El cambio de paradigma del planemiento metropolitano de Monterrey IV

En el artículo anterior se decía que los recursos humanos y económicos que se polarizaron en la periferia del Área Metropolitana de Monterrey (AMM) durante las últimas dos décadas, en vez de consolidar el tejido urbano conforme al Plan Metropolitano 2000-2021, habían aumentado la dispersión. La disgregación de los asentamientos de la Zona Conurbana (ZC) alcanza ya la escala del territorio, llega hasta los municipios de la Región Periférica (RP), involucrando una superficie aproximada de 100,000 Ha y una densidad entre 12 y 15 viv/Ha (Fig. 1217-1).

Por eso, las autoridades han reconocido recientemente que para una población de 4.5 millones de habitantes, el modelo de crecimiento extensivo del AMM ha rebasado el límite funcional; para recuperarlo, según determina la nueva Ley de Desarrollo Urbano, el modelo debe ajustarse a la “lógica de proximidad” de las ciudades más compactas1. Pero la dificultad para llevarlo a cabo apenas empieza a ser ponderada. Aunque la responsabilidad compete directamente a los municipios de la conurbación, la escala y complejidad del fenómeno requiere la participación y coordinación de autoridades de otros niveles de gobierno, tanto como la de profesionales de las diferentes disciplinas del Urbanismo.

Pero hay otros documentos que se analizan METROPOLISREGIA | DICIEMBRE 2017; unos evalúan el planeamiento del AMM, otros hacen propuestas concretas. Entre ellos, están el Plan Estatal de Desarrollo Nuevo León 2016-2021, y una presentación de diapositivas de Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán, Visión del Desarrollo Urbano, del Gobierno del Estado de Nuevo León 2015-20212. También está el proyecto para consulta pública de abril de 2012 del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030; cuya redacción definitiva, aprobada en octubre de 2012, tiene de registro en 20143. También estos documentos pueden ayudar a reflexionar en el desorden actual, y a repensar el futuro del planeamiento de la conurbación regiomontana; temas que serán abordados en ésta y las siguientes publicaciones del próximo año 2018.

Figura 1217-1. Diapositiva 19. Evolución de la conurbación regiomontana. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Sin llegar a la población esperada, la superficie edificada casi llega a 100,000 Ha sin respetar las condiciones medioambientales del Plan Metropolitano 2000-2021

EL RESULTADO DEL PLAN METROPOLITANO DE MONTERREY 2000-2021

El diseño urbano del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021, redactado por los arquitectos Bulnes y Albalate, representaba gráficamente algunas de las acciones fundamentales del planeamiento tendentes a corregir la dispersión del AMM. Las más importantes eran: la consolidación de los espacios baldíos al interior del Anillo Metropolitano, que adicionalmente especificaba una graduación decreciente en la densidad del tejido residencial (alta, media y baja); la configuración del entramado vial principal cubriendo la totalidad de la superficie conurbada, con la previsión de algunos equipamientos importantes; y la localización de las grandes zonas destinadas a la producción junto al Anillo Metropolitano, evitando así la interferencia con las áreas residenciales y estableciendo el límite físico del modelo.

Aunque con estas previsiones, aparte de mejorar la densidad, se introducía alguna variedad en la monotonía del tejido unifamiliar; tanto en el Plan Estatal 2016-2021 como en las diapositivas de Visión del Desarrollo Urbano, se destaca que ocurrió todo lo contrario. En efecto, la población de Monterrey había seguido creciendo, pero con una mala distribución; en lugar de concentrarse en los baldíos del tejido urbano, se había asentado en mayor proporción en la RP, y disminuido considerablemente en el resto de las Regiones del Estado (Fig. 1217-2). Otro gráfico describe la variación porcentual (Fig. 1217-3); con relación a 1980, la población del AMM había aumentado 200%, mientras que la superficie más de 500%, y la densidad disminuido 50%.

Figura 1217-2. Diapositiva 18. Distribución de la población de Nuevo León en 2015. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). La gráfica destaca el estancamiento en número y proporción de la población en el AMM; mientras que aumenta en la RP y disminuye en el Resto de la Regiones del Estado


Figura 1217-3. Diapositiva 21. Comparación del crecimiento de la población y la superficie edificada del AMM 1980-2010. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Las divergencias del modelo, que parecían todavía controlables en el año 2000, hoy se han acentuado; además de repensar el modelo es necesario reparar el desorden

No obstante, quizá la mayor y más arraigada carencia urbana del Monterrey posindustrial queda patente en la tabla de Áreas verdes por municipio del AMM (Fig. 1217-4). A pesar de la enorme riqueza natural que se ensambla con la superficie edificada, el área verde urbana está muy por debajo de la recomendación mínima de la ONU (9.2 m2/hab). Con la población actual, la metrópoli debería disponer de 4,600 Ha de parques y jardines, el triple de lo existente por lo menos.

El Plan Estatal 2016-2021 reacciona ante esto, y planea “la vinculación de los parques existentes y los propuestos en los planes de desarrollo urbano municipales y estatales, además de buscar el aprovechamiento de cuencas, ríos, camellones, reservas naturales y otras áreas para este fin. Con ello, se pretende disminuir el déficit actual de espacios verdes, (…), así como el manejo de los escurrimientos pluviales y la captura de agua, y generar espacios accesibles y asequibles para toda la población”4. Ya se ha tenido la oportunidad de conocer la propuesta de Valentín Martínez Cuellar (Cfr. METROPOLISREGIA | ENERO 2017), que concreta algunas de estas ideas del Plan 2016-2021; queda por verificar, si con ello se cubre las necesidades actuales y se prevé las subsecuentes.

Figura 1217-4. Diapositiva 26. Áreas Verdes por municipio del AMM. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). Si la población actual es casi 5 millones de habitantes, la superficie de área verde debería ser por lo menos 4,600 Ha, apenas el 1.4% de la superficie total de los municipios del AMM

En síntesis, se puede afirmar, que las dificultades que enfrenta hoy el planeamiento del AMM son todavía más graves que las del escenario tendencial que imaginaba el arquitecto Albalate cuando redactó del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 (Cfr. METROPOLISREGIA | NOVIEMBRE 2017). Son consecuencia del modelo de crecimiento disperso del AMM, la falta de articulación de la superficie edificada, la interconexión vial inconclusa y el déficit crónico de parques y equipamientos; que demuestran que ha sido insuficiente el esfuerzo público y privado de mejora de los servicios públicos y la calidad de vida urbana de los ciudadanos. Aun así, el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 (Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci) tiene una propuesta que conviene analizar.

EL MODELO DEL PROGRAMA ESTATAL DE DESARROLLO URBANO NUEVO LEÓN 2030

El fracaso reiterado de ordenación del planeamiento metropolitano de Monterrey, que dura ya cincuenta años, no ha detenido el empeño de las autoridades de controlar el crecimiento desbordado de la conurbación. Por eso, el Gobierno del Estado publicó en 2012 el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, que además de la propuesta para desarrollo del territorio del Estado, incluye un modelo urbano para la región del AMM (complemento del Plan Metropolitano 2000-2021). Ha sido posible revisar tanto el proyecto para la consulta pública como el documento final, que tiene vigencia legal. Sin embargo, en la versión digital del proyecto para la consulta pública el modelo urbano está más completo, y hemos optado por utilizarla para este análisis.

El documento al que nos referimos es bastante denso y extenso; pero es posible adelantar, que el Plan Metropolitano 2000-2021 abandonaba el modelo de Exápolis 2000 de 1967 para sujetar la dispersión urbana, marcando la estructura vial y productiva del Anillo Metropolitano como límite de la expansión del AMM; mientras el Programa Estatal 2030 desdobla el acotamiento previsto en la RP. Planea la consolidación del territorio añadido con grandes polígonos; delimitando la superficie de actuación entre lo que denomina Corredor 2030, que se superpone al Anillo Metropolitano, y un nuevo arco vial conectando las cabeceras municipales de la RP (Fig. 1217-5). 

El diagnóstico parte de señalar, que el desarrollo urbano del AMM seguirá conectado directamente con el fenómeno económico de la globalización; el cuál, por no ser sostenible desde una perspectiva social, “provocará una altísima especialización e innovación en el Área Metropolitana de Monterrey y su entorno inmediato. Evidenciará a una ciudad de Monterrey conflictiva, con tendencia al gigantismo y escindida de una plataforma territorial y ambiental”; que, en cuanto al territorio, “implica una tendencia creciente al abandono de roles y funciones del área rural y debilidad en las estructuras interjurisdiccionales con alta dependencia”6.

Por ello, si se busca reconducir el modelo por la vía de la sostenibilidad, “resulta determinante el hallazgo de los detonadores socioeconómicos que permitan a las ciudades simplemente agrupadas por su proximidad física, el desarrollo de los flujos y la colaboración necesaria para la formalización de redes de ciudades que establezcan una región económica concreta. De esta manera, podría marcarse la pauta para un desarrollo urbano sustentable, en un territorio con oportunidades para su población”7.

El objetivo del Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 queda fijado, por tanto, en la gestión conjunta del desarrollo socioeconómico y urbano del territorio, y del AMM y la RP como una sola entidad.

Por lo que toca a la gestión de la gran escala, “la imagen modelo territorial a lograr, será la matriz de negociación para la importante tarea de concertación intersectorial e interjurisdiccional a ejercitar. En ella radica el importante desafío que implica asumir la oportunidad para concebir y ejercer una política alternativa de desarrollo del Estado, que permitirá la definición de roles y funciones complementarias y no competitivas internamente, que permitan una proyección del territorio del Estado en su conjunto; a través, fundamentalmente, de la capacidad de localización de esos atractores especiales apropiados, capaces de movilizar inversiones público-privadas sinérgicas, simultáneamente activadoras del territorio y de los aparatos burocráticos y restrictivos”8.

En cuanto a la gestión de la entidad que agrupa el AMM con la RP, las características del modelo deberían modificar la “situación actual de impacto negativo sobre los servicios ambientales de la naturaleza (…), por una innovadora visión de la ciudad; es decir, la sociedad organizada en ciudades, sea el mejor promotor de servicios ambientales naturales, allí mismo donde vive la gente; y de servicios ambientales culturales que, como la educación, la salud y la cultura, son dimensiones que la historia humana ha desarrollado para beneficio de una mejor sociedad”9.

