El planeamiento de la región metropolitana de Nuevo León II

NOVIEMBRE


Con el propósito de preparar el diagnóstico y de fijar los objetivos de la revisión del planeamiento urbano de la Región Metropolitana de Nuevo León en los siguientes artículos de METROPOLISREGIA.COM, como información antecedente se analizó en octubre la cartografía disponible a partir de la trasformación industrial de Monterrey hasta la mitad del siglo XX, cuando se iniciaba la conurbación de la capital del Estado y los municipios adyacentes. Además de los planos de la ciudad de 1910, 1922, 1933 y 1947; se estudió los planos reguladores de Carlos Contreras de 1937 y de Kurt Mumm de 1945-19501, cuyos objetivos de diseño se malograron y eran, respectivamente, replantear la estructura de circulaciones según los criterios del City Beautiful Movement y ordenar la ciudad conforme a los supuestos de la Neighbourhood Theory. Las propuestas traslucían la aspiración de ordenar el crecimiento industrial y residencial de Monterrey, que tampoco consiguieron.

Con respecto a esto, se ha explicado en otra ocasión cómo el desarrollo de promociones aisladas privilegió la expansión y no la ordenación urbana desde los albores del siglo XX, y que esparciendo la industria en el perímetro condicionó la homogeneidad de la expansión residencial. Como resultado del crecimiento urbano acelerado y disperso se consolidó la disfuncionalidad (irracionalidad e insolidaridad), que no solo ha repercutido negativamente en la movilidad sino en la calidad de vida metropolitana2.

Ahora bien, si el mes pasado se veía la documentación antecedente, en este de noviembre se revisará los resultados de las propuestas de ordenación publicadas durante la expansión de la metrópoli; es decir, de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. El estudio de este período es fundamental, tanto para preparar el diagnóstico del desarrollo urbano, como para determinar los objetivos del planeamiento sostenible de la metrópoli en el corto plazo. Entre los que se puede enunciar preliminarmente, las condiciones del proceso de regeneración y consolidación policéntrica del asentamiento disperso, que alberga hoy casi cinco millones de habitantes en una superficie de alrededor de 100,000 Ha, y las del proceso de expansión hasta el año 2030, cuando se estima que tendrá aproximadamente seis millones de habitantes. Objetivos que, por otra parte, solo se podrán conseguir actualizando los documentos y programas de planeamiento urbano en las diferentes escalas de actuación (regional, estructurante y operativa); convocando el trabajo coordinado de las autoridades del Estado y los municipios, con la participación de los profesionales de la disciplina y los grupos de propietarios y promotores.

Figura 1118-01. Plano del Área Metropolitana de Monterrey de 1967. El color gris señala el área urbanizada, mientras que en color rojo se destaca los fraccionamientos aprobados entre los años 1961 y 1966; el desarrollo urbano seguía con el modelo de crecimiento disperso en las principales direcciones radiales de la metrópolis (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura 13)

EL PLANEAMIENTO DURANTE LA EXPANSIÓN DEL ÁREA METROPOLITANA

Un mosaico de piezas irregulares pero contiguas de industria y vivienda expresa el desorden urbano de Monterrey las primeras décadas del siglo XX, pero a partir de los años cuarenta y cincuenta cuando el crecimiento se vuelve explosivo ese mosaico se fractura, entonces las actuaciones residenciales e industriales se articulan aleatoriamente a las vías que conectan la ciudad central con los municipios adyacentes. Después, ya en los años sesenta, la mancha urbana se extiende a esos municipios induciendo una configuración tentacular, al mismo tiempo que toma cuerpo la segregación socioeconómica de la ciudad residencial (Fig. 1118-01). Aunque este fenómeno de segregación no era algo nuevo en el urbanismo local, durante el período que se analiza no solo crece considerablemente sino que se incluye entre las herramientas de zonificación del planeamiento. Aparicio Moreno, Ortega Rubí y Sandoval Hernández explican que “en este ámbito de desigualdad y de ruptura socio-espacial destaca la segregación polar, que en América Latina ocurre durante los períodos de industrialización de las ciudades, y se caracteriza por el desplazamiento hacia la periferia de quienes tienen mayores recursos, con la aparición de colonias de lujo y centros comerciales (…), que contrastan con los barrios proletarios que crecen en la cercanía de los centros de trabajo”3

