El Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Recapitulación

En el artículo de METROPOLISREGIA de noviembre pasado se explicó que la periferia de la ciudad había polarizado los recursos humanos y económicos de la región, desbordando la superficie de suelo urbanizable del Plan Metropolitano 2000-2021 (redactado por los arquitectos Oscar Bulnes y Helios Albalate); como consecuencia, la Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM) incorporó los municipios contiguos al exterior del Arco Vial Metropolitano. Aunque la población de la Zona Conurbada (ZC) no alcanzaba todavía cinco millones, ocupaba ya una superficie mayor de 100,000 Ha. Pero, además, la mono funcionalidad se agudizaba en la Región Periférica (RP), y la compacidad absoluta disminuía a menos de 15 viv/Ha, cuando quizá debería alcanzar ochenta1.

Aunque la expansión descontrolada de Monterrey de las últimas décadas, se pudiera explicar por lo que Horacio Capel atribuye al crecimiento de la ciudad en general; a que “las ventajas que tenía tradicionalmente la gran ciudad se relacionaban con la maximización de las relaciones sociales, la educación, la innovación y la variedad del mercado de trabajo”2; sin embargo, sería aplicable también lo que señala José María Ordeig, “que la ciudad es motora de la economía en cualquier país y circunstancia”3; ya que, desde el siglo XIX el desarrollo urbano se había venido potenciando por el crecimiento de la actividad comercial e industrial.

Por ello, las autoridades y los propietarios, en lugar de la consolidación ordenada del suelo urbanizable, promovieron ante todo la expansión de Monterrey; estimulando el desarrollo urbano, más por su contribución macroeconómica y por la seguridad de los resultados de las inversiones inmobiliarias, que como objetivo prioritario de un programa de planeamiento urbano. En consecuencia, la ordenación de facto (aquella que no se ajusta a una norma previa), aunque refleja el potente desarrollo socio económico de la capital industrial del país, ha derivado en una configuración incierta y disfuncional de la metrópoli.

Figura 0518-1. La propuesta de consolidación policéntrica de la Región Metropolitana Nuevo León 2030 está representada en el Plano 7.1 Fortalecimiento de las ciudades de la Región Periférica y de las cabeceras municipales de la Zona Conurbada. La consolidación policéntrica del Programa Nuevo León 2030, pretende controlar la ordenación de facto de la Región Metropolitana mediante dos propuestas concretas del planeamiento urbano; una de ellas tiende a la recuperación la complementariedad funcional de los núcleos urbanos de la Zona Metropolitana de Monterrey y de la Región Periférica, y la otra al sostenimiento de la diversidad de las actividades productivas en ellos.

Ahora bien, en cuanto a las consecuencias morfológicas de la dispersión metropolitana, interesa destacar que el mercantilismo al que se aludía; no solamente ha desdibujado la frontera entre el campo y la ciudad, sino que “está resituando el concepto de periferia. Actualmente la consideración de periferia no es la situación geográfica externa y distanciada, sino la falta de capacidad de acceso o no a la información y cultura o a centros de servicios, de negocios o de intercambiadores. La medida ya no es en distancia sino en tiempo. (…) Bien es verdad que la alta tecnología está proporcionando soluciones insospechadas hasta hace poco (…), pero se continúa exigiendo una proximidad a los centros de convivencia social”4. Así que, aunque la magnitud de la expansión de Monterrey fuera imposible de prever o controlar, el planeamiento urbano quedaría emplazado a desarrollar herramientas para dotar a la nueva extensión metropolitana de una estructura social y de movilidad congruente.

Pero, además, parecería indispensable recuperar en el mapa regional el rol urbano de los núcleos históricos compactos; precisamente porque las ciudades pequeñas “pueden ser innovadoras, disponer de centros de enseñanza, tener acceso al conocimiento y a la cultura, estar bien comunicadas con áreas dinámicas de desarrollo económico. Y además de todo ello, pueden ser lugares muy agradables para vivir”5. Resulta lógico por tanto, que la propuesta de Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci (redactores del Programa de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030), hubiera proyectado el desarrollo urbano de la Región Metropolitana Nuevo León 2030 replanteando los modelos radio-concéntrico y policéntrico; que se hubiera centrado, sobre todo, en la necesidad de avanzar el proyecto del Corredor 2030; la ciudad lineal complementaria y diversa, de enclaves residenciales y actividad productiva innovadora, que se revisó en el artículo de abril pasado6.

No obstante, como aclara Benedetto Gravagnuolo, “es cuando menos improbable la hipótesis de una recomposición de lo fracturado entendida como ingenuo retorno a los presupuestos teóricos idénticos del pasado. El tiempo no se repite, implica la dinámica incesante del devenir”7. Así que, a partir de la evolución de la mancha urbana de la ciudad de los primeros años de este siglo, las acciones de complementariedad funcional y sostenimiento de la diversidad de las actividades productivas del Programa 2030, tendentes a la reconfiguración del modelo concéntrico multinucleado, podría restablecer el equilibrio dinámico entre el desarrollo económico y la ordenación urbana de la Región Metropolitana de Monterrey.

MÁLAGA 1940-1980 | LOS FACTORES DE DESORDEN URBANO

TESIS DOCTORAL DE JORGE JESÚS GARZA DE LA GARZA


Como se había anunciado, dada la relevancia que tienen en la actividad profesional personal, aprovecho este espacio para documentar, brevemente, el contenido de la tesis doctoral Málaga 1940-1980 | Los factores de desorden urbano, que fue defendida en noviembre del año pasado, así como el Acto de Investidura de Doctores de la Universidad de Navarra, que tuvo lugar en Pamplona, España, del pasado 1 de junio de 2018.

Figura 0518-2. Fotografía aérea de Málaga desde el Monte Gibralfaro (Archivo de la Gerencia de Urbanismo de Málaga, 2017)

Este trabajo se centra, por un lado, en el contexto de Málaga entre 1940 y 1980 durante el desarrollo de los tres Planes Nacionales de la Vivienda españoles, y en un enfoque que atiende fundamentalmente a la escala intermedia del planeamiento. Por otro lado, ha parecido oportuno centrar, como objeto de reflexión de esta investigación, la búsqueda de las causas de la disfuncionalidad entre el urbanismo ideal que ordena la ciudad y la realidad urbana construida que, en una gran parte de los casos, desfigura ese modelo deseado.

La oportunidad del estudio radica en que Málaga ha sido uno de los más claros exponentes peninsulares de la expansión de la ciudad de esa época; aunque también, en que puede ser considerada paradigma de desorden por su crecimiento exagerado y, por tanto, poco reflexivo, en sus concreciones de forma urbana. La ciudad adquiere unos perfiles específicos, al considerar que su expansión tan formidable se debe sobre todo a ser ciudad turística, basada en la dispersión del modelo residencial unifamiliar; y, a que la preponderancia de los modelos turísticos había influido –y no poco-, en los planteamientos de la ciudad más intensiva. Pero, además, también cooperaría a esa sensación de desorganización el propio discurso urbano. Si las actuaciones del I Plan de la Vivienda interrumpen la continuidad del Ensanche para reflejar el modelo urbano oficial, y las del II cambian al modelo abierto, las del III adoptan las ideas de los CIAM, supeditando todo -las condiciones geográficas y antrópicas, las provisiones para reservas y el diseño urbano- al modelo económico desarrollista.

Por ello, no resulta ocioso plantearse qué ha podido ocurrir para que fuera así: ¿cuáles han sido las causas de ese desorden? Contestar a esa pregunta ha significado indagar en los factores de ese fenómeno de desorden; no de una manera genérica, sino específica y concreta como resultado de un acercamiento a los procesos urbanos que se dieron en dicha ciudad. Así se han ido identificando diversos factores en cada una de las actuaciones para llegar finalmente a considerarlos en su conjunto. Lo cual ha servido, en primer lugar, para saber qué pasó en Málaga; pero también como reflexión sobre las circunstancias que han pesado en la falta de coherencia de la ciudad contemporánea en general.

Las conclusiones, por su parte, valoran globalmente los factores de desorden urbano que se han entresacado como conclusiones parciales al hilo del estudio de cada una de las actuaciones de los Planes de la Vivienda. Se han ordenado desde aquellos más genéricos a aquellos más específicos. Serían los siguientes: las condiciones geográficas; las condiciones antrópicas, es decir la estructura parcelaria; las alteraciones del planeamiento estructurante; los planes turísticos de la Costa del Sol; el mercado o la búsqueda del mayor aprovechamiento urbano; la influencia de la ciudad extensiva y, el diseño de los planes operativos.

Aunque algunos de ellos influyeron en todo tipo de planes, y otros obraron especialmente en ámbitos más específicos, parece especialmente aplicable en Málaga, las consecuencias del desarrollo mercantilizado del Movimiento Moderno (según palabras de Gregotti). Si en el resto de ciudades se dio desorden urbano y, dentro del él, un desorden provocado por una mala asimilación de los principios del Moderno, en Málaga esto llegó al extremo por las implicaciones y consecuencias de los otros factores.

ACTO DE INVESTIDURA DE DOCTORES DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
PAMPLONA, ESPAÑA, 1 DE JUNIO DE 2018

La Universidad de Navarra ha celebrado hoy el acto de investidura de 168 investigadores que han defendido su tesis doctoral en el curso 2017-2018. Los nuevos doctores proceden de 19 países y 17 facultades o centros de la institución.

En el evento intervinieron el rector, Alfonso Sánchez-Tabernero; la madrina de la promoción y profesora de la Facultad de Medicina, Elisa Mengual Poza; y el doctor de la Escuela de Ingenieros TECNUN, Juan Pablo Romero Rioja, que habló en nombre de su promoción.