Más concretamente, el Programa “promueve la descentralización del AMM como modelo de actuación para integrar la Región Metropolitana de Nuevo León (RMNL), y para ello, la primera iniciativa es integrar la zona conurbada de Monterrey con la Región Periférica (RP) en un sistema multipolar, donde el área central de Monterrey sigue cumpliendo una función primordial y forma parte de las ciudades globales; las ciudades de la actual zona conurbana crecen, para ser verdaderas polaridades con vida propia; las ciudades de la Región Periférica (RP), logran su verdadera fuerza gravitatoria local; finalmente, el nuevo Corredor 2030 procura una gran interfase (superficie de separación entre dos fases) de centralidad a escala de toda la metrópolis”10 (Fig. 1217-5).

Figura 1217-5. Imagen del sistema multipolar de la metrópolis (Fernando Gutiérrez Moreno y Rubén Pesci). Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 100. El modelo asume la disgregación existente, pero establece un nuevo modelo geométrico en la escala del territorio. El Anillo Metropolitano refuerza su condición de límite del AMM. El arco vial del Corredor 2030 se desdobla interconectando las cabeceras municipales de la RP. El Centro Histórico se renueva y extiende hacia el Sur. Las cabeceras municipales del AMM recuperan su polaridad y las de la RP la consolidan

La descripción conceptual del modelo de Gutiérrez Moreno y Pesci, que se ha transcrito literalmente con solo las acotaciones indispensables, está acompañada con otros datos e imágenes que merece la pena estudiar detenidamente en el siguiente artículo. No obstante, para concluir éste basta especificar, por una parte, que las expectativas de crecimiento de vivienda social implícitas en el modelo de Pesci eran 480,000 unidades, lo que supondría una población aproximada del AMM de 7 millones de habitantes en 2030; y, por otra, que la mayor parte de la edificación nueva se realizaría consolidando el tejido residencial existente; lo cual mantendría la superficie de la conurbación en alrededor de 100,000 Ha, entre 18 y 20 viv/Ha. De ser así, se trataría todavía de un modelo urbano de tipo extensivo; que requeriría de un diseño urbano mucho más preciso para materializar la deseada “lógica de proximidad” de las ciudades compactas de la nueva legislación.





1. El fenómeno de dispersión urbana ha seguido al de migración, y producido muchos de los asentamientos irregulares que rodean las ciudades mexicanas grandes del siglo XX. Coneval documenta que en las zonas urbanas “viven 36.9 millones de personas en pobreza, el 69 por ciento de todas las personas en estas condiciones que hay en México”. Cfr. Diana BAPTISTA.
Aglutinan a pobres 15 zonas urbanas, El Norte, Domingo 7 / Enero / 2018. Nacional. Pág. 2
2. La presentación fue el 20 de Febrero de 2016 en la Sesión de la Sociedad de Urbanismo Región Monterrey A. C. (SURMAC)
3. Aunque como Secretario de Desarrollo Sustentable del Estado, la responsabilidad oficial del Programa 2030 corresponde al ingeniero Fernando Gutiérrez Moreno, la responsabilidad técnica la llevó el arquitecto urbanista Rubén Pesci
4. Gobierno del Estado de Nuevo León. Plan Estatal de desarrollo 2016-2021. Monterrey, 2016. Pág. 239, párr. 2
5. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey, 2012. Pág. 79, pár. 2 y 3
6. Ibídem. Pág. 81, párr. 5
7. Ibídem. Pág. 81, párr. 8
8. Ibídem. Pág. 79, párr. 9 a pág. 80, párr. 1
9. Ibídem. Pág. 80, párr.4
10. Ibídem. Pág. 91, párr. 1


El cambio de paradigma del planeamiento metropolitano de Monterrey III

NOVIEMBRE 2017


En los artículos anteriores de METROPOLISREGIA se ha venido comentando la nueva Ley Federal de Desarrollo Urbano, que en la Exposición de Motivos determina la sustitución del modelo de crecimiento principalmente extensivo y poco regulado de las grandes ciudades mexicanas como Monterrey; con otro, que sea compatible con la “lógica de proximidad”, que atribuye a las ciudades más compactas. Aunque la sustitución parece impostergable, en el caso de la conurbación regiomontana el proceso no será fácil; no solo por la gran extensión de la superficie de actuación involucrada, sino por la inercia de los factores que influyen en el planeamiento metropolitano.

De cualquier forma, para aproximarnos al proceso de sustitución del modelo, parecía conveniente revisar en primer lugar los resultados que ha obtenido el planeamiento urbano en el Área Metropolitana de Monterrey (AMM), comparando los modelos proyectados de la ciudad ideal con la ciudad realmente construida. Posteriormente se podrá determinar las condiciones para la adecuación del modelo propuesto por la nueva ley urbana. Dado que en octubre se revisó el período de conformación de la metrópoli regiomontana (1970-2000), corresponde a esta actualización de noviembre de METROPOLISREGIA estudiar la fase de su consolidación durante el período de vigencia del Plan Metropolitano actual (2000-2021).

LA CONSOLIDACIÓN DEL ÁREA METROPOLITANA DE MONTERREY 2000-2021

Se analizó ya la expansión de Monterrey entre la publicación del Plan Director de 1967 (Cortés Melo, Albalate y Leal) y la del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 (Bulnes Y Albalate), en la que se conformó el AMM; pero, vale la pena repetir que de haberse ajustado a lo previsto, se hubiera materializado la configuración tentacular (respetuosa de la geografía propia y geométricamente jerarquizada) de Exápolis 2000; que podía alojar cinco millones de habitantes en un total de 40,000 Ha de superficie, con una densidad de 125 hab/Ha (25-30 viv/Ha), algo mayor que la del Monterrey de 19601

No obstante que en 1988 se publicó el primer Plan Metropolitano del AMM, las actuaciones urbanas tampoco se ajustaron a las determinaciones de ese modelo2, sino que siguieron el crecimiento disperso que documenta el Plano 34 del Plan Metropolitano 2000-20213  (Fig. 1117-1). Pero, además, aunque en el año 2000 la población del AMM solo alcanzaba 3 millones 236 mil habitantes, la superficie del área conurbada había rebasado 50,000 Ha; lo que suponía una drástica caída de la densidad a 65 hab/Ha (16 viv/Ha), la mitad del objetivo señalado por el Plan de 1967. El consumo irracional de suelo –alrededor de 25,000 Ha- era más del doble del debido con el aumento de población registrado, lo que había acercado la ciudad al trazado del Anillo Metropolitano. 

Figura 1117-1. Plano 34. Estructura Urbana Actual. Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. En el dibujo se destacan sobre el fondo gris del tejido residencial, la industria en color violeta y los baldíos interiores en color anaranjado. Es notable la ausencia de áreas verdes, de una estructura transversal de circulaciones, así como de cierta homogeneidad equipamental

En el Plano 34 se observa que los componentes residencial, equipamental y productivo del tejido urbano en el año 2000, en lugar de articularse conforme a la propuesta geométrica del planeamiento oficial (Fig. 1017-2), gestionados a conveniencia de la propiedad (del mercado) habían reforzado la estructura radial metropolitana, olvidando la conexión transversal. Así, las nuevas zonas industriales se alinearon en dirección del Aeropuerto Internacional y ocuparon las zonas inmediatas del Anillo Metropolitano; mientras que, los tejidos residenciales urbanizaron indistintamente en el AMM, aunque con infraestructura y equipamiento deficientes4. Por eso, los redactores del Plan Metropolitano 2000-2021 destacan “las causas de la problemática vial, entre ellas las vías en mal estado causado por falta de solución al drenaje pluvial, por Municipio; y las que tienen falta de continuidad, de Municipio a Municipio. Destaca que la estructura vial actual del Área Metropolitana cuenta con 525 Km, de los cuales Monterrey cuenta con el 37%, y todos los demás Municipios con menos del 10% cada uno” 5

Como resulta lógico, la ausencia de un proyecto urbano estructurante y de un programa de actuación común con herramientas de control eficaces, dejaron en el año 2000 una superficie conurbada excesiva, mal conectada y sin servicios, con un perímetro muy irregular con grandes baldíos interiores. Sin embargo, a nuestro juicio, el más grave de los problemas que había generado la falta de control, era la indeterminación morfológica de la conurbación. Se puede afirmar, que tanto el centro histórico de la capital como las cabeceras municipales incorporadas en el AMM habían perdido identidad y relevancia en el conjunto. 

En esta circunstancia, el arquitecto Helios Albalate Olaría, que había colaborado directamente con el arquitecto Cortés Melo en la preparación del Plan Director de 1967, redacta el Plan Metropolitano 2000-2021, replanteando el proceso de conformación de la conurbación6. La Imagen Objetivo del Plan Metropolitano 2000-2021 queda plasmada en el Plano 43 (Fig. 1117-2), que detalla el proyecto urbano al interior del Anillo Metropolitano. Por una parte, propone la regeneración del Centro Histórico de Monterrey (Renacentro); y por la otra, la consolidación de los espacios vacíos con los tejidos residenciales metropolitanos existentes, graduando las densidades de vivienda (alta, media y baja) a partir de los baldíos interiores. El diseño enfatiza correctamente la estructura urbana, complementando la malla de circulaciones y los equipamientos fundamentales de la metrópoli7. Ésta llegaría a tener “una población entre 4.5 y 5.2 millones de habitantes”8, estimando además, “que la mancha urbana actual (…) se incrementará en 15 mil Ha más al año 2021”9.  Se supone, por tanto, una superficie edificada total de alrededor de 70,000 Ha, con una densidad entre 65 y 70 hab/Ha (15-20 viv/Ha); que, conservadoramente, apuesta por evitar una mayor dispersión urbana, y por rescatar la cohesión del centro metropolitano. 


Figura 1117-2. Plano 43. Imagen Objetivo 2021. Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. En la imagen objetivo de la conurbación regiomontana destaca la consolidación del suelo disponible al interior del Anillo Metropolitano. En ella desaparece la idea de la ciudad completa, la morfología tentacular jerarquizada de Exápolis 2000; que se sustituye por el ordenamiento de la expansión “de facto” y por el reagrupamiento funcional; que busca completar la malla de la estructura de principal de circulaciones, y complementar la dotación equipamental de la metrópoli

Cabe destacar, que el arquitecto Albalate ya no proyecta un modelo ideal para el AMM, sino que describe diversas condiciones por las que podría pasar el planeamiento durante la vigencia del Plan, y dibuja la que considera la más adecuada de todas. “Subsisten los objetivos de mejorar la calidad de vida de la población y crecer con orden. [Así que], en cuanto a suelo urbano y vivienda, avanza en el pronóstico a la formulación de varios escenarios posibles al año 2021; el primero, es tendencial, considera que no se podrán establecer políticas de orden y control urbano, por lo que el crecimiento se daría en forma dispersa sobre cualquier parte del territorio; el segundo escenario considera la aplicación de un conjunto de estrategias para organizar y fomentar el crecimiento urbano de los baldíos inmediatos a la metrópoli, definiendo además otras áreas estratégicas para el desarrollo agropecuario, rural, de áreas verdes, de vivienda campestre y otros; un tercer escenario considera, además de las hipótesis del punto anterior, otras que impulsen fuertemente a otras localidades importantes del Estado (…), así como otras estrategias que tiendan a fomentar la densificación del primer cuadro del Área Metropolitana”10.

