diseño urbano mucho más preciso para materializar la deseada “lógica de proximidad” de las ciudades compactas de la nueva legislación.





1. El fenómeno de dispersión urbana ha seguido al de migración, y producido muchos de los asentamientos irregulares que rodean las ciudades mexicanas grandes del siglo XX. Coneval documenta que en las zonas urbanas “viven 36.9 millones de personas en pobreza, el 69 por ciento de todas las personas en estas condiciones que hay en México”. Cfr. Diana BAPTISTA.
Aglutinan a pobres 15 zonas urbanas, El Norte, Domingo 7 / Enero / 2018. Nacional. Pág. 2
2. La presentación fue el 20 de Febrero de 2016 en la Sesión de la Sociedad de Urbanismo Región Monterrey A. C. (SURMAC)
3. Aunque como Secretario de Desarrollo Sustentable del Estado, la responsabilidad oficial del Programa 2030 corresponde al ingeniero Fernando Gutiérrez Moreno, la responsabilidad técnica la llevó el arquitecto urbanista Rubén Pesci
4. Gobierno del Estado de Nuevo León. Plan Estatal de desarrollo 2016-2021. Monterrey, 2016. Pág. 239, párr. 2
5. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 79, pár. 2 y 3
6. Ibídem. Pág. 81, párr. 5
7. Ibídem. Pág. 81, párr. 8
8. Ibídem. Pág. 79, párr. 9 a pág. 80, párr. 1
9. Ibídem. Pág. 80, párr.4
10. Ibídem. Pág. 91, párr. 1


El cambio de paradigma del planeamiento metropolitano de Monterrey III

NOVIEMBRE 2017


En los artículos anteriores de METROPOLISREGIA se ha venido comentando la nueva Ley Federal de Desarrollo Urbano, que en la Exposición de Motivos determina la sustitución del modelo de crecimiento principalmente extensivo y poco regulado de las grandes ciudades mexicanas como Monterrey; con otro, que sea compatible con la “lógica de proximidad”, que atribuye a las ciudades más compactas. Aunque la sustitución parece impostergable, en el caso de la conurbación regiomontana el proceso no será fácil; no solo por la gran extensión de la superficie de actuación involucrada, sino por la inercia de los factores que influyen en el planeamiento metropolitano.

De cualquier forma, para aproximarnos al proceso de sustitución del modelo, parecía conveniente revisar en primer lugar los resultados que ha obtenido el planeamiento urbano en el Área Metropolitana de Monterrey (AMM), comparando los modelos proyectados de la ciudad ideal con la ciudad realmente construida. Posteriormente se podrá determinar las condiciones para la adecuación del modelo propuesto por la nueva ley urbana. Dado que en octubre se revisó el período de conformación de la metrópoli regiomontana (1970-2000), corresponde a esta actualización de noviembre de METROPOLISREGIA estudiar la fase de su consolidación durante el período de vigencia del Plan Metropolitano actual (2000-2021).

LA CONSOLIDACIÓN DEL ÁREA METROPOLITANA DE MONTERREY 2000-2021

Se analizó ya la expansión de Monterrey entre la publicación del Plan Director de 1967 (Cortés Melo, Albalate y Leal) y la del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 (Bulnes Y Albalate), en la que se conformó el AMM; pero, vale la pena repetir que de haberse ajustado a lo previsto, se hubiera materializado la configuración tentacular (respetuosa de la geografía propia y geométricamente jerarquizada) de Exápolis 2000; que podía alojar cinco millones de habitantes en un total de 40,000 Ha de superficie, con una densidad de 125 hab/Ha (25-30 viv/Ha), algo mayor que la del Monterrey de 19601

No obstante que en 1988 se publicó el primer Plan Metropolitano del AMM, las actuaciones urbanas tampoco se ajustaron a las determinaciones de ese modelo2, sino que siguieron el crecimiento disperso que documenta el Plano 34 del Plan Metropolitano 2000-20213  (Fig. 1117-1). Pero, además, aunque en el año 2000 la población del AMM solo alcanzaba 3 millones 236 mil habitantes, la superficie del área conurbada había rebasado 50,000 Ha; lo que suponía una drástica caída de la densidad a 65 hab/Ha (16 viv/Ha), la mitad del objetivo señalado por el Plan de 1967. El consumo irracional de suelo –alrededor de 25,000 Ha- era más del doble del debido con el aumento de población registrado, lo que había acercado la ciudad al trazado del Anillo Metropolitano. 