A partir de los datos de distintas fuentes entre las que destaca un documento de Gustavo Garza Villarreal4, de 1940 a 1960 la tasa de crecimiento de Monterrey era mayor a 6% y la población aumentaba más que la superficie edificada de la ciudad, de 190,100 a 695,400 habitantes (3.65 veces) y de 3,022 a 7,630 Ha (2.52 veces) respectivamente. Aunque entre 1960 y 1980 la tasa disminuyó, población y mancha urbana crecieron equilibradamente a 2’001,500 habitantes (2.87 veces) y a 22,000 Ha (2.88 veces). En cambio, de 1980 a 1993 el incremento de la población ya fue menor que el de la superficie edificada, las cantidades pasaron a 2’573,500 habitantes (1.28 veces) y a 39,057 Ha (1.77 veces). Finalmente, entre 1993 y 2010 la dispersión se consolidó, la población alcanzó 4’165,000 (1.62 veces) y la mancha urbana 85,184 Ha (2.18 veces).

No deja de sorprender sin embargo, que la expansión de la metrópoli se hubiera producido sin suficiente reflexión en un período de gestión profesional del desarrollo urbano: de la publicación del Plan Director de la Subregión Monterrey o Exápolis 2000 en 1967 (Guillermo Cortés Melo y Helios Albalate Olaria), del Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey 1988-2010 en 1988 (Roberto García Ortega), y del Plan Metropolitano 2000-2021 en 2003 (Oscar Bulnes Valero y Helios Albalate Olaria). Veamos algunos aspectos de ese desacato del planeamiento.


Figura 1118-02. Plan Director de la Subregión Monterrey de 1967 (Exápolis 2000). La metrópolis era ceñida por un añillo periférico que delimitaba a la vez que conectaba todas las radiales de acceso a las cinco ciudades federación con la Ciudad Central. La condición orográfica propia de la ciudad llevaba inevitable a la morfología tentacular. Cada ciudad debía cumplir con un estricto programa edificatorio, y de equipamientos y áreas verdes, que aseguraban no solo la ordenación urbana, sino la morfología preestablecida por el diseño urbano. (El Plan Director de la Subregión Monterrey. Imprenta y Editorial Plata, S. A. Monterrey, 1967. Figura de la Portada)

En cuanto al Plan Director de 1967 Exápolis 2000 (Fig. 1118-02), se puede afirmar que los redactores adivinaron que la dispersión radial anunciaba la conformación de la metrópoli, la evolución al modelo urbano policéntrico; y, por eso, el proyecto buscaba ordenar el desdoblamiento de la metrópoli acompañando el impulso radial del desarrollo urbano. No obstante, la propuesta no tuvo aceptación de los promotores; probablemente, porque la ordenación geométrica del suelo determinada por el plan suponía la consolidación de la propiedad, el control público del desarrollo urbano. Así que, la resistencia al cambio de gestión impidió la aplicación del plan y robusteció la espontaneidad del desorden las siguientes dos décadas, como quedó registrado en dos documentos informativos del siguiente plan preparados por Roberto García Ortega durante los años ochenta (Fig. 1118-03 y 1118-04).

 Figura 1118-03. Roberto GARCÍA ORTEGA, Área Metropolitana de Monterrey 1900-1984. Antecedentes y análisis de su problemática urbana. Secretaría de Asentamientos Humanos y Planificación, Gobierno del Estado de Nuevo León. Plano 1, Evolución física de la mancha urbana 1900-1984. Se observa que el patrón de crecimiento de la ciudad era más o menos compacto hasta los años treinta del siglo XX; pero se vuelve explosivo a partir de los años cuarenta y se alarga en todas las direcciones radiales a partir de los años cincuenta