Ahora bien, considerando que el AMM tiene hoy poco más de 4’300,000 habitantes11, parece probable que su población coincida con lo indicado en el Plan. Por el contrario, en cuanto a la superficie edificada, sabemos que las previsiones han fallado otra vez; como queda documentado en la imagen de Google Earth de 2016 (Fig. 1117-3). En ella se comprueba que el escenario tendencial de crecimiento disperso, desordenado y sin control, ha superado el pronóstico del arquitecto Albalate; que el vector de disgregación del área conurbada es mucho mayor, que afecta ya los municipios inmediatos de la Región Periférica del AMM. 

Por su parte, el Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021 lo confirma, subrayando “que el crecimiento del AMM en los últimos 40 años ha tenido una tendencia hacia la dispersión, lo cual ha reducido la densidad de vivienda de 90 a 16 viviendas por hectárea (…); sin contar con una estructura urbana bien definida, y en algunos casos, sin la administración urbana municipal adecuada”12. Añade que la superficie del área conurbada habrá consumido más de 90,000 Ha en 202013. Pero, este documento llega a un diagnóstico más completo de la complejidad del planeamiento metropolitano; que, por una parte, concentra la mayor parte del crecimiento de población del estado; mientras que, por la otra, impulsa la segregación de los nuevos asentamientos en la Región Periférica.

Figura 1117-3. Plano 34. Extensión de la Zona Conurbada de Monterrey (Google Earth, 2016). Las zonas en color más claro corresponden a las áreas urbanas existentes. Como se puede observar, la mayor parte de la superficie de baldíos que aparece en la Figura 1117-1 se ha edificado. Pero, además que la mancha urbana casi ha colmatado la superficie interior al Anillo Metropolitano, el tejido fracturado de la conurbación alcanza algunos de los municipios inmediatos al AMM.

Nuevo León, sigue argumentando el documento, debería ofrecer “un entorno urbano-regional habitable, incluyente, funcional, equilibrado y sustentable, que propicie el desarrollo integral y el bienestar de sus habitantes. [En cambio], las zonas urbanas concentran la mayor parte de la población y de las actividades económicas que son clave para el desarrollo social; asimismo, representan el motor del crecimiento económico y de la innovación (…). En la última década, nuestro estado ha sufrido una urbanización acelerada concentrada principalmente en la región periférica y, en menor proporción, en el área metropolitana de Monterrey (AMM). Esto ha ocasionado una serie de problemas asociados a una deficiente distribución territorial, tales como el abandono y deterioro del centro del AMM, el hipercrecimiento en la periferia –que no cuenta con los servicios urbanos ni el equipamiento básico-, desigualdades en el acceso a oportunidades entre quienes habitan en el AMM con respecto a al resto de los municipios, pérdida de horas-persona y altos costos por largos traslados que no pueden ser atendidos por el transporte público, así como una segmentación social y pérdida de sentido de ciudad, entre otros aspectos”14.

Los datos que proporciona el documento desglosan porcentualmente el aumento de la población de Nuevo León entre 2000 y 2015. Si el AMM creció 34% y la región periférica acumuló 233%, en el resto del estado disminuyó 12%15. Por otra parte, también “evidencia un crecimiento de inmuebles adquiridos por particulares que están en abandono16. [Pero, además], otros factores adicionales que distorsionan la distribución de vivienda son las condiciones de inseguridad, insuficiencia de empleos cercanos, altos costos de transporte y falta de equipamiento, por estar concentrados en ciertas zonas urbanas. Adicionalmente, los esquemas financieros no contemplan la planeación local del desarrollo urbano territorial17.

En síntesis, casi al final del período de vigencia del Plan Metropolitano 2000-2021 no se ha logrado la consolidación del tejido urbano del AMM. Por el contrario, los resultados obtenidos han sido contradictorios. Por una parte, se ha registrado una concentración excesiva cerca de la capital del estado, acumulando la mayor parte del capital humano y de las inversiones físicas; aunque, paradójicamente, por la otra, se ha desaprovechado las ventajas de las centralidades urbanas existentes y sus infraestructuras y equipamientos; los nuevos asentamientos se han dispersado en los municipios de la Región Periférica del AMM.

La polarización de los recursos en la gran escala territorial junto con el dispendio de suelo en la escala regional y urbana, constituyen una fórmula de desarrollo urbano ineficiente, que aparentemente está llegando al límite funcional; pero que, de cualquier forma, debe ajustarse con la “lógica de proximidad” que determina la nueva Ley de Desarrollo Urbano. La publicación de METROPOLISREGIA que cierra 2017 profundizará en estos aspectos del planeamiento.




1. Cfr. Evolución Socio económica del Área Metropolitana de Monterrey. Gaceta Mexicana de Administración Pública Estatal y Municipal Pág. 43, Cuadro 3. http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/gac/cont/36/pr/pr6.pdf
2. “La desvinculación del PDDUAMM (Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey)  de la gestión y de la acción pública urbana, tanto del gobierno estatal como de los gobiernos municipales del AMM, ha ido en aumento hasta casi ser ignorado actualmente por parte de las diversas autoridades metropolitanas, no obstante su vigencia jurídica”. Roberto GARCÍA ORTEGA, Asentamientos irregulares en Monterrey en Frontera Norte volumen 13, número especial 2, 2001. Pág. 121, párr. 4  
3. Cfr. 200.23.43.29/pdf/Plan_Metropolitano_2021.pdf  
4. La zona conurbada tenía“ los usos de suelo siguientes: habitacional 34,500 hectáreas, 69.2% que incluye lotes con y sin viviendas en fraccionamientos urbanizados, vialidad, equipamientos urbanos y servicios básicos; industria 5,900 hectáreas, 11.7% que incluye industrias grandes y medianas; equipamiento 2,700 hectáreas, 5.4% que incluye equipamientos urbanos mayores incluyendo parques; vialidad 1,700 hectáreas, 3.4% que incluye solo la vialidad principal y 5,100 hectáreas de baldíos mayores de 1 hectárea, 10.3%”. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 3, párr. 3
5. Ibídem. Pág. 3, párr. 6
6. Por otra parte, no parece circunstancial la coincidencia de las propuestas ordenadoras del crecimiento metropolitano de 1967 y 2000, con los nuevos aires democráticos que se respiraban en el entorno político local de esas dos fechas.
7. En la estructura vial cabe destacar el reforzamiento transversal del sistema, que incluye los túneles en el Cerro del Topo, el Cerro de las Mitras y los dos de la Loma Larga, prolongando Venustiano Carranza y el par vial Pino Suárez-Cuauhtémoc
8. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5
9. Ibídem. Pág.  154, párr. 2 
10. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5 y 6
11. En 2015, Nuevo León tenía 5’´119,504 habitantes; de los que 4’313,603 (84.23%) se concentraban en los nueve municipios del AMM, mientras que 459,220 (8.97%) en la región periférica. Cfr. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 178, párr. 2
12. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 178, párr. 4 y 5
13. Cfr. Evolución Socio económica del Área Metropolitana de Monterrey. Gaceta Mexicana de Administración Pública Estatal y Municipal Pág. 43, Cuadro 3. http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/gac/cont/36/pr/pr6.pdf y Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021. Pág. 179, Gráfica 6.2
14. Ibídem. Pág. 177, párr. 5 a pág. 178, párr. 1
15. Ibídem. Pág. 178, gráfica 6.1
16. La disminución de la vivienda ocupada en el municipio de Monterrey entre 2010 y 2015 aumentó 12.3%, de 346,207 viviendas disminuyó a 303,546 
17. Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021.Pág. 179, párr. 2 y 4

El cambio de paradigma del planeamiento metropolitano de Monterrey II

OCTUBRE 2017


En los artículos de agosto y septiembre, se ha expuesto las características del diseño urbano que podría derivarse de la Exposición de Motivos de la Iniciativa de la Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León. Al respecto, conviene recordar que deberá resolver el desorden de la conurbación actual; no solo por lo que toca al control del crecimiento de tipo extensivo que viene aumentando irracionalmente la superficie edificada, sino por la necesidad de dotar a la metrópoli de una estructura equipamental y de servicios con “lógica de proximidad”, semejante a la que perdió por la privatización de las propiedades municipales que determinaron las leyes de la desamortización al final del siglo XIX, según se ha podido documentar anteriormente.

Como se explicaba en esas publicaciones, la “revisión de la legislación actual debería no solo replantear las condiciones funcionales con las compatibilidades y la densidad edificatoria más convenientes, sino rescatar las otras condiciones morfológicas que históricamente han distinguido a la ciudad (...). Es indispensable por tanto asegurar la preservación del medio ambiente, sujetando el diseño urbano a los condicionantes territoriales. No lo es menos, recuperar el equilibrio físico en el conjunto urbano: proyectando una estructura de movilidad que vincule adecuadamente todos los tejidos, e insertar en ellos espacios destinados exclusivamente a los equipamientos sociales y las áreas verdes públicas, que sean determinados en proporción con la población. Finalmente, es necesario abordar, con razonable flexibilidad, la especificación de las características de volumen y forma de la ciudad”1.

Por tanto, conforme al plan establecido el mes pasado, corresponde a este artículo de octubre de METROPOLISREGIA revisar, bajo las condiciones apuntadas, el desarrollo metropolitano posterior a la publicación del Plan Director de 1967 hasta finalizar el siglo XX.

LA CONFIGURACIÓN DEL ÁREA METROPOLITANA DE MONTERREY (AMM) 1970-2000

La conveniencia de recuperar esa “lógica de proximidad” que señala la Exposición de Motivos, no es una idea nueva para el desarrollo urbano de Monterrey; sino que ya había quedado plasmada en la estructura funcional y representativa del proyecto de Exápolis 2000, que diseñaron los arquitectos Cortés Melo, Albalate y Leal en el Plan Director de 1967.