El rector subrayó la necesidad de que los líderes de hoy, “además de una preparación técnica excelente”, se caractericen por un modo de trabajar que promueva “el bien común por encima del bien individual”. Asimismo, señaló que el prestigio de la Universidad se debe en gran medida a los antiguos alumnos: “Por eso, me atrevo a pediros que no os dejéis llevar por un estilo de trabajo fácil y egoísta, sino que seáis embajadores de los valores que habéis aprendido a lo largo de estos años. (…) Tenemos la ilusión -agregó- de que los que hoy recibís este birrete salgáis con el ‘sello Universidad de Navarra’: una forma de trabajar llena de exigencia personal y espíritu positivo y generoso”.

Por su parte, la profesora Elisa Mengual hizo referencia al logro que supone la defensa de una tesis, en muchos casos, “con un esfuerzo vital añadido”, ya que un tercio procede de fuera de España y “otros muchos de otras comunidades autónomas”, según señaló. Del mismo modo, hizo una llamada a la responsabilidad de los doctores “para construir una sociedad mejor”. Y les animó a aplicar una actitud “inquisitiva, inconformista y seria con las cuestiones diarias”.

Por último, Juan Pablo Romero Rioja resaltó la humildad como una de las cualidades que deben tener los ahora doctores. “Debemos mantener los pies en la tierra y nunca se nos deben terminar las ganas de seguir creciendo y aprendiendo”.



Figura 0518-3. Aula Magna de la Universidad de Navarra durante la intervención del Rector, Alfonso Sánchez-Tabernero, en el Acto de Investidura de Doctores del 1 de junio de 2018

Figura 0518-4. Alrededor de la Subdirectora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, Ana Sánchez-Ostiz (centro), los nuevos doctores Teresa Larumbe Machín, Jorge Jesús Garza, Amaya Osácar Crespo y María Ibañez Puy, durante el Acto de Investidura de Doctores de 1 de junio de 2018


1. En el ámbito urbano la compacidad expresa la idea de proximidad de los componentes que configuran la ciudad, es decir, de reunión en un espacio más o menos limitado de los usos y las funciones urbanas (residenciales, equipamentales y productivos). Esta característica permite afrontar los retos de la sostenibilidad mejor que el modelo contrario: la ciudad dispersa o difusa. Por su parte, la compacidad absoluta se define como la relación entre el volumen total edificado y la superficie de suelo total en una determinada área urbana. Es una aproximación a la idea de densidad edificatoria o también de eficiencia edificatoria en relación al consumo de suelo
2. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Pág. 14, col. 1, párr. 2
3. José María ORDEIG CORSINI, Diseño Urbano y pensamiento contemporáneo. Instituto Monsa de Ediciones, S.A. Barcelona, 2004. Pág. 301, col. 1, párr. 4
4. Ibídem. Pág. 301, col. 2, párr. 3
5. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Pág. 14, col. 1, párr. 2
6. Es importante recordar la importancia que se ha dado en el artículo de METROPOLISREGIA abril a la realización del tramo faltante del Arco Vial Metropolitano entre los municipios de Juárez y Allende; que recoge hoy la página principal de El Norte. Cfr. Daniel REYES, Buscan ampliar el Periférico para los tráileres en EL NORTE, domingo 17 de junio de 2018. Pág. 1, col. 5-6
7 . Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 3



La metrópoli policéntrica del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030

En el artículo del mes pasado, en el que se analizó el dinamismo del desarrollo urbano que explican los modelos radio concéntrico y multinucleado del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, se decía que este mes de abril se estudiaría el Corredor 2030. La nueva centralidad lineal que también ha sido prevista en el Programa para contribuir a la ordenación de la Región Metropolitana Nuevo León (RMNL); y cuyo modelo ideal casi coincide con una descripción de Horacio Capel de la región urbana contemporánea, que estaría conformada por “una red urbana equilibrada y policéntrica, con un papel relevante para los núcleos urbanos de pequeña y media dimensión, esencial en el desarrollo regional y en la gestión sostenible del medio natural y del patrimonio”1.

La formulación del modelo de la RMNL surge de la evaluación del planeamiento actual, llevada a cabo recientemente por Gutiérrez Moreno y Pesci para la redacción del documento citado. En él se explica que “hay una fuerte revisión de las tendencias, donde la periferia ya no puede ser considerada fondo, un área de segunda categoría; no solo por la dignidad de sus poblaciones y organizaciones, sino por la propia funcionalidad del Área Conurbada que contiene. [Porque] si toda la ciudad es considerada un centro y una periferia, con la magnitud que han tomado estos fenómenos y la dominancia del crecimiento en la periferia, la perturbación que esto produce en todo ese sistema urbano se vuelve indomable”2. De ahí que se hubiera optado por conservar las caracaterísticas de la la configuración radio concéntrica por una parte, diferenciando la Región Conurbada (RC) de la Región Periférica (RP), aunque por otra se determinara la necesidad de la consolidación policéntrica del conjunto.

Pero, para asegurar la corrección de la disfuncionalidad, aparte de las determinaciones convenientes para cada región, planearon el Corredor 2030 como pieza que las articula, y le asignaron el rol de catalizador del desarrollo urbano y las inversiones. Porque, como componente de nuevo diseño, el Corredor tendría que aportar al planeamiento las condiciones funcionales de complementariedad y complejidad3, asegurando cierto grado de equilibrio y autosuficiencia a la enorme extensión que cubre la RMNL; aunque también contribuir a optimizar la diversidad de cada uno de los núcleos y partes4, galvanizando el futuro de competitividad económica global del conjunto. Así, aunque Peter Hall había considerado la complementariedad y la diversidad como características disyuntivas del funcionamiento urbano5; resultaban indispensables para la metrópoli policéntrica prevista por el Programa.

Y, esto se puede corroborar a partir de la experiencia de José María Ordeig. “La respuesta a estas dos posibilidades contrarias (la acentuación de la complementariedad como garantía de la autosuficiencia o la acentuación de la diversidad como garantía de relanzamiento) está consistiendo en cultivar la lógica de subcentros, que aparecerían como complementarios a aquellas zonas de la ciudad con mayor identidad. Es el fenómeno de la denominada nueva centralidad que después de justificar el reforzamiento de periferias o de zonas obsoletas que han llegado a ser nuevos nodos, está generalizándose y tendiendo a ver la ciudad como una constelación de centralidades”6.

Si, como propuesta de ordenación el policentrismo puede resolver la disfuncionalidad de la RMNL: la movilidad incongruente, el rezago y la desarticulación del equipamiento social, la carencia de áreas verdes, etc.; como modelo urbano recuperaría la identidad plural del territorio que la dispersión ha desfigurado. Y, como consecuencia, el desarrollo urbano restablecería el equilibrio. En síntesis, la metrópoli policéntrica es capaz de restituir no solo la calidad de la vida urbana, sino la estructura histórica con mayor grado de antropización del territorio (Fig. 1804-1).

Figura 0418-1. Plano 7.1 del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci. Fortalecimiento de las ciudades del RP y de las cabeceras municipales de la ZC. La propuesta de consolidación policéntrica de la RMNL que propone el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León se propone recuperar la funcionalidad de los núcleos de la Región Conurbada contiguos a la capital, y evitar que aumente la dispersión en los de la Región Periférica.

No obstante, dado que el consumo irreflexivo de suelo había urbanizado ya una enorme extensión alrededor de la capital del Estado, el Corredor 2030 cumpliría la función de articular la conurbación.

EL CORREDOR 2030, NUEVA CENTRALIDAD DE LA REGIÓN METROPOLITANA

El Corredor 2030 es una banda de sección irregular de suelo con cerca de cien kilómetros de longitud, prevista a los lados del Arco Vial Metropolitano; que proyecta el desarrollo de “una ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios y enclaves de vivienda social”7, desde la cabecera municipal de García hasta la de Cadereyta.

La geometría quebrada de la pieza deriva de su vinculación con el trazado del Arco Vial Metropolitano; en cambio, su diseño de tipo extensivo y multifuncional enlaza con las teorías de los modelos de desarrollo lineal asociados con las vías de comunicación regional, que propusieron Arturo Soria y Le Corbusier las primeras décadas del siglo pasado8. Sin embargo, al proyectarla como nueva centralidad organizadora de la metrópoli policéntrica, el Programa condiciona las características propias de la ordenación de las regiones adyacentes Conurbada y Periférica. Pero, como no se trata de una actuación aislada más, sino de una solución complementaria y en cualquier caso una respuesta al fenómeno de dispersión; no parece lo más conveniente seguir estimulando el desarrollo urbano indistintamente sin haber coordinado antes el diseño urbano y el programa del planeamiento de toda la región en las diferentes escalas, como se ha comentado anteriormente citando a Michel Desvigne9.

Figura 0418-2. Fotografía de las zonas residenciales urbanizadas recientemente de la vertiente sur de Loma Larga, en el municipio de San Pedro, Nuevo León. Al fondo se recorta el Cerro el Mirador (Google Earth, 2018)
Sin embargo, sin tomar en cuenta lo anterior, en las áreas centrales de la metrópoli (sobre todo en los municipios de Monterrey y de San Pedro) se ha venido sustituyendo el planeamiento existente, en donde predomina el suelo urbano residencial de tipo extensivo y en algunos sitios el productivo y comercial obsoleto, por una ciudad vertical multifuncional hecha de operaciones inmobiliarias aisladas. La cual, al urbanizar sin las determinaciones del planeamiento estructurante y operativo (que deberá considerar la relocalización de las zonas industriales de San Pedro y Santa Catarina) ni el diseño y la habilitación del suelo del Corredor 2030, solo conseguirá aumentar el desorden urbano; satisfaciendo la demanda del segmento de mercado con mayor capacidad económica y las expectativas mercantiles de los promotores, pero dejando sin resolver el déficit equipamental y de vivienda social10 (Fig. 0418-2).