El primero, el Plano de la Evolución Física de la Mancha Urbana de Monterrey 1900-1984 (Fig. 1018-03), únicamente registra la expansión de cada década del siglo. El dibujo corrobora el fenómeno de la dispersión. Aunque limitadamente hacia el sur, durante las primeras décadas las piezas irregulares del mosaico central se extienden ya en todas las direcciones conservando todavía el modelo concéntrico; al mismo tiempo, las cabeceras de los municipios vecinos se desarrollan más lentamente manteniendo su compacidad. Por el contrario, entre los años sesenta y ochenta tiene lugar la alteración del tipo de crecimiento; la ciudad central evidencia un patrón de rápido crecimiento tentacular, que traslapa el todavía concéntrico que experimentan los núcleos vecinos5.
Al norte en San Nicolás y al este en Guadalupe, la metrópoli consumía grandes superficies de suelo llano siguiendo la configuración de una mancha de aceite; al noroeste unos tentáculos se alargaban entre los cerros de las Mitras y del Topo, en tanto que por el sur, la mancha absorbía los antiguos cascos urbanos de San Pedro y Santa Catarina e iniciaba la invasión del Cañón de Huajuco. La expansión residencial era espectacular pero informe y, como se verá enseguida, carecía de lógica funcional. Como resultado, después de los años ochenta, la capital industrial del país quedaba firmemente anclada en la orografía propia, orientando toda la fuerza expansiva del desarrollo hacia el Arco Vial previsto por Exápolis 2000.

Figura 1118-04. Roberto GARCÍA ORTEGA, Área Metropolitana de Monterrey 1930-1984. Antecedentes y análisis de su problemática urbana. Secretaría de Asentamientos Humanos y Planificación, Gobierno del Estado de Nuevo León. Plano 2, Estratos Socio-económicos 1980. El centro de la ciudad lo ocupan las zonas industriales; el núcleo histórico y el perímetro residenciales lo rodean. El proceso de segregación va desplazando los niveles socioeconómicos de vivienda más bajos a las partes más alejadas del centro histórico 

Si el primero de los planos de García Ortega demuestra la dispersión; el segundo, el Plano de Estratos Socioeconómicos de Monterrey 1980 sirve para documentar el rápido avance de la segregación de la vivienda en todos los ámbitos de la metrópoli (Fig. 1018-04). Como se explicó, al principio de siglo XX la ciudad central estaba compuesta por el centro administrativo y comercial, y por piezas irregulares de vivienda o industria contiguas al límite norte del trazado reticular. En el plano se observa que el sur y el oeste del conjunto estaban ocupados por las zonas de vivienda de nivel socioeconómico medio, medio alto y alto; mientras que el norte y el este por las de nivel medio bajo, bajo y muy bajo entremezcladas con la industria. Si, partiendo desde el centro, durante la primera mitad del siglo la vivienda de los niveles medio alto y alto se había extendido moderada pero exclusivamente al poniente, hacia los cerros del Obispado y las Mitras; y, a partir de los años cuarenta y cincuenta, encontró más cómodo aislamiento al sur y el sureste del núcleo, al pie de la Sierra Madre y del Cerro de la Silla; por el contrario, las zonas de vivienda de los niveles medio bajo, bajo y muy bajo, se desarrollaron aceleradamente junto con la industria en los tentáculos del arco noroeste-sureste de la metrópoli.

Figura 1118-05. Plano 34, Estructura Urbana Actual. Plan Metropolitano 2000-2021 de la zona conurbada de Monterrey, de Óscar Bulnes y Helios Albalate de 2003. En el plano destaca que el desdoblamiento industrial de la metrópolis, principalmente hacia los municipios de Apodaca al noreste y Santa Catarina y García al oeste, no se coordina con las zonas de mayor expansión residencial de los municipios de Monterrey al noroeste, Guadalupe al este y San Nicolás al norte. Sin embargo, el aislamiento geográfico del crecimiento tentacular de la metrópoli, bien podría compensarse con el desarrollo urbano adecuado del Arco Vial Metropolitano

Como se comprueba, más grave aún que el fenómeno de dispersión, fue la degradación de los tejidos de vivienda de los niveles socioeconómicos menos favorecidos; ya que, en cualquier parte del perímetro se desarrollaron irregularmente, incluso en zonas de reserva urbana no urbanizable con el mínimo de infraestructuras y servicios. Las diferencias tipológicas de estas zonas se pueden identificar fácilmente por la superficie decreciente de los predios unifamiliares, que se redujeron hasta mínimos inhabitables. A pesar que las bolsas de infravivienda exhibían la inconsistencia de un desarrollo disperso y excluyente, a partir de la última década del siglo XX, la influencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte potenciaría todavía más el crecimiento desordenado de la incipiente metrópoli.