Como consecuencia, el estudio del desarrollo urbano del período que se inicia al final de la década de 1960 y termina el año 2000, se puede documentar en tres planos; dos de ellos corresponden al proyecto de Exápolis 2000 y el otro a su revisión del comienzo de este siglo. El primero dibuja la ciudad existente con las actuaciones urbanas aprobadas que se estaban desarrollando, el Plano del Área Metropolitana de Monterrey de 1967 (Fig. 1017-01); el cual, por una parte, deberá compararse con el segundo plano, el propio modelo urbano del Plan Director (Fig. 1017-02); y, por otra, con el desarrollo real de la ciudad durante el período que estamos analizando, que se puede ver en el tercer plano; el Plano 34, Estructura Urbana Actual, del Plan Metropolitano 2000-2021 (Fig. 1017-3).

Figura 1017-01. Plano del Área Metropolitana de Monterrey de 1967. En color gris queda señalada el área urbana edificada existente, mientras en color rojo se destacan los fraccionamientos de vivienda aprobados entre los años 1961 y 1966, que continuaban el modelo de crecimiento disperso que había seguido la metrópolis regiomontana (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura 13)

En el plano del AMM de 1967 (Fig. 1017-01), se destacan las actuaciones de vivienda que habían sido aprobadas desde el principio de la década; la cuales, junto con la instalación de nuevas industrias, acumulaban la dispersión urbana principalmente en las direcciones radiales. Sin embargo, se observa que la expansión urbana estaba ya fuera de control. Si, en 1950 el AMM había alcanzado medio millón de habitantes, que se concentraban en las 4,000 hectáreas del núcleo de la ciudad; es decir, que tenía una densidad bruta de 125 hab/Ha, entre 25 y 30 viv/Ha; después de la publicación del Plan Director, el censo de la población registraba un aumento de más dos y media veces, pero el área urbana de más de cuatro. En 1970 la metrópoli tenía “1.3 millones de habitantes, y cubría una superficie aproximada de 17 mil 300 hectáreas”2. Como consecuencia de esa expansión tan desproporcionada, la densidad bruta había descendido a 72 hab/Ha, menos de 20 viv/Ha.

Esta dispersión, que incluía el aumento de los asentamientos irregulares, había adquirido muy pocas de las características de las ciudades del Sunbelt norteamericano3, que aunque contaban con densidades semejantes, tenían infraestructuras y niveles de desarrollo muy superiores a los que Monterrey podía aspirar4. Por eso, se justificaba la aplicación de medidas extraordinarias que aseguraran una gestión más ordenada del crecimiento; sobre todo, si se considera que a la magnitud de la expansión de esos veinte años, se había sumado la disgregación del tejido industrial, y la falta de una estructura de servicios y de circulaciones que facilitara la organización de la vida urbana, específicamente en lo que concierne a la educación y el transporte público.

El Plan Director de la Sub-Región Monterrey de 1967 (Fig. 1017-02), que trataba de dar respuesta a todos estos problemas proyectando el crecimiento hasta el año 2000, fue el primer documento que concretó el diseño ideal de la metrópoli regiomontana. Según los redactores, al terminar el siglo, aunque la población siguiera aumentando hasta cinco millones de habitantes, la superficie urbana alcanzaría solo 40,000 Ha; una densidad de 125 hab/Ha, entre 25 y 30 viv/Ha equivalente a la que se tenía en 1950. Pero, para conseguirlo, el proyecto aplicaría ciertas restricciones a la expansión de la mancha urbana, con un modelo geométrico repetitivo que ordenaría el crecimiento en las direcciones radiales más importantes, confinando las áreas edificables entre los principales condicionantes territoriales.

Figura 1017-02. El Plan Director de la Subregión Monterrey, Exápolis 2000. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura 21, pág. 50. La morfología surge del respeto de los condicionantes territoriales, orográficos e hidrográficos, y de los históricos, la estructura de comunicaciones radial y la colonización agrícola que derivó en la configuración política metropolitana

Por eso, el diseño del Plan Director configuraba de cinco ciudades independientes alrededor del núcleo existente. Además, en cada una de ellas estarían separadas y claramente delimitadas las zonas destinadas a la producción industrial y al tejido residencial. Éste, por su parte, estaría conformado por grupos de “ciudades óptimas”, constituidas a su vez por unidades de barrio; tanto los grupos como los barrios, quedarían firmemente estructurados por franjas que conjuntaban los espacios verdes con los equipamientos colectivos y las funciones administrativas. Asimismo, aparte del modelo geométrico, llamaba la atención la configuración orgánica de los grupos. Dado que el proceso de edificación estaría condicionado por la configuración completa de cada “ciudad óptima”, el programa de actuación aseguraría el control morfológico del plan, la extensión de la estructura terciaria y las previsiones equipamentales.

No obstante, era evidente que para controlar el fenómeno de dispersión, inducido por una polarización hacia un modelo de inversión poco regulado, se requería de un enorme esfuerzo de gestión y no se pudo concretar. No solo hacía falta desarrollar las infraestructuras de servicios necesarias para garantizar la operatividad del modelo, lo que requería de la coordinación de los intereses y programas de las grandes entidades paraestatales de servicios; sino que, además, la delimitación de los componentes urbanos determinada por el Plan Director, condicionaba las oportunidades de la propiedad particular; y, dependía, por tanto, de un proceso de consolidación que nunca llegaría a concertarse.

Figura 1017-03. Plano 34, Estructura Urbana Actual. Plan Metropolitano 2000-2021. Gobierno del Estado de Nuevo León, Monterrey, 2003. El plan fue redactado por Óscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaria. Las manchas de color anaranjado representan los grandes terrenos baldíos dentro del perímetro urbano. Por su parte, las moradas representan las industrias, y las azules los equipamientos colectivos más importantes. Las zonas residenciales, en color gris, tampoco estaban totalmente consolidadas, sino que tenían zonas sin urbanizar, en color blanco.

El fracaso de la implementación del Plan Director de 1967, supuso continuar con la expansión caótica, que documenta otro plano de la ciudad construida: el Plano 34, Estructura Urbana Actual, del Plan Metropolitano 2000-2021 (Fig. 1017-03). Los datos que arroja el crecimiento real de la conurbación al principio del siglo son contrastantes. Por una parte, la desaceleración económica del país y la región se reflejó en un incremento de la población del AMM menor al previsto; pero, por la otra, la asimetría con la superficie edificada fue considerable. “En 2000, según el Instituto Nacional de Estadística, la población del AMM es de 3 millones 236 mil habitantes y ocupa una superficie urbana total aproximada de 55 mil 803 hectáreas a razón de 58 habitantes por hectárea”5, alrededor de 15 viv/Ha. Es decir, que sin importar la desaceleración del aumento de población, el patrón de desarrollo extensivo que tenía la ciudad desde la industrialización del siglo XIX no se había detenido, sino que había aumentado; quizá, porque parecía asegurar una mayor eficacia económica, pero a costa de hipotecar una superficie cada vez mayor del territorio, comprometiendo no solo el equilibrio medioambiental sino la funcional del AMM.

A pesar que los documentos de planificación metropolitana tenían plena vigencia, la dispersión detectada al final de los años sesenta se había afianzado, como se deduce de la comparación de los planos de Exápolis 2000 y de la Estructura Urbana Actual del Plan Metropolitano 2000-2021. Si los accidentes orográficos determinaban todavía la morfología tentacular del AMM en las direcciones Noroeste, Sur y Sureste, la urbanización de las zonas con mayor dificultad topográfica parecía inminente; no solo en la base los cerros de la Silla y del Topo, sino en las faldas de la Sierra Madre, y en el cerro de las Mitras. Muy poco se había logrado para la preservación de los cauces fluviales que cruzaban la zona conurbana, y para las pocas zonas verdes naturales que quedaban en el árido paisaje urbano; sin embargo, parecía indispensable asegurar por lo menos la integridad del Parque Nacional Cumbres de Monterrey y el Cañón de Huajuco, que comenzaban a ser amenazadas también por la expansión irracional.

Aunque la mancha urbana había alcanzado el Anillo Metropolitano en algunas partes, quedaban todavía muchas zonas libres que, como veremos en el artículo de noviembre, constituían la siguiente frontera para la ordenación del territorio. Igualmente, se tendría que equilibrar la estructura de circulaciones: el sistema radial había reforzado muy desordenadamente, sin desarrollar suficientemente la interconexión transversal. Los establecimientos industriales también se habían multiplicado, sobre todo hacia el Noreste -donde se había localizado el nuevo aeropuerto-, y al Norte y el Noroeste junto al Anillo Metropolitano. Esta vía tenía una posición estratégica para la reconfiguración productiva del AMM.

El tejido residencial, que debía ser la materia prima de la calidad urbanística de una metrópoli moderna, estaba todavía más descuidado, en nada se asemejaba a la esmerada geometría orgánica de las “ciudades óptimas” del Plan Director de 1967. Fracturado y amorfo, estaba configurado por bolsas muy mal comunicadas y deficientes de equipamiento urbano. Si acaso, algunas de ellas tendían a reproducir el “nuevo urbanismo” que había descrito Koolhaas unos años antes. “Si tiene que haber un “nuevo urbanismo” (…) ya no aspirará a configuraciones estables, sino a la creación de campos de posibilidades que acomoden procesos y rechacen cristalizar en formas definitivas”6. Más que a un ideal geométrico, el planeamiento metropolitano parecía prepararse para responder a las oportunidades de un mercado globalizado.

En el siguiente artículo, que se concentra en las dos décadas del presente siglo, se completará el ciclo que analiza el planeamiento urbano del AMM que está siendo revisado por la Iniciativa de la Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León.






1. METROPOLISREGIA.COM | SEPTIEMBRE 2017
2. Se trata de la franja del territorio norteamericano comprendida entre el paralelo 37 y la frontera mexicana 
3. “Los Ángeles, por ejemplo, necesita siete veces más suelo que Brooklyn para albergar al mismo número de habitantes”. GARCÍA VÁZQUEZ, Carlos. Antípolis. El desvanecimiento de lo urbano en el Cinturón del Sol. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2011. Pág. 13, párr. 3 
4. GARCÍA ORTEGA, Roberto. Asentamiento irregulares en Monterrey, 1970-2000, Divorcio entre planeación y gestión urbana. Revista Frontera Norte, volumen 13, número especial 2. 2000. Pág. 123, párr. 2 
6. KOOLHAAS, Rem y MAU, Bruce, What ever Happened to Urbanism, en S, M, L, XL. 010 Publishers, Roterdam, 1995. Pág. 969 

El cambio de paradigma del planeamiento metropolitano de Monterrey I

SEPTIEMBRE 2017

En el artículo pasado de agosto, el análisis de la Exposición de Motivos de la Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León, destacaba el fundamento técnico de las modificaciones de la legislación urbanística actual; es decir, las características morfológicas de la propuesta que trata de corregir el desorden urbano de la metrópolis regiomontana1. Ante esto, en las siguientes publicaciones de METROPOLISREGIA.COM se estudiará la coherencia del diseño que habrá de condicionar las actuaciones urbanas.