Porque, según explican los redactores, el Programa deberá cubrir para 2030 una demanda de vivienda social “de 480,000 unidades para todo el Estado de Nuevo León (…), que pueden ser resueltas en alrededor de 6,300 hectáreas de desarrollo habitacional. Si consideramos que el 10% de esa demanda se da en el Estado, el 27% compactando y densificando la actual Zona Conurbada, sólo serían necesarias alrededor de 3,800 hectáreas en los 13 municipios periféricos en los próximos 20 años, equivalentes a 14.7 hectáreas anuales para cada uno de ellos, pequeña superficie que puede ser resuelta como enclaves en estrecha relación y cercanía con los centros urbanos”11. A partir de estos datos, en el período indicado se necesitaría edificar 130,000 viviendas nuevas en 1,700 Ha de la RC, con una densidad promedio de 76 viv/Ha. Aunque, por una parte, en el Centro Histórico y alrededor de los núcleos se debería aumentar la densidad residencial; sería también conveniente por otra, establecer una graduación decreciente de la densidad desde las áreas centrales de la RC hasta las más exteriores de la RP.

Por eso, es probable que el detonador más coherente del desarrollo ordenado de Monterrey, no esté tanto en las áreas centrales como en el Corredor 2030; “que ofrece una centralidad lineal próxima a todos los municipios de la Región, donde podrán ofrecerse empleos, servicios, transportes, que aproximan a los municipios de la Región Periférica todas las ventajas de la modernización”12.

En efecto, su localización a lo largo del Arco Vial Metropolitano es inmejorable; ya que aprovecha la capacidad de atracción de la infraestructura de comunicaciones regional, así como las ventajas sobre la movilidad que ofrece la posición equidistante de la vía entre las áreas centrales y el límite exterior de la metrópoli13 (Fig. 0418-3).

Figura 0418-3. Plano 6.1 del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci. El “Corredor 2030”. Innovación urbana, modernización periférica y logística de transporte. Los objetivos del Programa Estatal están fuertemente condicionados por los proyectos de la interconexión pendientes del Anillo Vial Metropolitano desde el municipio de García hasta el de Allende

La previsión y la programación del Corredor 2030 compromete toda la ordenación metropolitana, porque además del suelo propio, involucra las zonas semivacías inmediatas de la RC y la interfase rural urbana de las ciudades de la RP; por lo cual, no solo serviría como elemento de articulación de las dos grandes regiones, sino que permitiría la organización del desalojo de la instalaciones industriales y ferroviarias anticuadas del interior del Arco Vial; al mismo tiempo, que al exterior de él, la conservación de la vocación agrícola de la interfase rural urbana. Finalmente, como catalizador del desarrollo urbano, cooperaría con nuevos núcleos a la consolidación policéntrica de la RMNL (Fig. 0418-4).

Figura 0418-4. Plano 6.3 del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci. Programa incentivo de reubicación de industrial en la Zona Conurbada de Monterrey. El desarrollo del Corredor 2030 está condicionado por el desalojo del suelo industrial obsoleto o en desuso de las áreas centrales

El Corredor 2030 puede afrontar mejor que ninguna otra parte de la RC, los problemas más urgentes de la mayor parte de la población y la metrópoli, que no por ello estarían necesariamente en conflicto con aprovechamientos urbanos convergentes con expectativas razonables del mercado. Su desarrollo estaría, por tanto, plenamente justificado. Con él, se pondría en práctica la “lógica de proximidad” de la nueva legislación federal, que encuentra correspondencia exacta en el equilibrio y el policentrismo previstos por el Programa Estatal. Reduce distancias y tiempos de traslado a la mitad; dispone zonas de producción y trabajo administrativo, espacio verde y equipamientos urbanos cerca de enclaves de vivienda más compactos y diversos social y económicamente. A pesar de las limitaciones técnicas para obtener el grado máximo de compacidad autorizado en las superficies ya urbanizadas, conseguiría que la metrópoli se mantuviera dentro de los límites de una periferización [racional]14

A lo anterior se puede añadir, que potenciando el desarrollo del Corredor también se puede contribuir a descongestionar la asfixia del viario en las áreas centrales de la metrópoli. Al completar la interconexión de los municipios de García y Allende rodeando la RC, el Arco Vial Metropolitano podría replicar -en la gran escala del territorio- la función estructurante que tiene hoy el principal eje geográfico e histórico de la metrópoli (el eje este-oeste del Río Santa Catarina); disminuyendo así la presión urbanizadora y de tráfico en el Centro Histórico, que por desgracia ha sumado las áreas de conservación ecológica del Cañón de Huajuco.

En síntesis, el desarrollo de la ciudad lineal lo largo del Arco Vial Metropolitano podría rescatar hoy las características ideales de la ordenación determinada por el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030: la estabilidad funcional de la configuración concéntrica, con un tipo de urbanización que corresponda con el grado de antropización más conveniente para cada región; y también las singularidades de la configuración policéntrica, aunque se tenga todavía por delante la consolidación funcional de los núcleos circunscritos en la superficie conurbada15. En definitiva, solo el aseguramiento de una mayor complejidad y diversidad de la oferta de suelo urbano (residencial, equipamental y productivo),  podrá recuperar el equilibrio y la autosuficiencia de todas las partes que componen el suelo metropolitano16.

Con este artículo se concluye el análisis del planeamiento de la región conurbada de Monterrey. Por lo que aprovecharemos el siguiente para retomar algunos aspectos relevantes de los artículos anteriores, así como para documentar una ceremonia académica muy especial.






1. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Pág. 17, col. 2, párr. 2
2. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. 2012. Pág. 98, párr. 1 y 2
3. Se puede hablar de complementariedad, en cuanto a que la ciudad o cada una de sus partes “debe verse favorecida por la mezcla de usos, de modo que esa parte pueda funcionar con una autosuficiencia relativa; pero también compleja en cuanto a las ofertas tipológicas, por ejemplo, diferenciado el tratamiento en altura. Complejidad incluso en el estudio de un viario sin simplificaciones segregacionistas en aquellos ámbitos que no requieren especialización, evitando la muerte de zonas de ciudad por exceso de peatonalización o exceso de rodado”. José María ORDEIG CORSINI, Diseño Urbano y pensamiento contemporáneo. Instituto Monsa de Ediciones, S.A. Barcelona, 2004. Pág. 302, col. 1, párr. 6
4. Se puede hablar de diversidad de la ciudad o sus partes, cuando tienen “unas características propias, siempre suficientemente atrayentes, sea porque es el corazón antiguo del asentamiento o por el paisaje que se domina o por algún servicio especial que se ofrece. En este sentido, es preciso que espacialmente la ciudad o el sistema de ciudades en un territorio tengan un equilibrio dado por esa diversidad”. Ibídem. Pág. 302, col. 1, párr. 7 a pág. 303, col. 1, párr. 1
5. “Según Peter Hall, la reactivación económica de la ciudad abre una alternativa: una reactivación dada por una ciudad equilibrada funcionalmente que aparezca como autosuficiente, o una reactivación dada por la atracción que supone destacar en una actividad punta, que la convierte en atractiva para la inversión externa e interna”. Ibídem. Pág. 301, col. 2, párr. 2
6. Ibídem. Pág. 301, col. 2, párr. 2
7. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. 2012. Pág. 100, párr. 2
8. La ciudad lineal de Arturo Soria y Mata trataba de resolver el congestionamiento de las ciudades de gran tamaño; urbanizaba franjas reticulares de anchura regular, que tenían un eje ferroviario para conectar núcleos urbanos pequeños de la periferia, organizando también la distribución de la producción agrícola regional. Por su parte, la ciudad lineal industrial de Le Corbusier lo hacía relacionando las instalaciones fabriles y los asentamientos de ciudad vertical junto a la estructura rodada de comunicaciones entre las ciudades. Cfr. José LUQUE VALDIVIA (coordinador), Constructores de la Ciudad Contemporánea. Aproximación disciplinar a través de los textos. Departamento de Urbanismo de la E.T.S. de Arquitectura de la Universidad de Navarra. Cie Inversiones Editoriales, Madrid, 2004. Pág. 857 a 865 y pág. 573 a 580
9 . Cfr. Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012.
10. “El área central de Monterrey se concibe como un área de renovación urbana integral, capaz de convertirse en la centralidad más destacada de una metrópolis multipolar de relieve internacional. En ella deben darse actuaciones de recuperación social y edilicia del centro histórico, de ampliación de su oferta de espacios públicos, cívicos y recreativos, grandes proyectos detonantes de atracción comercial, habitacional y cultural, puertas de entrada que valoricen la identidad del área, y vuelvan a atraer población al centro metropolitano”. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. 2012. Pág. 99, párr. 3
11. Ibídem. Pág. 98, párr. 6
12. Ibídem. Pág. 98, párr. 7
13. En el Corredor 2030, el Programa de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 prevé la relocalización “de las antiguas industrias y predios ferroviarios desactivados (…), generando allí unas 3,600 hectáreas desocupadas para nuevos y grandes desarrollos urbanos integrales. Esta gigantesca recualificación (…) podrá absorber en el lapso de 20 años (…) gran parte del crecimiento población de toda esa Área Metropolitana (…), potenciando la idea de compactación y densificación (…), y completando la ocupación de vacíos en una estrategia de ocupación y uso del suelo más compacto y densificado, alentando los usos mixtos. Estas acciones van de la mano de una mejora en los espacios verdes (…) y los de servicios y equipamientos sociales". Ibídem. Pág. 99, párr. 4 y 5
14. Aunque en el texto del Programa, el arquitecto Pesci “limita la periferización a aquella justa y necesaria”, consideramos más adecuada la calificación de racional que proponemos. Cfr. Ibídem. Pág. 98, párr. 6
15. Los bordes de la metrópolis son la Sierra Madre Oriental y las ciudades de la periferia; éstas conservan aun “extensas zonas de agricultura intensiva, que pueden fortalecerse y consolidarse como un cinturón rururbano (rural-urbano) positivo, sin perjuicio de recibir algunos enclaves de desarrollo urbano compacto y nueva tecnología”. Ibídem. Pág. 98, párr. 5
16. “Esa cualificación urbana viene dada por la asunción de los conceptos de complejidad y diversidad que (…) vienen a dar respuesta a la dicotomía planteada por Hall. Se trataría de conseguir ciudades o partes de ciudad que contuvieran a la vez esas dos características, ser complejas y diversas”. José María ORDEIG CORSINI, Diseño Urbano y pensamiento contemporáneo. Instituto Monsa de Ediciones, S.A. Barcelona, 2004. Pág. 302, col. 1, párr. 5


El programa estatal de desarrrollo urbano de Nuevo León (valoración II)

MARZO 2018


Como primera parte de la valoración general del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, se analizó en febrero la propuesta de ordenación funcional de la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL) en la escala del territorio (Fig. 0318-1); el plano contiene la delimitación y los patrones de uso y ocupación de los principales componentes del suelo urbano: la Zona Conurbada de Monterrey (ZC), el Corredor 2030 y la Región Periférica (RP). La revisión de la propuesta morfológica se dejó para este mes de marzo.