La secuela del impulso urbanístico inducido por el Tratado de Libre Comercio al final del siglo XX quedó plasmada en el Plan Metropolitano 2000-2021 de la Zona Conurbada de Monterrey de Oscar Bulnes y Helios Albalate. En el Plano 34, Estructura Urbana Actual del Plan Metropolitano 2000-2021 (Fig. 1118-05), sorprende el estiramiento de la franja industrial hacia el noreste hasta el Arco Vial Metropolitano, sin que aquello lo impidiera en otras posiciones del perímetro. Se observa que sobre un fondo residencial arbitrario, se recortan grandes piezas de industria, de equipamientos importantes y de baldíos que conforman un rompecabezas incoherente que solo explica la desarticulación del programa de planeamiento, el desarrollo aislado de una ingente cantidad de actuaciones particulares; como revela otro documento del mismo plan, el Plano 9 Evolución de la Mancha Urbana (Fig. 1118-06), en el que los innumerables fragmentos que aglutinan la mancha urbana dan cuenta del desarrollo mercantilizado, tanto como de la dificultad o imposibilidad de gestionar correctamente un crecimiento tan fragmentado. Lo cual confirma que sin el consenso de autoridades, propietarios y promotores, la ordenación urbana era imposible.


Figura 1118-06. Plano 9, Evolución de la Mancha Urbana. Plan Metropolitano 2000-2021 de la zona conurbada de Monterrey, de Óscar Bulnes y Helios Albalate. Aunque son numerosas las actuaciones en los baldíos del área conurbada, llama la atención la fragmentación del desarrollo urbano en el perímetro

En síntesis, por una parte, se tiene que los documentos revisados confirman la inmediatez de la expansión y la irracionalidad de la dispersión; y, por otra, que no solo la insuficiente previsión equipamental trastoca la lógica funcional, sino que la segregación socioeconómica de la vivienda prevista por la zonificación conduce a una disposición espacial insolidaria. Ambas confirman la mercantilización del desarrollo urbano atomizado. En el siguiente artículo abordaremos el diagnóstico de la situación actual.





1. Se debe mencionar que el material cartográfico utilizado para la documentación del desarrollo urbano de Monterrey de la primera mitad del siglo XX, fue proporcionado por el arquitecto Héctor Domínguez. Los planos de la ciudad así como los proyectos de Carlos Contreras y Kurt Mumm fueron copiados directamente de los documentos originales, y forman parte de la colección personal del arquitecto
2. En contraposición con la conceptualización dialéctica de la zonificación, entendemos la vida metropolitana como oportunidad de equilibrio socioeconómico; por eso, “la fragmentación territorial puede ser entendida como la pérdida de la permeabilidad del tejido urbano, que conlleva el rompimiento de las relaciones sociales”. Cfr. Carlos Estuardo APARCIO MORENO, María Estela ORTEGA RUBÍ y Efrén SANDOVAL HERNÁNDEZ, La segregación socio-espacial de Monterrey a lo largo del proceso de metropolización, en Región y Sociedad. Revista del Colegio de Sonora, número 52, 2011. Pág- 178, párr. 2
http://www.scielo.org.mx/pdf/regsoc/v23n52/v23n52a6.pdf
3. Carlos Estuardo APARCIO MORENO, María Estela ORTEGA RUBÍ y Efrén SANDOVAL HERNÁNDEZ, La segregación socio-espacial de Monterrey a lo largo del proceso de metropolización, en Región y Sociedad. Revista del Colegio de Sonora, número 52, 2011. Pág- 178, párr. 2
http://www.scielo.org.mx/pdf/regsoc/v23n52/v23n52a6.pdf
4. Cfr. Gustavo GARZA, El Área Metropolitana de Monterrey en el año 2020, en Estudios Demográficos y Urbanos, El Colegio de México. México, 1998. Cuadro 1, pág. 668 y Cuadro 2, pág. 669
http://aleph.academica.mx/jspui/bitstream/56789/21649/1/13-039-1998-0667.pdf
5. “Fue por cierto durante la década de 1960, de acelerada y caótica expansión física del Área Metropolitana, cuando se consolida el proceso de metropolización iniciado en 1940”. Roberto GARCÍA ORTEGA. El Plan Director de Desarrollo Urbano del Área Metropolitana de Monterrey: Antecedentes, Análisis y Situación Actual, en Una Década de Planeación Urbano-regional en México, 1978-1988. Colegio de México. México, 1989. Pág. 370, col. 2, párr. 2