Figura 1117-1. Plano 34. Estructura Urbana Actual. Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. En el dibujo se destacan sobre el fondo gris del tejido residencial, la industria en color violeta y los baldíos interiores en color anaranjado. Es notable la ausencia de áreas verdes, de una estructura transversal de circulaciones, así como de cierta homogeneidad equipamental

En el Plano 34 se observa que los componentes residencial, equipamental y productivo del tejido urbano en el año 2000, en lugar de articularse conforme a la propuesta geométrica del planeamiento oficial (Fig. 1017-2), gestionados a conveniencia de la propiedad (del mercado) habían reforzado la estructura radial metropolitana, olvidando la conexión transversal. Así, las nuevas zonas industriales se alinearon en dirección del Aeropuerto Internacional y ocuparon las zonas inmediatas del Anillo Metropolitano; mientras que, los tejidos residenciales urbanizaron indistintamente en el AMM, aunque con infraestructura y equipamiento deficientes4. Por eso, los redactores del Plan Metropolitano 2000-2021 destacan “las causas de la problemática vial, entre ellas las vías en mal estado causado por falta de solución al drenaje pluvial, por Municipio; y las que tienen falta de continuidad, de Municipio a Municipio. Destaca que la estructura vial actual del Área Metropolitana cuenta con 525 Km, de los cuales Monterrey cuenta con el 37%, y todos los demás Municipios con menos del 10% cada uno” 5

Como resulta lógico, la ausencia de un proyecto urbano estructurante y de un programa de actuación común con herramientas de control eficaces, dejaron en el año 2000 una superficie conurbada excesiva, mal conectada y sin servicios, con un perímetro muy irregular con grandes baldíos interiores. Sin embargo, a nuestro juicio, el más grave de los problemas que había generado la falta de control, era la indeterminación morfológica de la conurbación. Se puede afirmar, que tanto el centro histórico de la capital como las cabeceras municipales incorporadas en el AMM habían perdido identidad y relevancia en el conjunto. 

En esta circunstancia, el arquitecto Helios Albalate Olaría, que había colaborado directamente con el arquitecto Cortés Melo en la preparación del Plan Director de 1967, redacta el Plan Metropolitano 2000-2021, replanteando el proceso de conformación de la conurbación6. La Imagen Objetivo del Plan Metropolitano 2000-2021 queda plasmada en el Plano 43 (Fig. 1117-2), que detalla el proyecto urbano al interior del Anillo Metropolitano. Por una parte, propone la regeneración del Centro Histórico de Monterrey (Renacentro); y por la otra, la consolidación de los espacios vacíos con los tejidos residenciales metropolitanos existentes, graduando las densidades de vivienda (alta, media y baja) a partir de los baldíos interiores. El diseño enfatiza correctamente la estructura urbana, complementando la malla de circulaciones y los equipamientos fundamentales de la metrópoli7. Ésta llegaría a tener “una población entre 4.5 y 5.2 millones de habitantes”8, estimando además, “que la mancha urbana actual (…) se incrementará en 15 mil Ha más al año 2021”9.  Se supone, por tanto, una superficie edificada total de alrededor de 70,000 Ha, con una densidad entre 65 y 70 hab/Ha (15-20 viv/Ha); que, conservadoramente, apuesta por evitar una mayor dispersión urbana, y por rescatar la cohesión del centro metropolitano. 


Figura 1117-2. Plano 43. Imagen Objetivo 2021. Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. En la imagen objetivo de la conurbación regiomontana destaca la consolidación del suelo disponible al interior del Anillo Metropolitano. En ella desaparece la idea de la ciudad completa, la morfología tentacular jerarquizada de Exápolis 2000; que se sustituye por el ordenamiento de la expansión “de facto” y por el reagrupamiento funcional; que busca completar la malla de la estructura de principal de circulaciones, y complementar la dotación equipamental de la metrópoli

