Mercantilización o sostenibilidad

SEPTIEMBRE

 
DESARROLLO URBANO DEL ÁREA METROPOLITANA DE MONTERREY

Ahora más que nunca se sabe de la trascendencia la actuación humana en el territorio; para bien o para mal, forma parte de la historia de la civilización. Pero, como el Urbanismo tiene por objeto la ordenación de la ciudad –y ésta facilitar las operaciones propias del hombre-, es preciso contar con un modelo si no perfecto, al menos con uno idóneo; que, en cualquier caso, comporta un compromiso de sostenibilidad. Así, en armonía consigo misma y con su entorno, como manufactura colectiva la ciudad podría aspirar a ser “la cosa humana por excelencia”1, adoptando la afortunada reflexión rossiana. No obstante, muy a menudo observamos que se urbaniza al margen del modelo previsto, que se prefiere un resultado diferente, como ha ocurrido durante la expansión de Monterrey los últimos cincuenta años; de la cual se puede decir que ha rechazado el planeamiento urbano, excusando la concomitancia teórico-práctica de la disciplina y las condiciones de equilibrio ambiental.

Pero se debe profundizar en lo anterior, pues calificar como malo el resultado morfológico de la expansión de Monterrey no exime de una explicación. Si, por ejemplo, durante el siglo pasado se afirmaba que el modelo de vivienda unifamiliar aislada era el ideal de la ciudad moderna: ¿cómo se podría acreditar entonces el crecimiento excesivo y desarticulado que alteró el balance natural de la región?; o, por el contrario: ¿cómo se podría defender hoy lo opuesto, el modelo compacto y multifuncional, si la ciudad de rascacielos se materializa en grandes zonas congestionadas y anónimas de la metrópoli? Si fuera sensato no tomar en cuenta ni el modelo ni las condiciones de sostenibilidad, se juzgaría que el resultado fue consecuencia del desarrollo urbano; que, una vez superado cierto límite, la urgencia de suelo urbanizable llevó inevitablemente a la dispersión. Que para revertirla bastaría con aplicar una solución técnica adecuada: la mejora de las infraestructuras, de los sistemas de transporte, etc. No obstante, sin descartar la necesidad de estas, si se mira bien, lo que hemos calificado como desorden urbano se produjo por actuaciones que apuntaban en primer lugar al resultado económico; que privilegiaban la rentabilidad antes que a la calidad de vida de la ciudad, aunque después tienen que asumir consecuencias no esperadas.

Figura 0918-01. Plano de Monterrey de José de Urrutia de 1765. Aunque los investigadores no se ponen de acuerdo; Roberto Chapa ha determinado que el primer asentamiento de la ciudad (Villa de los de Agua de Santa Lucía, Alberto del Canto, 1577) habría permanecido poco tiempo en donde hoy está el obelisco de la calle J. I. Ramón; mientras que el segundo (Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, Diego de Montemayor, 1587), que tampoco perduró, habría estado al norte del arroyo en el costado poniente de la Explanada de los Héroes. El tercero (Diego Rodríguez Montemayor, 1612) corresponde al actual centro de la ciudad, que se observa en el plano de 1765 y que se había desarrollado muy poco

Así, las operaciones que anteriormente especulaban con el valor del terreno favoreciendo la dispersión, ahora buscan también lucrar con la saturación. Aunque se trata de modelos divergentes, los proyectos coinciden en la búsqueda de los mayores aprovechamientos urbanos. Se puede decir que esta deformación procede, aplicando una idea de Gregotti, de la mercantilización del desarrollo2, que se descubre fácilmente en la huella que dejó durante la configuración de la metrópoli. Sin embargo, conviene aclarar que este artículo no se plantea ni la exclusión de las condiciones de mercado ni los avances técnicos del planeamiento; sino que trata de verificar cronológicamente la mercantilización del desarrollo en la morfogénesis de la metrópoli, y concluir con la presentación de un modelo viable de ordenación urbana; aunque se haya hecho con mayor amplitud en los artículos de junio a septiembre de METROPOLISREGIA.


Figura 0918-02. Plano de la Nueva Ciudad de Monterrey de Juan Crouset de 1796. La nueva ciudad quedaba aislada del núcleo urbano existente, aunque conectaba con él a través de cuatro calles, como se puede ver al compararlo con el plano de la ciudad de 1798. El trazado de la nueva ciudad era perfectamente reticular, conforme al ideal renacentista, y estaba preparado para continuar la expansión. También se observa que, conforme a la legislación urbanística, el planeamiento urbano además de las calles establecía las posiciones de los principales espacios públicos representativos de los barrios. que eran presididos por edificios públicos.

SIGLOS XVIII Y XIX. EL RESULTADO DISFUNCIONAL DEL DESARROLLO URBANO

Dos siglos después de la fundación de Monterrey, el desarrollo urbano seguía estancado, condicionado más por el aislamiento económico que por el geográfico; parecía que solo las principales vías de comunicación territorial (este-oeste), y las características hidrográficas del sitio (el río Santa Catarina y el arroyo conformado por los ojos de agua de Santa Lucía), orientaban marginalmente la extensión del asentamiento hacia el poniente (Fig. 0918-01).

Figura 0918-03. Plano de Monterrey de Juan Crouset de 1798. Si se compara con el plano de 1765, la ciudad se había consolidado hasta la ribera del Río de la Ciudad (Santa Catarina) y el Arroyo Santa Lucía. Se observa que tanto el trazado de la ciudad existente, como el de las calles que se prolongaban al norte del arroyo, se respetaban el cauce y los ojos de agua; aprovechándolos para represar el agua de riego y para dotar a la ciudad del primer paseo arbolado

En cambio, la segunda mitad del siglo XVIII la localización estratégica de la plaza, asociada con el aumento de la población y el comercio regional, llevaron a planear la expansión de la ciudad. Por encargo de las autoridades, Juan Crouset preparó los proyectos de Monterrey de 1796 y 1798 que preveían extender el núcleo primitivo hacia el norte, salvando el arroyo Santa Lucía. El primer proyecto de 1796 planeaba una ciudad enteramente nueva a cierta distancia del núcleo existente; seguía el modelo reticular ideal con sus barrios, plazas y edificios públicos (Fig. 0918-02). Como ciertas autoridades se opusieron cambiar de lugar la ciudad, en 1798 se modificó, prolongando solo las calles más importantes del trazado rectangular del núcleo (Fig. 0918-03). La expansión conservó así la configuración irregular hasta que en 1865 el Ayuntamiento solicitó a Isidoro Epstein ajustarla con la retícula exacta que había comenzado Crouset (Fig. 0918-04), facilitando con ello la precisión del proceso de desamortización de la propiedad municipal, dictado por la Ley Lerdo de Tejada de 18563.

Figura 0918-04. Plano de la Ciudad de Monterrey y sus Ejidos de Isidoro Epstein de 1965. El trazado reticular comenzado por Crouset se extiende para urbanizar aproximadamente un cuadrado de una legua de lado del suelo municipal. Es muy importante destacar que trazado conserva el paraje del Arroyo Santa Lucía añadiendo al norte algunas plazas; previendo, además, una gran alameda


Aunque la desincorporación del suelo municipal resultó poco beneficio a las arcas públicas, para los particulares fue buen negocio, ya que se produjo en la antesala del despegue industrial de la ciudad con la mínima regulación urbanística. Por eso, al final del siglo XIX se comenzó a urbanizar alrededor de la retícula de Epstein, sin otra previsión estructurante ni equipamental que los antiguos caminos y las vías del ferrocarril recientemente terminadas (Fig. 0918-05). Los avances técnicos y las comunicaciones que trajeron el liderazgo y gran prosperidad a Monterrey, en lugar de facilitar el crecimiento ordenado de la naciente ciudad industrial, solo impulsaron la economía de la región. Por eso, el establecimiento de las grandes fábricas y las urbanizaciones de vivienda se produjo aleatoriamente, “con la casi completa exclusión de la intervención de cualquier poder público”4, como las ciudades que colonizaron el territorio oeste norteamericano.