El planeamiento de la región metropolitana de Nuevo León I

OCTUBRE


En otros artículos de METROPOLISREGIA se habló de la mercantilización y de la “ineficacia de los planes y las carencias (…) en la gestión”1 del desarrollo urbano, como factores que provocaron el desorden de la metrópoli regiomontana del siglo XX. Por una parte, se veía que aunque antes de la mitad del siglo las autoridades buscaban construir la ciudad con una estructura bien definida, las actuaciones urbanas se orientaron más por la inmediatez de la demanda que por la calidad del resultado, produciendo un conglomerado fracturado y disfuncional. Y, por otra, que a pesar de los cambios de legislación y los documentos del planeamiento publicados la segunda mitad del siglo, la falta de control de la gestión provocó “el desarrollo de una ciudad irracionalmente concebida e insolidaria, todo lo cual afecta directamente a la calidad de vida del ciudadano”2.

Ahora bien, si la inmediatez de la respuesta no ha generado la estructura funcional y formal que conviene a la Región Metropolitana; pensamos que se debe, al menos en parte, a una distorsión del planeamiento que ha previsto la segregación socioeconómica de la vivienda. Y, dado que estos factores inciden en el diagnóstico del desarrollo urbano, se tratará ampliamente de ellos en los siguientes artículos; de la segregación de la vivienda sin embargo conviene recordar aquí que Mancuso puso de manifiesto que el “zoning”, como herramienta del planeamiento que procura “una clara y estable predeterminación de los suelos”3, apareció por la implementación de políticas urbanísticas discriminatorias en los Estados Unidos de América la segunda mitad del siglo XIX4. Así que, aun antes que buscar el equilibrio y la diversidad funcional, la zonificación trataba de proteger las inversiones de “las incertidumbres de un mercado de construcción e inmobiliario inestable y, a menudo, en crisis a causa de la transformación demasiado acelerada de una ciudad”5.


Figura 1018-01. Plano de la Ciudad de Monterrey, Nuevo León de 1910 (Archivo del arquitecto Héctor Domínguez). El plano indica la posición de las primeras fábricas y el comienzo de las colonias obreras en el suelo desamortizado al norte del núcleo reticular residencial de la ciudad

Y, por eso, como ha demostrado Poëte, si el modelo de desarrollo urbano radio concéntrico además de los condicionantes geográficos asumía los históricos, al arrimo del “zoning” reinterpretaba la disposición de los componentes urbanos en razón del valor económico del suelo. Para asegurar una mayor rentabilidad, el núcleo histórico de la ciudad era reservado para las actividades administrativas y comerciales; mientras alrededor de él, con expectativas decrecientes relativas a la primera, se disponía las diferentes zonas de vivienda jerarquizadas según su categoría socioeconómica, con el espaciamiento adecuado entre ellas; y, al exterior de todo, las zonas destinadas exclusivamente a las actividades productivas en el suelo más alejado y menos valioso. Pero la aplicación de este instrumento suponía, equivocadamente, que por encima del discernimiento de los criterios funcionales de proximidad de los componentes urbanos (complementariedad, equilibrio, etc.), el diseño urbano debía salvaguardar la identidad socioeconómica asignada para cada zona. Por lo cual, además de promover la deficiencia funcional (movilidad ineficiente y equipamiento insuficiente), se inducía la deformación física del conjunto (fragmentación, segregación socio espacial, etc.)

Figura 1018-02. Plano General de la Ciudad de Monterrey y sus Ejidos de 1922 (Archivo del arquitecto Héctor Domínguez). Las graves circunstancias sociopolíticas de la época no impidieron el desarrollo de la zona industrial; aunque, por otra parte, la ausencia de previsión urbanística propició la fractura y segregación socio espacial del tejido residencial. Es notable la previsión de tejido residencial. La Colonia Acero al norte de la Fundidora, las colonias Bellavista y Miguel Nieto junto a Cervecería; y al noroeste la Colonia Belden. Ninguna conserva ya la orientación de la retícula de Epstein, sino la de la estructura de la propiedad

Por el contrario, sostenemos con Gravagnuolo, que “el ámbito pertinente de las teorías y las praxis de la proyectación urbana es (…) el de la construcción planificada del espacio antropizado”6; ya que, solo el equilibrio teórico-práctico que busca el diseño urbano, permite asegurar tanto el desarrollo sostenible como la ordenación de la ciudad y la región. Y, con todo ello, lograr la armonía entre orden social y urbano de la que habla Rossi7, que se echa de menos en nuestra metrópoli y debería estar ante todo en la mira de las autoridades; ya que, sería la mejor respuesta al deterioro de la calidad de vida, que han provocado el crecimiento irreflexivo y la falta de previsión de la transformación funcional de Monterrey durante más de cincuenta años.