Sin embargo, en tanto que se discute y publica oficialmente la nueva ley, viene bien hacer una reflexión acerca de las determinaciones del planeamiento vigente en comparación con las características de las actuaciones que construyeron la conurbación regiomontana durante las tres últimas décadas el siglo XX y las dos primeras de éste. Quizá la revisión de estos aspectos, podría aportar alguna idea para controlar un proceso de expansión tan desordenado, que finalmente ha deteriorado la calidad de la vida urbana de la población.

LOS DOCUMENTOS DEL PLANEAMIENTO URBANO DE LA METRÓPOLI

Roberto García Ortega explica que al concluir el siglo pasado, solo el primer Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey, publicado en 1988, había logrado consensuar los planes de los municipios de la conurbación con los intereses de los grupos representados en el Consejo Consultivo de Desarrollo Urbano. Sin embargo este documento no se aplicó, como en su tiempo tampoco el Plan Director de 1967, que proyectaba ya el área metropolitana hasta el final del siglo. El plan de 1988 “ha carecido desde su origen de una bitácora sistematizada para darle seguimiento al cumplimiento de los programas y acciones previstas en el documento”2. En concreto, que como el plan de 1967 ha sido también letra muerta.

Figura 0917-01. Oscar BULNES VALERO, Helios ALBALATE OLARIA, Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo urbano de la zona conurbada de Monterrey. Comisión de la Zona Conurbada. 2003. Portada de la publicación digital

Por eso, en el análisis que vamos a hacer debemos referirnos a las condiciones dictadas por otros documentos de publicación más reciente, entre los que citamos en orden cronológico los tres que consideramos más importantes: el Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 (Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaria, 2003) (Fig. 0917-01)3; el Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030 (Fernando Gutiérrez Moreno, 2012)4; y el Plan de Desarrollo Urbano de Monterrey 2013-2025 (Gabriel Eugenio Todd Alanís, 2014)5.

No obstante, será necesario seguir prestando atención a lo que fue comentado acerca del Plan Director de 1967 (Exápolis 2000, Guillermo Cortés Melo, Helios Albalate Olaria, José Juan Ríos Leal y otros); que era el que se tenía previsto para ordenar el crecimiento metropolitano de Monterrey durante las décadas finales del siglo pasado (Fig. 0917-02). Así que, además de la Iniciativa de la nueva ley, únicamente los cuatro documentos citados han sido tomados en cuenta. Pese a que son de nivel jerárquico y territorial diverso y nunca fueron concertados suficientemente, expresan la disfuncionalidad entre el urbanismo ideal con el que se pretendía ordenar la metrópoli y la realidad urbana construida.


Figura 0917-02. El Plan Director de la Subregión Monterrey de 1967 (Exápolis 2000). La portada y la solapa del documento condensan gráficamente el diseño urbano de la futura metrópoli y las cabeceras municipales cercanas. El plan fue redactado por Guillermo Cortés Melo, con la colaboración de Helios Albalate Olaria desde 1963 hasta 1966, y de José Juan Ríos Leal a partir de 1967. Las manchas azules representan la ciudad existente en los años sesenta y las de color negro las principales industrias. Según esto, el diseño ideal de la metrópolis debía prevenir el desarrollo urbano en las cinco direcciones radiales históricas más importantes de la ciudad. (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Portada y solapa)

Ahora bien, el estudio de la expansión de Monterrey a partir de la segunda mitad del siglo XX, es fundamental para entender los problemas que se derivan de la configuración actual de la metrópoli; que, obviamente, no se puede condensar en el espacio destinado a este artículo. Ya que se trata del complejo proceso de transformación de la capital industrial de México en una metrópoli financiera y de servicios global, mientras que la población aumentaba siete veces y catorce la superficie urbanizada6.

A pesar de la dificultad implícita, dado nuestro interés por revisar únicamente los aspectos del diseño urbano que han influido en una expansión tan espectacular, consideramos que restringir el análisis a los documentos de planificación citados queda justificado. De cualquier forma, dividiremos este breve estudio en tres partes que habrán de cubrir los artículos de septiembre a noviembre de METROPOLISREGIA de este año. Ésta primera parte amplía la explicación de las condiciones previstas por la Exposición de Motivos de la Iniciativa de la ley, la segunda de octubre explicará el período de la expansión metropolitana que termina el siglo XX, y la tercera de noviembre el que corresponde al siglo presente.

LAS NUEVAS CONDICIONES DEL DISEÑO URBANO DE LA METRÓPOLI

Comenzamos por tanto subrayando que la Exposición de Motivos de la Iniciativa de la Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano, expone las contradicciones del proceso de planificación de Monterrey en el arco de tiempo al que nos hemos referido, que ineludiblemente deberá confrontarse en la nueva redacción de la ley7.

Como se ha repetido, este documento ha descalificado el modelo de crecimiento extensivo, así como los programas públicos de vivienda social que en general contribuyeron al desorden urbano. Y, esto, no solo porque fracturaron la cohesión física y social de la metrópoli; sino por haber distorsionado el mercado, propiciando una expansión urbana irracional y la proliferación de asentamientos periféricos precarios e irregulares. Pero, además, el texto reconoce que el modelo más adecuado para nuestra tradición cultural sería el compacto; ya que con él, se podría facilitar la incorporación de “una lógica de servicios de proximidad, esquemas de financiamiento adecuados, asistencia técnica y financiera a quienes auto producen su vivienda; y el desarrollo de nuevos mercados como el arrendamiento, el arrendamiento con opción a compra (leasing) y el intercambio de vivienda usada, propiciando distintas formas de tenencia y garantizando la seguridad de la misma”8. Aspectos que considera indispensables para recuperar la ordenación de la metrópoli.

Por otra parte, es evidente que la expansión desordenada habría sido el resultado de un planeamiento demasiado abierto al diseño urbano de las actuaciones, que los promotores prefirieron desarrollar con las características del modelo de tipo extensivo, dado que tenía mayor arraigo cultural entre la población desde el final del siglo XIX. Así como a programas de vivienda, que las autoridades justificaron más en la estadística que en la estructura socioeconómica de la región; es decir, que para su implementación se omitió una evaluación concienzuda de las consecuencias que podrían tener la poca solvencia de la demanda o los excedentes de una oferta sin control, propiciando el acaparamiento del suelo urbanizable y la aparición de un mercado inmobiliario de tipo especulativo para la vivienda social9.

Pero, además, abundando ahora en la insuficiencia de los documentos del planeamiento urbano para conducir ordenadamente las actuaciones urbanas, la experiencia demuestra que la sola publicación de una zonificación funcional -aun contando con una matriz de compatibilidades específica como las que complementan el plano de usos de suelo-, ha sido ineficaz tanto para el control del crecimiento como para la cualificación del ámbito en el que se desarrolla la vida urbana. Y, por ello, la revisión de la legislación actual debería no solo replantear las condiciones funcionales con las compatibilidades y la densidad edificatoria más convenientes, sino rescatar las otras condiciones morfológicas que históricamente han distinguido a la ciudad, que son las que podrían materializar la lógica de proximidad a la que alude la Iniciativa.

Condiciones que aunque posteriormente serán analizadas más detenidamente, por ahora solo son enunciadas. Es indispensable por tanto asegurar la preservación del medio ambiente, sujetando el diseño urbano a los condicionantes territoriales. No lo es menos, recuperar el equilibrio físico en el conjunto urbano: proyectando una estructura de movilidad que vincule adecuadamente todos los tejidos, e insertar en ellos espacios destinados exclusivamente a los equipamientos sociales y las áreas verdes públicas, que sean determinados en proporción con la población. Finalmente, es necesario abordar, con razonable flexibilidad, la especificación de las características de volumen y forma de la ciudad.

Tanto los condicionantes (geográficos e históricos) como las características del diseño urbano que les corresponde, que o son enunciadas directamente o pueden deducirse de la Iniciativa de la nueva ley, constituyen el fundamento de lo que se ha denominado el urbanismo ideal de la metrópoli, en contraste con la realidad urbana construida, que ha dejado al descubierto la disfuncionalidad a la que nos referíamos al principio de este artículo y serán estudiadas en los dos siguientes.
Por eso, a partir del estudio de los cuatro documentos citados, será posible contrastar el desorden del desarrollo metropolitano en dos períodos: el primero que inicia al final de la década de 1960 hasta el comienzo de este siglo XXI; y, el segundo, que completa el análisis hasta el día de hoy (Fig. 0917-03).


Figura 0917-03. Plano 43. Imagen Objetivo 2021. Plan Metropolitano 2000-2021. Gobierno del Estado de Nuevo León, 2003. Corrigiendo el proyecto de 1967, la Imagen Objetivo 2021 dibuja el diseño ideal de metrópoli en ese año






1. Cfr. Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León, https://www.facebook.com/events/1494764970595483/
2. Roberto GARCÍA ORTEGA, Asentamientos irregulares en Monterrey en Frontera Norte volumen 13, número especial 2, 2001. Pág. 121, párr. 4 
3. 200.23.43.29/pdf/Plan_Metropolitano_2021.pdf
4. 200.23.43.29/pdf/Programa_Estatal_de_Desarrollo_Urbano_Nuevo_Leon_2030.pdf
5. portal.monterrey.gob.mx/pdf/2013_2025.pdf
6. Entre 1950 y 2000, la ciudad sustituye la actividad económica preponderante de la siderurgia, por la más productiva y diversificada de las manufacturas y los servicios, pasando de 500,000 a 3’374,000 habitantes y de 4,000 a 56,000 Ha de suelo urbanizado
7. La redacción final de la ley deberá compaginar el texto federal con el estatal en un plazo que se ha vuelto apremiante
8. Exposición de Motivos de la Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León. Monterrey. 2016
9. Cfr. Exposición de Motivos de la Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León. Monterrey. 2016



Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León

AGOSTO 2017


La reflexión que se hizo con ocasión del aniversario de la publicación del Plan Director de Monterrey de 1967 Exápolis 2000 en los artículos de junio y julio, ha servido para contrastar el proyecto de ciudad que proponían Cortés Melo y sus colaboradores hace cincuenta años, con el desorden urbano actual de nuestra metrópoli. Pero, al mismo tiempo, como preparación para este artículo de agosto que revisa la Iniciativa de la Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León, que será próximamente sometida a discusión pública; aunque debe adecuar la normativa estatal a la legislación federal, tiene también como objetivo solucionar el desorden actual, replanteando ciertas características del modelo de desarrollo urbano vigente.