Figura 0918-05. Plano de la Ciudad de Monterrey capital del Estado de Nuevo León de 1901. A treinta y cinco años de su trazado, la retícula Epstein seguía mayormente vacía; mientras que se desarrollaba las industrias y urbanizaciones de vivienda al norte de la Calle Colón. La alameda había reducido la superficie a la mitad

SIGLO XX. LA DESOBEDIENCIA DEL PLANEAMIENTO Y LA FRACTURA MORFOLÓGICA

Ya en el siglo XX, la falta de regulación podía considerarse de provecho para el desarrollo económico de la ciudad; sin embargo, casi todas las urbanizaciones de Monterrey adoptaron el trazado rectangular por considerarlo no solo el más eficiente, sino “la máxima concesión del capital privado a la administración pública”5 (Fig. 0918-05). Aunque con ello la autonomía geométrica de los trazados podía revelar la pujanza de la iniciativa local, la discontinuidad entre las urbanizaciones provocaba intersticios irregulares poco aprovechables dejando una impresión general de desorden; que al extenderse a las cabeceras de los municipios contiguos, acabó con la configuración multipolar histórica de la región. El resultado morfológico se expresaba no solo en el acertijo geométrico de los planos de Monterrey del siglo XX, sino en negligencias ambientales tan graves como el entubamiento o la canalización de los cauces fluviales; la eliminación de la vegetación ribereña de los ríos y arroyos que cruzan la metrópoli; la urbanización irracional de laderas y montes; de zonas de protección ecológica como el Cañón de Huajuco, etc. (Fig. 0918-06)

Figura 0918-06. Plano general de la ciudad de Monterrey y sus Ejidos de 1930. El trazado del siglo XIX ha quedado desbordado en todas direcciones. La estructura de circulaciones es muy compleja porque los trazados de las urbanizaciones son independientes unos de otros. Ni el todo ni las partes siguen un patrón reconocible.

Efectivamente, todo esto destacaba sobre todo la omisión de las autoridades (Fig. 0918-07); por eso, con la implementación del planeamiento urbano profesional de los años sesenta se buscaba controlar el desarrollo, extendiendo la ordenación al territorio. Aunque todavía se pensaba que convenía definir la forma de la ciudad, en el diseño ya se tomaba en cuenta los principios de la geografía humana y social. El Plan Director de la Subregión Monterrey (Exápolis 2000) de Guillermo Cortes Melo y Helios Albalate de 1967, ofrecía un modelo de crecimiento orgánico que regulaba la expansión de la ciudad central en las principales direcciones radiales, con grandes zonas verdes y agrícolas entre ellas (Fig. 0918-08). Proponía el desarrollo de otras cinco ciudades; en cada una la industria quedaba separada de la vivienda, mientras el centro terciario conformaba la estructura funcional y representativa de los agrupamientos residenciales, rodeados de áreas verdes muy abundantes y respetuosas de la hidrografía de la región.


Figura 0918-07. Plano de la ciudad de Monterrey, Nuevo León de 1965. La falta de articulación alcanza las cabeceras municipales contiguas a la capital del Estado. El consumo irracional del suelo provoca la dispersión y fragmentación de la metrópoli

A pesar de su profundidad antropológica y originalidad geométrica, el Plan fue desobedecido “a causa de la difícil conciliación con el ‘modelo liberal urbano’”6. Quizá por la razón apuntada por Roberto García Ortega, tampoco el siguiente Plan de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey de 1988 pudo conciliar los intereses públicos y privados, aunque probablemente como también afirma, por la falta de “una bitácora sistematizada para darle seguimiento al cumplimiento de los programas y acciones previstas en el documento”7 (Fig. 0918-09). Pero a la resistencia de la gestión y la desobediencia del planeamiento urbano, la adscripción del país al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), añadió nuevo brío al desarrollo económico; solo que la inversión en vivienda social e industria buscó el suelo más barato del perímetro, y antes de trasponer el umbral del siglo XXI, la fractura del conjunto urbano fue inevitable.

Figura 0918-08. El Plan Director del Plan Regulador de la Subregión Monterrey de 1967, Guillermo CORTÉS MELO, Helios ALBALATE OLARÍA y colaboradores (Exápolis 2000). El crecimiento de la población había superado todas las expectativas; por eso se diseña una metrópolis para cinco millones de habitantes. Se prevé la expansión de la ciudad central conformando una federación de cinco ciudades completas

  
SIGLO XXI. LA DISPERSIÓN EN LA PERIFERIA DE LA METRÓPOLI

Al consumo irracional de suelo provocado por la euforia desarrollista, el Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 de Oscar Bulnes y Helios Albalate fijaba un primer límite previendo la consolidación del conglomerado urbano en el Arco Vial Metropolitano, en el que se proponía la relocalización industrial. Con el desalojo de las antiguas zonas productivas, además de disponer de suficiente espacio vacío para cubrir la falta de áreas verdes y equipamiento urbano, se esperaba promover actuaciones de vivienda de mayor densidad, aumentando la compacidad de la ciudad central y equilibrando el desarrollo urbano (Fig. 0918-10). 

De todos modos, los redactores estaban conscientes de la dificultad de corregir el azar expansivo del desarrollo; por lo que advertían del posible fracaso del Plan si prevalecía el escenario tendencial de crecimiento. En ese caso, decía, “se considera que no se podrán establecer políticas de orden y control urbano; por lo que el crecimiento se daría en forma dispersa sobre cualquier parte del territorio”8. Y, como en efecto el desarrollo siguió fuera de control, la dispersión rebasó el Arco Vial Metropolitano. La fragmentación del tejido urbano alcanzó rápidamente los municipios de la región periférica; pese a que la legislación modificó los criterios de financiamiento público, favoreciendo la densificación de la vivienda social plurifamiliar en la periferia y la edificación residencial compacta en el centro de la metrópoli.

Figura 0918-09. Plano 1. Evolución física de la mancha urbana de 1900 a 1984 (SAHP Gobierno del Estado de NL). Roberto GARCÍA ORTEGA, Área Metropolitana de Monterrey 1930-1984. Antecedentes y análisis de su problemática urbana. El crecimiento de la ciudad sigue fuera de control. El desarrollo urbano se acerca por el norte y por el este al Arco Vial Metropolitano

Actualmente, la falta de parámetros morfológicos del modelo permite la propagación del desorden urbano, obviando las condiciones geográficas e históricas de la región. (Fig. 0918-11). Pero, además, por la otra, tolera la insuficiencia técnica del planeamiento extendiendo la monofuncionalidad -la escasez de equipamiento social y área verde a pesar de la proliferación de usos comerciales y lúdicos-, y la movilidad ineficiente que eleva los niveles de contaminación atmosférica amenazando la salud pública. Se corrobora que la conformación metropolitana de Monterrey no ha seguido un modelo urbano distinto del desarrollo mismo; lo que demuestra, como advierte Vizcaya Canales, que “la ‘idea’ del crecimiento se superpone, sin motivo, al territorio”9. Pero, como éste, el crecimiento se retroalimenta con el desarrollo técnico, ni se modera el objetivo de rentabilidad ni la inercia mercantil. En cambio, como se dijo, la sostenibilidad implica la búsqueda de la calidad de vida –el florecimiento de todo tipo de vida-; y, como consecuencia, la regulación de la tendencia expansiva del desarrollo, demostrando entonces el interés genuino de la propiedad. Porque solo a partir de una ecología humana, que rige el balance natural pero requiere del apoyo de una economía inclusiva, se puede salvar el planeamiento urbano de la inoperancia y fundamentar el modelo idóneo de la metrópoli del siglo XXI.