Cabe destacar, que el arquitecto Albalate ya no proyecta un modelo ideal para el AMM, sino que describe diversas condiciones por las que podría pasar el planeamiento durante la vigencia del Plan, y dibuja la que considera la más adecuada de todas. “Subsisten los objetivos de mejorar la calidad de vida de la población y crecer con orden. [Así que], en cuanto a suelo urbano y vivienda, avanza en el pronóstico a la formulación de varios escenarios posibles al año 2021; el primero, es tendencial, considera que no se podrán establecer políticas de orden y control urbano, por lo que el crecimiento se daría en forma dispersa sobre cualquier parte del territorio; el segundo escenario considera la aplicación de un conjunto de estrategias para organizar y fomentar el crecimiento urbano de los baldíos inmediatos a la metrópoli, definiendo además otras áreas estratégicas para el desarrollo agropecuario, rural, de áreas verdes, de vivienda campestre y otros; un tercer escenario considera, además de las hipótesis del punto anterior, otras que impulsen fuertemente a otras localidades importantes del Estado (…), así como otras estrategias que tiendan a fomentar la densificación del primer cuadro del Área Metropolitana”10.

Ahora bien, considerando que el AMM tiene hoy poco más de 4’300,000 habitantes11, parece probable que su población coincida con lo indicado en el Plan. Por el contrario, en cuanto a la superficie edificada, sabemos que las previsiones han fallado otra vez; como queda documentado en la imagen de Google Earth de 2016 (Fig. 1117-3). En ella se comprueba que el escenario tendencial de crecimiento disperso, desordenado y sin control, ha superado el pronóstico del arquitecto Albalate; que el vector de disgregación del área conurbada es mucho mayor, que afecta ya los municipios inmediatos de la Región Periférica del AMM. 

Por su parte, el Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021 lo confirma, subrayando “que el crecimiento del AMM en los últimos 40 años ha tenido una tendencia hacia la dispersión, lo cual ha reducido la densidad de vivienda de 90 a 16 viviendas por hectárea (…); sin contar con una estructura urbana bien definida, y en algunos casos, sin la administración urbana municipal adecuada”12. Añade que la superficie del área conurbada habrá consumido más de 90,000 Ha en 202013. Pero, este documento llega a un diagnóstico más completo de la complejidad del planeamiento metropolitano; que, por una parte, concentra la mayor parte del crecimiento de población del estado; mientras que, por la otra, impulsa la segregación de los nuevos asentamientos en la Región Periférica.

Figura 1117-3. Plano 34. Extensión de la Zona Conurbada de Monterrey (Google Earth, 2016). Las zonas en color más claro corresponden a las áreas urbanas existentes. Como se puede observar, la mayor parte de la superficie de baldíos que aparece en la Figura 1117-1 se ha edificado. Pero, además que la mancha urbana casi ha colmatado la superficie interior al Anillo Metropolitano, el tejido fracturado de la conurbación alcanza algunos de los municipios inmediatos al AMM.

Nuevo León, sigue argumentando el documento, debería ofrecer “un entorno urbano-regional habitable, incluyente, funcional, equilibrado y sustentable, que propicie el desarrollo integral y el bienestar de sus habitantes. [En cambio], las zonas urbanas concentran la mayor parte de la población y de las actividades económicas que son clave para el desarrollo social; asimismo, representan el motor del crecimiento económico y de la innovación (…). En la última década, nuestro estado ha sufrido una urbanización acelerada concentrada principalmente en la región periférica y, en menor proporción, en el área metropolitana de Monterrey (AMM). Esto ha ocasionado una serie de problemas asociados a una deficiente distribución territorial, tales como el abandono y deterioro del centro del AMM, el hipercrecimiento en la periferia –que no cuenta con los servicios urbanos ni el equipamiento básico-, desigualdades en el acceso a oportunidades entre quienes habitan en el AMM con respecto a al resto de los municipios, pérdida de horas-persona y altos costos por largos traslados que no pueden ser atendidos por el transporte público, así como una segmentación social y pérdida de sentido de ciudad, entre otros aspectos”14.

Los datos que proporciona el documento desglosan porcentualmente el aumento de la población de Nuevo León entre 2000 y 2015. Si el AMM creció 34% y la región periférica acumuló 233%, en el resto del estado disminuyó 12%15. Por otra parte, también “evidencia un crecimiento de inmuebles adquiridos por particulares que están en abandono16. [Pero, además], otros factores adicionales que distorsionan la distribución de vivienda son las condiciones de inseguridad, insuficiencia de empleos cercanos, altos costos de transporte y falta de equipamiento, por estar concentrados en ciertas zonas urbanas. Adicionalmente, los esquemas financieros no contemplan la planeación local del desarrollo urbano territorial17.