Como es lógico, no está dentro de nuestras posibilidades hacer un comentario técnico legal -en todo caso, debe dejarse a los expertos, los más reconocidos son los de la Sociedad de Urbanismo Región Monterrey, A. C. (SURMAC)-; sino, más bien, el análisis morfológico de la propuesta de la nueva legislación. Por ello, nos centraremos en el contenido de la Exposición de Motivos de la iniciativa, que busca explicar los errores del desarrollo urbano del país durante el siglo pasado; y, por consiguiente, lo que debería corregirse de él, que se precisa en el cuerpo del documento.

Figura 0817-1. José María VELASCO, Pirámide del Sol (vista desde la Pirámide de la Luna, Teotihuacán), 1878 (óleo sobre tela)
Figura 0817-2. José María VELASCO, El Valle de México visto desde el Cerro de Santa Isabel, 1875 (óleo sobre tela)
Ante todo, parece justo celebrar, que el análisis crítico del texto parte de un compromiso con la dualidad histórica del Urbanismo mexicano. Con el modelo urbano prehispánico, y su ordenación de una estructura representativa (cosmogónica) (Fig. 0817-1); y, más específicamente, con el modelo urbano novohispano1; que matizando el prototipo de la legislación colonial, asume algunos de los rasgos del primero (Fig. 0817-2); para, desde una posición más firme pero contemporánea, referir las incongruencias que se produjeron en el planeamiento, como consecuencia del crecimiento de la población urbana y la transformación funcional de la grandes ciudades mexicanas del siglo XX.

Como se puede comprobar, se trata de lo que METROPOLISREGIA ha venido exponiendo acerca del desarrollo urbano de Monterrey en los artículos anteriores de este año. No obstante, nos proponemos ahora no solo compartir una retrospección enriquecida por la historia del Urbanismo, sino evaluar la congruencia, y por tanto la pertinencia, de la propuesta implícita en la ley. Ya que -como es del conocimiento público-, ha empezado a ser comentada en diferentes niveles de las instancias oficiales, profesionales y civiles, y en los medios de comunicación.

El desarrollo territorial y urbano de las ciudades mexicanas del siglo XX

La Exposición de Motivos de la Iniciativa, se inicia describiendo el fenómeno del aumento de la población en las zonas urbanas de México; la cual, como en otros lugares, dejó de ser mayormente rural durante la segunda mitad del siglo XX2. Pero, si la población urbana del país era un poco menor de 30% en 1950, en 1980 ya superaba 60 %, y 72% en 2010; se estima que más de 80% de los mexicanos vivirá en asentamientos urbanos en 2030. Sin embargo, por la falta de los instrumentos del planeamiento adecuados, junto con el aumento de la población urbana se derivaron otros fenómenos, que han dado al traste con la cohesión y el funcionamiento de las ciudades.

Por una parte, durante el proceso de crecimiento, la población se fue acumulando más en las ciudades grandes, como resulta patente en los asentamientos del Valle de México que rodean la capital de la República, y los de las capitales de los estados de Jalisco y Nuevo León3 (Fig. 0817-3, 4 y 5). Ya 37% de la población total del país vivía en alguna de las 10 ciudades con más de un millón de habitantes en 2010; pero 31% de una población urbana de más de 114 millones, vivirá en ciudades todavía más grandes en 2030, en asentamientos que tendrán entre 1 y 5 millones de habitantes. Además, por otra parte, a la distorsión acumulativa mencionada se añadió el aumento desproporcionado de la superficie urbanizada. Si la población en las ciudades más grandes, en promedio se había triplicado entre 1980 y 2010, su extensión se había multiplicado por varias veces más4.

Figura 0817-3. Vista aérea de la zona de Santa Fe (Ciudad de México)
Sin embargo, aunque los movimientos del campo a la ciudad van disminuyendo, “el crecimiento de las ciudades continuará de manera natural con el crecimiento de la población. [Pero,] si continuamos con el actual modelo urbano –se nos advierte-, en los próximos treinta años, la ciudad seguirá creciendo artificialmente de manera horizontal, y como consecuencia, viviremos en ciudades más dispersas y con mayor segregación social”5.

Figura 0817-4. Vista aérea de la zona de Puerta de Hierro, Zapopan Jalisco (Guadalajara)
Así que, de no modificarse la tendencia, el crecimiento urbano de los próximos años, aunque cuantitativamente fuera menor, llegaría a ser poco sostenible; porque “se verá acompañado de profundos y rápidos cambios cualitativos en la relación de las sociedades locales y regionales con sus territorios”. Y, se reitera que “si prevalece el patrón territorial actual en las ciudades mexicanas, esta concentración provocará incrementos en las distancias y los trayectos, y crecerán las externalidades negativas o costos sociales por el imperativo de mayor conectividad espacial; afectando el medio ambiente, y agudizando la inequidad y la desigualdad socio-económica”6.

 Figura 0817-5. Vista aérea de la zona de Valle Oriente de San Pedro Garza García, N. L. (Monterrey)

Al analizar las causas, el documento atribuye sin rodeos el desorden urbano a una regulación equivocada de la producción nacional de vivienda social, que ha estado orientada hacia los aspectos más cuantitativos del problema; a la satisfacción inmediata de una demanda, no obstante que permanece inalcanzable con el ritmo de crecimiento de la población del país. “La regulación a la vivienda produjo enormes conjuntos habitacionales, compuestos de miles de pequeñas viviendas unifamiliares, construidas con base en modelos que se repiten a lo largo del país sin considerar las características y las necesidades de los diferentes tipos de hogares que actualmente existen; es decir, se edificó un parque habitacional sin condiciones de habitabilidad adecuadas, que ha incrementado las desigualdades en el acceso a la vivienda y ha aumentado la segregación y exclusión social”7.

Y, como consecuencia negativa de ese modelo urbano e inmobiliario, se puede deducir que el énfasis casi exclusivo en la producción de vivienda, ha impedido un desarrollo regional y urbano saludable. “En México, las restricciones erradas en el uso del suelo han desplazado a la gran mayoría de las personas -principalmente a aquellos de menor ingreso-, hacia las zonas más lejanas del centro de la ciudad; lo anterior, debido a la insuficiente oferta de vivienda y a los exorbitantes precios que de estas restricciones y de otras regulaciones se derivan, y que sólo pueden ser cubiertas por aquellos de más altos ingresos. (…) Además, este desplazamiento supone elevados costos para aquellos ciudadanos que han sido marginados en las periferias. [Aunque,] por otra parte, estas manipulaciones regulatorias y, en particular, los límites a la edificación vertical distorsionaron el funcionamiento del ecosistema urbano. De este modo, se provocó un efecto no previsto e indeseable: el crecimiento exponencial, disperso y segregado del tejido urbano”8.

Ahora bien, esta fragmentación del tejido urbano, puso de manifiesto la falta de tino planificador de los agentes responsables del desarrollo. Ya que, “el modelo urbano y las políticas públicas, (…) se han equivocado en la forma de interconectar a las personas en la ciudad. Primero, porque se han enfocado en una zonificación urbana que alejó a las familias de sus centros de trabajo, escuelas y servicios de todo tipo; segundo, porque han priorizado la movilidad en automóvil, sin considerar, alternativas de transporte colectivo o transporte no motorizado, sobre todo las enfocadas en la movilidad peatonal. (…) Las ciudades en México diariamente son transitadas por millones de automóviles, que contaminan la atmósfera y congestionan las vialidades; pero que a la vez, son la única alternativa que las personas encuentran para hacer frente a un modelo urbano errado; al mismo tiempo, las acciones y las obras públicas tienden a favorecer la movilidad en el automóvil individual, al concentrar los proyectos y los recursos en pasos a desnivel, carreteras urbanas y periféricos y no en transporte público y no motorizado”9.

El análisis concluye, atinadamente, que “este crecimiento acelerado de las ciudades en México es muestra de la incapacidad del actual modelo urbano para anticiparse al crecimiento de éstas, y de su incapacidad para permitir un crecimiento compacto e incluyente”. Por eso, “los planes de desarrollo urbano enfrentan dos paradojas: al estar basados en el modelo dominante de urbanización que se caracteriza por ser inequitativo, disperso, desordenado e insustentable, han impedido un crecimiento incluyente y ordenado en las ciudades; igualmente, al no ser instrumentos de decisión para organizar las ciudades, se convierten en letra muerta, dejando en las fuerzas del mercado (...) buena parte de las decisiones de localización”10.

La Iniciativa adelanta también algunas condiciones de la solución. “Los esfuerzos de contener de manera artificial la dispersión de las ciudades no funcionan, pues pretenden atacar los síntomas y no las causas. Mientras se impida el crecimiento compacto de las ciudades, los habitantes (de manera regular o irregular) tenderán a asentarse en las periferias. [Por tanto,] se debe tomar conciencia que las innovaciones para el desarrollo urbano deben incluir una lógica de servicios de proximidad, esquemas de financiamiento adecuados, asistencia técnica y financiera a quienes auto producen su vivienda, y el desarrollo de nuevos mercados como el arrendamiento, el arrendamiento con opción a compra (leasing) y el intercambio de vivienda usada, propiciando distintas formas de tenencia y garantizando la seguridad de la misma11.

En definitiva, “el reto es lograr un modelo de urbanización y metropolización, que sea producto del acuerdo entre la sociedad y el gobierno, que tenga visiones de largo plazo y que sea integral al considerar todas las dimensiones del desarrollo urbano; que se adapte a los ciudadanos, que reconozca la gran diversidad humana”12.

No se puede dejar de agradecer el aire fresco que aportan algunas de las ideas vertidas en del documento, que contribuyen a salir de la asfixia urbanística actual. Sin embargo, interesa enfatizar dos aspectos fundamentales que pudieran obviarse o pasar desapercibidos, que seguirán presentes en estas disertaciones de METROPOLISREGIA.