Figura 1018-03. Plano Oficial de la Ciudad de Monterrey, N. L. de 1933. Dirección Municipal de Obras Públicas (Archivo del arquitecto Héctor Domínguez). El documento destaca la gran expansión de la superficie de la ciudad. El trazado de la Colonia Moderna en la esquina noreste de los Ejidos. Al exterior de ellos, al Norte, el Campo Militar y la Colonia Hidalgo; pero la expansión llega hasta el Topo Chico; al Este hasta la cabecera municipal de Guadalupe. Llama la atención al noreste la previsión del Gran Parque Anáhuac

Pero, además de la gestión más comprometida y expedita de las autoridades que se acaba de mencionar, la evolución propia de la disciplina urbanística demanda también una fundamentación del diseño más incluyente de los profesionales. Que la información estadística disponible, los requerimientos del mercado y la contribución del desarrollo urbano al crecimiento económico, etc.; se armonicen cabalmente con los condicionantes de la geografía y la historia, el derecho y las demás ciencias afines, en la preparación de una propuesta física de reordenación de la región metropolitana. Ya que, citando una vez más a Gravagnuolo, “gradualmente, las propias técnicas de representación (tanto gráficas como verbales) de la ‘planificación urbanística’ se han visto aplanadas en la bidimensionalidad de las mallas del 'zoning' y en la jerga algebraica de los 'standards'. En esta adecuación de la manera de pensar el urbanismo a los dispositivos abstractos de las ciencias nomotéticas, lo que involuntariamente se ha perdido de vista ha sido precisamente el fin último de la disciplina, o sea, el proyecto de la forma urbana8.

Figura 1018-04. Plano Regulador de Monterrey de 1937 del arquitecto Carlos Contreras (Archivo personal del arquitecto Héctor Domínguez). 

Valorando por tanto la importancia de la perspectiva morfológica, tanto para la preparación del diagnóstico del desarrollo urbano, como para la revisión del contenido esencial y los parámetros y restricciones edificatorios del planeamiento urbano; este artículo de octubre se centra en los antecedentes de la conformación de la Región Metropolitana de Nuevo León, repasando –resumidamente- lo dicho en artículos anteriores acerca de la configuración del Monterrey industrial de la segunda mitad del siglo XIX, y de la expansión de la ciudad de la primera del XX.

EL PLANEAMIENTO ANTECEDENTE A LA CONFORMACIÓN DE LA REGIÓN METROPOLITANA

El núcleo reticular de Monterrey, trazado por Epstein (1864) a solicitud de las autoridades para facilitar el proceso de desamortización del suelo municipal9, aunque por el sur estaba constreñido por diversos condicionantes geográficos10, podía extenderse con holgura hacia el norte. Sin embargo, el suelo desamortizado seguía sin normativa urbanística al final del siglo XIX; y por ello, durante la transformación industrial en la actividad económica preponderante de la región, el paso de las vías del ferrocarril y establecimiento de las fábricas provocaron desorden urbano (Fig. 1018-01). Por la misma razón, la adopción del modelo extensivo de ciudad y del tranvía como sistema de transporte público que facilitó la urbanización de promociones de vivienda asiladas del núcleo histórico, contribuyó a la fractura del tejido residencial (Fig. 1018-02). 