Figura 0318-1. En la escala territorial, la visión de conjunto dirige el diseño urbano hacia una configuración radio concéntrica que posibilite recuperar la cohesión y funcionalidad de la RMNL; que, además, podría servir como guía para el programa de inversión, y el diseño de los planes generales municipales y de los planes operativos públicos y privados. Cfr. Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci. Monterrey, 2014. Pág. 151

En el artículo de febrero se dijo también, que hacía falta completar el proyecto en las escalas estructurante (los planes generales municipales) y operativa (los planes parciales u operativos) del planeamiento urbano. Que, dada la extensión y dificultad de la ordenación, solo mediante una acción coordinada entre los diferentes niveles de autoridades, profesionales de diversas disciplinas y promotores, se podría llegar a una determinación urbanística completa1. Que, como explica Desvigne, “calibrar la mirada y evaluar la acción es (…) indispensable para evitar los escollos con los cuales se topa en la actualidad la ordenación del territorio. En efecto, sobre la base de grandes planes bien definidos sobre parámetros extensos, se construyen unas primeras capas ‘instaladas’ en una visión global improbable (…), constituyendo quizá esos conjuntos errores conceptuales mayores. Para paliar esto, es nuestra competencia y responsabilidad concebir ‘totalidades’ inteligentes aportando invariantes –elementos intangibles y perennes-, con los cuales es posible trabajar en la transformación de los territorios”2

No obstante, a partir del caos que caracteriza el desarrollo urbano de la RMNL, ¿cómo podría prevalecer, después de cincuenta años de planeamiento malogrado, la totalidad inteligente del Programa Estatal 2030?; ¿cuáles serían entonces las invariantes que conseguirían la ordenación del territorio metropolitano? Para responder estas preguntas, en esta publicación se analiza la propuesta morfológica del programa de Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci; y más específicamente la pertinencia de la configuración radio concéntrica y multinucleada, ante la “lógica de proximidad” del planeamiento cuya materialización ahora obliga legalmente, mientras otros aspectos de la propuesta serán estudiados en las siguientes publicaciones.

LA PROPUESTA MORFOLÓGICA DEL PROGRAMA ESTATAL 2030

Los redactores del Programa Estatal 2030, además de asumir la limitación orográfica del territorio en una configuración radio concéntrica, condicionaron la ordenación urbana al desarrollo planificado del Corredor 2030 y a la configuración multinucleada de la RMNL; concretándola en la consolidación policéntrica de la ZC y la descentralización multipolar de la RP. Por eso, a partir de la imagen del modelo ideal que expresa el dinamismo del desarrollo urbano, que ha sido explicada detenidamente en METROPOLISREGIA | FEBRERO 2018, trataremos ahora de resolver la contradicción que parece derivarse de la combinación de los modelos radio concéntrico y multinucleado en la misma ciudad (Fig. 0318-2).

Figura 0318-2. El modelo ideal de la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL) podría alcanzar la configuración radio concéntrica parcial a condición del desarrollo planificado del Corredor 2030; que debería incluir además la consolidación policéntrica de la Zona Conurbada (ZC) y la descentralización multipolar de la Región Periférica (RP). Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100

Ya que, aunque el planeamiento de la ciudad se haya considerado el arte de lo práctico3, no le puede faltar soporte teórico (racional); y, cuando carece de uno u otro, o de los dos, el crecimiento de la ciudad generalmente produce desorden urbano. Pensamos que es esto lo que ha ocurrido durante cincuenta años a la expansión de Monterrey; que, por otra parte, corrobora lo dicho por Benedetto Gravagnuolo: “el ámbito pertinente a las teorías y a las praxis de la proyectación urbana es, por antonomasia, el de la construcción planificada del espacio antropizado; mientras que los fenómenos de degeneración del desarrollo urbano que distinguen a la actual crisis de la ciudad, (…) derivan predominantemente de la ineficiencia de los planes y de las carencias (no raramente macroscópicas) en la gestión en el control de la expansión”4.

Por eso, no puede sorprendernos que, al conjunto de acciones del Programa Estatal 2030 orientadas al desarrollo económico, los redactores hubieran añadido la justificación racional del diseño, describiendo la dinámica ideal del desarrollo urbano como una combinación de dos modelos de ciudad: el radio concéntrico y el multinucleado. Quizá no tanto para contrastar el planeamiento real con la geometría ideal de los modelos5, cuanto para restablecer el orden en el desarrollo urbano de la RMNL, adecuando la propuesta de ordenación con las condiciones teóricas de una expansión que no ha parado desde el final del siglo XIX6.

Ahora bien, aunque al revisar las condiciones del planeamiento, parecía correcto mantener la estructura radial, cuyo trazado responde a la geografía y la historia de la ciudad7; aun así, se veía necesario complementar la interconexión transversal del sistema de circulaciones. Sin embargo, no por eso convenía consolidar el tejido urbano conservando el dinamismo propio del modelo radio concéntrico8. Ya que los redactores debían también poner atención en las condiciones operativas del planeamiento, que durante su configuración la metrópoli había incorporado otros polos de atracción diferentes del centro histórico: núcleos urbanos que rodeaban la capital del Estado y centralidades de nuevas actuaciones. Así que, la configuración multinucleada se había superpuesto a la concéntrica9; y, como consecuencia, la ordenación del conglomerado urbano requería ahora un proyecto con la perspectiva dinámica y operativa de ambos modelos.

Pero, además, era evidente que el planeamiento de la metrópoli funcionaba mal. Por una parte, faltaba cohesión al tejido residencial, derivada de la promoción aislada de innumerables proyectos de vivienda unifamiliar; y, por otra, abundaba en monofuncionalidad; destacando el déficit y desarticulación del equipamiento social, el abandono del espacio público y la escasez de área verde. Para la primera, que manifestaba el debilitamiento de la configuración concéntrica, el diseño preveía aumentar la densidad residencial y complementar la estructura de circulaciones transversal. Mientras que, para las otras, que impedían desarrollar la “lógica de proximidad” de la ciudad compacta, además de edificar los vacíos, planeaba regenerar la configuración nucleada; diferenciando la consolidación policéntrica del tejido mayormente edificado al interior del Corredor 2030, de la descentralización multipolar al exterior de éste, para impedir que aumentara la dispersión.

Debido a que el Plan Metropolitano 2000-2021 de Monterrey, redactado por Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaria, ya había previsto algunos de los problemas mencionados; el Programa Estatal 2030 solamente replanteaba las soluciones en la nueva escala de la metrópoli. Así que, antes de profundizar un poco más en la novedosa propuesta de regeneración multinucleada de la metrópoli, se comentará brevemente la respuesta que daba a la fractura del tejido residencial y el déficit equipamental.

Ya que en el artículo anterior se explicó que el proceso de densificación residencial de Monterrey todavía no estaba orientado a cubrir las necesidades de vivienda social y a corregir la dispersión, sería conveniente revisarlo separadamente. En cambio, con respecto a la interconexión transversal del sistema de circulaciones que complementaría el diseño estructurante, ya se ha explicado las tres propuestas: la estructura de circulaciones transversal es sin duda la más urgente (Fig. 0318-3); el Corredor 2030, que se considera indispensable para lograr la remodelación urbanística del tejido existente; por lo que merece también una revisión aparte. La última propuesta, la Ruta Parque, queda solo anunciada en el documento, ya que se desarrollaría posteriormente como límite exterior de la conurbación.


Figura 0318-3. En la propuesta de la estructura principal de circulaciones de la Zona Conurbada de Monterrey, los redactores compensan el dinamismo expansivo de las vías radiales (tonos rojizos) con una estructura de comunicaciones transversal (tonos ocres) que interconecta todo el sistema. Por su cuenta, el Anillo Metropolitano (color negro) ya delimita el sistema metropolitano actual. Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, Secretaría de Desarrollo Sustentable. Monterrey, 2012. Pág. 188

Por otra parte, aunque el Programa Estatal 2030 ha dispuesto las Áreas de Completamiento para paliar el déficit de espacio libre y área verde, conviene no escatimar en esas reservas. Desvigne destaca que los urbanistas trabajan hoy en “la transformación de ciudades y territorios ya muy modificados y artificializados, perteneciendo lo esencial de este entorno construido a la segunda mitad del siglo XX. Si este siglo ha construido mucho, lo ha hecho sin consciencia de la masa que edificaba y sin realizar espacios públicos a la escala de las urbanizaciones producidas. De ahora en adelante, se trata de reparar, transformar, redistribuir espacios y territorios ya habitados y ocupados. 
La urgencia radica en reequilibrar la proporción entre paisaje y espacio construido. (La historia nos enseña que un territorio equilibrado posee un 15% de espacios verdes, ratio cuya legitimidad es difícil que se acepte hoy)”10.