En síntesis, casi al final del período de vigencia del Plan Metropolitano 2000-2021 no se ha logrado la consolidación del tejido urbano del AMM. Por el contrario, los resultados obtenidos han sido contradictorios. Por una parte, se ha registrado una concentración excesiva cerca de la capital del estado, acumulando la mayor parte del capital humano y de las inversiones físicas; aunque, paradójicamente, por la otra, se ha desaprovechado las ventajas de las centralidades urbanas existentes y sus infraestructuras y equipamientos; los nuevos asentamientos se han dispersado en los municipios de la Región Periférica del AMM.

La polarización de los recursos en la gran escala territorial junto con el dispendio de suelo en la escala regional y urbana, constituyen una fórmula de desarrollo urbano ineficiente, que aparentemente está llegando al límite funcional; pero que, de cualquier forma, debe ajustarse con la “lógica de proximidad” que determina la nueva Ley de Desarrollo Urbano. La publicación de METROPOLISREGIA que cierra 2017 profundizará en estos aspectos del planeamiento.




1. Cfr. Evolución Socio económica del Área Metropolitana de Monterrey. Gaceta Mexicana de Administración Pública Estatal y Municipal Pág. 43, Cuadro 3. http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/gac/cont/36/pr/pr6.pdf
2. “La desvinculación del PDDUAMM (Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey)  de la gestión y de la acción pública urbana, tanto del gobierno estatal como de los gobiernos municipales del AMM, ha ido en aumento hasta casi ser ignorado actualmente por parte de las diversas autoridades metropolitanas, no obstante su vigencia jurídica”. Roberto GARCÍA ORTEGA, Asentamientos irregulares en Monterrey en Frontera Norte volumen 13, número especial 2, 2001. Pág. 121, párr. 4  
3. Cfr. 200.23.43.29/pdf/Plan_Metropolitano_2021.pdf  
4. La zona conurbada tenía“ los usos de suelo siguientes: habitacional 34,500 hectáreas, 69.2% que incluye lotes con y sin viviendas en fraccionamientos urbanizados, vialidad, equipamientos urbanos y servicios básicos; industria 5,900 hectáreas, 11.7% que incluye industrias grandes y medianas; equipamiento 2,700 hectáreas, 5.4% que incluye equipamientos urbanos mayores incluyendo parques; vialidad 1,700 hectáreas, 3.4% que incluye solo la vialidad principal y 5,100 hectáreas de baldíos mayores de 1 hectárea, 10.3%”. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 3, párr. 3
5. Ibídem. Pág. 3, párr. 6
6. Por otra parte, no parece circunstancial la coincidencia de las propuestas ordenadoras del crecimiento metropolitano de 1967 y 2000, con los nuevos aires democráticos que se respiraban en el entorno político local de esas dos fechas.
7. En la estructura vial cabe destacar el reforzamiento transversal del sistema, que incluye los túneles en el Cerro del Topo, el Cerro de las Mitras y los dos de la Loma Larga, prolongando Venustiano Carranza y el par vial Pino Suárez-Cuauhtémoc
8. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5
9. Ibídem. Pág.  154, párr. 2 
10. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5 y 6
11. En 2015, Nuevo León tenía 5’´119,504 habitantes; de los que 4’313,603 (84.23%) se concentraban en los nueve municipios del AMM, mientras que 459,220 (8.97%) en la región periférica. Cfr. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 178, párr. 2
12. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 178, párr. 4 y 5
13. Cfr. Evolución Socio económica del Área Metropolitana de Monterrey. Gaceta Mexicana de Administración Pública Estatal y Municipal Pág. 43, Cuadro 3. http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/gac/cont/36/pr/pr6.pdf y Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 179, Gráfica 6.2
14. Ibídem. Pág. 177, párr. 5 a pág. 178, párr. 1
15. Ibídem. Pág. 178, gráfica 6.1
16. La disminución de la vivienda ocupada en el municipio de Monterrey entre 2010 y 2015 aumentó 12.3%, de 346,207 viviendas disminuyó a 303,546 
17. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021.Pág. 179, párr. 2 y 4