Figura 0918-10. Plano 43. Imagen objetivo 2021 del Plan Metropolitano 2000-2021 de Oscar BULNES VALERO y Helios ALBALATE OLARÍA. El plan se propone consolidar el suelo de la metrópoli hasta el Arco Vial Metropolitano, que comienza a desbordarse

Con lo dicho hasta aquí, hemos respondido a las preguntas que se planteaba al principio; resta sin embargo por aclarar, cuál sería ese modelo idóneo que se ha mencionado reiteradamente. Cuál el prototipo que, en último término, serviría para equilibrar mercado y desarrollo urbano de Monterrey. Y para describirlo afortunadamente no hace falta empezar de cero; basta revisar algunas propuestas para casos de dispersión semejantes al nuestro, entre las que debe incluirse la que preparó Rubén Pesci hace unos años para el Programa de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030; que, aunque resolvía únicamente la gran escala, era específica de la región metropolitana y miraba en la dirección correcta.


Figura 0918-11. Diapositiva 19. Evolución de la conurbación regiomontana. Visión del Desarrollo Urbano. Gobierno del Estado de Nuevo León. 2015-2021 (Roberto Russildi Montellano y José Luis Ortiz Durán). En la imagen del satélite se destaca la metrópoli regiomontana, cuya expansión que sobrepasa 100,000 Ha. La configuración de la mancha urbana demuestra la inoperancia de los planes de ordenación y los programas de planeamiento

EL MODELO URBANO IDÓNEO Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Con respecto a la dispersión, abundan los casos. Pero, como ejemplo de regeneración urbana desarticulada, sería posible aplicar en la región periférica de Monterrey algunas ideas de la segunda generación de new towns británicas, como las del proyecto de Harlow de Frederick Gibberd. Por su parte, el planeamiento alemán experimentó ya desde el siglo XIX un tipo de crecimiento disperso -parecido al nuestro-, que continuó desde la primera mitad del siglo XX un tipo de crecimiento disperso contiguo, que enfrentó de forma diferente que el europeo continental y el norteamericano; para la propuesta se acuñó el concepto de ciudad-paisaje (Stadtlandschaft). Ernst May, exponente de este concepto, propuso en el Plan de Breslau la desintegración de la gran ciudad en fragmentos de tejido urbano asociados con el paisaje natural, diseñados cada uno separadamente mezclando unifamiliares y plurifamiliares; que no obstante la fractura del conjunto se sigue reconociendo en sus partes. Posteriormente, Rudolf Schwarz profundizó estas ideas en el Plan de Köln (Fig. 0918-12), explicando que “la sustancia urbana adopta una condición fluida, acercando sus límites a los del paisaje (…). La ciudad y el campo se difuminan y lo que toma su lugar no es ni lo uno ni lo otro, sino algo distinto; una ciudad que se extiende por todo el campo, que es paisaje y ciudad al mismo tiempo”10. En tanto que la dispersión ha sido el fenómeno más característico del desarrollo urbano del siglo XX, consideramos que el concepto de ciudad-paisaje anticipa el proceso de regeneración que necesita nuestra metrópoli como otras tantas.


Figura 0918-12. Rudolf SCHWARZ, Plan General de la Ciudad Paisaje de Colonia de 1951. “Proponía un nuevo tipo de zonificación, como alternativa a la establecida por la Carta de Atenas; ya no se basaba en el análisis funcional de la ciudad, sino en la consideración histórico-ontológica de sus características permanentes. Cuatro “poderes” (Gewalten) o elementos dominantes, deberían estar siempre presentes en el ámbito urbano –soberanía, educación, culto y economía- cobrando protagonismo por turnos, conforme los cambios de las condiciones sociales e históricas”. (Panos MANTZIARAS, Rudolf Schwarz and the concept of “city-landscape”, en ETSAUN, Arquitectura, ciudad e ideología antiurbana, Pamplona, 2002. Pág. 23, párr. 3)

Ahora bien, si las propuestas descritas son solo aportaciones genéricas, la de Pesci pretende ordenar el territorio de nuestra metrópoli. Así que parte del potencial económico de la región, que no dejará de inducir a la expansión; por lo que no trata impedirla sino que la organizala. La porpuesta clave es el desarrollo del Corredor 2030 en el Arco Vial Metropolitano; una reserva de suelo equidistante de los límites de la metrópoli para “una ciudad lineal de innovación tecnológica, relocalización industrial, grandes equipamientos y servicios y enclaves de vivienda social”11 que puede absorber las inversiones que favorecen la competitivadad global. Esta nueva centralidad lineal y transversal reorienta y relocaliza el dinamismo del desarrollo y completa la estructura de comunicaciones concéntrica. También tiene capacidad de resolver los principales indicadores de la calidad de vida de la metrópoli; y, finalmente, de consolidar el policentrismo preexistente compensando la influencia del sistema radial (Fig. 0918-13).


Figura 0918-12. La propuesta de consolidación policéntrica de la RMNL está representada en el Plano 7.1 Fortalecimiento de las ciudades del RP y de las cabeceras municipales de la ZC. El dibujo, aparte de intentar una primera diferenciación de los núcleos según el grado de atracción, destaca las consecuencias de la dispersión en el planeamiento urbano.


Por tanto, si, por una parte, el concepto de ciudad-paisaje puede organizar la dispersión y a la vez resolver las condiciones de sostenibilidad; ya que, como afirma Desvigne, incorpora “el paisaje como condición previa”12 [considerando que] “la naturaleza es proceso, (…) que responde a leyes y que representa valores y oportunidades para el uso del hombre”13. Si por otra, el modelo concéntrico y policéntrico de Pesci equilibra el dinamismo del desarrollo y recupera la configuración histórica de la región; previendo como sugiere Ordeig, “la conservación del patrimonio cultural heredado e incluso a imágenes que representan estadios históricos de la técnica industrial”14; estamos ante una formulación teórica, en la “que el orden espacial pasa a ser el orden de la sociedad”15; ante un modelo de ordenación viable para nuestra metrópoli.

Pero, no podemos concluir sin decir que es imperativo actualizar los documentos del planeamiento metropolitano; sin insisitir en la urgencia de la formulación de los instrumentos de la práctica concomitante del modelo ideal; ya que, como dice Gravagnuolo, los "fenómenos de degeneración del desarrollo urbano que (…) derivan predominantemente de la ineficacia de los planes y de las carencias (…) en el control de la expansión”16. Hace unos días, las autoridades locales lo han reconocido públicamente17. Así que, una vez que la legislación federal ha determinado la conveniencia de recuperar el modelo de ciudad compacta, que es perfectamente compatible con lo que se acaba de exponer, el desarrollo urbano debe replantearse a partir de la documentación del planeamiento en todas las escalas (regional, estructurante y operativa). En el cual es conveniente que racionalidad y sensibilidad se conjuguen en la protección de la escala de la vida ciudadana, el diseño del espacio público; en definitiva, que el desarrollo mismo sea escuela de civismo.




1. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 8, párr. 3
2. Cfr. Vittorio GREGOTTI, La Reppublica, 28.VII.1980 
3. Cfr. Rocío GONZÁLEZ MAIZ, Desamortización y propiedad de las élites del noreste mexicano 1850-1870. Fondo Editorial de Nuevo León. Monterrey. 2011. Pág. 9, párr. 1
4. Luis CABRALES, La ciudad norteamericana: la fe en el futuro, en Ciudades del Globo al Satélite. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (Electa, 1994). Pág. 5, párr. 4
5. Isidro VIZCAYA CANALES, Los orígenes de la industrialización de Monterrey. Una historia económica y social desde la caída del Segundo Imperio hasta el fin de la Revolución 1867-1920. Fondo Editorial Nuevo León-ITESM, 2006. Pág. 5, párr. 2
6. Roberto GARCÍA ORTEGA, La conformación del Área Metropolitana de Monterrey y su problemática urbana. Monterrey, 1984. Pág. 105, párr. 1
7. Roberto GARCÍA ORTEGA, Asentamientos irregulares en Monterrey, 1970-2000, Divorcio entre planeación y gestión urbana. Revista Frontera Norte volumen 13, número especial 2. 2001. Pág. 121, párr. 4
8. Oscar BULNES VALERO y Helios ALBALATE OLARÍA, Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5
9. Isidro VIZCAYA CANALES, Los orígenes de la industrialización de Monterrey. Una historia económica y social desde la caída del Segundo Imperio hasta el fin de la Revolución 1867-1920. Fondo Editorial Nuevo León-ITESM, 2006. Pág. 5, párr. 2
10. Panos MANTZIARAS, Rudolf Schwarz and the concept of “city-landscape”, en ETSAUN, Arquitectura, ciudad e ideología antiurbana, Pamplona, 2002. Pág. 32, párr. 5
11. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. 2012. Pág. 100, párr. 2
12. Michel DESVIGNE, El paisaje como condición previa. Paisea 023, La gran escala. Barcelona, 2012. Pág. 8-17)
13. Juan Luis DE LAS RIVAS SANZ, El paisaje como regla: el perfil ecológico de la planificación espacial. En María CASTRILLO ROMÓN y Jorge GONZÁLEZ-ARAGÓN CASTELLANOS (coordinadores). Planificación territorial y urbana, investigaciones recientes en México y España. Instituto Universitario de Urbanística-Universidad de Valladolid. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco-División de Ciencias y Artes para el Diseño. Publidisa, 2006. Pág. 26, párr. 3
14. José María ORDEIG CORSINI, Diseño Urbano y pensamiento contemporáneo. Instituto Monsa de Ediciones, S. A., Barcelona, 2004. Pág. 302, párr. 2
15. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 10, párr. 3
16. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
17 . Cfr. El Norte. 09.09.2018, p.1 col. 1-2