Por último, destacaremos la racionalidad, también geográfica e histórica, de la configuración multinucleada de la RMNL. Como modelo ideal, se veía necesaria ya para la metrópoli del Plan Director de 1967 de Guillermo Cortés Melo (Exápolis 2000), que esperaba alcanzar más de cinco millones de habitantes al final del siglo pasado11. Pero, como es bien sabido, la reticencia a obedecer el planeamiento oficial toleraría una expansión espontánea pero anárquica, estimulada por el potente desarrollo económico regional (de alcance global desde los años ochenta con la adscripción al TLCAN), que alteraría el equilibrio dinámico del modelo radio concéntrico. Y, también como respuesta al desorden urbano de la metrópoli, porque la preponderancia del dinamismo radial ha dejado un tejido urbano fracturado, neutralizando la pluralidad polar del territorio.

Hoy, por tanto, resulta indispensable restablecer la menguada capacidad de atracción de las centralidades históricas y las más recientes de la metrópoli. Si el Programa Estatal 2030 planea la consolidación del tejido existente, la especialización funcional, la densificación residencial y la dotación equipamental podrían reconfigurar los núcleos urbanos, volverlos a su natural polaridad12. Esto ayudaría a revertir la dispersión y uniformidad del planeamiento en la ZC, y en la RP al desarrollo armónico. En definitiva, a lograr mayor equilibrio y cohesión en el conjunto, pero también la diversidad y complementariedad que impulsen la competitividad global de la región13 (Fig. 0318-4).

Figura 0318-4. La propuesta de consolidación policéntrica de la RMNL está representada en el Plano 7.1 Fortalecimiento de las ciudades del RP y de las cabeceras municipales de la ZC. El dibujo, aparte de intentar una primera diferenciación de los núcleos según el grado de atracción, destaca las consecuencias de la dispersión en el planeamiento urbano.

La propuesta de Gutiérrez Moreno y Pesci es certera; el modelo nucleado en nada se contrapone con el concéntrico; por el contrario, son complementarios del planeamiento urbano (estructurante y operativo) y condición del modelo de ciudad compacta. No obstante que el proyecto de consolidación multinucleada de la RMNL es el más difícil, resulta también el más esperanzador del Programa Estatal 2030. Por eso, en el siguiente artículo, al estudiar la viabilidad del desarrollo planificado del Corredor 2030 y su relación con algunos modelos de ciudad lineal, se tendrá la oportunidad de reforzar la conveniencia de la doble configuración de la conurbación regiomontana.







1. En el prefacio a la obra de Marcel Poëte que se cita, Donatella Calabi afirma que “la elaboración de un plan exige el conocimiento del organismo urbano y no está lejos de la disciplina que responde al nombre de urbanística. En la medida en que ingenieros y arquitectos deben intervenir a partir de datos recabados de otras disciplinas (economía, geografía o historia, entre otras), limitar la urbanística al simple hecho de trazar planos significaría entregar el destino de la ciudad a conceptos exclusivamente gráficos”. Cfr. Marcel POËTE, Introducción al urbanismo. La evolución de las ciudades: la lección de la Antigüedad. Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona. 2011. Pág. 10, párr. 3
2.  Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 10, col. 2, párr. 2
3.  “La forma urbana griega del periodo helenístico fue esencialmente (…) el resultado de la aplicación de unos sencillos principios de planeamiento al lugar en cuestión y de la aceptación al parecer indiscutida, de que el urbanismo es verdaderamente el arte de lo práctico”. A. E. J. MORRIS, Historia de la forma urbana desde sus orígenes hasta la Revolución Industrial. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 1984. Pág. 54, párr.4
4. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
5. “Vitrubio establece las consideraciones fundamentales que deben ser tenidas en cuenta en el diseño de poblaciones y describe los rasgos distintivos de una ciudad diseñada según un plano circular. (…) Estaba por tanto recomendando un plano teórico, el plano de la ciudad ideal”. A. E. J. MORRIS, Historia de la forma urbana desde sus orígenes hasta la Revolución Industrial. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 1984. Pág. 188, párr. 2 y figura 5.11
6. Conviene destacar la coincidencia del soporte teórico de la propuesta de Gutiérrez Moreno y Pesci, con el razonamiento que parece llevar a Ledoux a adoptar el trazado concéntrico en el plan de las Salinas de Chaux; lo considera más adecuado que el damero tradicional de origen hipodámico para la expansión continua, privilegiando así la disposición panóptica y centralizada del modelo representativo de ciudad, por una parte; aunque por la otra, también la disposición abierta al crecimiento, preparando con ello el desarrollo económico y el proceso de industrialización. “In 1771, Ledooux was put in charge of (…) a new center near the Forest of Chaux (…) between the villages of Arc and Senans. (…) He abandoned an early rectangular design for an elliptical layout, as pure as the path the sun follows, because such a plan would allow for continual extension of the town”. Dominique DE MENIL, Visionary Architects, Boullé | Ledoux | Lequeu. University of St. Thomas, Gulf Printing Company, Houston, 1968. Pág. 110, párr. 3 y figura pág. 111
7. Para sustentar racionalmente esta afirmación, acudimos a la autorizada opinión de Marcel Poëte, que esclarece el fundamento histórico y geográfico del trazado de las vías de comunicación, que ha hecho crecer las ciudades de un territorio. Porque, afirma este autor: “la concentración urbana (…) se va incrementando con el desarrollo de la explotación de los recursos terrestres y con el perfeccionamiento de los medios de transporte”. Marcel POËTE, Introducción al urbanismo. La evolución de las ciudades: la lección de la Antigüedad. Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona. 2011. Pág. 32, párr. 2
8. “A Antonio Averlino (Filarete) (…) se le atribuye el mérito de ser el primer renacentista en presentar una ciudad ideal globalmente planificada. (…) El plano está basado en dos cuadrados superpuestos de tal modo que originan u octógono inscrito en un círculo”. Pietro Cataneo, Buonaiuto Lorini y Vicenzo Scamozzi diseñaron otros modelos de ciudad radio concéntrica. Sin embargo, aunque todos tienen tejidos geométricos homogéneos, el trazado de Palma Nova que también se atribuye a Scamozzi, es quizá el más célebre. A. E. J. MORRIS, Historia de la forma urbana desde sus orígenes hasta la Revolución Industrial. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 1984. Pág. 190, párr. 2 y figuras 5.13, 5.14, 5.17, 5.18 y 5.19, páginas 190 a 192
9. “La gran ciudad, en el sentido actual de la expresión, es, en definitiva, fruto de los progresos de la ciencia. (…) Debemos señalar también que entre una ciudad grande y una pequeña no existe tanto una diferencia de grado como una diferencia de tipo”. Marcel POËTE, Introducción al urbanismo. La evolución de las ciudades: la lección de la Antigüedad. Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona. 2011. Pág. 32, párr. 2
10.  Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 10, col. 2, párr 3 a col. 3, párr. 1
11.  A cincuenta años de distancia del Plan de 1967, la metrópoli está todavía por alcanzar la población prevista para el año 2000. “Si durante mucho tiempo pudo afirmarse que el crecimiento era un hecho muy positivo (cuanto mayor, mejor), desde la década de los años sesenta, cuando se planteó la polémica de los límites del crecimiento, la perspectiva empezó a cambiar. Hoy lo ha hecho todavía más, con la actual crisis global. En estos momentos, seguramente es cierto que, en algunos casos, el crecimiento cuanto menor, mejor; y en todas la situaciones, cuanto más equilibrado, mejor“. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Pág. 13, col. 2, párr. 4 a pág. 4, col. 1, párr. 1
12. “Pueden ser núcleos de actividades industriales y de servicios, turismo y ocio, e incluso innovación y tecnología. (…) La definición de un sistema urbano de carácter policéntrico es hoy un aspecto importante de las políticas de ordenación territorial y planificación urbana, tratando de incorporar la posición del núcleo urbano en las áreas funcionales y los espacios dependientes”. Ibídem. Pág. 17, col. 1 párr. 3 a col. 2, párr. 1
13. “La necesidad y conveniencia de actuación conjunta constituye un concepto fundamental de integración socio-económica”. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. Pág. 100, párr. 1

 

El programa estatal de desarrrollo urbano de Nuevo León (valoración I)

FEBRERO 2018

En el artículo anterior se veía la conveniencia de disponer de espacio suficiente para evaluar el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030; el cual, como se ha explicado, tiene como objetivo la ordenación urbana de la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL), poniendo remedio también al fenómeno de dispersión que convirtió en disfuncional la metrópoli regiomontana. Pero, además, porque ese documento está todavía vigente y debería compaginarse con la legislación estatal, homologada recientemente con la Ley de Desarrollo Urbano y Asentamientos Humanos federal que prescribe el desarrollo de ciudades más compactas1.

Por eso, antes de abordar el tema principal de METROPOLISREGIA | FEBRERO 2018, conviene recordar los datos especialmente contradictorios de la conurbación actual, que alberga casi cinco millones de habitantes en una superficie aproximada de 100,000 Ha. Aunque la densidad promedio parece quizá demasiado baja 12-13 viv/Ha, en los últimos años está aumentando alrededor del Centro de la ciudad, con actuaciones aisladas que en muchos casos superan 150 viv/Ha.

Y, como el crecimiento desordenado ha sido frecuente en el desarrollo urbano contemporáneo, es probable que la falta de armonía de muchas de esas aglomeraciones, hubiera llevado a Koolhaas a afirmar que “el siglo XX ha sido una batalla perdida en el tema de la cantidad”2. Lo cual se aplica en el caso de Monterrey por la magnitud del crecimiento de la RMNL; pero, también, porque el espacio público de mala calidad y el déficit equipamental, han sido el resultado de la acumulación desorganizada de las actuaciones de vivienda; las unifamiliares en la periferia, las plurifamiliares cerca del centro de la ciudad. En definitiva, que la disfuncionalidad de la metrópoli ha tenido su origen en la ausencia ordenadora del planeamiento urbano.