Pero, además, la fragmentación espacial propició la polarización socioeconómica del tejido residencial. Los investigadores Aparicio Moreno, Ortega Rubí y Sandoval Hernández han documentado cronológicamente este proceso. Por una parte, los barrios obreros, aun quedando cerca de las fuentes de trabajo, se desarrollaron hacia el norte y el este entre las vías del ferrocarril y las fábricas. “El primer barrio obrero creado como tal en Monterrey fue la colonia Bellavista, en 190711, justo en la colindancia norte de la Cervecería Cuauhtémoc. (…) Al finalizar la Revolución Mexicana (1910-1917), Cervecería Cuauhtémoc creó, en 1918, una sociedad cooperativa de ahorro que permitió adquirir viviendas con facilidades de pago, así se consolidó la colonia Bellavista y nacieron la Industrial y la Larralde. Fundidora, por su parte, estableció el barrio Acero, en 1928”12. Mientras que, por otra, los suburbios residenciales se extendieron en direcciones opuestas al sur y el oeste. “Los dueños y accionistas de estas empresas formaron colonias exclusivas como la Roma, en 1928, al sureste; el Obispado, en 1930, al oeste y la Del Valle, en 1940, al suroeste, en el municipio de San Pedro Garza García”13.

Figura 1018-05. Apuntes para el Plano Regulador de la Ciudad de Monterrey 1945-1950. Instituto de Estudios Sociales de Monterrey, A. C. del urbanista Kurt Mumm (Archivo personal del arquitecto Héctor Domínguez)

Es obvio que la falta de regulación urbanística de un impulso comercial e industrial tan potente como el de Monterrey de la primera mitad del siglo XX, repercutió en el crecimiento desordenado de la región dependiente, muchas veces en condiciones de precariedad urbanística (Fig. 1018-03). Sin embargo, esa misma circunstancia despertó la conciencia de las autoridades y algunos agentes sociales de ordenar el proceso de expansión, implementando los instrumentos convencionales de planeamiento urbano. Por desgracia, en lugar de revisar la localización de la industria, las propuestas optaron por adecuar lo existente con una configuración centralizada. Pero, como la industria quedaba atrapada en el centro del polígono, y rodeada por el núcleo primitivo y por las zonas destinadas para futuras urbanizaciones de vivienda; la espontaneidad del desarrollo urbano muy pronto rompería el cerco, aprovechando la insuficiencia regulatoria, según se desprende del análisis de los planos reguladores de Carlos Contreras de 1937 (Fig. 1018-04) y de Kurt Mumm de 1945-1950 (Fig. 1018-05).

El Plano Regulador de Carlos Contreras con fecha de 1937 (Fig. 1018-04), preveía la expansión del núcleo reticular de la ciudad abrazando la zona industrial. El proyecto tiene el mérito de replantear la estructura de circulaciones de la ciudad con un trazado verosímil, previendo también grandes reservas de espacio verde. Propone la regeneración del núcleo reticular de Epstein con avenidas muy amplias, que recuerdan la monumentalidad de los trazados del siglo XIX y las ideas de la City Beautiful Movement; ideas que, por otra parte, ya habían anticipado las avenidas del Progreso y de la Unión durante el Porfiriato. Contreras planteaba también la relocalización de la estación del ferrocarril al poniente del Cerro del Obispado transformado en un gran parque, en vez del suburbio residencial que comenzaba a urbanizarse por aquellos años. Otra generosa reserva de espacio verde, el Gran Parque Anáhuac, se dejaba al norte del polígono como articulación de futuras expansiones. No obstante, el proyecto tenía también algunos inconvenientes. La zona industrial y los andenes de carga de los ferrocarriles y no el núcleo histórico, ocupaban el centro geométrico del polígono, complicando el funcionamiento de la ciudad; además, que la zona que se destinaba para vivienda obrera, era más conveniente para la expansión industrial.

Por su parte, Kurt Mumm omite los rasgos de monumentalidad del proyecto de 1937 en los Apuntes para el Plano Regulador de la Ciudad de Monterrey de 1945-1950 (Fig. 1018-05), y se concentra en resolver el modelo radio concéntrico con los criterios sociales y funcionales de la Neighbourhood Theory de Clarence Perry. De forma semejante que el proyecto de Contreras, parte del reconocimiento de las zonas industriales como elemento central y determinante de la configuración urbana, que complementan las zonas comerciales y residenciales. Éstas consisten en un mosaico compuesto por unidades de barrio, previendo los principales equipamientos de la ciudad central y de cada barrio. También este modelo queda abierto a futuras expansiones, industriales y residenciales indistintamente, que empiezan a concretarse en las vías radiales.