Morfología y desarrollo sostenible del Área Metropolitana de Monterrey III

AGOSTO

Como se explicó en el artículo de julio de METROPOLISREGIA, después de la publicación del Plan Director de 1967, el desarrollo mercantilizado ha sido el factor más determinante de desorden urbano del Área Metropolitana de Monterrey. A pesar que las actuaciones cuentan con las herramientas de ordenación, en la periferia los modelos de vivienda aislada contribuyen a la dispersión, y los de vivienda vertical al congestionamiento del núcleo central. Aunque estos modelos son compatibles con el planeamiento y convenientes para diversificar la oferta de vivienda, los proyectos buscan casi siempre los mayores aprovechamientos urbanos. Así que, antes que la calidad, la cantidad ha forzado la expansión o la concentración de la metrópoli 1.

Como la sobreexplotación y énfasis geométrico de los proyectos no pone atención en las condiciones geográfica e histórica, las aportaciones de la técnica en lugar de paliar los efectos derivados del crecimiento exagerado, han contribuido a consolidar la disfuncionalidad de la ciudad. Por una parte, la movilidad ineficiente provoca el aumento de los niveles de contaminación atmosférica, alterando el equilibrio medioambiental2; por otra, el desarrollo privilegia la oferta irracional de vivienda y de espacios para el comercio y el ocio, dejando sin resolver la escasez y mala distribución de áreas verdes y equipamientos sociales.

Pero, además, si al mercantilizar el desarrollo, la ciudad se desmarca del equilibrio funcional obviando las condiciones de proximidad de los componentes urbanos, admite también el descuido del espacio público. Tanto la monotonía de las interminables texturas unifamiliares del perímetro, como el protagonismo volumétrico de las zonas centrales plurifamiliares renovadas, han alterado la escala humana de la ciudad. Así que, ante la invasión del automóvil de la escena urbana, las actuaciones enfatizaron el discurso semántico de la arquitectura, en detrimento de la calidad del ámbito de interacción social.


Figura 0818-01. Lista de acciones que facilitan el desarrollo urbano sostenible


Ahora bien, dado que los tres factores de desorden urbano mencionados -disfuncionalidad, desbalance natural y indeterminación del espacio público-, son aspectos del crecimiento que nuestra metrópoli comparte con otras grandes ciudades del país; se justifica la aplicación de un nuevo modelo de desarrollo urbano, como propone la legislación federal. No obstante, el modelo ni está predeterminado ni puede aplicarse en todas las ciudades por igual, sino que deberá adecuarse a las circunstancias de cada una; sobre todo, por lo que toca a los parámetros de concentración, con los que actualmente se pide renovar los antiguos núcleos urbanos. Tarea que, como hemos visto en artículos anteriores, en el caso de Monterrey es más compleja por el grave deterioro morfológico y el arraigo de la gestión deficiente (Fig. 0818-01).

Por eso, la homologación de la legislación estatal con la federal a la que se ha venido aludiendo en esta publicación, constituye indudablemente una oportunidad para remediar el desorden urbano y territorial. Una coyuntura, que además de planear la expansión ordenada, debe detonar la regeneración de la ciudad contenida por el Arco Vial Metropolitano. Así que, en esta publicación de agosto de METROPOLISREGIA -la última que está prevista como aportación para el Foro Metropolitano de 2018 que coordina la Comisión de Urbanismo de ANA-MTY3-, se repasa las características del modelo urbano idóneo de nuestra metrópoli, como se expuso más ampliamente en los artículos de febrero a mayo.

Figura 0818-02. Plano Regulador de Monterrey de Carlos Contreras (1937). El diseño recuerda las características del City Beautiful Movement. El proyecto proponía añadir importantes trazados a la retícula de Epstein, destinando una gran extensión para el parque del Obispado, en el que se relocalizaba la estación del ferrocarril. La continuación de los trazados del núcleo hasta la avenida Ruiz Cortines (el límite norte del ejido) resolvía el desorden de la estructura radial de circulaciones de las zonas industriales y de vivienda social. La interconexión de las diagonales de las vías de ferrocarril, la configuración exterior poligonal y el gran parque Anáhuac completan el modelo urbano radio concéntrico (Archivo Héctor Domínguez)


EL MODELO DE CIUDAD Y EL DESARROLLO URBANO SOSTENIBLE DE MONTERREY

Es interesante reconocer en el Monterrey del siglo XX, como lo hizo en su momento el planeamiento oficial, la configuración del modelo urbano radio concéntrico; aunque, también, la necesidad de la consolidación policéntrica desde el final del siglo pasado. En primer lugar, como se puede deducir de la localización del asentamiento inicial de espaldas a las montañas, que la expansión de la ciudad trazó un modelo urbano radio concéntrico incompleto; y, que las características de la orografía propia, orientaron a la disposición tentacular durante la configuración de la metrópoli. Y, en segundo, que la consolidación del policentrismo es indispensable, a partir de la circunscripción de los municipios contiguos de la capital del Estado en el Área Metropolitana de Monterrey.

Figura 0818-03. Apuntes para el Plano Regulador de la Ciudad de Monterrey de Kurt Augustus Mumm (1945-1950). El proyecto conserva la geometría radio concéntrica, pero resuelve la estructura de circulaciones de forma diferente que la propuesta de Contreras; descompone el tejido residencial en unidades de barrio (teoría de Neighbourhood Unit de Clarence Perry) que separan las arterias principales del sistema, añadiendo la posición de los equipamientos urbanos fundamentales. Entre éstos, destaca la recuperación del parque que conformaban los diferentes ojos de agua del Arroyo Santa Lucía

Como antecedente, recordamos que Isidoro Epstein había trazado la retícula del centro de Monterrey en 1865, extendiendo la comenzada por Jean Crouset al final del siglo XVIII. Y, que alrededor de ella, las principales vías de comunicación regional, ferroviaria y motorizada, configuraron la estructura de circulaciones primitiva, que alojó los asentamientos industriales y de vivienda social de Monterrey el último cuarto del siglo XIX. Pues bien, partiendo del nuevo eje comercial de la ciudad porfiriana, constituido por las avenidas paralelas Madero y Colón, el sistema radial se desplegó en todas direcciones.