Ahora bien, ya que en METROPOLISREGIA se comparte la opinión que descalifica la sobrevaloración del rol de la arquitectura de muchos modelos urbanos del siglo pasado, cuya aptitud para la ordenación se habría obviado injustificadamente; y, aunque en los artículos anteriores ya se hubiera comentado la afinidad de tal juicio con las principales propuestas del Programa 2030 de Gutiérrez Moreno y Pesci; convendrá volver a éstas, para contrastarlas ahora con las características del Urbanismo que se defiende en esta publicación.

Figura 1802-1. El diagrama explica mediante vectores, las determinaciones urbanísticas fundamentales para la ordenación de la metrópoli regiomontana. El esfuerzo del planeamiento urbano debería concentrarse en el desarrollo del Corredor 2030, que, además de convertirse en el eje de modernización industrial y equipamiento de una innovadora ciudad lineal, revierte el fenómeno de expansión hacia renovación y consolidación de las zonas centrales de la metrópoli, por una parte; y, por la otra, relocaliza el esfuerzo urbanizador de las actuaciones aisladas que han fragmentado el suelo urbano de la Región Periférica, hacia las cabeceras municipales que enlazará en el futuro la Ruta Parque. Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100
Así que, recurriendo de nueva cuenta a la representación del territorio como un campo vectorial, la valoración del Programa 2030 puede comenzar por considerar dos aspectos. El primero que racionaliza las condiciones de ordenación del planeamiento general, fijando los límites y las funciones de las partes que configuran la RMNL (Fig. 1802-01). . El segundo que determina la reconstitución de los núcleos urbanos que han conformado la metrópoli, articulando la ordenación urbana alrededor de las cabeceras municipales y de los otros sub-centros del suelo urbano. Los dos aspectos son complementarios, y en último término se orientan a reconducir el dinamismo de la dispersión, mediante la especificación de las características del modelo que habrán de concretar posteriormente las actuaciones urbanas.

En congruencia con esto, el artículo de febrero se dedicará a evaluar los condicionantes urbanísticos de los tres principales componentes de la RMNL que distingue el Programa 2030; y el artículo de marzo, los que deberán lograr la consolidación policéntrica, restituyendo las cualidades morfológicas de los núcleos urbanos.

LA DETERMINACIÓN URBANÍSITICA DE LOS COMPONENTES DE LA RMNL

Horacio Capel afirma que “la congestión de las grandes áreas metropolitanas generó, desde la década de los años sesenta, impulsos para la creación de nuevas centralidades periféricas, con mayores facilidades de acceso por autopista que el mismo centro de la ciudad3. Lo cual explicaría “una expansión de las periferias urbanas, con formas diversas de baja densidad (‘ciudad dispersa’, con viviendas unifamiliares aisladas o adosadas) y con diferentes tipologías”4.

No obstante, el desarrollo urbano de Monterrey no es equivalente del todo con el modelo que describe Capel. Si, por una parte, la configuración dispersa puede sin lugar a dudas identificar a la conurbación regiomontana, porque las actuaciones de vivienda social unifamiliar se han insertado como piezas aisladas en el perímetro, dejando una extensión enorme y desconectada; por la otra, la reciente densificación residencial con vivienda de nivel socioeconómico alto en las zonas centrales, está tan fuera de control como la mancha de unifamiliares. Tanto la enorme superficie unifamiliar como el suelo plurifamiliar congestionado, asociados casi exclusivamente a las principales vías de comunicación, han entorpecido la movilidad y la integración funcional de la metrópoli y es imperativo solucionarlas (Fig. 0218-2). Pero, también está claro que atender preferentemente a los problemas de infraestructura, ha olvidado el diseño del espacio público y dotar de suficiente área verde y equipamiento social a los núcleos urbanos, diluyendo su aptitud ordenadora.

 Figura 0218-2. Plano 8.1. Mejora de la Accesibilidad Inter e Intra urbana. La descomunal extensión del suelo urbano de la RMNL (aproximadamente 100,000 Ha) ha concentrado la atención del planeamiento urbano en los problemas de infraestructura y accesibilidad, dejando en segundo plano el espacio público y el déficit de equipamiento y áreas verdes. Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, Secretaría de Desarrollo Sustentable. Monterrey, 2012. Pág. 186

Reconociendo a los anteriores, como los más señalados defectos del desarrollo regiomontano, las herramientas del Programa 2030 se orientaron prioritariamente a la ordenación urbana de la RMNL. La primera que será revisada delimita y diferencia funcionalmente los tres componentes fundamentales del conjunto metropolitano, como se ve en el Plano 4.1 Patrones de Uso y Ocupación Sustentable del Suelo (Fig. 0218-3). Este documento propone una configuración radio concéntrica incompleta, en la que la superficie conurbada queda seccionada por la orografía propia de la RMNL.

El primer componente lo conforman las áreas que circunscribe el Anillo Metropolitano de comunicaciones. Las áreas de Ciudad Jardín y de Paisaje Protegido del Cañón de Huajuco están alineadas en la base de la Sierra Madre Oriental al Sur y Sureste de la RMNL, separadas de las demás por los cerros de la Silla y las Mitras. Admiten desarrollos inmobiliarios controlados con densidades baja y media; pero, para los de la segunda se condiciona la preservación del paisaje natural. Junto a la Ciudad Jardín, el núcleo de la metrópoli abre hacia el Norte; lo configuran las dos zonas más consolidadas: el Área Central, el tejido reticular histórico de la ciudad que se incorpora en el Primer Anillo de la RMNL; dada su consolidación, el Programa determina para ellas diferentes categorías de remodelación urbanística (recuperación, reconversión y regeneración del tejido existente). El Segundo Anillo envuelve al primero y se distingue de él por el menor grado de consolidación del tejido existente; incorpora las Áreas de Completamiento, en las que está previsto el desarrollo de grandes espacios verdes.

Figura 0218-3. Plano 4.1. Patrones de Uso y Ocupación Sustentable del Suelo. Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, Secretaría de Desarrollo Sustentable. Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci. Monterrey, 2014. Pág. 151

Abrazando el Segundo Anillo quedaría otro componente de la RMNL, el Corredor 2030 que, según los redactores del Programa, junto con las Áreas de Completamiento podría convertirse en la pieza clave de la ordenación urbana, ya que serviría para amortiguar la fuerza de expansión y urbanizar, a lo largo del Anillo Metropolitano de comunicaciones “una verdadera ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios, y enclaves de vivienda social”5.

Al exterior, completa la RMNL el tercer componente acotado por la Ruta Parque, que interconectará las cabeceras municipales de la Región Periférica (RP). Se trata de una zona todavía escasamente urbanizada; pero en la que se “debe afrontar con urgencia la reorganización del uso y ocupación del suelo (…), porque allí se están dando en la actualidad el mayor crecimiento poblacional y la mayor tendencia a la dispersión de la urbanización”6.

Por otra parte, es también urgente poner atención en dos aspectos del desarrollo urbano actual. En primer lugar y en contraste con la dispersión que afecta a la RP se presenta el fenómeno de concentración, que avanza rápidamente en el Área de Ciudad Jardín al Sur de núcleo de la metrópoli. Aunque ahí se debería edificar con densidades baja y media, están siendo autorizadas las actuaciones de vivienda vertical con altísima densidad. Pero, además, porque no se está corrigiendo el déficit equipamental y de áreas verdes que dejó la urbanización inicial de esas zonas. Y, porque el modelo de planeamiento de la ciudad extensiva está siendo replicado en esas actuaciones de la ciudad compacta, dejando sin resolver la fragmentación urbana.

En segundo lugar, se merece también una mención especial el desarrollo acelerado del Área de Paisaje Protegido, el Cañón de Huajuco hasta la cabecera municipal de Santiago; ya que su urbanización abusiva ha sido poco consciente del daño medioambiental que produce al conjunto metropolitano; que encuentra siempre resquicios para disimular mayores aprovechamientos urbanos de los que concede la legislación, y concita la indiferencia de las autoridades. 

Ahora bien, dado que el Programa 2030 solo fija los límites de los componentes y describe los aspectos fundamentales en la gran escala del territorio, para conseguir los objetivos del modelo de ordenación, así como para evitar las arbitrariedades que se acaba de describir, es indispensable contar con la determinación urbanística más precisa de cada una de las partes de los componentes de la RMNL. Si se toma en cuenta la opinión de Michel Desvigne, “es nuestra competencia y responsabilidad concebir ‘totalidades’ inteligentes aportando invariantes –elementos intangibles y perennes, con los cuales es posible trabajar en la transformación de los territorios”7. Se requiere, por tanto, de la aportación de las herramientas complementarias del planeamiento urbano; de la preparación coordinada de las determinaciones urbanísticas de las piezas, con la participación de los tres niveles de gobierno y de la sociedad civil.

Las determinaciones urbanísticas deberían prever y solucionar la vida en la ciudad, las actividades diarias de sus habitantes. El documento de Gutiérrez Moreno y Pesci deja claro que la ordenación urbana del territorio, el equilibrio de las tensiones que sufre la Región Metropolitana, conlleva la preparación conjunta de los documentos que abarcan las diferentes escalas del planeamiento8. La escala del territorio queda resuelta en el documento, aunque quizá debería actualizarse por las divergencias que se han sucedido desde la publicación del documento. La escala estructurante, el planeamiento urbano, con los proyectos municipales de la ZC, coordinando la propuesta viaria y equipamental, así como la división poligonal del suelo urbanizable (Fig. 0218-4). La escala intermedia, la de los planes operativos, previendo la forma y el volumen de la ciudad que deben compaginar los desarrollos inmobiliarios.