Figura 1018-06. Plano Oficial de Monterrey, N. L. y Municipios Adyacentes. Comisión de Planificación del Estado, 1947 (Archivo personal de Héctor Domínguez). Aunque el mosaico irregular de la ciudad conserva todavía una configuración poligonal más o menos compacta; los municipios adyacentes -San Nicolás, Guadalupe y San Pedro- se extendían muy irregularmente, anticipando la configuración tentacular que adquiere la metrópoli posteriormente

Como se puede comprobar en el plano de la ciudad de 1947 (Fig. 1018-06), ninguna de las propuestas fundamentales de Contreras y Mumm, llegará a ser determinante en la configuración de la ciudad. La inmediatez propia desarrollo mercantilizado ya había trastocado la lógica del planeamiento concéntrico que proponían los planos reguladores para la capital del Estado, y otro tanto sucedería posteriormente en los municipios adyacentes durante la conformación de la metrópoli. Así que, considerando la espontaneidad y la desobediencia del planeamiento como factores determinantes de desorden urbano de nuestra metrópoli, en el artículo de noviembre se abordará el diagnóstico del desarrollo de la Región Metropolitana de Nuevo León, revisando lo ocurrido a lo largo el siglo XX en la documentación del planeamiento urbano.




1. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
2. Ricardo GARCÍA MACHO y José Luis BLASCO DÍAZ. La disciplina urbanística, en Documentación administrativa. Pág. 296, párr. 2
https://revistasonline.inap.es/index.php?journal=DA&page=article&op=viewFile&path%5B%5D=9642&path%5B%5D=9683 
3. Franco MANCUSO, La experiencia del zoning. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1980. Pág. 13, párr. 3
4. “Desde 1909 las National Conferences de City Planning señalan la existencia de un instrumento –el zoning- que en Europa, y sobre todo en Alemania, se aplica con resultados bastante estimulantes. (…) He aquí la solución: un plano para toda la ciudad de Nueva York, donde el suelo esté dividido en zonas, donde existan distintas disposiciones para los usos y las densidades y donde, obviamente, las prescripciones para la Fifth Avenue respondan de lleno a los deseos de los promotores de esta operación. (…) Los comerciantes y propietarios de la Fifth Avenue, podrán estar tranquilos, (…) por fin se podrá ir sobre seguro, hacer casas señoriales en zonas que nunca serán contaminadas por las de grupos sociales pobres e invertir en terrenos que finalmente tendrán un destino estable y seguro”. Ibídem. Ibídem. Pág. 13, párr. 3
5. Ibídem. Pág. 13, párr. 3
6. Benedetto GRAVAGNUOLO, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960. Ediciones Akal, S. A. Madrid, 1998. Pág. 7, párr. 4
7. “Es comprensible la continuada actitud demiúrgica de los arquitectos de presentar sistemas en los que el orden espacial pasa a ser el orden de la sociedad”. Aldo ROSSI, La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, SL. Barcelona, 2015. Capítulo tercero. La individualidad de los hechos urbanos. La arquitectura, pág. 10, párr. 3
8. Ibídem. Pág. 7, párr. 1
9 . Cfr. Rocío GONZÁLEZ MAIZ, Desamortización y propiedad de las élites en el noreste mexicano 1850-1870. Fondo Editorial de Nuevo León. Monterrey, 2011
10. El emplazamiento primitivo de la ciudad junto al cauce del Rio Santa Catarina y la empinada pendiente de la Loma Larga, condicionaban la expansión del asentamiento hacia el sur
11. Aunque el trazado del Repueble de Bellavista junto a la Cervecería Cuauhtémoc aparece ya en el Plano de Monterrey de 1894, de Florentino Arroyo y Ramón Díaz (Tipografía y Litografía de Ramón Díaz, Monterrey), tiene más las características de un pequeño ensanche que las de una colonia obrera
12. Carlos Estuardo APARCIO MORENO, María Estela ORTEGA RUBÍ y Efrén SANDOVAL HERNÁNDEZ, La segregación socio-espacial de Monterrey a lo largo del proceso de metropolización, en Región y Sociedad. Revista del Colegio de Sonora, número 52, 2011. Pág- 187, párr. 3, y pág. 189, párr. 2. http://www.scielo.org.mx/pdf/regsoc/v23n52/v23n52a6.pdf
13.  Ibídem. Pág. 189, párr. 1