Posteriormente, para ordenar la expansión de la ciudad y la estructura de circulaciones, el arquitecto Carlos Contreras (BArc-1921, Columbia University) durante los años treinta (Fig. 0818-2), y el urbanista Kurt Augustus Mumm (BCP-1946, Harvard University, Wheelwright prize) la segunda mitad de los cuarenta (Fig. 0818-3), buscaron organizar el trazado del sistema radial, completando el modelo concéntrico con trazados transversales y poligonales, abrazando la ciudad existente y la prevista por la expansión. Sin embargo, como destaca Ricardo Padilla, a diferencia el modelo radio concéntrico convencional que las desplaza al exterior, las zonas industriales quedaban como centro geométrico del polígono; lo cual, dificultaba enormemente la expansión ordenada. Y, como las propuestas del planeamiento de los años treinta y cuarenta no se llevaron a cabo, la tendencia de crecimiento disperso siguió hacia el norte. Así que, a la mitad del siglo XX, un mosaico fracturado de actuaciones industriales y de vivienda quedaba delimitado en un polígono irregular (Fig. 0818-04).

Figura 0818-04. Plano oficial de la ciudad de Monterrey y los municipios adyacentes. Comisión de Planificación del Estado. Monterrey, 1947. La ciudad se extiende hasta los municipios adyacentes a la capital del Estado (Archivo de Héctor Domínguez)

A pesar de esto, el Plan Director de 1967 no abandonó la idea de consolidar el modelo radio concéntrico, sino que propuso una localización precisa para las zonas productivas, cuidando las condiciones de higiene del tejido residencial (Fig. 0818-05). Aunque, dada la extraordinaria previsión espacio temporal del plan (40,000 Ha en el año 2000) y la complejidad orográfica de la región, el modelo concéntrico se desarrollaría de forma incompleta4. Por una parte, la ciudad central quedaría circundada con trazados poligonales semejantes a los planeados por Contreras y Mumm; y, por otra, un anillo exterior de comunicación regional motorizado (Arco Vial Metropolitano) delimitaría la expansión la metrópoli entre las montañas. Así, cada una de las ciudades federación previstas por el plan, constituidas por el esponjamiento del tejido urbano desde la estructura radial, configurarían la geometría tentacular de la EXÁPOLIS 2000. No obstante la desobediencia generalizada que afectó a este plan y al siguiente de 1988, el modelo concéntrico finalmente pudo concretarse con el Arco Vial Metropolitano del Plan Metropolitano 2000-2021; si bien, con una estructura dotacional y de circulaciones muy deficiente.

Figura 0818-05. Plan Director de la Subregión Monterrey de 1967 (Exápolis 2000). La metrópolis era ceñida por un añillo que delimitaba e interconectaba las radiales de acceso a las cinco ciudades federación y a la Ciudad Central. La condición orográfica propia del Área Metropolitana hacía inevitable la morfología tentacular. La Sierra Madre, el Cerro de las Mitras, el Cerro del Topo y el Cerro de la Silla eran los separadores naturales de la estructura federativa, aunque debieron complementarse con las reservas de suelo agrícola y de parques para delimitarlas al Noreste y el Este del conjunto (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura de la Portada)

Por su parte, la propuesta de ordenación de Rubén Pesci de 2012 que acompaña el Programa de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, cuestiona la congruencia del modelo de desarrollo urbano y económico, que había provocado la extensión excesiva y la falta de cohesión de la metrópoli. Durante el siglo XX se había tolerado una expansión espontánea pero anárquica de la ciudad, estimulada por el potente desarrollo económico regional (de alcance global desde los años noventa después de la adscripción del país al TLCAN), que había alterado el equilibrio dinámico del modelo radio concéntrico. En ella, la preponderancia del dinamismo radial había neutralizado la pluralidad polar del territorio, dejando un tejido urbano fragmentado.

Sin embargo, la propuesta reconoce, que ese potencial económico de la región no cesará de inducir la expansión en cualquier lugar de la metrópoli (Fig. 0818-06); y, por ello, “la necesidad y conveniencia de actuación conjunta constituye un concepto fundamental de integración socio-económica”5. Partiendo de este diagnóstico, Pesci describe las actuaciones urbanas que son necesarias para corregir el desorden urbano; las que constituyen el modelo idóneo de la metrópoli que logrará compatibilizar el desarrollo urbano sostenible con el económico.

Figura 0818-6. Figura 2. Corredores Comerciales de México-Estados Unidos de América –Canadá. Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030, 2012. Pág. 63(Secretaría de Desarrollo Sustentable, Gobierno del Estado de Nuevo León, 2010-2015)

En primer lugar, para controlar la dispersión, el proyecto complementa la configuración radio concéntrica (Fig. 0818-07); así que, aparte de la densificación de los asentamientos existentes, propone completar la estructura de circulaciones, reorientando el dinamismo del desarrollo urbano en dirección transversal. Y, para conseguir el equilibrio dinámico y funcional, el proyecto planea el desarrollo del Corredor 2030 a lo largo del Arco Vial Metropolitano; se ofrece así “una centralidad lineal próxima a todos los municipios de la Región, donde podrán ofrecerse empleos, servicios, transportes, que aproximan a los municipios de la Región Periférica todas las ventajas de la modernización”6. Por eso, prevé en el Corredor 2030 la relocalización “de las antiguas industrias y predios ferroviarios desactivados (…), generando allí unas 3,600 hectáreas desocupadas para nuevos y grandes desarrollos urbanos integrales”7. Como consecuencia, “esta gigantesca recualificación (…) podrá absorber en el lapso de 20 años (…) gran parte del crecimiento población de toda esa Área Metropolitana (…), potenciando la idea de compactación y densificación (…), y completando la ocupación de vacíos en una estrategia de ocupación y uso del suelo más compacto y densificado, alentando los usos mixtos. Estas acciones van de la mano de una mejora en los espacios verdes (…) y los de servicios y equipamientos sociales"8.

Figura 0818-7. La propuesta de consolidación policéntrica de la Región Metropolitana de Nuevo León está representada en el Plano 7.1 Fortalecimiento de las ciudades del Región Periférica y de las cabeceras municipales de la Zona Conurbada. El dibujo, aparte de intentar una primera diferenciación de los núcleos según el grado de atracción, destaca las consecuencias de la dispersión

En segundo lugar, planea la recuperación de la configuración histórica multinucleada, la que tenía la región antes de la conformación de la metrópoli; desarrollando “núcleos de actividades industriales y de servicios, turismo y ocio, e incluso innovación y tecnología”9. Con ello, por una parte, se restablecería la capacidad de atracción de las centralidades históricas, añadiendo la de las más recientes, de la metrópoli. Y, por otra, se podría corregir la monofuncionalidad; porque “la definición de un sistema urbano de carácter policéntrico es hoy un aspecto importante de las políticas de ordenación territorial y planificación urbana, tratando de incorporar la posición del núcleo urbano en las áreas funcionales y los espacios dependientes”10.

Figura 1808-8. Diagrama del desarrollo urbano sostenible de Monterrey11. El modelo asume la disgregación existente, consolidando un modelo radio concéntrico y policéntrico en la escala del territorio. Los vectores del esquema destacan las condiciones que podrían equilibrar el dinamismo de la dispersión: la renovación del Área Central, el desarrollo del Corredor 2030 en el Arco Vial Metropolitano, y la descentralización e interconexión de los municipios de la Región Periférica con una Ruta Parque futura

En síntesis, se tiene que el modelo de Pesci en lugar de proponer una utopía, formula un escenario deseable pero posible para el desarrollo urbano sostenible: planea la consolidación del tejido urbano existente, respetando la configuración radio concéntrica (Fig. 0818-08). En el cual, por una parte, la densificación residencial y la dotación equipamental lograrían la complejidad que requieren los núcleos urbanos para volverlos a su natural polaridad; y, por otra, la especialización de las actividades productivas de esos mismos núcleos, alentaría la competitividad económica global de la metrópoli. Precisamente porque el diseño visualiza la escala regional, la dualidad concéntrica y policéntrica aparece como la solución idónea para el ordenamiento territorial de Monterrey; ya que esa pluralidad morfológica, conjunta tanto la configuración geográfica como la histórica de la región que, como se decía al comienzo de este artículo, el desarrollo urbano mercantilizado había desatendido, buscando ante todo los mayores aprovechamientos urbanos.