Figura 0218-4. Plano 8.1. Sistema de Movilidad Sustentable. ECOVÍA Y METRO. El plano ayuda a la coordinación de los planes municipales. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, Secretaría de Desarrollo Sustentable. Monterrey, 2012. Pág. 188

Como se ha explicado en otro sitio, si imaginamos la tarea urbanística como un continuo, tendríamos en un extremo las cuestiones de ordenación del territorio, en el medio la ordenación urbana y, en el otro extremo, la definición de un elemento urbano. Es evidente que la noción de diseño urbano queda en la zona intermedia, en aquella escala para la que nació la palabra urbanismo. Como es sabido, por planes estructurantes se entiende aquellos que planifican todo el municipio, concretando sobre todo el uso del suelo y los derechos esenciales de su configuración, con pocas referencias a la forma; mientras que, por planes operativos se entiende aquellos que planifican partes de la ciudad concretando el volumen y forma, quedando más emparentados con la arquitectura9.

La aproximación al modelo de ordenación urbana a través de las diferentes escalas del diseño, se acomoda plenamente a las circunstancias actuales de la ZC de Monterrey. Así que, aprovechando la experiencia de Desvigne, podemos concluir, que “percibir la escala y aportar la respuesta acertada a la correcta dimensión es (…) la clave del éxito de un proyecto de recomposición de un territorio. En términos de metodología, se impone un calibrado permanente. Calibrar obliga a abordar todas las escalas al mismo tiempo: poner en práctica una estrategia de ordenación sobre un territorio extenso (5,000-10,000 Ha), reflexionar sobre escalas más pequeñas (del orden de 250 Ha), para lugares donde se van a fabricar realmente porciones de ciudad, y efectuar experimentos concretos sobre escalas aún más pequeñas (alrededor de la decena de hectáreas…). Esta simultaneidad de trabajos a escala variable fuerza nuestra mirada a ajustarse constantemente. De esta manera, cada nuevo punto de vista informa o cuestiona al anterior, y permite la evaluación de las hipótesis formuladas para la futura ordenación”10.

Como consecuencia de este enfoque de la ordenación urbana, quizá la tarea más importante y, al mismo tiempo, interesante que proponen los redactores del Programa 2030, consiste en el proyecto de la consolidación polinucleada de la RMNL, que, como hemos avanzado en este número de METROPOLISREGIA, deberá articular el desarrollo urbano alrededor de las cabeceras municipales y de los otros sub-centros del suelo urbano, para restituir así la “lógica de proximidad” que determina la legislación. Tarea en la que la configuración histórica, tanto como la previsión de los equipamientos y áreas verdes, será fundamental; como trataremos de explicar en el siguiente artículo.






1. Desde la publicación del Plan Director de 1967 los planes de desarrollo urbano de Monterrey han propuesto la densificación de la vivienda social, como hemos visto otros artículos de METROPOLISREGIA. A partir de esa fecha, se han proyectado numerosos planes parciales de vivienda plurifamiliar, sobre todo para el centro de la ciudad. Son ejemplo los que ha presentado Guillermo Cortés Melo el día 3 de Marzo de 2018 y en otras sesiones de la Sociedad de Urbanismo Región Monterrey, A.C. (SURMAC); entre los cuales, el proyecto de Condominios Constitución (1040 viviendas, 1964) es la excepción; ya que ningún otro se ha llevado a cabo, probablemente por omisiones de otros agentes responsables del desarrollo ordenado de la metrópolis
2. Rem KOOLHAAS, ¿Qué fue del Urbanismo? (1994), en Acerca de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2015. Pág. 13, párr. 1
3. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Ibídem. Pág. 11, col. 1, párr. 2
4. Ibídem. Pág. 11, párr. 2 
5. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100, párr. 2 
6. Ibídem. Pág. 170, párr. 1 
7. Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 10, col. 2, párr. 2
8. Cfr. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 71, párr. 6
9. Cfr. Jorge J. GARZA, Málaga 1940-1980 | Los factores de desorden urbano, Tesis doctoral no publicada. Universidad de Navarra, Pamplona. 2017. Pág. 15, párr. 5 a pág. 16, párr. 1 
10. Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa, en Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 10, col. 1, párr 2 a col. 2, párr. 1

El programa de desarrollo urbano Nuevo León 2030 (conclusión)

ENERO 2018

En este artículo se terminará el estudio del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 comenzado en diciembre pasado; el cual, además de planear el desarrollo del Estado, revisa los objetivos del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 en lo que nos hemos centrado. A pesar de otros documentos que han sido publicados posteriormente, el Programa 2030 tiene importancia, ya que después de su aprobación en 2012 fue inscrito en el Instituto Registral y Catastral del Estado de Nuevo León en 2014, por lo que se presume su vigencia legal; aunque, en cualquier caso, debería de conciliarse con las determinaciones de la nueva Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano aprobada en noviembre de 2017.

Los redactores del Programa, el ingeniero Fernando Gutiérrez Moreno y el arquitecto Rubén Pesci, fundamentaron la propuesta urbanística en dos aspectos que favorecieron la expansión excesiva y desordenada del Área Metropolitana de Monterrey (AMM). Influyeron particularmente en la magnitud, el dinamismo social y económico que impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la situación geográfica propia de la ciudad, que históricamente ha concentrado los flujos de mercancías en el noreste de México1. En efecto, el fenómeno económico de la globalización “encuentra a Nuevo León, en una ubicación geográfica altamente estratégica, a partir de la cual se generan fuertes solicitudes al territorio del Estado y a su principal ciudad”2, Monterrey.

Pero, si la situación geográfica impulsaba el desarrollo comercial y urbano de la capital del Nuevo Reino de León ya desde el final del siglo XVIII, y la industrialización marcaría su destino la segunda mitad del XIX; después de la implantación del TLCAN era obvio “el fenomenal despliegue del sector servicios, gran factor de atracción de la metrópolis de Monterrey”3 (Fig. 1801-1). Así que, ambos factores, económico y geográfico, potenciaron el desarrollo de la plataforma de producción y distribución orientada al mercado de exportación, y con él, una gran expansión de los tejidos urbanos industrial y residencial.

Figura 1801-1. La imagen explica la confluencia de los vectores comerciales transoceánico y norteamericano en el Noreste de México. “Tras el establecimiento de TLCAN, se formaron coaliciones de intereses para promover circuitos de transportes particulares, desarrollar las infraestructuras de dichos circuitos y proponer arreglos jurisdiccionales para facilitar el paso de las fronteras”4

Pero, como la falta de congruencia en la regulación y de control del planeamiento habían sido también una constante del desarrollo urbano del AMM, las herramientas del Plan 2000-2021 tampoco corrigieron la tendencia inercial al desorden señalada por el arquitecto Albalate; así que, la enorme presión del mercado inmobiliario se extendió a la Región Periférica (RP) (Fig. 1801-2). La falta de definición por un lado, y la mala gestión por otro, fueron en definitiva determinantes del mal resultado urbanístico del plan; de la dispersión de la industria y la vivienda social en la periferia metropolitana durante las dos últimas décadas.

Figura 1801-2. “Si se comparan las distancias entre las costas Atlántica y Pacífica de los corredores transversales, se justifica altamente que México se haya convertido en un país geoestratégico para el comercio internacional, debido a su vecindad con uno de los mercados más grandes del mundo, pero también por su ubicación geográfica que favorece las relaciones económicas con los países asiáticos y del Pacífico, es decir que su espacio territorial es una plataforma muy atractiva para la inversión extranjera”5


Ahora bien, aunque la propuesta del Programa 2030 responde específicamente al desorden en la escala del territorio, insiste también en la necesidad de profundizar el análisis. Porque las tensiones “deberán ser reconocidas y atendidas adecuadamente en las escalas subsiguientes, con el objeto de sostener el equilibrio territorial entre las demandas e impactos de los flujos internacionales y la necesidad de organización propia, con tensiones tanto a nivel interno del Estado como de su integración en la región Norte de México”6. Es decir, que para responder a los condicionantes socio-económicos futuros y corregir el desorden endémico del planeamiento, no basta adoptar una estrategia en la gran escala; sino que es necesario resolver además el nivel estructurante y la escala intermedia: replantear volumen y forma de la metrópolis.

Figura 1801-3. Diagrama del modelo ideal de Monterrey7. El modelo asume la disgregación existente, estableciendo un nuevo modelo ideal en la escala del territorio. Los vectores del esquema destacan las condiciones que podrían equilibrar la fuerza de la dispersión de la ZC: la extensión y renovación del Área Central, el Corredor 2030, y la estrategia de desarrollo sustentable de la RP con otro anillo de interconexión entre los municipios de ésta

EL MODELO URBANO DEL PROGRAMA DE DESARROLLO URBANO NUEVO LEÓN 2030

El Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 define las herramientas que aseguran la ordenación de la superficie conurbana de Monterrey; aunque, como se dijo, únicamente trazan una estrategia en la escala territorial, y por ello su alcance queda condicionado. Entre las herramientas, en este artículo analizaremos las tres que pretenden asegurar el éxito del Programa. La primera define las acciones fundamentales para llegar a la metrópoli ideal, valiéndose de un ingenioso diagrama que traza la estrategia del desarrollo urbano como un campo vectorial (Fig. 1801-3); la segunda determina los patrones de uso y ocupación del suelo de los grandes componentes metropolitanos, la zonificación (Fig. 1801-4); y, la tercera, la subdivisión del suelo periférico, el cinturón rururbano; la configuración de las grandes superficies de actuación, separadas por las vías de comunicación radial de la conurbación (Fig. 1801-5). Veamos ahora cómo se integran las herramientas en el Programa.

Como se acaba de decir, la primera de las herramientas representa la metrópolis ideal como un campo vectorial. El diagrama plantea la estrategia de Gutiérrez Moreno y Pesci para obtener el modelo espacial del Programa 2030. En la imagen, el dinamismo de los componentes urbanos se explica con vectores radiales y transversales. El esponjamiento radial de las dos grandes zonas que componen la metrópolis queda compensado transversalmente con franjas de reservas de suelo para desarrollos sustentables (DUIS) que estructura el sistema regional de comunicaciones. Al interior del modelo espacial está la Zona Conurbada (ZC), contenida por el Corredor 2030; al exterior la Región Periférica (RP), acotada por el futuro sistema de interconexión de las cabeceras municipales periféricas, la Ruta Parque (Fig. 1801-3). “La necesidad y conveniencia de actuación conjunta de la Región Periférica y la Zona Conurbada, constituye un concepto fundamental de integración socio-económica, hacia el paradigma de la sustentabilidad, constituyendo así la propuesta de integrarlas en lo que podría denominarse Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL)”8.