Figura 0817-6. Mario PANI, Conjunto habitacional Nonoalco-Tlatelolco, 1965

En primer lugar, se debe destacar que la descalificación del modelo de ciudad extensiva que promueve la Iniciativa de la Ley, no debe hacerse en términos absolutos, ni siquiera en cuanto al desarrollo de vivienda de tipo social; como tampoco puede recomendarse a ciegas el modelo de la ciudad vertical, que ya tienen algunas de las ciudades más grandes del país, que se funda en una apreciación sociológica equivocada. Pero, el segundo de los aspectos es, sin lugar a dudas, el que debe iniciar el proceso de rescate de la ciudad mexicana. Se trata de la preparación y el seguimiento de un plan para la ordenación territorial y urbana de las zonas metropolitanas, que conjugue necesariamente los aspectos físicos con los sociales y económicos. Ya que, en el trasfondo de la incongruencia urbanística que padecemos hoy, se nota la ausencia de ese documento unificador.

Quizá el mayor peligro que tenemos por delante, sería continuar la miopía actual que implementa soluciones parciales pero imprecisas. Es verdad que la ordenación territorial y urbana solo puede llevarse a cabo por partes, desarrollando planes parciales concretos; pero la precisión, la certidumbre ordenadora, solo la puede aportar el plan estructurante, que conjugue las diversas disciplinas que involucra la planificación. Sí, es urgente hacer las modificaciones a la legislación; pero, por esa razón, es indispensable concretar el planeamiento. ¿De qué podría servir revisar apuradamente la legislación, preparar el contenido, por adecuado que pudiera parecer para un desarrollo regional y urbano ficticio, sin disponer del continente; es decir el modelo físico, el plan de ordenación? Parece más razonable proceder a la inversa. Sin dejar de fijar el rumbo y mirar el futuro, debemos utilizar el espejo retrovisor y confrontar los factores de desorden que deformaron nuestras ciudades.










1. “La traza básica de la mayor parte de las ciudades mexicanas a partir del siglo XVI, respetó un conjunto de parámetros y normas que permitieron patrones territoriales compactos con infraestructuras continuadas y teniendo al espacio público: la calle, la plaza, el parque, el atrio, como lugar de encuentro y convivencia social”. Exposición de Motivos de la Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León. Monterrey. 2016
2. “El crecimiento de nuestras ciudades se caracteriza por los asentamientos irregulares, los grandes conjuntos habitacionales alejados de los núcleos urbanos, el crecimiento hormiga en las zonas aledañas a la mancha urbana y en menor medida el reciclamiento y la re densificación”.Ibídem
3. La concentración del aumento de la población urbana en las ciudades más grandes podría explicarse por la profunda desigualdad con las condiciones de vida de la población rural. “La población urbana es más próspera, tiene mayores salarios, mejor acceso a los servicios de salud, mayor nivel educativo y más satisfactores cotidianos a su servicio”. Ibídem
4. La ratio crecimiento de población/crecimiento de la mancha urbana de la zona metropolitana fue: en el Valle de México, 142%/357%; en Guadalajara, 198%/382%; en Monterrey, 199%/490%; en Tijuana, 358%/437%. Sin embargo, los casos más agudos se presentaron las ciudades de Puebla-Tlaxcala 246%/1258% y Toluca 341%/2690%
5. Exposición de Motivos de la Iniciativa de Ley de Asentamientos Humanos y Desarrollo Urbano para el Estado de Nuevo León. Monterrey. 2016
6. Ibídem
7. Ibídem
8. Ibídem 
9. Ibídem
10. Ibídem
11. Ibídem
12. Ibídem

Cincuenta años del Plan Director de Monterrey (segunda parte)

JULIO 2017

Para conmemorar cincuenta años de la publicación del Plan Director de Monterrey de 1967 (Exápolis 2000), en METROPOLISREGIA.COM | JUNIO 2017 se inició el análisis de las principales propuestas del plan, que corresponde culminar en este artículo.

En la primera parte, publicada en junio, se describe la propuesta fundamental de los redactores, los arquitectos Cortés Melo, Albalate Olaria, Ríos Leal y otros: desarrollar el área metropolitana de Monterrey como un conjunto de seis ciudades contiguas casi independientes, con una “estructura federativa orgánica” (Cortés Melo)1; para la que se había estimado una población que superaría cinco millones de habitantes al final del siglo XX, con una superficie aproximada de cuarenta mil hectáreas, restringiendo la expansión irracional que había comenzado desde los años cuarenta2.

En esta segunda parte de julio, resta por explicar las características que tendrían tales “ciudades federación”: las condiciones de un planeamiento de “nivel óptimo” (Bardet) con el que según los redactores del Plan, se lograría “el desarrollo tanto de la comunidad como de la persona en todas las etapas y formas de la vida social, y a la vez se obtiene la mayor eficiencia urbana general en los demás aspectos”3.

Finalmente, y haciendo frente a la inobservancia de las recomendaciones del Plan Director de 1967, conviene hacer una valoración del proyecto en su conjunto y de la desviación posterior del planeamiento metropolitano de Monterrey.

Figura 0717-1. El Plan Director del Plan Regulador de la Subregión Monterrey de 1967, Guillermo Cortés Melo y colaboradores. Al final del siglo XX, incluida la Ciudad Central existente (color rojo), la metrópoli estaría compuesta por seis ciudades federación (Exápolis 2000). La expansión de las zonas industriales (sombreado color gris) y la de las zonas de vivienda de cada ciudad federación (color rosa) se desarrollan a partir del sistema de comunicaciones radial de la Ciudad Central. Los núcleos terciarios de equipamientos (color verde) son la estructura física y funcional de las zonas de vivienda


LAS CARACTERÍSTICAS DE LA CONFIGURACIÓN DE EXÁPOLIS 2000

A los parámetros de población y superficie urbanizable mencionados antes, la propuesta de Exápolis 2000 reconoce otros condicionantes de una peculiar configuración tentacular, contenida por el trazado del anillo de circunvalación metropolitano (Fig. 0717-1).

Por una parte, se considera que el planeamiento de la ciudad debe dar respuesta a la afinidad social natural de todo ser humano, lo cual se logra con el escalonamiento comunitario vecinal. Porque, para el pleno desarrollo social del hombre, es indispensable “pertenecer a varios grupos además del grupo familiar. Estos grupos son de dos tipos, los grupos de actividad (tales como los laborales, recreativos, políticos, religiosos, culturales) y los grupos vecinales”4. Por eso, “cualquier estructura urbana debe planearse, idealmente, desde el grupo vecinal más elemental, el llamado “escalón patriarcal”, grupo de 10 a 15 familias (…), hasta los grupos urbanos más complejos y completos: las ciudades óptimas y la ciudad federación, pasando por los grupos intermedios como el escalón doméstico y el barrio”5.

Por la otra parte, la “estructura federativa orgánica” que se ha dicho, debe amoldarse al entorno geográfico propio. Ya en el artículo de junio se explica los condicionantes de la orografía, las barreras naturales para el crecimiento radio concéntrico de la Ciudad Central, que constituyen las montañas y los cerros que rodean Monterrey. Pero, a estos, el proyecto de Exápolis 2000 añade los cauces de la cuenca hidrográfica, que se destinan para zonas verdes públicas de las ciudades federación. Los cauces del Río Santa Catarina -en su recorrido por los municipios de Santa Catarina, San Pedro y Monterrey-, del Río La Silla -a lo largo de Monterrey y Guadalupe-, y también los de los arroyos más importantes que absorbería la expansión de la metrópoli hacia el Norte. Aunque, quizá por pensar la ciudad como “unidad ecológica de orden superior”, el más importante de todos sería la preservación del humedal que se formaba entre los cauces cerca de la confluencia de los ríos Santa Catarina y La Silla, al Oriente del municipio de Guadalupe6.

Asimismo, por sus características tanto topográficas como hidrográficas, el Plan Director propone condicionar para usos no-urbanos otras dos importantes extensiones suburbanas: el Cañón de Huajuco, al Sureste del cruce del Río La Silla, que había sido decretado parque nacional7, y al Noreste de la Ciudad Central una zona para uso agrícola entre los municipios de San Nicolás y Apodaca8 ; que, pese a la reorientación terciaria de la economía regional, en ninguna de ellas adopta los objetivos señalados.

Así que, partiendo de una preconcepción de la estructura social (Bardet), así como de los condicionantes geográficos territoriales, el Plan Director de Monterrey desarrolla el modelo geométrico de la expansión de la metrópoli futura, de las seis ciudades federación mencionadas; en las que la configuración tentacular se justifica por la disposición radial histórica de las vías de comunicación (Poëte), aunque induciendo a partir de ellas cierto tipo de crecimiento direccional controlado (Doxiadis).

Sin embargo, si la disposición radial de las vías de comunicación determina naturalmente la estructura principal de las ciudades federación, la transversal de ellas define el programa de actuación del planeamiento urbano, el ordenamiento escalonado de la comunidad. Es decir, la secuencia del desarrollo de las Ciudades Óptimas en el tiempo,  constituidas a su vez, por los componentes urbanos de las diferentes escalas de la topografía social (Bardet) (Fig. 0717-2).

Pero la ordenación óptima de los componentes asegura la operatividad del Plan, ponderando ciertos aspectos cualitativos además de los cuantitativos9. Por ello, cada una de las ciudades federación prevé por separado las zonas para vivienda futura y para la expansión industrial. Ésta queda circunscrita tanto por la estructura radial motorizada, que viene de la Ciudad Central, como por las vías del ferrocarril; y está en tal posición, que las condiciones de ventilación natural reducen los efectos nocivos de la contaminación atmosférica en las zonas de vivienda.

Por su parte, la zona prevista de vivienda futura de cada ciudad federación la constituye un grupo de ciudades óptimas, un racimo de unidades completas. Solo la contigüidad de todas ellas garantiza el funcionamiento óptimo: el acceso desde la vía radial, la cohesión de los tejidos y la disponibilidad de los equipamientos colectivos que conforman la estructura urbana. “Cada ciudad federación del conjunto principal está constituida por una federación de 6 a 9 ciudades óptimas que utilizan (y se estructuran con respecto a) un centro terciario donde se encuentra aquel equipamiento no costeable a la escala de cada ciudad óptima”10. La población de la Ciudad Central se prevé para 1.550,000 habitantes (11,371 Ha), y la de las cinco ciudades federación varía entre 460,000 y 920,000 habitantes (3,488-6,813 Ha).


Figura 0717-2. Croquis de una ciudad federación de Exápolis 2000. El sistema de comunicaciones radial de la Ciudad Central determina la disposición de los componentes y el programa del Plan. La zona industrial está separada de la vivienda. El centro terciario, la estructura física y funcional de la ciudad federación, lo constituyen los equipamientos comunitarios rodeados por una extensa zona verde, que alcanza a todas las ciudades óptimas. Zona Industrial (ZI). Ciudad Óptima (CO). Espacio Verde (EV). Centro Comercial (C). Núcleos de equipamiento sanitario, educativo, deportivo y social: el Núcleo 1 (N1) debía tener Hospital, Universidad, Centro Universitario, Estadio y Centro deportivo. El Núcleo 2 (N2), Parque público, Clínica, Centro religioso y otro Centro Universitario. El Núcleo 3 (N3), Clínica, Centro de Espectáculos y el Edificio Administrativo. Cerca de la Ciudad Central debía estar el Centro Comercial y en el perímetro de las ciudades óptimas pequeños cementerios.