Por último, destacamos que el proyecto de Pesci conjuga los aspectos teóricos y prácticos de la disciplina. Así como el urbanismo moderno, incorpora en el diseño “sistemas en los que el orden espacial pasa a ser el orden de la sociedad”12, determina también la urgencia de complementar el proyecto en las demás escalas del planeamiento: “la construcción planificada del espacio antropizado”13. Señalando que la ausencia de cualquiera, como ha sucedido hasta ahora en Monterrey, repetiría “los fenómenos de degeneración del desarrollo urbano que (…) derivan predominantemente de la ineficacia de los planes y de las carencias (…) en el control de la expansión”14.







1. En Monterrey, como ocurría “en la ciudad norteamericana del XIX, la ‘idea’ del crecimiento se superpone, sin motivo, al territorio”. Luis Felipe CABRALES BARAJAS, La ciudad norteamericana: la fe en el futuro, en Ciudades del Globo al Satélite. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (Electa, 1994). Pág. 5, párr. 2
2. Recuperamos aquí un texto de Teodoro González de León que, aunque se refiere a la ciudad en general, se puede aplicar para resolver algunos problemas de nuestra metrópoli. “El transporte público de la ciudad no sólo es un servicio de primera y fundamental necesidad; sino, además, un instrumento que da coherencia a la vida urbana; un medio para influir en la densidad y en el uso del suelo; en suma, un verdadero instrumento de política urbana”. Teodoro GONZÁLEZ DE LEÓN, Arquitectura y ciudad, discurso de ingreso al Colegio Nacional, en Revista Vuelta 158. México, 1990. Pág. 10, col. 2, párr. 2
3. La misión de la Comisión de Urbanismo de ANA-MTY es fomentar el desarrollo de una cultura urbana, armónica y sostenible en la conciencia ciudadana. Cfr. Academia Nacional de Arquitectura, Capítulo Monterrey. Comisión de Urbanismo. VISIÓN METRÓPOLIS Y ESTADO. Cartel de la Sesión 245 del 13 de Agosto de 2018
4. “Si durante mucho tiempo pudo afirmarse que el crecimiento era un hecho muy positivo (cuanto mayor, mejor), desde la década de los años sesenta, cuando se planteó la polémica de los límites del crecimiento, la perspectiva empezó a cambiar. Hoy lo ha hecho todavía más, con la actual crisis global. En estos momentos, seguramente es cierto que, en algunos casos, el crecimiento cuanto menor, mejor; y en todas la situaciones, cuanto más equilibrado, mejor“. Horacio CAPEL, Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. ISSN 0188-4611, Núm. 70, 2009. Pág. 13, col. 2, párr. 4 a pág. 4, col. 1, párr. 1
5. Fernando GUTIÉRREZ MORENO y Rubén PESCI, Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030. Monterrey. Pág. 100, párr. 1
6. Ibídem. Pág. 98, párr. 7
7. Ibídem. Pág. 99, párr. 4
8. Ibídem. Pág. 99, párr. 5
9. Ibídem. Pág. 17, col. 1 párr. 3
10. Ibídem. Pág. 17, col. 2, párr. 1
11. Ibídem. Pág. 100
12. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 10, párr. 3
13. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
14. Ibídem. Pág. 7, párr. 4

Morfología y desarrollo sostenible del Área Metropolitana de Monterrey II

JULIO 2018

 

En el artículo de METROPOLISREGIA de junio de 2018, se explicaba que la expansión casi exclusivamente unifamiliar del Área Metropolitana de Monterrey (AMM), además de ser disfuncional había roto el equilibrio medioambiental1. Conviene recordar al respecto, que la trascendencia de la actuación humana en el territorio es inevitable, para bien o para mal forma parte de la historia de la civilización. Por eso, como el Urbanismo tiene por objeto la ordenación de la ciudad y ésta facilitar las operaciones propias del hombre, se debería buscar para ella el modelo perfecto, al menos el idóneo. Así, en armonía consigo misma y con su entorno, la ciudad como manufactura colectiva sería “la cosa humana por excelencia”2, según la afortunada reflexión rossiana que habíamos citado en aquella ocasión.

A pesar que la argumentación anterior no fuera concluyente, que lo es (quizá tanto como este lugar inapropiado para demostrarlo), muy a menudo observamos que la ciudad se construye al margen del modelo previsto. Tal es el caso de este artículo de julio; si bien, al juzgar como negativo el resultado morfológico de Monterrey de los últimos cincuenta años, se asoma cierta contradicción. Pero, ¿cómo se podría aprobar la expansión excesiva y desarticulada de una metrópoli que acabó con el equilibrio medioambiental, aunque el modelo de ciudad monofuncional de vivienda unifamiliar aislada fuera considerado el ideal de la estructura social moderna? O, también, ¿cómo permitir ahora lo opuesto, la superposición de la ciudad multifuncional de los rascacielos a lo existente; si se materializa como vemos en grandes zonas urbanas congestionadas y anónimas? Admitirlo significaría que la práctica urbanística no conecta necesariamente con el modelo teórico, que el diseño urbano podría ser autónomo en el nivel operativo del planeamiento (Fig. 0718-01).

Sin embargo, atendiendo a lo anterior, que quizá sucede también en otras ciudades además de la nuestra; si sabemos por una parte que el marco legislativo general vigente para el desarrollo urbano del país ha cambiado recientemente, estableciendo la conveniencia de recuperar el modelo de ciudad compacta3; y, por otra, que es indispensable corregir la disfuncionalidad de Monterrey y restablecer el balance natural de la región, porque afectan la calidad de vida de sus habitantes; es urgente, por tanto, la adecuación del desarrollo urbano con el nuevo modelo de ciudad determinado por la ley; el cual, para implementarse se debería complementar con la documentación del planeamiento en las escalas regional, estructurante y operativa; que corresponde redactar a las autoridades estatal y municipales del AMM.

Figura 0718-01. Extensión de la Zona Conurbada de Monterrey (Google Earth, 2016). Las zonas en color más claro corresponden a las áreas urbanas existentes. Como se puede observar, la mancha urbana casi ha colmatado la superficie interior al Anillo Metropolitano, el tejido fracturado de la conurbación alcanza algunos de los municipios inmediatos al AMM.

Pero, como anteriormente se comentó que las características del modelo idóneo del AMM se verían en el artículo de METROPOLISREGIA de agosto; para en éste tratar de fundamentar la apreciación general de desorden urbano de la ciudad existente, y responder así a las cuestiones que se acaba de plantear. Es conveniente, por ello, retomar el análisis del planeamiento metropolitano donde se había dejado en el artículo anterior, revisando ahora a partir de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Lo que se hará muy brevemente mediante valoraciones generales, debido a que fue objeto de un estudio más completo en otros artículos del año pasado, a los que referimos al lector. En los meses de junio y julio de 2017, con motivo del cincuenta aniversario de su publicación, se analizó el Plan Director de la Sub-Región Monterrey de 1967 Exápolis 2000 de Guillermo Cortés Melo, Helios Albalate Olaría y otros; y entre septiembre y noviembre, también el Plan Metropolitano de Desarrollo Urbano de Monterrey de 1988 de Roberto García Ortega, y el Plan Metropolitano 2000-2021 de Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría.

LA DESOBEDIENCIA DEL PLANEAMIENTO Y LA FRACTURA MORFOLÓGICA DE LA METRÓPOLI

Como antecedente de tipo cultural que marcó a las grandes capitales del país con el desorden urbano, se puede mencionar el ambiente político y económico que a la mitad del siglo XIX era de corte más liberal, y por ello predispuesto a la desregulación, a dejar la responsabilidad de la configuración de la ciudad al arbitrio de la inversión pública y privada. La ausencia de regulación urbanística podía ser interpretada como una oportunidad, para impulsar más libremente el desarrollo económico nacional (y consecuentemente el beneficio colectivo); al que posteriormente se sumaría el proceso de industrialización, que en nuestro caso inició alrededor de 1890.