Por una parte, “el modelo de la Zona Conurbada de Monterrey es una consecuencia de la visión integrada metropolitana (…). Los nueve municipios de esta zona tienen una densidad de apenas 45 hab/Ha, lo que los hace caros para vivir y para servir”9. Por eso, parece lógica una mayor atención del Programa en esta zona, que se concreta en diversas intervenciones en el tejido urbano existente. Pero, es importante aclarar la necesidad de disponer de una red tramada y descentralizada de transporte público, que no se podrá conseguir sin una revisión de la estructura de circulaciones transversal de la ZC10.

Una de esas intervenciones consiste en la renovación y extensión del área central metropolitana al Sur del Río Santa Catarina que, como sabemos, cuenta ya con diversos proyectos (Cfr. METROPOLISREGIA | ENERO 2017). Otra, quizá la más importante de todas, determina la consolidación y densificación del tejido urbano, así como el robustecimiento de la estructura nucleada histórica, desdibujada por la preponderancia del sistema de comunicaciones radial durante las últimas décadas. Es decir, que en el proceso de consolidación de los vacíos de la ZC, las actuaciones plurifamiliares deberán complementar el tejido de la ciudad de unifamiliares; y a la vez, enfatizar el carácter de los centros urbanos, y la “lógica de proximidad” de los municipios contiguos al Centro Histórico de Monterrey.
La última de las intervenciones en la ZC prevé el desarrollo del Corredor 2030, la creación de reservas de suelo a los lados del Anillo Metropolitano. El proyecto aprovechará la atracción que ofrece el trazado del eje de comunicaciones regional, para establecer una banda de funcionalidad múltiple, “una verdadera ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios, y enclaves de vivienda social, [para] hacer del fondo actual de la conurbación un nuevo frente lineal de centralidad”11.

Por otra parte, como en la Región Periférica el fenómeno de la dispersión “tiende a agravarse (…), se quiere revertir hacia la meta de sustentabilidad (…) que conlleva medidas como la compactación y densificación”12. Por eso, el extenso frente lineal que conformará el Corredor 2030, además de constituir una barrera para impedir la expansión radial de la conurbación actual, permitirá fijar las condiciones de las actuaciones en el Cinturón Rururbano; en el cual, “se debe afrontar con urgencia la reorganización del uso y ocupación del suelo (…), porque allí se están dando en la actualidad el mayor crecimiento poblacional y la mayor tendencia a la dispersión de la urbanización, con bajísima densidad de población y ocupación del suelo, creándose entonces una zona crítica, cara de servir, y excluyente para vivir”13.

Por esta razón, y con relación a la segunda herramienta, el proyecto de zonificación de la ZC, la redacción del Programa 2030 afirma que “la cuestión del uso y ocupación del suelo es central para el desarrollo urbano14. Sin embargo, la propuesta resuelve solo los rasgos generales de la funcionalidad metropolitana. Aunque “se reconoce modernamente (…), que son los grandes atractores socio económicos y las infraestructuras de interconexión los que inducen realmente el uso y la ocupación del suelo (…) que, si [está] debidamente articulado, propicia aquellas macro organizaciones y de lo contrario, pueden contrariarlas y hasta rechazarlas. [Así que,] se proponen criterios o patrones recomendables para la planeación intermunicipal, (…) para el mejor acierto de sus planes en convergencia con el Programa Estatal. (…) Este proceder concertado, (…) garantizará la más justa y distributiva asignación de proyectos e inversiones, en función de un comportamiento más orgánico del sistema de planeación”15 (Fig. 1801-4).


Figura 1801-4. Patrones de Uso y Ocupación Sustentable del Suelo de la Zona Conurbada16. Los dos tonos de color rojo, indican los procesos funcionales de recuperación y renovación correspondientes al centro y el perímetro, así como los amarillos los de complemento de la ZC. El color naranja señala las actuaciones del Corredor 2030, superpuesto al Anillo Metropolitano. La zona de color crema distingue a la RP, se destina a los desarrollos industriales ecológicos del Cinturón Rururbano; mientras que los tonos de color verde conservan, respectivamente, los desarrollos con densidades media y baja junto a la montaña, y los de preservación del paisaje en el Cañón de Huajuco

Ahora bien, al revisar el plano correspondiente, se observa que la propuesta de zonificación respeta el compromiso debido del planeamiento con los condicionantes geográficos y antrópicos de la ZC. Así que, por el Sur y los flancos oriental y occidental de la metrópolis, se restringe la superficie urbanizable hasta la ladera de las montañas, mientras que el Cinturón 2030 sujeta ininterrumpidamente la expansión desordenada en el perímetro. Pero además, los patrones señalados se orientan, funcionalmente, a la recuperación del Centro Histórico de la ciudad; a la renovación del perímetro urbano hasta el Anillo Metropolitano, lo que incluye la relocalización industrial; y, a la incorporación de las funciones complementarias residenciales o no, en los espacios baldíos.

Según se deduce del texto citado del proyecto de zonificación, el Programa 2030 no pretende desplazar o inhibir la gestión que corresponde a cada uno de los municipios que integran hoy la metrópolis; y, por eso detiene sus propuestas en aquellos aspectos que por derecho le corresponde determinar. Establece los patrones de uso y ocupación del suelo que son compatibles con las restricciones geográficas, y las características propias de los componentes urbanos del modelo ideal, por una parte; y, por la otra, la ordenación general de la conurbación, referida siempre al desarrollo social y económico equilibrado de Nuevo León.

Pero, es conveniente subrayar la importancia de subordinar el beneficio particular al general de la metrópolis en todos los casos. Porque, además de la estrategia territorial, si se busca corregir el desorden habitual del desarrollo urbano de la ZC, es indispensable definir tanto los documentos como el contenido de los proyectos que integran las siguientes escalas del planeamiento urbano. Los que son competencia de las diferentes autoridades municipales, y los que toca desarrollar a las promociones públicas o privadas; así como, los mecanismos necesarios para la concertación y coordinación de la información.

Solo queda por analizar en este artículo, aunque sea muy brevemente, la tercera herramienta que seleccionamos del Programa Nuevo León 2030, el Cinturón Rururbano para Desarrollos Sustentable (Fig. 1801-5); cuyo desarrollo, por exceder el plazo establecido para el documento, omite la última determinación funcional, delimitando solo la superficie y describiendo en general las actuaciones en los grandes espacios del Cinturón Rururbano. “La propuesta consiste en interpretar como una gran trama regional a esta interfase urbana-rural, formado por la prolongación de los ejes viales radio-concéntricos, el corredor 2030 (que en realidad es una centralidad lineal para toda la RMNL) y la Ruta Parque que une las cabeceras urbanas de la Región Periférica”17.

Se trata, por tanto, de una gran extensión de suelo, cuya urbanización indiscriminada debe contenerse; en la cual, la división poligonal y la reglamentación de las intervenciones determinarán el éxito del Programa. Porque, “esa trama genera alta accesibilidad en sus módulos internos, donde deben articularse acciones de mantenimiento del paisaje agrario intensivo, todavía presente en la zona, preservación del patrimonio paisajístico e histórico como antiguas haciendas, y nuevos desarrollos enclaves urbanos integrales (tipo DUIS y DHS), en la medida en que los mismos tengan una adecuada relación con los ejes de movilidad y no alteren sustantivamente el paisaje natural, histórico y agro-productivos”18.

Figura 1801-5. Cinturón Rururbano para Desarrollos Sustentables19. Al exterior del Corredor 2030, este plano establece la subdivisión del Cinturón Rururbano en Macromódulos, cuyos límites son las vías de circulación radial de la RP. Las figuras irregulares achuradas indican los grupos de actuaciones sustentables (DUIS) y las de color morado los grandes polígonos de actuación. En color gris se dibuja el área urbana y en verde las áreas naturales protegidas

En las descripciones del contenido urbanístico de las herramientas seleccionadas, hemos buscado dejar al descubierto algunos de los aciertos e incertidumbres que plantea el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Pero, dada la conveniencia de hacerlo con suficiente amplitud, trataremos de profundizar en ellos y hacer una la evaluación general de las propuestas a la vista de la legislación recientemente aprobada, en la siguiente publicación de METROPOLISREGIA.




1. “Se ha promovido un escenario radicalmente diferente en el aspecto internacional: las exportaciones de México hacia sus socios del TLCAN son 238% más que en 1993. El alza de las exportaciones es responsable de más de la mitad del crecimiento real del PIB en México durante el período. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 72, párr. 4
2. Ibídem. Pág. 71, párr. 6
3. Ibídem. Pág. 72, párr. 3
4. Ibídem. Pág. 72, párr. 2
5. Ibídem. Pág. 78, párr. 1 
6. Ibídem. Pág. 71, párr. 6
7. Ibídem. Pág. 100 
8. Ibídem. Pág. 100, párr. 1 
9. Ibídem. Pág. 98, párr. 8
10. Aunque no se especifica, la expansión del Área Central incorpora la zona reticulada al sur del Río Santa Catarina, trazada para el Repueble del Sur por Isidoro Epstein en 1865
11. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100, párr. 2 
12. Ibídem. Pág. 98, párr. 8 
13. Ibídem. Pág. 170, párr. 1 
14. Ibídem. Pág. 148, párr. 3
15. Ibídem. Pág. 148, párr. 3 
16. Ibídem. Figura 4.1 Pág. 151
17. Ibídem. Pág. 170, párr. 2
18. bídem. Pág. 170, párr. 3
19. Ibídem. Figura 6.2. Pág. 172