Pero, la atención del diseño urbano se orienta principalmente en la solución de los centros de equipamiento comunitario de cada ciudad federación; porque “estructuran a las zonas de vivienda de una manera general, tanto física como funcionalmente, pues agrupan gran parte de los elementos atractivos de las ciudades y son la sede de importantes fuentes de trabajo”11. Como es lógico, para el caso de la ciudad existente la dotación solo sería complementaria12; pero, para los demás, la configuración lineal acompañaría el desarrollo de las ciudades óptimas. Además, en correspondencia con esto, “la vialidad se estructura a base de un eje longitudinal más o menos radial con respecto a la Ciudad Central, que bordea las zonas de equipamiento terciario (en forma de dos arterias paralelas), y un conjunto de arterias sensiblemente perpendiculares a éste, que corresponden a las arterias de los centros y los límites de las ciudades óptimas de cada ciudad federación13.

Los siguientes niveles del escalonamiento urbano, que excluyen las zonas industriales de las ciudades federación, repiten la solución equipamental. Continúan la configuración centralizada y orgánica en los núcleos terciarios, dotados con los equipamientos comunitarios indispensables para el funcionamiento diario (Fig. 0717-3 a 0710-5). Las ciudades óptimas (10-18 barrios) conformadas por los barrios (500-2,000 familias) y, a su vez, por los grupos domésticos de viviendas (80-200 familias).

Figura 0717-3. La Ciudad Óptima de Exápolis 2000. Cada sería un racimo de barrios enlazados por un gran espacio verde con los equipamientos necesarios y con circulaciones peatonales separadas de las motorizadas. En la articulación del racimo de barrios se debía localizar el centro comercial (C) y un Teatro (T). Cada ciudad debía contar con dos núcleos educativos (N1) con una Escuela Técnica y una Preparatoria. También debía tener una zona de entretenimiento (N2) principalmente constituida por salas de cine. El núcleo de servicios públicos (N3) tendía un Centro de Salud, un Centro Social y un Edificio Administrativo


Figura 0717-4. Las Unidades de Barrio de Exápolis 2000. Los barrios se conformaban por un conjunto de grupos domésticos cuyos equipamientos estaban contenidos en una zona verde (EV) que continuaba la de la Ciudad Óptima. En la articulación de los parques había una zona para el comercio de diario (C) muy cercana a un núcleo de servicios (N1) con una clínica pequeña, una Escuela Secundaria, la Iglesia y el Edificio administrativo; mientras que podía está un poco más alejado de éste otro núcleo (N2) con otra clínica, el Centro Social, la Escuela Primaria y el Jardín de Niños

Figura 0717-5. Los Grupos domésticos de Exápolis 2000. Las unidades de barrio se configuraban con grupos domésticos alrededor de una zona verde (EV) con un parque (P) y una pequeña zona de comercios (C) asociada a las vías de circulación vehicular pero independiente de las peatonales que comunicaban los equipamientos y el grupo de viviendas (V)

Por último, es necesario mencionar, que los redactores eran concientes plenamente, que la realización del proyecto estaba condicionada por muchas operaciones inmobiliarias que permitieran disponer del suelo para desarrollar el plan de Exápolis 2000. Y, para asegurarlo, proponen afectar una cantidad muy importante de suelo ejidal y particular de la periferia de Monterrey (Fig. 0717-6). Debido a que la factibilidad dependía absolutamente de la consolidación de la propiedad, de gestiones cuya escala y complejidad no tenían precendente en la ciudad; quizá por esto, como se mencionó, los obstaculos resultaton infranqueables.


Figura 0717-6. 1. Adquisición de 1,300 Ha para los centros terciarios de las ciudades federación. 2. Distribución de 6,240 Ha para grupos de familias de escasos recursos. 3. Permuta de 2,300 Ha ejidales. 4. Adquisición de 370 Ha para usos terciarios. 5. Construcción de la vía férrea a la zona industrial Noroeste. 6. Desviación de la vía férrea Monterrey-Laredo


Unas cuantas líneas más son suficientes para concluir lo comentado hasta ahora acerca del Plan Director de Monterrey de 1967. Lo primero queda contenido en los dos artículos que conmemoran la publicación del plan. Que el proyecto postula para la capital industrial de México diversas teorías del urbanismo estadounidense y europeo, que tuvieron cierta relevancia a través del siglo XX.

Los criterios de la segregación funcional del planeamiento, y los de la expansión de las ciudades mediante la agregación de unidades de barrio que defendía Mumford, ya no eran extraños al desarrollo urbano local. En cambio, sí lo eran las teorías de la topografía social de Bardet; tanto como las del crecimiento direccional que, aunque apoyadas en otras del crecimiento lineal anteriores (Soria, Poëte, Le Corbusier, etc.), en esa época Doxiadis difunde desde Estados Unidos con el nombre de “ekística” alrededor del mundo. Y, que, parece sugerir el diseño de Exápolis 2000 en las direcciones radiales de Monterrey.

Lo segundo es todavía más destacable, la validez permanente de los criterios que sostienen el proyecto de Cortés Melo. Lo determinante se toma de algunas de las teorías de Bardet; consiste, nada menos, que en la fundamentación antropológica de la disciplina del urbanismo. Dado que ésta debe dar respuesta a la condición social del ser humano, aunque la afirmación pueda juzgarse como demasiado categórica, el beneficio colectivo es la condición para la consecución del individual. Que en el diseño urbano se traduce dando valor estructurante a los centros terciarios de los diferentes escalones comunitarios.

Otro aspecto de gran relevancia contemporánea, es indudablemente el reconocimiento que el proyecto hace de las preexistencias, de los valores que aporta la historia a la ciudad contemporánea (que entonces en Europa empezaban a rescatarse de la eclosión del urbanismo racionalista). Por eso el proyecto se adapta a las condiciones naturales del lugar: a las orográficas, las hidrográficas y las climatológicas, también a las concernientes al descanso y el ocio de la metrópoli. Asimismo, se adapta a las restricciones de la antropización: las vías de comunicación, la ciudad existente, etc.; que se conforman, como se ha visto, con la propuesta morfológica.

En definitiva, que a pesar que Exápolis 2000 pudiera contarse como uno más entre los grandes proyectos urbanos que planeaban la totalidad de la ciudad, Cortés Melo -no sin razón- califica de orgánico el diseño de la metrópoli futura; referenciando con ello la dimensión espacial prevista por el plan, a las modificaciones que se producen en el tiempo, el programa del planeamiento, para mejorar lo previsto. Así que, como ya se dijo, la soltura del trazado de los componentes urbanos, más que hablar de indeterminación, dice de cierto grado de flexibilidad que requieren los instrumentos del planeamiento.

Por eso, es conveniente terminar esta valoración diciendo que, ante los malos resultados urbanísticos del desarrollo tan indisciplinado como caótico que ha tenido el Área Metropolitana de Monterrey desde la segunda mitad del siglo XX; los responsables actuales del crecimiento y de la conservación de la conurbación regiomontana (las autoridades y la propiedad), pudieran reconsiderar para su regeneración, tantos aspectos positivos como los que contiene el Plan Director de 1967.







1. “According to the urban structural organization, the Comprehensive Plan proposes an expansion of the city through six carefully structured “Federation Cities”. These six cities would have the industry, commerce and related facilities necessary to function as semi-autonomous urban units. Each “Federation city” would be organized to follow the hierarchical organization of optimum cities, neighborhoods, domestic groups. These six “Federation cities” would together form what is called “Exapolis 2000” (exa=six, polis=city) denoting the ultimate development of the metropolis by the year 2000. The total of the Exapolis in the year 2000 is expected to be 5.2 million”. Jacques RODRIGUEZ, Thesis: Redevelopment of an urban area in Monterrey, Mexico. Rice University, Houston, 1971. Pág. 21, párr. 1
2. “Logically the only way to house more people is either to extend the present pattern of sprawl and cover vastly more land, or to use less land and increase its carrying capacity. I believe the latter is the correct approach and should be pursued by the government an planning officials of Monterrey simply because higher density solutions to housing are less costly, make more efficient use of city land, and economic development allow of infrastructure and facilities. Also more people can live closer to jobs, schools, and other necessities”. Ibídem. Pág. 31, párr. 2
3. El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Pág. 73, párr. 2
4. Ibídem. Pág. 46, párr. 6
5. Ibídem. Pág. 47, párr. 2
6. “Facilita espacios recreativos sub-urbanos a la población de ese rumbo”. Ibídem. Pág.45, párr. 5
7. Se encuentra dentro del área decretada como Parque Nacional Federal. Grandes atractivos naturales para la recreación de la población del Área Metropolitana. El desarrollo bien encausado de los alrededores de la Presa de la Boca puede convertir esta área en un gran centro recreativo y turístico. Su uso como zona habitacional no sería recomendable por no tener posibilidad de contar con centros de trabajo industriales cercanos. Ibídem. Pág. 45, párr. 4
8. No es conveniente como zona de desarrollo habitacional debido a la contaminación atmosférica producida por el área industrial. En cambio, (…) permite un amplio desarrollo como zona forrajera. El actual Ejido del Canadá podría ser ventajosamente desplazado hacia estas áreas”. Ibídem. Pág. 45, párr. 6
9. “Ciertos aspectos cualitativos sobre los grupos de ingreso, la estructura ocupacional general y la estructura por grupos de edades. Tales aspectos son relevantes para la estimación de áreas de terreno para la construcción de la vivienda, para estimar las necesidades de servicios educativos (y áreas respectivas), estimación de áreas de trabajo (especialmente las de tipo industrial), estimación de áreas para vialidad y tránsito, etc.” Ibídem. Pág. 30, párr. 2
10. Ibídem. Pág. 45, párr. 1
11. Ibídem. Pág. 66, párr. 5
12. “The trend has been to reconstruct existing neighborhoods in an effort to preserve communities and to improve the quality of life within them”. Jacques RODRIGUEZ, Thesis: Redevelopment of an urban area in Monterrey, Mexico. Rice University, Houston, 1971. Pág. 32, párr. 1
13. El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Pág. 67, párr. 7