Solo que a partir de los años treinta del siglo pasado, la responsabilidad del desarrollo económico se separó en dos vertientes: las autoridades asumieron en exclusiva, como parte de su compromiso político y social, la realización de las infraestructuras fundamentales (comunicaciones, educativas, salud, etc.), dejando los demás campos a la iniciativa particular que siguió operando como antes bajo el sistema capitalista. Así, el crecimiento de las ciudades era considerado como otro componente del desarrollo económico nacional, que aportaba una parte sustancial del dinamismo en el llamado “milagro económico mexicano”. Las grandes ciudades crecieron rápidamente casi sin ninguna restricción urbanística, hasta que al final de los años setenta se introdujo la legislación federal del desarrollo urbano. Sin embargo, esta omisión tan larga como injustificada ha trascendido a casi todo el esfuerzo legislativo posterior, determinando los malos resultados morfológicos del desarrollo urbano.

No obstante, hablando ya específicamente de Monterrey, en casi todas las actuaciones de vivienda que rodearon el núcleo central de la ciudad, el sistema vial rectangular se adaptó al parcelario irregular de la finca, pero sin prever ni la consolidación del suelo circundante ni la adecuación del sistema ferroviario, por lo que la expansión fracturó el conjunto urbano como se observa en los planos de la ciudad de la mitad del siglo XX (Fig. 0718-01). La autonomía de la configuración refleja ciertamente la exuberancia y espontaneidad del dinamismo económico local, pero la extensión de fragmentos de tejido urbano más o menos aislados hasta las cabeceras de los municipios inmediatos, destruyó la continuidad espacial de la metrópoli, al mismo tiempo que desdibujaba la historia multipolar de la Región Periférica (RP).

Figura 0718-01. Plano de la Ciudad de Monterrey de 1947. En el dibujo destacan: en primer lugar, el trazado rectangular irregular del núcleo histórico de la ciudad; y, al norte de él, la trama reticular de Epstein de 1865. Alrededor de ellos, se habían extendido sin control las actuaciones industriales y de vivienda hasta absorber las cabeceras municipales de Guadalupe y San Nicolás (Acervo de Roberto Chapa)

Así que, si en los años sesenta Monterrey hubiera crecido normalmente, el mosaico irregular del suelo solo habría requerido del trabajo de sutura propio de una reconfiguración urbana, en vez de la previsión de un nuevo modelo para la metrópoli en cierne. Sin embargo, al final de esa década la información demográfica era alarmante, mostraba una tendencia de crecimiento tan insólita, que si se sostenía sería insuficiente concentrarse solo en el diseño operativo de los vacíos de la ciudad (Fig. 0718-02). Ésta, que entonces tenía un millón de habitantes, debía prepararse para una expansión vertiginosa; ya que terminaría el siglo con una población cinco veces mayor4.


Figura 0718-02. Plano del Área Metropolitana de Monterrey de 1967. El fondo de color gris señala la superficie de la ciudad existente, mientras en color rojo se destacan los fraccionamientos aprobados entre los años 1961 y 1966, que continuaban el modelo de crecimiento disperso en las principales direcciones radiales de la metrópoli. Cfr. El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura 13

Así que, al adoptar el planeamiento profesional para tratar de corregir el desarrollo previo, las autoridades de la ciudad no solo buscaron la ordenación de la metrópoli, sino evitar extender su impacto negativo en la región. Por eso, tomando como base las proyecciones estadísticas disponibles, el Plan Director del Plan Regulador de la Sub-Región Monterrey de 1967 (EXÁPOLIS 2000) determinaba la extensión de la ciudad central para alojar a la población futura y, a la vez, controlar el crecimiento de los núcleos periurbanos (Fig. 0718-03). Los redactores del Plan ponían atención especial en las principales variables de la ordenación urbana: en la congruencia geográfica y geométrica, pero sin descuidar la entraña social y antropológica del proyecto, en el que la proximidad de los equipamientos y la disponibilidad de las áreas verdes serían factores determinantes de la calidad de la vida urbana. Por ello, aseguraban que “solamente una planificación integral que tenga como fin último al hombre, al desarrollo de la persona en toda su complejidad social e individual, y que se integre a los vastos campos regionales y nacionales, es la que consideramos que puede plantear y resolver los interdependientes y complejos problemas urbanos”5.

Figura 0718-03. Plan Director del Plan Regulador de la Subregión Monterrey de 1967 (Exápolis 2000). La metrópolis era ceñida por un arco vial que delimitaba a la vez que interconectaba las radiales de acceso de las ciudades federación con la Ciudad Central. La orografía propia del AMM propiciaba la morfología tentacular. La Sierra Madre al sur, el Cerro de las Mitras al oeste, el Cerro del Topo al noroeste y el Cerro de la Silla al suroeste eran los separadores naturales de la estructura federativa, pero se complementaron con las reservas de suelo agrícola y de parques para delimitarlas al Noreste y el Este. Cfr. El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura de la Portada

En respuesta a las premisas de diseño, proponían la consolidación del suelo metropolitano en las cinco direcciones principales de la expansión histórica; con “un conjunto urbano principal [de 40,000 Ha para 5’200,000 habitantes] constituido por seis ciudades federación, y por seis ciudades menores ubicadas alrededor de éste, a distancias variables de 25 a 35 Km del centroide. Cada Ciudad Federación del conjunto central será prácticamente independiente de las demás en su funcionamiento, pues contará dentro de sí misma con todos los elementos para lograrlo”6.


Figura 0718-04. El Plan Director del Plan Regulador de la Subregión Monterrey de 1967, Guillermo Cortés Melo, Helios Albalate Olaría y colaboradores. Al final del siglo XX, incluida la Ciudad Central existente (color rojo), la metrópoli estaría compuesta por seis ciudades federación. La expansión de las zonas industriales (sombreado color gris) y la de las zonas de vivienda de cada ciudad federación (color rosa) se desarrollarían a partir del sistema de comunicaciones radial. Los núcleos terciarios de equipamientos (color verde) serían la estructura física y funcional de las zonas de vivienda

Pero la geometría tentacular de la metrópoli no era arbitraria; ya que, además de conformarse con la configuración orográfica propia ofreciendo un modelo orgánico pero bien estructurado, impedía el crecimiento desordenado de la mancha urbana mediante la articulación de la expansión a las vías más importantes de comunicación radial (Fig. 0718-04). En cada una de las ciudades, la industria funcionaba separadamente; y el centro terciario, como estructura físico-funcional de los agrupamientos de vivienda, jerarquizados y rodeados de áreas verdes muy abundantes. Sin embargo, el Plan Director de 1967, que atajaba el dinamismo espontáneo del desarrollo urbano, fue desobedecido7.

Tampoco el siguiente, el Plan de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey de 1988 consiguió el consenso del interés público con el privado, sino que fue abiertamente transgredido probablemente, advertía el redactor, por falta de “una bitácora sistematizada para darle seguimiento al cumplimiento de los programas y acciones previstas en el documento”8. Pero, poco tiempo después, la dificultad de la gestión del planeamiento aumentó considerablemente con la adscripción de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); así que, antes de trasponer el umbral del siglo XXI se añadía nueva pujanza al desarrollo económico regional; pero como los grandes desarrollos de industria y vivienda social en lugar de seguir el Plan se esparcieron en la periferia del AMM, se agravó la disfuncionalidad y el desequilibrio medioambiental de la región.

En medio de una expansión sin freno inducida por el TLCAN, la publicación del Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021 reaccionaba como los planes anteriores, proponiendo una configuración definida de la mancha urbana; solo que, alejando el límite de la ciudad hasta el Arco Vial Metropolitano, que comenzaba a atraer las nuevas actividades productivas de la metrópoli financiera y de servicios. Con esta previsión, se podía cubrir la insuficiencia funcional y aumentar la compacidad urbana en los vacíos que dejaba la industria. Por eso, los redactores explican que en el Plan “subsisten los objetivos de mejorar la calidad de vida de la población y crecer con orden. [Y,] considera la aplicación de un conjunto de estrategias para organizar y fomentar el crecimiento urbano en los baldíos inmediatos de la metrópoli, definiendo además otras áreas estratégicas para el desarrollo agropecuario, rural, de áreas verdes, de vivienda campestre y otros; [aparte de] otras que impulsen fuertemente a otras localidades importantes del Estado (…), así como (…) la densificación del primer cuadro del Área Metropolitana”9 (Fig. 0718-05).

No obstante la firme decisión de consolidar y densificar la ciudad existente, mirando al mismo tiempo por el ordenamiento territorial; el dinamismo económico  seguía tan potente y espontáneo, que los redactores debieron advertir también del posible fracaso del Plan; de continuar el escenario tendencial, se “considera que no se podrán establecer políticas de orden y control urbano; por lo que el crecimiento se daría en forma dispersa sobre cualquier parte del territorio”10. Este último escenario es el que prevalece aun; ya que ha sido imposible consolidar el tejido urbano existente, así como tampoco controlar la expansión del AMM o descentralizar el desarrollo urbano del Estado. (Fig. 0718-01)


Figura 0718-05. Plano 43. Imagen Objetivo 2021. Plan Metropolitano 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. En la imagen objetivo de la conurbación regiomontana destaca la consolidación del suelo disponible al interior del Arco Vial Metropolitano. En ella permanece la idea de ciudad completa; la morfología tentacular jerarquizada de Exápolis 2000 se sustituye por el ordenamiento de la expansión “de facto”, y por el reagrupamiento funcional; se busca completar la malla de la estructura principal de circulaciones y complementar la dotación equipamental de la metrópoli
Como consecuencia, mientras que la región metropolitana de Monterrey acumula hoy la mayor parte del capital humano y sostiene el pulso económico del Estado, el resto del territorio se opaca y ve mermado su potencial de desarrollo; aunque, paradójicamente, se sigue desaprovechando la capacidad de las centralidades urbanas (Fig. 0718-06).  En cualquier caso, casi ya al final del período de vigencia del Plan 2000-2021, la disfuncionalidad y el desbalance natural siguen aumentando. Y, como se argumentaba al comienzo de este artículo, o el modelo urbano no era el idóneo o ha cedido ante otros factores distintos.

No obstante, pensamos que la indisciplina del planeamiento experimentada por el AMM podría tener otra explicación. En efecto, por un lado se puede advertir que una vez superado cierto límite, el mal resultado morfológico era inevitable; la disfuncionalidad es inherente a la extensión excesiva, aislada y mal equipada; aunque, por otro, que para corregirla no basta como se defiende hoy con superar la monofuncionalidad e incrementar la densidad. Porque si se mira con más cuidado, independientemente de los límites propios de los diferentes modelos de ciudad, se descubre que el resultado defectuoso estaría en función de otro factor que determina la calidad de cualquier modelo, ya que a todo antepone el máximo beneficio económico.


Figura 0718-06. Evolución de la distribución de la población del Estado de Nuevo León, el AMM y la RP 1990-2015

Este factor de desorden, con el cual primero se habría especulado con el valor del suelo favoreciendo la dispersión, para lucrar después con la saturación de la ciudad, sería consecuencia de la mercantilización del desarrollo11. Ambos resultados defectuosos provienen de la búsqueda del mayor aprovechamiento de lo urbano que ha caracterizado a casi todas las promociones inmobiliarias de nuestra metrópoli. Así, este solo factor ha sido causa de la fragmentación y también de la congestión insipiente del centro de la ciudad, del ordenamiento discordante del territorio que ha dejado en evidencia la calidad y la gestión del planeamiento de Monterrey, con lo que se responde a las preguntas planteadas al comenzar este artículo.

Ahora bien, cuando por una parte, se observa que las expectativas económicas de las operaciones inmobiliarias se contraponen con las premisas de diseño que garantizan el equilibrio natural y la congruencia del modelo previsto por el planeamiento urbano; es decir, con la calidad de vida de la metrópoli -que aparte de indeclinable es señal del genuino interés público o privado12-; se corrobora también, que es tarea de las autoridades no solo revertir la inoperancia de las herramientas que rigen la práctica urbanística, sino valorar antes que nada las características del modelo en el que se sustentan. Se puede decir, en definitiva, que es tarea del marco legislativo prever que cada una de las actuaciones públicas o particulares salvaguarde la recuperación de los ecosistemas y asegure la ordenación territorial y urbana.

No obstante, como se puede deducir, que no es posible lograr todo esto solo con reglamentos y leyes; es indispensable que el modelo descrito en los textos se materialice, por así decirlo, en las actuaciones que construyen la ciudad. Por eso se comprende el rol tan fundamental que cumple la redacción del planeamiento urbanístico: la preparación de los documentos técnicos que describen las características de la ordenación urbana de cualquier ciudad. Entre ellos, los planos y croquis que las describen en las diferentes escalas de actuación (regional, estructurante y operativa), que son vinculantes para los programas y acciones del desarrollo regional y urbano. En el artículo de agosto analizaremos el soporte teórico de toda esta documentación en el caso de Monterrey.






1. Se ha considerado que después de cierto límite, la expansión unifamiliar es poco racional; y, como consecuencia, urbanísticamente disfuncional a la vez que obstáculo de la resiliencia del medio ambiente regional
2. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 8, párr. 4
3. En la Sesión de la Academia Nacional de Arquitectura, capítulo Monterrey, del pasado 13 de agosto, Gabriel Todd ha comentado que los temas relacionados con el espacio público, la movilidad y la adecuación del planeamiento con la legislación aparecen citados con mayor frecuencia que otros en la redacción de la legislación estatal aprobada en noviembre de 2017
4. La ciudad de Monterrey, que había alcanzado 500,000 habitantes en 1950 saltó a 1’642,000 en 1976 y a 2’148,000 en 1983; la concentración de la población del Estado en la metrópoli aumentó de 64% a 80% en ese período. Por otra parte, la superficie urbanizada pasó de 4,000 Ha en 1950 a 30,910 Ha en 1983, con lo que la densidad, de cerca de 125 hab/Ha disminuyó casi la mitad a 70 hab/Ha, debilitando todavía más la funcionalidad y la cohesión del tejido urbano. No obstante, la dispersión ha seguido agravando la disfuncionalidad de la ciudad: en el año 2000 la densidad se redujo a 60 hab/Ha, los 3’374,400 habitantes de la metrópoli se distribuyeron en 55,882 Ha, y en 2010 a tan solo 49 hab/Ha, los 4’165,500 habitantes ocuparon 85,184 Ha
5 . Plan Director de la Subregión Monterrey, Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Pág. 3, párr. 4
6. Ibídem. Pág. 63, párr. 2 y 3
7. “A causa de la difícil conciliación con el modelo liberal urbano“. Roberto GARCÍA ORTEGA, La conformación del Área Metropolitana de Monterrey y su problemática urbana. Monterrey, 1984. Pág. 105, párr. 1
8. Roberto GARCÍA ORTEGA, Asentamientos irregulares en Monterrey, 1970-2000, Divorcio entre planeación y gestión urbana. Revista Frontera Norte volumen 13, número especial 2. 2001. Pág. 121, párr. 4
9. Plan Metropolitano de Monterrey 2000-2021. Desarrollo Urbano de la Zona Conurbada de Monterrey. Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaría, Monterrey, 2003. Pág. 5, párr. 5
10. Ibídem. Pág. 5, párr. 5
11. Vittorio GREGOTTI se expresaba con términos semejantes en un artículo del día 28.VII.1980 del periódico La Reppublica, Roma 1980, cuando se refería al diseño urbano que privilegia el resultado económico
12. “La disponibilidad de instrumentos para dominar la naturaleza invita a no respetar el medio ambiente, hasta el punto de que gran parte de la superficie terrestre se ha convertido en un basurero, con consecuencias irreversibles. Los medios tecnológicos, pensados inicialmente para intervenir más sabiamente en el aprovechamiento de los recursos naturales, se han emancipado y están conduciendo a destruir esos recursos tan limitados”. Alejandro LLANO, La vida lograda. Editorial Planeta, Barcelona, 2017. Pág. 45, párr. 4 a pág. 46, párr. 1